Curar y sanar en las dos orillas del Plata

Médicos, religiosos y particulares acudieron a prestar sus servicios para atender a los heridos.
El 17 de agosto de 1780 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo abrió en el Colegio de los Jesuitas, el Tribunal del Protomedicato. La aprobación llegó en 1799, diecinueve años más tarde. Vértiz eligió para protomédico al doctor Miguel Gorman, que formó el Tribunal con Francisco Argerich y el licenciado José Alberto Capdevila. Anteriormente, el control lo realizaba el Protomedicato de Lima, pero por las distancias, delegó la función en el Cabildo1 porteño. Los médicos en la época virreinal Había tres clases de profesionales: los doctores, graduados con estudios completos; los autorizados para ejercer medicina o cirugía o licenciados; algunos de ellos habían cursado sus estudios en español y eran denominados “romancistas”, y otros lo hicieron en latín, y se los llamaba “latinos”; y los médicos militares o de presidio (de los colegios de cirugía de Barcelona y Cádiz). Los “romancistas” eran de “poca instrucción”, según afirma el doctor Agustín Eugenio Fabre, el 29 de marzo de 1806; y tenían prohibido recetar sin consejo de un profesor “para evitar los perjuicios que resultaran de su ignorancia”2. Porque estos profesionales, al desconocer el latín, no tenían acceso a la bibliografía europea, publicada en esa lengua3. Otros licenciados eran los algebristas o traumatólogos; pero también había sangradores, ventoseros, clisestereros y sacamuelas, que colaboraban en otros menesteres de la profesión4; y, las “comadronas” o parteras. En el Buenos Aires de entonces había tres hospitales. El de Santa Catalina, en las actuales calles Defensa y México, que poseía 84 camas y estaba destinado a las urgencias. El de la Residencia, en la actual calle Humberto Primo junto a la iglesia de San Telmo, que tenía 200 camas y sólo recibía hombres. Ambos estaban a cargo de los bethlemitas5. Y, el Hospital de Mujeres, cerca de la iglesia de San Miguel, tenía 70 camas y era mantenido por la Hermandad de la Santa Caridad. En 1801 se dictó el primer curso de medicina, con unos doce alumnos, bajo la dirección de los doctores Gorman y Fabre. En 1802 Gorman ya anciano y enfermo, fue reemplazado por Cosme Mariano Argerich, primer médico criollo. El segundo curso comenzó en mayo de 1804, con cuatro inscriptos. El Real Tribunal de Protomedicato de Buenos Aires, cumpliendo con sus obligaciones, expidió el día 17 de noviembre de 1803, un Auto contra los curanderos y charlatanes”, inhibiéndolos -bajo severas penas- de ejercer la profesión de medicina y cirugía en la ciudad y sus contornos. Esta circular fue publicada por el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio el 7 de diciembre. Para su eficaz cumplimiento entregó a los boticarios, la lista de los médicos y cirujanos6 habilitados para ejercer la profesión y recetar7. Figuran los doctores Miguel Gorman, Cosme Argerich y José Redhead; los licenciados: José Capdevila, Agustín Fabre, Justo García, Miguel Rojas, Salvio Gafarot, Juan Jiménez, Bartolomé González, Félix Pineda, Guillermo Aymas, Juan Tindall, José Ignacio Aroche, David Reid, Manuel Salvadores, Ángel Refoxo, Jerónimo Aréchaga, Pedro Faya, Juan Escola, Francisco Maciel, Manuel Pintos, Carlos Deschamps, José Fernández, Francisco Ramírez, Cesáreo Niño y Pedro Benito Fernández. Cuando se produjeron las invasiones inglesas, la ciudad como nunca antes, tuvo una gran cantidad de muertos y heridos. Por esa razón, los alumnos de medicina, pasaron de las aulas a los hospitales de sangre, y esa fue su prueba inicial. Muchos no lograron conseguir el título de médicos, como Mariano Vico, cuya pobreza no le permitió reunir los cien pesos para cubrir el arancel del examen final.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *