Curándonos desde Adentro

Con el fin de eliminar para siempre un trastorno, hemos de trabajar primero en disolver la causa mental. He aprendido que para cada trastorno en nuestra vida hay una «necesidad»; de otra manera no lo tendríamos.
El síntoma es sólo un efecto externo. Debemos entrar en nuestro interior para disolver la causa mental. A esto se debe que la Voluntad y la Disciplina no funcionen, porque se limitan a luchar contra el efecto externo. Es como cortar la mala hierba en lugar de arrancarla de raíz.
Así pues, antes de comenzar las afirmaciones de nuevas pautas de pensamiento, es necesario trabajar en la buena disposición a dejar marchar la necesidad de cigarrillos, exceso de peso o de lo que sea. Cuando la necesidad haya desaparecido, el efecto externo también desaparecerá. Ninguna planta puede vivir cuando se la arranca de raíz.

Las pautas mentales causantes de la mayoría de los malestares del cuerpo son la crítica, la rabia, el resentimiento y la culpa. Si uno se entrega a la crítica durante un tiempo suficiente, suele conducir a enfermedades como la artritis. La rabia se transforma en cosas que hacen hervir, queman e infectan el cuerpo.
El resentimiento que se alberga durante mucho tiempo se encona y corroe el yo conduciendo finalmente a la formación de tumores y cáncer. La culpa siempre busca castigo y conduce al dolor.
Es mucho más fácil dejar marchar estas pautas de pensamiento negativas cuando estamos sanos que tratar de erradicarlas bajo la influencia del pánico y ante la amenaza del bisturí.

Hace unos años me diagnosticaron un cáncer de vagina. No era en absoluto extraño que tuviera cáncer en la región vaginal habiendo sido violada a los cinco años de edad, y habiendo sido una niña maltratada.
Cuando se manifestó la enfermedad ya llevaba varios años como profesora de sanación, por lo cual fui muy consciente de que en ese momento se me daba la oportunidad de practicar y demostrar en mí misma lo que enseñaba a otros.
Como cualquier persona a la que se le dice que tiene cáncer, me invadió el terror.
Y sin embargo, yo sabía que la curación mental era efectiva. Consciente de que el cáncer proviene de una actitud de resentimiento muy hondo que se mantiene durante mucho tiempo hasta que literalmente corroe el cuerpo, sabía que tenía que hacer muchísimo trabajo mental.
Comprendí que si me operaban para quitarme el cáncer y no quitaba la pauta mental que lo había creado, los médicos irían cortando trozos de mí hasta que no hubiera más de mí que cortar. Si me hacían la operación y al mismo tiempo yo quitaba esa pauta mental que lo causaba, entonces no reaparecería el cáncer.
Cuando el cáncer o cualquier otra enfermedad reaparece no creo que se deba a que el médico «no quitó todo», sino más bien a que el paciente no ha hecho ningún cambio mental y por consiguiente vuelve a crear la misma enfermedad. También sabía que si conseguía eliminar la pauta mental que había creado el trastorno llamado cáncer, no tendrían necesidad del médico.
Me puse a trabajar con mi maestro para eliminar ese viejo resentimiento. Hasta ese momento yo no tenía el menor conocimiento de que albergaba ese profundo rencor. Muchas veces estamos ciegos a nuestras propias pautas.
Era necesario que trabajara mucho en el perdón así como desintoxicar completamente mi cuerpo y en seis meses conseguí que los médicos estuvieran de acuerdo con lo que yo ya sabía: que ya no tenía ninguna forma de cáncer.

Sé que por muy horrible que parezca la situación, si se está dispuesto a realizar el trabajo de liberar y perdonar, se puede curar prácticamente cualquier cosa.
La palabra «incurable» que tanto atemoriza a muchas personas, en realidad sólo significa que ese trastorno en particular no se puede curar por métodos «externos» y que para efectuar la curación debemos «entrar adentro». El trastorno se originó de la nada y volverá a la nada.COLABORACIÓN DE SHEBRA PARA
VIDA Y REFLEXIONES

 
             

LIBERACION DE QUISTES EMOCIONALES

Es posible que sucedan casos de liberación de emociones reprimidas en una sesión de terapia cráneo-sacral. Tenemos que estar preparados para estos casos y preguntar y escuchar al paciente que es lo que quiere hacer, si seguir en el proceso de liberación emocional o parar. Si el paciente nos pide que le abracemos o le estrujemos podremos hacerlo con cariño y poco más. Hay que aprender a pedirle permiso al paciente para todo.

Si el paciente es agresivo pararemos la sesión le dejaremos reposar unos minutos y que se levante para poder continuar en otro momento.

Si el paciente entra en el proceso de liberación de quistes emocionales le pediremos permiso al paciente si él desea seguir en ese camino de liberación. Nosotros le apoyaremos y estaremos ahí para ayudarle a ayudarse a él mismo. Nosotros tendremos bien presente que ese proceso que el paciente ha entrado es del paciente y sólo de él, nosotros estaremos para ayudarle sin llegar a implicarnos demasiado en su proceso, pues nosotros tendremos los nuestros. Nosotros sólo estaremos par escucharle y ayudarle con el proceso del movimiento respiratorio primario, pues lo demás lo hará él sólo.

Ocurra lo que ocurra sólo hay que tener seguridad en uno mismo y nunca entrar en el miedo. No hay que tener miedo a nada ni a èl mismo. Tenemos que funcionar bajo emociones y sentimientos de seguridad, de tranquilidad, de paz, de amor, de respeto y de desapego. Dar paz y tranquilidad y saber que todo volverá a su lugar de perfección, todo está bien.

 

El porque de los fulcros inerciales

Los patrones de tensión y por tanto sus fulcros inerciales restringen el MRP y por tanto nuestra salud física, emocional, mental, espiritual y por tanto nuestra conexión con el ser interior.
Estos fulcros inerciales pueden ser debidos a lesiones  físicas, traumas emocionales o mentales, contaminación ambiental, mala alimentación, factores genéticos, psicológicos e incluso, claro esta, la sociedad y los principios morales y espirituales pueden afectar al buen MRP.
Por ejemplo si no tenemos amor y aprecio a nuestras vidas, por algún motivo psicológico, nos han maltratado en la juventud, nos quedamos obsesionados por algún sentimiento de desprecio que hemos podido recibir o cualquier cosa y no nos queremos, pasara una cadena de desgracias y desajustes que nos será difícil percibir. Nos veremos envueltos en una cadena de actos inconscientes que se convertirán en ciclo vicioso de negatividades hasta que llegue un punto de inflexión y de cambio. Si no nos queremos nos haremos daño, con la alimentación, con el alcohol, con las drogas, tampoco querremos a los demás y entonces les haremos daño y nosotros solo cerraremos muchas puertas de gente que nos pudiera traer ayuda o consciencia. Cada vez vamos deprimiendo nuestras energías internas y nuestro MRP se ve afectado y bajo de calidad. Gastamos muchas energías en destruir y  destruirnos y no nos damos cuenta. El estrés la ansiedad y un sinfín de circunstancias  serán las responsables de muchas tensiones y fulcros inerciales  que cada vez van afectando mas a nuestro MRP y entras en una decadencia global que se convierte en un circulo vicioso incapaz de salir hasta que se realice un cambio importante en la vida. Todavía nos quedara una oportunidad en la vida para volver a ser el ser único y divino que éramos antes, claro esta que con un  gran trabajo personal. Todos esos fulcros inerciales tienen que ser limpiados y arreglados para que el MRP vuelva a su cauce original y tu poco a poco ir subiendo de niveles de vibración y vuelvas a ser tu mismo sin tantas cargas emocionales y energéticas que te as ido acarreando. A demás si tus fulcros inerciales desequilibran tu MRP, tu aura y tus membranas energéticas de protección se verán afectadas ante las energías negativas y todo tipo de defectos psicológicos, creando de nuevo un circulo vicioso de deterioro emocional, mental y espiritual. Este desajuste del MRP se convierte en el caldo de cultivo de todo tipo de enfermedades físicas y psicológicas, debido a la separación energética entre tu cuerpo, tu mente y tu espíritu.

TRAUMA FISICO
Las lesiones físicas es una de las clarísimas causas que crean un fulcro inercial en el cuerpo. Un corte profundo en la piel, una cicatriz de una operación crea una contracción en los tejidos que ya no disfrutarán de su buena conexión eléctrica y de comunicación neuronal que afectara a dicha zona e incluso a otras más distales. A parte de la comunicación energética con el sistema nervioso central tenemos que dichas cicatrices tiran de los tejidos circundantes creando patrones de tensión que influyen en el movimiento inherente de los tejidos órganos y al MRP. También existe la contracción involuntaria  de los tejidos para la protección de funciones u órganos más importantes.
El impacto de una fuerza física crea una energía biocinética en el cuerpo que se quedara atrapada en los tejidos hasta que se disuelva. Ese golpe se encuentra con la resistencia de los tejidos y órganos del cuerpo y reduce su velocidad hasta que se para en un lugar concreto. Si el cuerpo es incapaz de disolver esa energía entrante esa fuerza traumática es tratada como un objeto extraño y, así los tejidos circundantes se contraen y la energía corporal del aura y del MRP se redirige hacia la zona traumática y así minimizar sus efectos. En muchas ocasiones el cuerpo no dispone de recursos suficientes o simplemente el traumatismo físico ha sido tan grande que se crea una zona energía cinética atrapada. En consecuencia se crea un área de potencia biocinética separada de la totalidad y bloqueada que afectara al MRP circundante generando un fulcro inercial.
Esta contractura de tejidos o vector de fuerza atrapada produce adherencias en los tejidos, con la consecuencia de falta de movilidad, mala circulación con la consecuencia de acumulación de toxinas irritación nerviosa etc. Esto se convierte en una zona de debilidad y consumo constante de energía física y para ello el MRP se redirige hacia este quiste energético. En la mayoría de los casos será el cuerpo por si solo incapaz de solucionar el problema y se convierte en un traumatismo perpetuo.

El Quiste Energético y la Liberación
Somato-Emocional

Vamos a hablar de algo diferente: el Quiste Energético y la Liberación Somato-Emocional. Puede que para muchos sea algo conocido, otros no lo habrán oído nunca pero quizás eso de «Quiste Energético» les suene como algo familiar, algo que han tenido siempre.

 El Quiste Energético es de lo primero que hay que hablar para poder entender
Lo que es la Liberación Somato-Emocional. Imagínese un hipotético paciente que va a
Su consulta para un masaje; nada más verle le llama la atención su manera de andar: agachado, mirando al suelo, triste, con Las manos en los bolsillos. Esa misma persona dos días después, puede que le vea
con un comportamiento totalmente distinto:sonriente, andando con el cuerpo recto yLos hombros hacia atrás, con un ritmo de caminar más animado; ahora su imagen es La de alguien más abierto y extrovertido, y va a la consulta igualmente a darse un
Masaje. Son dos tipos diferentes de presentación que podemos ver en la consulta diario, y seguro que no les tratamos de Igual manera. Hay algo que no es sólo la postura,  hay algo que no es sólo la tendencia cifótica o la sobrecarga muscular; todo eso está teñido o marcado casi siempre por algo que se llama «emociones«.
Las emociones son patrimonio del ser humano (desconozco el tipo de emociones que sienten los animales), sabemos que sentimos. Hay un abanico de emociones, desde agradables que nos hacen felices, que nos hacen vibrar, que nos hacen sentir algo positivo, hasta emociones desagradables que nos hunden, que incluso no nos permiten ya ni sentir, que nos ponen bajo tierra y nos deprimen y estas emociones pueden afectar físicamente determinados órganos y determinada manera de actuar. Así que podemos decir que somos como esos grandes percheros con ruedas que hay en los grandes almacenes, somos porteadores de emociones, desde que nacemos hasta que morimos; esas emociones las llevamos con nosotros, viven «en» nosotros, no están fuera de nuestro cuerpo, no viven aisladas, viven en mí y además marcan mi actitud ante la vida no sólo en el plano emocional sino también a nivel físico. Cada emoción nos va a marcar una determinada actitud y un determinado comportamiento físico.
Entonces, somos como esos percheros que van de un sitio a otro, de un almacén a otro; nosotros vamos a casa, al trabajo, a comprar, dormimos, vemos a un amigo; estamos constantemente integrando emociones, recibiendo impulsos negativos y positivos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en forma de emociones.
Por ejemplo: si el portero de mi casa todas las mañanas me saluda sonriente y hoy ni siquiera me ha mirado y se ha dado la vuelta, yo eso lo puedo interpretar de mil maneras diferentes; dependiendo de cual sea en ese momento mi manera de estar, voy a integrar eso de mejor o peor manera; voy a decir «¡va!, no tiene importancia, estará mal o no me habrá visto»; o podré decir: «¿qué le pasará?, ¿le habrá sentado mal algo que le he dicho?», y puedo empezar a vivir ese hecho de una u otra manera.
Todo eso depende en parte de nosotros y en parte del estímulo. Por lo tanto, nosotros necesitamos hacer algo con esas emociones, y ¿qué hacemos? Pues como ese perchero: las cambiamos, las ponemos, las quitamos. Cuando comunicamos a otra persona una emoción (una percha que llevamos encima pero que no nos agrada), en ese momento hacemos una transferencia o intercambio y automáticamente algo cambia; y eso lo hacen otras personas con nosotros, y así en nuestra consulta, en nuestra vida, con nuestros hijos, etc.; estamos constantemente intercambiando emociones.
De este modo intentamos mantener el perchero en equilibrio; pero hay emociones que pasan de un cierto umbral, emociones que no somos capaces de contar a cualquiera o emociones que no somos capaces de entender: «¿por qué me ha pasado esto a mí?», «¿por qué me han dicho esto?», «¿por qué me han hecho esto?».
A partir de ahí, al no ser capaz de compartir, transferir o transformar esa percha, me la voy quedar conmigo, y eso es un peso adicional. Es algo que está en nosotros, en nuestra consciencia y en nuestros tejidos, en nosotros, vive con nosotros. Así vamos guardando emociones a lo largo de toda nuestra vida; las positivas nos gustan, nos acercamos a ellas, nos hacen crecer, nos dan luz y esperanza, nos estimulan. Y las emociones negativas nos marcan de alguna manera y también nos sirven por supuesto para aprender y evolucionar aunque no siempre seamos capaces de entender el mensaje que hay detrás de una determinada actuación, de una determinada vivencia, y lo guardamos de una manera patológica.
Esa emoción puede ir acompañada de un trauma físico; estamos llegando ya a una emoción límite donde, por ejemplo, yo soy agredido por alguien, insultado, violentado porque me han querido robar o han querido violar a mi novia; es algo que se sale de lo normal, que crea un shock; y dependiendo de cómo yo esté en ese momento, ese shock lo integraré de una determinada manera.
Si estoy tranquilo y alguien me da un susto notaré que mi estómago se encoge, la mandíbula se contrae, se me acelera el corazón; el cuerpo se comporta de un modo ante determinados estímulos. Nadie está libre de esto.
El problema de las emociones es que no siempre son fáciles de entender; una emoción puede ser algo que me haga daño, un estímulo externo que me violenta de una manera física y/o emocional, y que yo no puedo entender o superar. Entonces no me atrevo a contárselo a nadie; a partir de ahí yo voy a modificar determinadas actitudes ante los demás y eso es lo que hacemos desde que nacemos.
Nacemos con un potencial humano y unas necesidades de expresar emociones; si yo siento que te quiero, lo normal es decirte: «te quiero»; pero, ¿qué ocurre si yo digo eso?; «a lo mejor piensa que quiero acostarme con ella», o «que quiero salir con ella» o «que…» etc. Entonces mejor no se lo digo, o le digo otra cosa, o mejor no digo nada y me lo guardo; a partir de ahí empezamos a ver que emociones y palabras no son algo que se lleven siempre bien. También a veces sentimos rabia u odio por alguien y tampoco somos capaces de decírselo, eso es parte de nuestra educación, del vivir en sociedad, y en parte está bien porque no podemos ir insultando a todo el mundo cuando nos apetezca, pero una cosa si está clara: las palabras no definen bien las emociones y para cada uno una emoción determinada es algo distinto. Ej.: el AMOR, para algunos es algo divino, algo lumínico, algo que estremece, algo que da calor, que te hace vivir. Para otros el AMOR es «quien bien te quiere te hará llorar», o cosas parecidas. Así que la definición de amor para cada uno es distinta, pero todos sabemos lo que nos gusta sentir: aquello que nos conforta, que nos da brillo, calor, alegría, que nos hace crecer, que nos hace sentirnos más humanos; por lo tanto, las emociones son muy difíciles de explicar con palabras, por lo tanto si esta charla se pudiera dar telepáticamente sería mucho mejor, porque ahí es donde muchas veces podemos expresarnos mejor, de esa manera, cuando nos expresamos a través de emociones y la mente está relajada y callada. Pero cuando emociones y mente trabajan en conjunto, muchas veces aparecen las luchas, luchas que crean problemas de integración, una pelea interna que crea problemas emocionales. Por lo tanto, un Quiste Emocional puede ser aquello que tiene ese hombre que se ha enamorado de una chica pero que no ha sido capaz de decírselo nunca y ha estado siempre con ese sentimiento guardado, y eso es frecuente verlo en la consulta.
Cuando aplicamos cualquier tipo de terapia, entramos en un contacto directo con una persona, no con una musculatura o una piel, contactamos a muchos más niveles; dependiendo de nuestra actitud se van a despertar ciertas emociones y es por eso que un paciente se pone a llorar, a reír, a recordar cosas del pasado cuando entramos en contacto con él.
Quizás sentimos que somos mejores terapeutas cuando estamos bien con nosotros mismos, cuando somos capaces de dar algo más que una exquisita manipulación, que somos capaces de conectar a un nivel un poco más profundo que también vive en esos músculos, en los tejidos, eso es la «Memoria Tisular». Somos aparatos de «grabar», a través del oído, del olfato, del gusto, del tacto, de la vista; estamos recibiendo información constantemente y esa información que puede ser positiva o negativa, agradable o desagradable. Pensad en una cinta de casete o una cinta de vídeo, un CD; son materiales inertes capaces de grabar y recoger mucha información, imagen y/o voz. Todo eso se puede grabar en una cinta de vídeo, y si cogemos un trozo de esa cinta vemos que es sólo plástico. Así que imaginad lo que somos capaces de grabar nosotros que somos mucho más complejos y estamos constantemente conectados, siempre estamos captando información.
Hablamos de que los tejidos tienen una MEMORIA, una capacidad de captar en sí mismos información. Cuando esa información el cuerpo no la puede «digerir», no la puede integrar, hace lo mismo que cuando recibe una bala, un perdigón o una piedra: lo aísla, lo encapsula; no es algo que el cuerpo pueda reciclar ni entender, es ajeno a él. El perdigón que ha entrado en mi pierna no se disuelve ni pasa al torrente sanguíneo sino que es aislado mediante una barrera proteica que forma una película externa rodeando a ese «perdigón» porque el cuerpo no sabe qué hacer con él. Eso creará tensiones alrededor, lo que le supone al cuerpo un estrés. Y a nivel emocional ocurre igual. En un momento crítico en el que yo estoy muy sensible, si recibo una emoción fuerte, puede que mis tejidos que están «grabando» se contraigan. Por ejemplo: mi diafragma se queda contraído, y al cabo del tiempo empiezo a tener problemas respiratorios, un problema digestivo o un dolor lumbar por una tensión diafragmática a partir de una emoción. Un diafragma se altera casi siempre por las emociones porque es el músculo de la respiración; dependiendo de cómo respiramos, ese diafragma estará más o menos relajado, así que tiene mucho que ver con nuestras emociones. Igual pasa con todos nuestros tejidos. Y cuando hay algo que nos han dicho que no podemos tragar, sentimos realmente esa sensación a nivel de la garganta; eso se puede somatizar y al cabo del tiempo se nos ha olvidado qué era aquello que yo no podía tragar y se ha convertido en una faringitis crónica, en un problema de tiroides o en un dolor cervical. Y ese paciente va a nuestra consulta y recibe masaje, se le trabaja a nivel tisular, pero hay algo más, algo más profundo donde todavía no hemos llegado.
Esto no quiere decir que todos tengamos que trabajar con Liberación Somato-Emocional, lo importante es que nos quedemos con la idea de que hay algo más, otros factores a tener en cuenta, eso es lo importante. Simplemente quiero daros un entendimiento clara de que somos un TODO, una totalidad, y cuando trabajamos en un área estamos influyendo en las demás. Si una persona tiene un problema emocional, si se le ha dicho que no vale nada desde que nació, y va a un psicólogo y este le hace sentir de otra manera, también va a cambiar su actitud corporal y otras muchas cosas; quizás ciertos dolores se vayan también. Eso es lo mismo que hacemos algunos terapeutas pero desde el cuerpo, vamos a la zona corporal que está más cargada, ahí es donde están somatizadas sus emociones, su peso, aquello con lo que no puede más. Y nosotros le ayudamos a descargar todo eso, estamos trabajando en sus emociones porque cuerpo-espíritu-emociones viven en el mismo sitio. Lo que ocurre es que necesitamos separar conceptos para entenderlos y estudiarlos, pero llega un momento que cuando ya hemos estudiado la anatomía me doy cuenta de que esa anatomía sin la chispa de la vida no es nada, es un cadáver. Así que lo que viene a la consulta son personas que están conectadas a emociones y sentimientos, y nosotros trabajamos con ellos.
Centrándonos en el Quiste Energético, su definición sería: «la somatización de esa emoción que se ha quedado grabada en nosotros, en alguna parte de nuestro cuerpo, y esa emoción nos está creando un peso, está siendo algo que el cuerpo no puede integrar, no puede digerir». Y quizás como el cuerpo por sí mismo no ha podido liberarlo, nosotros le podemos ayudar.
Podemos decir que un Quiste Energético se crea porque:
1.  La cantidad de energía que ha entrado ha sido demasiado alta. Ha sido un trauma     (físico y/o emocional) demasiado fuerte y el cuerpo no ha podido dispersarlo.
2. Lesiones previas en esa región hacen esa área más vulnerable a somatizar un Quiste     Energético. Por ejemplo: Una mujer que ha tenido dos partos y ha sufrido un culetazo     fuerte tendrá una pelvis con mucha tensión; si sobre esa tensión añadimos una lesión     emocional como puede ser un abuso sexual, se multiplicará la cantidad de energía     negativa o tensional en esa  pelvis y el cuerpo no podrá dispersarla. Ahí es donde     tendremos nosotros que ayudar.
3. Ciertos estados emocionales hacen a la persona más propensa a somatizar Quistes     Energéticos.
4. El tiempo a menudo juega a favor del Quiste Energético porque si el cuerpo no ha     podido liberarlo lo encapsulará como si fuera una cebolla, rodeándolo de múltiples     capas, guardándolo muy bien en el cuerpo.
Normalmente liberamos Quistes Energéticos de una manera espontánea cuando recordamos algo y nos ponemos llorar o a reír y finalmente entendemos ese algo. Y hay otras maneras de buscar un Quiste Energético y ayudar al cuerpo a liberarlo; una de ella es lo que denominamos «Arcing» o diagnóstico de arcos.
Vamos a poner un ejemplo de Quiste Energético: una mujer que baja por unas escaleras y se resbala por ellas; esa mujer iba preocupada y corría a socorrer a alguien cuando se cayó. No es lo mismo caerse así que si esta misma mujer va pensada en algo alegre y positivo. En el primer caso todo su cuerpo estaba ya en una tensión física y emocional porque le habían dicho que un familiar suyo estaba a punto de morirse por un accidente. Todo su sistema nervioso y su sistema hormonal estaban disparados y todo sistema músculo-esquelético estaba en tensión para ir a socorrer a alguien. Si en ese momento sufre un impacto o trauma, el cuerpo no puede dispersarlo de la misma manera que si esa persona se encontrara en un estado normal de relajación porque le estamos pidiendo demasiado al cuerpo en ese momento. Ya había una tensión inicial y añadimos otra tensión accesoria, lo que hace posible que este trauma tienda a somatizarse porque hay un componente emocional unido al trauma físico.
Ese golpe por las escaleras va a ser rodando por varios escalones y eso va a crear una serie de entradas de vectores de fuerza; cuando algo impacta contra un cuerpo hay una entrada de energía que se propaga en línea recta desde ese punto de entrada. La entrada de energía depende directamente de la velocidad, de la fuerza del impacto y de la densidad de los tejidos que debe atravesar. Como la postura de la mujer va cambiando conforme va rodando por los escalones, irán entrando diferentes vectores que crearán una tensión en un área local determinada; eso será un Quiste Energético.
Un Quiste Energético no tiene por qué encontrarse exclusivamente en la zona del traumatismo sino que puede almacenarse en cualquier punto en la línea de ese vector cuya energía no ha podido salir; al quedarse en esa zona determinada crea un foco de mayor entropía (energía desorganizada). El cuerpo intenta constantemente compensar y adaptarse a ese quiste energético.
Nosotros podemos sentir y valorar un Quiste Energético, y no siempre coincide con la zona del dolor. Imaginaos que entráis con los ojos cerrados a una habitación donde os han dicho que hay una chimenea encendida. Ese foco de calor lo podemos sentir sin verlo y siguiendo su onda expansiva calorífica nos podemos acercar justo a donde está la chimenea. Igualmente, un Quiste Energético vibra en una determinada frecuencia, emite unas ondas de energía (generalmente calor) de una forma excéntrica, como cuando tiramos una piedra en un estanque. Por lo tanto, desde cualquier parte del cuerpo podemos localizar un Quiste Energético sintiendo las ondas de energía (los arcos de energía) que emite, ej.: desde las piernas, desde los brazos, la cabeza, etc.
Cuanto más lejos estoy del foco o Quiste Energético más grande es la onda y más débil, pierde fuerza. Cuanto más cerca estoy, la onda será más corta y más fuerte. Las ondas se mueven a una frecuencia aproximada de 70 movimientos por minuto (cuanto más cerca del origen más rápida es). Así nos podemos ir acercando al foco; y cuando llegamos a este Quiste Energético es como si tuviéramos la mano encima de una piedra caliente. Seguro que muchos intuitivamente han realizado esta técnica con sus pacientes y han colocado sus manos en el punto justo del problema sin que el paciente se lo hubiera indicado previamente. Y ahí en esa zona que nos llama la atención, en ese «quiste», además de una tensión física puede haber una tensión emocional. Si la emoción no es liberada, el resto del Quiste Energético tampoco puede ser liberado y los tejidos seguirán en tensión.
¿Cómo se liberan esas emociones? Esto sería la parte final de la Terapia Cráneo-Sacral: LA LIBERACIÓN SOMATO-EMOCIONAL. Es la última parte de la formación en Terapia Cráneo-Sacral del Upledger Institute porque es donde más respeto tiene que haber. Trabajar con las emociones es muy delicado, sobre todo porque no son mis emociones. El paciente viene con una «emoción» determinada que tiene guardada y cuando salga puede que no concilie o coincida con mi sistema de creencias (por ejemplo: el paciente puede haber cometido un atentado o una violación) o que yo no lo pueda entender, pero si yo lo censuro o juzgo, si lo miro desde mi sistema de creencias olvido lo que dije al principio: el amor para cada uno es una cosa distinta, así que hay que estar por encima de los pensamientos individuales y quedarse en el amor incondicional, ese que no tiene un matiz definido, el que se da y ya está. Y esa debe ser la postura del terapeuta que hace Liberación Somato-Emocional: tiene que ser alguien que apoye al cliente en el proceso de liberar y entender algo que está guardado y que le está haciendo daño de algún modo. Para ello, no podemos ayudarle con » nuestros principios» o manera de ver las cosas; incluso podríamos entonces agravar el problema.
El Dr. Upledger, creador de esta terapia, hace hincapié en que el RESPETO tiene que ser ABSOLUTO. El respeto hacia ese paciente que necesita liberar algo y al terapeuta le tiene que dar igual cómo lo hizo y por qué llegó a hacer aquello en un determinado momento; tiene que estar por encima de eso, en un amor incondicional que ayuda, respeta y apoya al paciente en su proceso de descargar su emoción.
En la Liberación Somato-Emocional no es el terapeuta el que le dice al paciente lo que tiene que hacer. Es el paciente el que nos dice lo que está pasando, por qué pasó, y cómo lo va a solucionar. Nosotros le asistimos y apoyamos.
¿Cómo puede ocurrir todo esto? Si los tejidos son capaces de enquistar unas determinadas emociones, quizás en el momento en el que yo hago un contacto profundo con el paciente, esa emoción pueda manifestarse y el paciente pueda recordar aquello que le ocurrió, por ejemplo: aquello que le dijo tal persona, aquella bofetada injustificada que le dio su padre cuando tenía dos años y que nunca entendió, guardando aquello de una manera traumática.
Sólo se puede conseguir esto desde un contacto profundo, desde el amor incondicional que el terapeuta tiene que poner, y eso consiste simplemente en RESPETAR. Desconocemos lo que el paciente va a liberar, tan sólo sé que debo darle el «colchón» que le haga sentirse seguro para que pueda exteriorizar aquello que no ha sido capaz de sacar nunca.
¿Cómo se lleva esto a la práctica? El Dr. Upledger ha creado un sistema de trabajo basándose en la ESCUCHA del cuerpo y en el SISTEMA CRÁNEO-SACRAL. Cuando entramos en ese contacto profundo con el paciente y se inicia el proceso de Liberación Somato-Emocional, desaparece el RITMO CRÁNEO-SACRAL (el terapeuta deja de percibirlo); este es el parámetro más fiable que tiene el terapeuta cráneo-sacral de que realmente ha habido un contacto con los tejidos y el inconsciente del paciente y mientras el ritmo cráneo-sacral permanezca imperceptible se desarrollará el proceso de asistencia al paciente hasta la integración y resolución positiva de su problema; en ese momento vuelve a sentirse el ritmo. El terapeuta necesita disponer de una serie de recursos para poder asistir con HONESTIDAD al paciente: Imágenes y Diálogo Terapéuticos, Técnicas Psicológicas, etc.
Pero lo más importante de la Liberación Somato-Emocional es la total neutralidad del TERAPEUTA, SÓLO ES UN ASISTENTE, un acompañante en el proceso del paciente, dándole apoyo. Es el paciente (su Médico Interno, su Sabiduría Interior, o como lo queramos llamar) el protagonista, el que saca, el que busca soluciones y el que toma decisiones para volver a retomar él las riendas de su vida.

José Luis Pérez Batlle
Presidente The Upledger Institute España
Conferencia Expomasaje 2001
Publicado en Revista Masaje – Diciembre 2001

VOLVER

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *