CUARESMA 2013

CUARESMA 2013

Comparte Grupo de Ecología y Ecumenismo

        Parroquia Ntra. Sra. Del Valle

 

 

Siete Semanas para el Agua 2013

Desde 2008, la Red Ecuménica del Agua (REDA) prepara meditaciones semanales y otros recursos sobre el tema del agua para las siete semanas de Cuaresma. Las reflexiones van acompañadas de ideas para actividades que alientan, tanto a los individuos como a las congregaciones, a trabajar en favor de la justicia del agua en sus comunidades.

Siete Semanas para el Agua 2013

Bendición de las aguas en el día de Epifanía cerca del monasterio ortodoxo de Valamo, Finlandia.

Semana 1: Gota a gota

Semana 2: Aguas del Bautismo, Agua de Vida

Semana 3: Pozos de la discordia: un espacio para la paz

Semana 4: Sed de agua, sed de vida

Semana 5: ¿Hermana agua u oro azul?

Semana 6: ¡Dame agua… el agua viva!

Semana 7: ¡Necesitamos lavarnos nuestros pies sucios!

 

Semana 1

En esta primera semana para el agua, le ofrecemos una reflexión de Jane Stranz –que actualmente trabaja con la Federación Protestante de Francia en el ámbito de las relaciones ecuménicas, el diálogo interreligioso y el ministerio intercultural– en la que escribe acerca de la importancia del agua sobre la tierra y nos desafía como cristianos a trabajar por un reparto justo de este elemento que da la vida.

Semana 1

Foto: Andrei Niemimäki

Gota a gota 

Una reflexión bíblica de Jane Stranz*

Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6:8)

Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. (Salmos 42:1)

Como el tictac del reloj marcando la hora, el agua gotea ruidosamente. Tal vez gotee de la esquina de una roca, o del tejado, en tiempos de lluvia y abundancia, o quizás de un grifo mal cerrado en las sociedades donde el recurso más preciado y vital de la tierra se desperdicia inconscientemente.

El sonido del agua goteando se celebra con júbilo después de un periodo de sequía. El sonido de esas gotas batiendo el suelo trae consigo la promesa de la transformación, de semillas que germinan, de cultivos que florecen, de esperanza para el futuro, de frescor. Ese goteo es también el sonido de la justicia.

Hace más de dos mil años, el profeta Miqueas llamaba a la humanidad a una espiritualidad de resistencia y persistencia con tres aspectos, «Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios». Es a esa espiritualidad de la persistencia, a la espiritualidad de la sostenibilidad a largo plazo, a la que se llama a los cristianos ahora que la Cuaresma empieza de nuevo.

Hace siglos, el poeta romano Ovidio dijo que el goteo del agua no erosiona la roca por su fuerza sino por su persistencia. En una sociedad de apaños y soluciones instantáneas las virtudes cuaresmales de la disciplina y el ayuno no son siempre fáciles de vender. La espiritualidad de Miqueas en sus tres aspectos nos llama a ser como el goteo del agua sobre la roca, a poner de relieve persistentemente las cuestiones del agua y la justicia en nuestras comunidades y en todo el mundo.

Loren Kerkof, padre franciscano de los EE.UU., también estimula el desarrollo de una espiritualidad con tres aspectos como respuesta a la realidad ecológica de nuestro planeta, una espiritualidad que emana de nuestra necesidad de profundizar nuestra relación con Dios, un sentido de responsabilidad moral y la llamada a promover el reino de justicia de Dios.

«La eco-espiritualidad comprende que la tierra es un reflejo de lo divino; ve el universo como un sacramento de Dios, una encarnación de Dios. Contemplar la belleza y la presencia de Dios en todas las cosas nos puede llevar a la metanoia, una conversión que nos mueve a responder a la crisis que afecta a nuestro planeta, nuestro hogar, la creación de Dios.»

Como el ciervo anhela el agua pura en el Salmo 42, hay en nuestro mundo un profundo anhelo de que las cosas sean diferentes, de agua limpia, de una relación mas profunda con Dios, de una forma de vida mas relacionada y justa entre los pueblos.

La crisis del agua y la falta de justicia en el acceso al agua forman parte de la crisis a que se enfrenta el planeta. Kerkof dice que la pregunta que deberíamos hacernos hoy en día es: «¿Cómo podemos vivir?»

Vista de esa manera, la Cuaresma es un período para pasar mas tiempo haciéndonos preguntas, observando la preciosa creación de Dios, dándonos cuenta de cómo la forma de vivir de cada uno está relacionada con toda la vida de este precioso y frágil planeta, y preguntándonos qué quiere decir, hoy en día, seguir a Jesús. Un período para contemplar los bellos lagos, los riachuelos que fluyen libremente, o sencillamente un vaso de agua potable y el anhelo de justicia. También es un período para comprometerse a formar parte de la labor a largo plazo en favor de la justicia del agua en todo el mundo.

Durante la Cuaresma, al humillarnos ante Dios, también esperamos la promesa de la transformación de los valores mundiales que ofrece la resurrección de Cristo en Pascua. Esa transformación ha de comenzar con nosotros.

No se podrá conseguir de la noche a la mañana la justicia del agua para más de mil millones de personas en nuestro planeta que no tienen acceso al agua potable. Será un largo proceso en el que confluirán incidencia pública, campañas y acciones concretas. A veces parecerá que no conseguimos ningún impacto. Se requiere no sólo nuestro compromiso intelectual o político, sino también una espiritualidad de persistencia que nos mantenga cuando seguimos a Jesús e intentamos ser el agua que erosiona las montañas de la injusticia.

La promesa es que Cristo la fuente de todas las aguas vivas, nos sostendrá mientras avanzamos y regamos las semillas de la nueva vida.

* Jane Stranz es ministro de la Iglesia Reformada Unida en Gran Bretaña y de la Iglesia Reformada de Francia. Actualmente trabaja con la Federación Protestante de Francia en el ámbito de las relaciones ecuménicas, el diálogo interreligioso y el ministerio intercultural.

Ideas para el estudio y la reflexión

Un ejercicio espiritual

·         Tómense algún tiempo para escuchar cómo el agua gotea, fluye, mana. El sonido del agua nos recuerda la promesa de abundancia de Dios; el silencio puede recordarnos las pocas veces que se comparte justamente este recurso que es esencial para la vida.

·         Piensen en el potencial vivificador de una sola gota de agua, que puede traer nueva vida a una tierra estéril.

·         Mientras escuchan o imaginan los sonidos del agua, pregúntense: ¿Qué relación tienen con el agua? Y, a continuación, oren:

·         por la justicia y un acceso equitativo de todas las personas a este recurso tan vital;

·         por paciencia y fortaleza para continuar con la labor de concienciación y las campañas por la justicia hídrica.

Preguntas para la reflexión

1.    ¿De qué maneras puede Dios estar llamándoles a ustedes y a su comunidad a participar en una acción persistente sobre la accesibilidad del agua?

2.    ¿Qué hace que ustedes y su comunidad tomen conciencia de la crisis del agua?

3.    ¿De qué formas la espiritualidad de la Cuaresma es también una espiritualidad ecológica? ¿De qué maneras les gustaría profundizar su espiritualidad esta Cuaresma?

Lo que pueden hacer

Prepárense para el Día Mundial del Agua (22 de marzo):

·         Averigüen si hay actividades locales con motivo del Día Mundial del Agua cerca de ustedes.

·         Busquen en nuestro conjunto de recursos ideas sobre cómo ustedes y su iglesia pueden participar en actividades a favor de la justicia en el Día Mundial del Agua.

 

Semana 2

Exploramos lo que el significado y el uso del agua en nuestras tradiciones litúrgicas pueden decirnos sobre el significado y el uso del agua en nuestra vida de cada día. Y, viceversa, cómo la realidad del agua hoy, incluyendo la crisis del agua, configura e inspira nuestro uso litúrgico del agua.

 

Aguas del Bautismo, Agua de Vida

Una reflexión bíblica de Anne Louise Mahoney*

Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. (Isaías 12:3)

Mi iglesia parroquial tiene una gran fuente bautismal donde se bautiza tanto a niños como a adultos. En las liturgias dominicales de la mayor parte del año, el dulce susurro del flujo del agua ofrece un pacífico telón de fondo durante los momentos de silencio y oración, y nos recuerda nuestro bautismo.

Pero el miércoles de ceniza, las cosas cambian. Se seca la fuente y se llena con arena y piedras: sequedad, falta de vida, mutismo. Esto siempre me pilla de sorpresa. Estamos ahora en un tiempo de desierto, nos guste o no nos guste.

Durante siete largas semanas he pasado cada domingo junto a la fuente llena de arena. Echo en falta el agua, su humedad, su borboteo, su presencia refrescante. Me siento interpelada a enfrentarme a las zonas desérticas en mi propia vida: relaciones marchitadas, hábitos destructivos, oración vacía, egoísmo, orgullo, falta de compasión. Me quedo reluctante en este lugar árido, tratando de redescubrir qué es dar la vida.

Como anticipación de los acontecimientos pascuales, empiezo a imaginar el retorno del agua. Siento rebrotar la esperanza durante la Semana Santa , sabiendo que, cuando entre en la iglesia para la vigilia pascual, una vez más volverá a fluir el agua: música para mis oídos y para mi espíritu.

Siempre tiene valor la espera, la privación, para de nuevo experimentar el agua esta noche. Antes de que lleguemos siquiera al glorioso momento del bautismo, las lecturas abundan en referencias al agua. El espíritu de Dios que se movía sobre la faz de las aguas. Dios vierte los manantiales en los arroyos que van entre los montes. Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría. Venid todos los sedientos, venid a las aguas. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.

Desde el momento en que comienzan nuestras vidas, el agua es decisiva para nuestro futuro. Sin ella, moriremos. La bebemos, cocinamos con ella, nos bañamos en ella, lavamos nuestra ropa, vajilla y suelos con ella, nutrimos a los animales y las plantas con ella, y la utilizamos para todo tipo de manufacturas. Como cristianos, estamos bautizados en ella. El agua es en nuestras vidas una fuerza primordial que frecuentemente escapa a nuestro control. Cuando desata toda su fuerza en huracanes, inundaciones o tormentas, y cuando se seca completamente, reconocemos su verdadero poder sobre nosotros.

Hoy tenemos que rendir cuentas de nuestra mala administración del agua. Nos enfrentamos con la vergüenza de que no todas las personas dispongan de este recurso esencial. Contemplamos pasivamente cómo se derriten los hielos del Ártico, amenazando el precario equilibrio ecológico de nuestro planeta. Como cristianos, renacidos en Jesús por medio del agua bautismal, estamos llamados a restablecer ese equilibrio.

Cada año, la vigilia pascual nos trae un severo recuerdo de que el agua es un don de Dios para nosotros: en el bautismo y en nuestra vida de cada día. En realidad, el agua es vida. En el bautismo, los cristianos accedemos a esta fuente de vida que tiene el potencial de cambiar completamente nuestras vidas. Resucitamos con cristo a una nueva vida. A medida que avanzamos en Cristo, debemos recordar que el agua es una bendición que hemos de atesorarla, compartirla con todas las personas y protegerla para las generaciones futuras.

* Anne Louise Mahoney, católica romana laica, trabaja como redactora independiente para varias organizaciones cristianas y laicas. Vive en Ottawa, Canadá.

Ideas para el estudio y la reflexión

Reflexionen sobre los “espacios desiertos” de sus propias vidas, los aspectos de su vida que les hacen sentirse vulnerables y sedientos de algo. Recordando que en la Biblia el desierto es asimismo un lugar de meditación ascética, piensen en las situaciones y lugares que les hacen sentirse más cerca de Dios.

Preguntas para la reflexión

1.    ¿De qué maneras la crisis del agua resuena con las crisis que pueden surgir en el camino espiritual?

2.    ¿Qué papel puede desempeñar el agua en su vida de oración y la de su comunidad?

3.    ¿En qué ámbitos de su vida buscan equilibrio este tiempo de Cuaresma?

Lo que pueden hacer

·         Organicen un estudio bíblico/meditación en grupo en torno a la pila bautismal de su iglesia y dejen a los participantes reflexionar en silencio durante un rato; luego, compartan cómo pueden relacionarse con el agua en su vida cotidiana, tanto espiritual como físicamente.

·         Junto con su familia o comunidad de fe, hagan una lista de tres formas de utilizar el agua de manera más respetuosa o eficiente, y pónganlas en práctica.

·         Piensen en los “desiertos” (lugares afectados por la mala utilización y administración del agua, o por la falta de acceso a ella) de la comunidad o ciudad donde viven. ¿Pueden averiguar qué redes u organizaciones abordan estas cuestiones y cómo podrían apoyarlas con sus oraciones, su tiempo u otros recursos?

·         Ayuden a la Red Ecuménica del Agua a afrontar los problemas cruciales del agua e involúcrense. Hay muchas formas de participar…

 

 

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