Cuanto mayor es el plato, más comida.

RYAN McVAY, GETTY IMAGES

Un estudio reciente realizado por la Universidad de Utah sugería que la cantidad de comida consumida en un restaurante dependía del tamaño de los tenedores. Investigaciones como esta nos recuerdan que, en ocasiones, resulta posible extraer conclusiones opuestas a partir de un mismo conjunto de datos. Por desgracia, tales contradicciones no representan ni mucho menos casos aislados. Cuando se trabaja con datos débilmente correlacionados, a menudo pueden inferirse tendencias falaces sin más que redefinir algunas de las categorías empleadas para clasificar los datos. La práctica no es ajena a algunos estudios sobre criminalidad, donde se ha empleado para «demostrar» que ciertas clases de delitos evolucionaban de acuerdo con las pautas deseadas.
Consideremos un ejemplo sencillo, inspirado en el estudio sobre los tenedores. Supongamos que en un bufé almuerzan diez comensales. Nuestro objetivo consistirá en determinar la influencia del tamaño de los platos en la cantidad de comida que se sirve cada uno.
Tres personas recibieron platos de menos de 20 centímetros de diámetro, clasificados como «pequeños». Estas dieron cuenta de 270, 300 y 330 gramos de comida; es decir, una media de 300 gramos. Los cuatro invitados a quienes se les asignaron platos «medianos», de entre 20 y 28 centímetros, consumieron 540, 210, 450 y 120 gramos de comida, lo que supone una media de 330 gramos. Por último, los tres comensales que tomaron platos de más de 28 centímetros de diámetro, considerados «grandes», se sirvieron 390, 330 y 360 gramos: unos 360 gramos de media. ¿Ve la tendencia? Al dar a los comensales platos cada vez mayores, aumenta el tamaño medio del almuerzo. ¡Un resultado estupendo!
Sin embargo, ¿qué habría pasado si hubiésemos decidido que los platos medianos eran aquellos de entre 21 y 27 centímetros, con las correspondientes redefiniciones de los platos pequeños y grandes? Supongamos, además, que el comensal que tomó 540 gramos de comida lo hizo en un plato de 20,5 centímetros. Antes, ese plato era considerado mediano, pero ahora pertenece a la categoría de los pequeños. E imaginemos también que el invitado que se limitó a un parco almuerzo de 120 gramos lo degustó en un plato de 27,5 centímetros, ahora clasificado como grande.
Haga usted mismo los cálculos. A tenor de las nuevas definiciones, quienes ahora almorzaron en platos pequeños, medianos y grandes consumieron, respectivamente, 360, 330 y 300 gramos. ¿Ve la tendencia? A medida que aumenta el tamaño del plato, disminuye la cantidad de comida. ¡Un resultado estupendo!
El problema no reside en el pequeño tamaño de la muestra. Un gran número de datos puede incluso facilitar esta clase de prestidigitaciones, ya que ofrece más oportunidades para jugar con las categorías. ¿Alguien se anima a hacer lo mismo con la intensidad de las manchas solares o con los resultados de la liga de fútbol?

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