Cuando llegó la Penicilina

En un termo con hielo, tras un viaje de más de una semana, 12 ampollas de penicilina llegaron en 1944 a Madrid procedentes de Río de Janeiro para intentar salvar la vida a la niña Amparito. Fue demasiado tarde. La penicilina no pudo hacer nada por ella pero sí curó a otros miles de ciudadanos en todo el mundo.

El fármaco permitió hacer frente a un conjunto de patologías con gran impacto en la mortalidad: las enfermedades infecciosas de etiología bacteriana.

Hace ya 75 años que Alexander Fleming descubrió, sin pretenderlo, la penicilina. Su hallazgo cambió el curso de la historia de la medicina porque inauguró una nueva familia de medicamentos, los antibióticos, disminuyó la mortalidad y la morbilidad de la población y posibilitó el desarrollo de nuevas especialidades médicas.

«Este descubrimiento fue y sigue siendo el logro más importante de la medicina en el siglo XX porque inició una nueva era, la era de los antibióticos», afirma José ángel García Rodríguez, presidente de la Sociedad Española de Quimioterapia (SEQ) y uno de los autores del libro: ‘Una historia verdaderamente fascinante: 75 años del descubrimiento de los antibióticos’, que se edita con motivo del 75 aniversario de la penicilina y cuando se cumplen 60 años de su utilización clínica en España.

«Yo no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella», reconoció Fleming, lo que indica que su hallazgo fue el resultado de una conjunción de circunstancias. Todo comenzó cuando le encargaron preparar un capítulo para un tratado de bacteriología.

La casualidad quiso que el Dr. Fleming interrumpiera su trabajo para irse de vacaciones y a su regreso al laboratorio del Hospital St. Mary´s de Londres, en septiembre de 1928, observó que en una de las placas de estafilococos patógenos que estaba examinando se había producido una masa verde azulada, que era consecuencia de la contaminación por un hongo del aire (‘Penicillium notatum’).

El investigador vio que el desarrollo de una colonia del hongo había inhibido el crecimiento del estafilococo a su alrededor. Acababa de descubrir la peinicilina.

García Rodríguez señala que ‘la penicilina no es un descubrimiento más, sino que es el punto de partida de los antimicrobianos más utilizados y los menos tóxicos que se conocen, los B-lactámicos, que incluyen desde moléculas tan utilizadas como la amoxicilina hasta otras con aplicación en pacientes críticos’.

A pesar de que ya han transcurrido 75 años, la penicilina sigue siendo útil hoy día. Entre sus usos clínicos el presidente de la SEQ destaca el tratamiento de la faringoamigdalitis estreptocócicas, de la sífilis y la profilaxis de la fiebre reumática. Desde su descubrimiento, más de 500 millones de personas en España han recibido antibióticos.

Largo camino

El hallazgo de Alexander Fleming tuvo un gran impacto científico durante los dos años siguientes, pero después entra en un periodo de silencio y casi no se volvió a hablar nada de la penicilina hasta los años 40. Ni siquiera el propio Fleming divulgaba lo que sabía sobre su descubrimiento, según recoge el libro.

El 12 de febrero de 1941 se realizó el primer ensayo clínico de la penicilina con humanos, pero su utilización no se generalizó hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la necesidad de curar las heridas de los soldados hizo que se aplicara el fármaco en diferentes soluciones. Así, todos los heridos graves de la batalla de Normandía (1944) pudieron ser tratados con penicilina.

Gracias a los buenos resultados que la penicilina demostró con los heridos de guerra, Fleming recibió en 1945 el Premio Nobel por su descubrimiento, junto con E. Chain y W. Florey, que también tuvieron mucho que ver en el desarrollo del fármaco.

La penicilina revolucionó la medicina de la época y dio origen, una vez acabada la II Guerra Mundial a una gran industria farmacéutica.

Llegada a España

Un ingeniero de minas de A Coruña esperaba el 10 de marzo de 1944 unas 400.000 unidades de penicilina, procedentes de las tropas norteamericanas que ocupaban el norte de áfrica. El mismo día en Madrid la niña Amparito, de nueve años, aguardaba la llegada al domicilio del barrio de Argüelles de doce ampollas de penicilina que el embajador brasileño había entregado a su padre.

Ninguno de ellos sobrevivió. La historia de la penicilina comenzaba en España sin la curación de los primeros casos graves sometidos a tratamiento. El primer éxito de resonancia de la penicilina fue la curación del doctor Carlos Jiménez Díaz, quien tras contraer una neumonía durante sus vacaciones en Santander en agosto de 1944 pudo salvar su vida gracias a los dos gramos de penicilina que consiguieron sus discípulos de estraperlo.

En la actualidad en España se consume diariamente una tonelada de antimicrobianos, según Jose Angel García Rodríguez. ‘Esta cifra debería disminuir porque si no se utilizan bien podrían llegar a desaparecer’, añade.

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