Cuando Góngora denunció al inquisidor y a su amante María

Hay algo de justicia en la idea de que un poeta denuncie a un inquisidor. Así fue. El mismísimo Luis de Góngora declaró ante el Santo Oficio el 25 de febrero de 1597. Les contó, con expresiones más que explícitas, cómo el inquisidor de Córdoba, Alonso Jiménez de Reynoso, se acostaba con doña María de Lara, una mujer a la que había conocido en Granada. Todo esto figura en cinco páginas que encontró la hispanista Amelia de Paz y que son la estrella de “Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo”, la muestra que se acaba de inaugurar en la Biblioteca Nacional de España.

Alonso Jiménez de Reynoso era clérigo. Y la Inquisición –esa institución de la Iglesia Católica creada para combatir la herejía– tenía sus métodos de control interno. Góngora –el poeta barroco, que también estaba ligado a la Iglesia– esperó la visita del inspector. No quiso declarar de manera oral. Por la mañana dijo que debía “recorrer la memoria”. Y a la tarde envió las cinco páginas. “Llevó al inquisidor a su terreno, el de la lengua escrita”, dijo la hispanista .

Góngora había sido amigo de Reynoso, no está claro por qué se distanciaron. ¿Qué pasó después de la declaración? Reynoso fue suspendido y trasladado. Pero, como muchas veces ocurre, el traslado terminó en ascenso: su destino fue Valladolid, un lugar más importante que Córdoba. “Era el típico amancebamiento. A poco que uno lea sobre el funcionamiento del Santo Oficio descubre que era más indulgente de lo que se suele creer”, declaró la hispanista al diario español El País.

Amelia de Paz halló este insólito documento hace unos meses durante los trabajos previos de preparación de la exposición. El documento estaba en los fondos del Archivo Histórico Nacional, dentro de la sección de la Inquisición.

La investigadora explicó que en este texto aparece el Góngora de juventud, en su ambiente, su Córdoba natal, divertido, alejado del aspecto serio que muestra en los retratos, y que incluso parece “olvidarse de la gravedad de la situación” y “tienta los límites de la compostura”.

¿Qué cosas contó Góngora? Que Reynoso había hecho arreglos en su lugarcito de amor con “dineros del Rey”. Que el paje del inquisidor, Alvaro de Vargas, contaba que doña María “entraba y salía” de la casa de Reynoso “muy de hordinario” y “la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre”. El paje veía camisas que “él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundicias y suciedades hordinarias de semejantes actos”.

El descubrimiento es impactante: desde el Siglo XIX no aparecía un manuscrito de Góngora y, en total se conocen apenas una treintena, exceptuando firmas y palabras sueltas.

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