Creencias: “Todo tiempo pasado fue mejor”

La argentinidad: ese concepto, mezcla de abstracción, deseos y frustraciones, en la que vivimos todos los que consumimos cultura, medios, amistades, relatos y paradigmas en este país que todos sentimos como especial pero que no sabemos muy bien por qué. Sobre esos mitos que sobrevivieron al tiempo y son como tatuajes sobre lo argentino trabajó Alejandro Grimson en Mitomanías argentinas , cómo hablamos de nosotros mismos (Siglo XXI). Allí, el antropólogo ofrece una lista de mitos que a todos nos reverberan en la memoria colectiva (de “la Argentina es un país europeo” a “Los argentinos somos un pueblo politizado”) con la intención de dinamitarlos por dentro, dejar ver sus fisuras, y empezar a pensar una argentinidad sin tanta falsa verdad incuestionable.

¿Cómo fue confeccionando la lista de frases? ¿De dónde salieron?
Un poco de memoria, un poco de oído. También saliendo un poco de la Argentina podés darte cuenta de qué es lo particular de acá. Por ejemplo, echarle la culpa a la Nación por cualquier cosa, no lo encontré en otros lugares (se atrasa el avión y decimos “este país…”). El procedimiento por el cual empiezo a ver estas cosas, lo hice muy anclado en mi formación, que es la antropología, en el sentido de exotizar lo familiar, distanciarme de aquello que es parte de mi propia cultura. Luego, hay partes del libro que vienen de algunas investigaciones mías o de otros colegas, que habían producido ese efecto de distanciamiento sobre algunas cosas, como por ejemplo los símbolos nacionales. De hecho, muchas de las producciones de las ciencias sociales desmienten el sentido común.

¿En qué sentido?
Bueno, hay muchas cosas que los sociólogos, los antropólogos, los historiadores han demostrado, con datos fehacientes, que desmienten prejuicios que la sociedad tiene. Por ejemplo, que la música argentina es el tango, que los argentinos son católicos, que todo tiempo pasado fue mejor, que la capital y el interior es la división principal de la Argentina. Cualquier investigación puede desmontar estos prejuicios.

¿Cómo le parece que se van construyendo y arraigando esos mitos?
Hay algunos que están muy localizados. El discurso anti inmigratorio fuerte, por ejemplo, surge a mediados de los años noventa. El “vamos ganando” es de abril de 1982. El granero del mundo, un mito de principios del siglo XX. O los mitos gorilas, que sabemos cuándo surgieron. Luego, todos esos mitos sedimentaron. Hay otros que no llegaron hasta acá en el tiempo. Estos sí lo hicieron, yo creo que porque respondían al punto crucial de que la Argentina debía ser un país europeo y, como no lo es, es una calamidad. Esa es una visión que organiza todo el sistema mítico. Todo el patrioterismo antilatinoamericano está anclado en esa idea. Evidentemente, la cosa es más compleja.

Entonces, es como si todos los mitos estuvieran anclados en una tragedia fundante…
Lo curioso es que es una tragedia que nos hemos inventado los argentinos. Esa Europa idealizada no existe en Europa tampoco. Es una tragedia inventada por nosotros mismos, y es nuestra condena. Hasta que no salgamos de esa jaula cultural, no vamos a poder pensarnos desde otros lugares.

Su mirada sobre estos mitos es claramente pesimista. ¿Ve rasgos positivos en la existencia de estos mitos?
Como antropólogo, sé que no existen las sociedades sin mitos. Es imposible. Las sociedades son también más justas o más democráticas a partir de mitos populares. Y hay mitos populares de la Argentina que tienen algunos significados que pueden contribuir a ciertos aspectos. Si uno interpreta el mito popular de San Martín en el sentido de alguien desprendido, de ningún interés mezquino, que luchaba por una soberanía que no terminaba en un interés personal, tiene muchos aspectos positivos. O el mito de Evita, como la irrupción de la mujer en la política y la lucha por la justicia social, tiene un aspecto positivo, por supuesto. Y así podríamos seguir. El trabajo mío en este libro, sí, es sobre los mitos que considero nocivos.

¿De qué forma se desarma un mito como, por ejemplo, “todo tiempo pasado fue mejor”?
Uno tendría que separar las cosas. Yo me pregunto, ¿cuándo hubo una Corte Suprema mejor que esta? No ubico un momento. ¿Cuándo hubo más inversión en ciencia y técnica que en este momento? Tampoco. Hay que tomar dimensiones distintas, no englobar. Hay que analizar cosa por cosa para saber en cuáles el pasado fue mejor y en cuáles no. El mito no nos permite analizar caso por caso: nos plantea una respuesta abarcativa. No todo tiempo pasado fue mejor.

Muchos de los mitos son oposiciones, como campo-ciudad, por ejemplo…
Sí, creemos que la división en dos es natural. Creemos que el mundo es binario, y no lo es. Nosotros tenemos esa matriz de percepción. El mundo no está dividido en dos, pero nosotros no podemos percibir el mundo de otra manera que partido en dos. Si tomamos conciencia de que en muchos de los países cercanos al nuestro no existe ese binarismo, podríamos tratar de cambiar nuestro modo de percepción de los procesos sociales, económicos, culturales. Pensemos, para entender un poco de dónde surge esto, que nosotros tuvimos crisis cíclicas, que marcaron un antes y un después: antes y después del 30; del 45; del 55; del 76; del 83; del 2001. Eso se llama discontinuidad. Esa discontinuidad genera un hueco, un espacio, y es lo que abisma ese espacio entre blanco y negro y no permite los matices en el medio. Es una hipótesis de lectura.

Uno de los mitos más abarcativos, porque cruza lo social, lo económico, lo cultural, es “todos somos de clase media…” 
Sí. Hay estudios de por qué nos percibimos más cerca del medio. Pero en una encuesta, quizás el ochenta por cierto te dice que es de clase media. Es una palabra complicada en la historia cultural argentina. En algún momento se quiso trazar una barrera entre clase trabajadora y clase media, pero hay trabajadores asalariados que son clase media. También se usa de modo peyorativo, “ese es un reclamo de clase media”. Es una categoría difusa, en ese sentido. ¿Cuántas veces se dijo que iba a desaparecer la clase media y sin embargo, todos nos consideramos de clase media? Por otra parte, es difícil por ejemplo para las familias más ricas del país saber a qué clase pertenecen, porque no miran al conjunto.

Quizás la posibilidad de existencia de estos mitos sea eso: a todos nos cuesta tener una mirada de conjunto, panorámica.
Eso es así, y es de los problemas más graves. Cuando tenés barrios privados, escuelas privadas en crecimiento, salud privada consolidada, seguridad privada, se empiezan a formar islas. Es difícil entender así el modo de pensar y de sentir de las grandes mayorías. Y por el otro lado, tenés las personas que están segregadas, no por elección, sino porque no accedieron a un lugar más integrado de la sociedad. Entonces viven en un barrio periférico, con mal acceso a la salud pública, sin transporte público. Entonces tienen poco acceso, también, a ver el conjunto. La posibilidad así de vivir dentro de mitos de tu propia isla es bastante alta. Lo que hay que hacer es construir puentes entre las islas. Si uno quiere desarmar mitolandia, es crucial construir puentes, porque hay demasiadas fronteras.

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