Control biológico de la procesionaria


Las superpoblaciones de este insecto pueden prevenirse mediante la diversificación de los pinares y el refuerzo de las poblaciones de sus predadores naturales.

JOSÉ ANTONIO HÓDAR

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La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), lepidóptero típico de la región mediterránea, es uno de los principales defoliadores de los pinos en el sur de Europa y norte de África. Sus larvas construyen los nidos de seda, los bolsones, en lo alto de las ramas de los pinos y se alimentan de las acículas de los árboles desde el otoño hasta la primavera. Cuando la procesionaria causa un daño muy localizado, se puede combatir de diferentes formas: podando las ramas que tienen bolsones, disparando a los bolsones con escopetas de perdigones, o mediante la pulverización local de insecticidas químicos (como el difluorbenzurón) o biológicos (principalmente, derivados de la bacteria Bacillus thuringiensis).
Cuando se produce una superpoblación, la procesionaria llega a cubrir grandes extensiones, con lo que los tratamientos de alcance local resultan insuficientes. En este caso, la técnica más frecuente para combatir la plaga consiste en realizar pulverizaciones aéreas con insecticidas. La decisión de si un rodal necesita ser tratado o no depende de una evaluación visual que hacen los técnicos o guardas forestales a finales del invierno, cuando la oruga ya ha defoliado gran parte del pinar y se encuentra en un estado de desarrollo avanzado. Sin embargo, la pulverización de los rodales no se lleva a cabo hasta principios del otoño siguiente, cuando eclosionan los huevos y comienza el siguiente ciclo, ya que los tratamientos (químicos y biológicos) funcionan con mayor eficacia cuando la oruga se halla en sus primeras fases de desarrollo.

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