Contemplando la Navidad

Una de las fiestas religiosas, que en el mundo occidental han ocupado mayor significación,  ha sido la Navidad; porque desde siempre nos ha conectado  con la inocencia y la ternura que nos puede traer un niño.

 

En medio de las decepciones y conflictos de nuestra vida, Alguien nos invita a renacer,  confiando en que la fragilidad y la pequeñez son los espacios adecuados para que suceda el milagro.

 

La alegría de la Navidad no es el empeño voluntarioso por estar contento, porque ese cristal es demasiado fino y pronto se puede romper.

 

Es la alegría de estar presentes en nuestra propia existencia, pues allí es donde Dios viene a visitarnos, en la mía, en la de cada prójimo, el cercano y el lejano, en los acontecimientos que la fe ilumina.

 

La Navidad siempre ha sido motivo para la reconciliación, para el gesto fraterno; que esta oportunidad, que nos regala Jesús, pueda extenderse a lo largo del tiempo e inunde nuestra vida con la verdadera alegría que no acabará jamás.

 

Feliz Navidad y un año lleno de esperanza y alegría profunda (*)

 

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