CONSUDEC: “CASA COMÚN” PARA ESPERANZARNOS JUNTOS

“Nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. (2Cor 4, 8)

Con gran gozo, y si me permiten una referencia personal, con enorme emoción, Consudec celebra el 48 curso de rectores en la tierra de mis padres, en la tierra donde nací, crecí, me formé, y viví el sacerdocio con intensidad. En esta querida y añorada Córdoba que al decir del poeta:.. “te quiero cantar y decir y gritar: suelo cordobés! Si más lejos, más te haces querer…porque hay que andar y mirar para comprender que no hay cielo como el cordobés.”

Estamos felices y agradecidos.

Felices de que nos cobije esta Córdoba de las campanas y universidad cuatro veces centenaria, que brilla en el sol jesuita de su bandera.

Esta Córdoba turística en la vastedad de sus valles serranos, productiva en la fecundidad de sus campos, ancestral en la acervo cultural de su norte.

Esta Córdoba industrial y obrera, rebelde e ingeniosa en su humor.

Córdoba del Chango Rodriguez y la Mona Jiménez, del “manco” Paz y el Gral. Bustos, de la reforma universitaria y el cordobazo, de Talleres y Belgrano, laicista y religiosa.

Esta Córdoba que al decir de Francisco Heredia: “Contra vientos y mareas, contra lluvias y peleas. A pesar de tanto cuento, a pesar de que anda lento. Córdoba va, y va…”

Y como será que va, que nos ha regalado figura señeras de santidad y pasión educativas como el Cura Brochero, Fray León Torres y la Beata Madre del Tránsito Cabanillas. Bajo su ejemplaridad viviremos estas jornadas.

Agradecidos a los gobiernos provincial y municipal por su disposición y apoyo.

Agradecidos al Consejo de educación católica de Córdoba por todo el empeño y el esfuerzo puesto en la realización del Curso.

Agradecidos a los conferencistas y empresas que han querido acompañarnos.

Y sobre todo agradecidos a ustedes queridos hermanos educadores venidos conmovedoramente una vez mas, y van…, de todos los rincones de nuestra Patria. Valoramos su largo peregrinar. Con muchos nos hemos encontrado en sus lugares. ¡Cuantos rostros conocidos! Conocemos sus expectativas, sabemos de sus entregas, compartimos sus búsquedas, apreciamos sus esfuerzos por educar y hacer presente el evangelio dignificante de Jesucristo a lo largo y ancho de la Patria, en ciudades y, muchas veces, en parajes pobres y solitarios

Como educadores, sin lugar a dudas, vivimos la complejidad de un tiempo que nos desafía, exige y de alguna manera genera sensación de desorientación y desborde.

“La complejidad de los contextos socioculturales actuales ha dejado perpleja la mirada de los docentes (Güiraldes diría “apampados”), para quienes la teoría del currículo, la didáctica y las teorías del aprendizaje, constituyen, actualmente, marcos teóricos estrechos” e insuficientes para responder a las demandas de estos nuevos escenarios.

Nuevos escenarios que muy bien diseña Ricardo Moscato, diciendo. “Alteración, turbulencias. Subjetividad mediática que desplaza la subjetividad pedagógica en alumnos y también en docentes. Familias posnucleares emergentes, divididas, desanimadas y ausentes. Sociedad del espectáculo que reemplaza la sociedad del conocimiento y del pensamiento. Mejor que hacer es mirar, mejor que decir es opinar, mejor que estudiar es divertirse. Alumnos que no quieren estudiar, profesores que no quieren enseñar, padres que no quieren problemas, maestros que se quejan de la mala conducta de los padres, padres que descalifican a los maestros. Mercaderes mayoristas y minoristas de las drogas, y señores de la guerra urbana que matan el alma, y a veces el cuerpo, de nuestros chicos. Escuelas sin estudios de los que las habitan, chicos en bandas sin escuelas, cultura del fracaso sin trabajo, desocupados en redes clientelistas, jóvenes sin futuro, niños sin alimentos, suelos estatales agotados, instituciones destituidas”.

Esta realidad impacta en nuestras aulas, las que se nos han convertido en territorio extraño para el cual no hay GPS que nos oriente. “La gallega” lo único que dice es “recalculando, recalculando, recalculando”.

Es por esto que desde Consudec hemos creído necesario centrar nuestras reflexiones precisamente en ustedes. Estimamos que necesitamos cultivar y cuidar nuestra interioridad. Y para eso necesitamos precisar con claridad nuestra dieta espiritual y nuestra dieta cognitiva para sostenernos en la misión y alimentar sentido. Para lo cual también necesitamos recuperar a Consudec como la “casa común” en la que podamos soñar juntos, rezar juntos, anhelar juntos, sufrir juntos, buscar juntos, llorar juntos, caminar juntos, esperanzarnos juntos.

El novelista, ensayista, dramaturgo y filósofo argelino Albert Camus supo decir que “La verdadera desesperanza no nace ante una obstinada adversidad, ni en el agotamiento de una lucha desigual. Proviene de que no se perciben más las razones para luchar e, incluso, de que no se sepa si hay que luchar”.

En el fondo lo que Camus, en su agnosticismo, nos dice es que si cuando aparece Goliat, David huye, el problema no es Goliat, el problema es la interioridad de David.

Esperamos que en estas jornadas alimentemos nuestras razones para educar que siempre tendrán que ver con Aquel que nos llamó a la misión y que permaneciendo junto a nosotros hará que podamos estar “atribulados, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.”

Que María Santísima, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Rosario del Milagro, nos cobije bajo su manto y nos sostenga en el servicio educador en esta compleja hora de la vida de nuestra bicentenaria Nación.

Pbro. Lic. Alberto Agustín Bustamante, presidente de Consudec

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