Confiar en la era digital

En el mundo offline la confianza se establece sobre la base de cómo hablamos, si parecemos estar ebrios o trastornados y también, de forma irracional, por atributos como la raza y la edad.

Online, las cosas se complican más, sostiene Bruce Schneier, un criptógrafo, bloguero e iconoclasta del mundo de la seguridad digital. Ya no lo pensamos dos veces antes de permitir que los amigos vean fotos de nuestras vacaciones en Flickr, ahora propiedad de Yahoo. Estamos tan habituados a revelar detalles íntimos, escribe Schneier, que olvidamos que Facebook –la empresa– puede leer nuestros mensajes en todo momento, y tal vez para siempre.

Schneier está a cargo de la seguridad de la tecnología en BT, la compañía de telecomunicaciones británica. Su último libro, «Mentirosos y marginales: Cómo posibilitar la confianza que la sociedad necesita para prosperar», abunda en presagios, no tanto sobre la tecnología como acerca de la vulnerabilidad de nuestros corazones y mentes. «La tecnología cambia la forma en que funcionan las interacciones sociales, pero es fácil olvidarlo», escribe. «De esa forma, nuestra tradicional intuición sobre la confianza y la seguridad declina».

Eso plantea nuevos dilemas en la era de Internet. ¿Cómo saber si el e-mail que parece proceder de nuestro banco viene en realidad de la institución? ¿Debe confiarse a Apple la información de una tarjeta de crédito? ¿Se puede confiar en que las autoridades respetarán la privacidad online? La sospecha anima los chats de los hackers activistas. El año pasado, un miembro de Anonymous cuyo alias era Sabu resultó ser un informante del FBI que contribuyó a que se acusara a varios hacktivistas.

La confianza, escribe Schneier, es lo que aglutina las sociedades, y hemos creado varias formas de asegurarla: códigos morales, reputación en determinada comunidad, leyes y, por supuesto, herramientas de seguridad, que ahora comprenden tecnología de reconocimiento facial.

Los mentirosos que más le preocupan son las compañías privadas y los organismos gubernamentales que privilegian sus propios intereses, ya sea por vigilancia y comercio. Apple controla la memoria de nuestros iPhones. Google lleva un registro de lo que buscamos y también de a quién le escribimos cuando usamos Gmail. «Ahora tenemos que confiar en todas esas entidades», advirtió Schneier. «Google tiene un gran servicio al cliente. El problema es que nosotros no somos los clientes». Agregó: «La seguridad es ahora una excusa para todo tipo de autoritarismo, así como para engaños y ganancias empresariales».

Schneier no está oculto en una cueva. Su cuenta de Twitter (@ Schneierblog) tiene casi 21.000 seguidores. Tiene una página en Facebook. Demandó a la Dirección de Seguridad de Transporte de los Estados Unidos por el uso de escáneres corporales e insta a la gente a optar por no integrar los análisis de seguridad porque, dice, vale la pena preservar el derecho a mantenerse al margen.

En ocasiones critica a las consultoras de seguridad, elogia a los hackers y defiende el derecho al anonimato online.

Stewart Baker, que ha escrito sobre criptografía y se desempeñó como abogado jefe de la Dirección de Seguridad Nacional, considera que existe un conflicto inherente a los ideales de Schneier. Baker sostiene que no se puede insistir en el anonimato y, al mismo tiempo, pretender reforzar un sistema de confianza. «Su sensibilidad personal lo lleva a alinearse con quienes están al margen de la ley, pero cuando analiza la sociedad advierte que es imposible que todos lo hagamos», dijo Baker.

Schneier dice que su mayor temor es la omnipresencia de la vigilancia: lectoras de patentes de autos, sensores, localización, etc. «Hay que tener en cuenta», advirtió con lucidez, «que Internet nunca olvida».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *