Cómo y por qué se formó la Zwi Migdal

En 1930, un resonante proceso judicial puso al descubierto las actividades de la Zwi Migdal, una organización con cientos de miembros, que se dedicaban a la trata de blancas y operaban en Buenos Aires y algunas ciudades del interior del país.
La prostitución en Buenos Aires, al igual que en cualquier comunidad de cierta importancia, siempre había estado presente en su vida diaria. Ejercido el meretricio por nativas o españolas, nunca había despertado demasiada preocupación en las autoridades, la vida marginal que esta actividad desarrollaba. Pocos años después de la gran epidemia de fiebre amarilla, que se cobró la vida de 14.000 porteños, llegaron al país una media docena de tratantes de blancas que habían sido perseguidos por las autoridades de varios países europeos. Coincidentemente, se dictó en 1875 una ordenanza con el fin de regular la actividad y procurar el control sanitario de enfermedades infecto-contagiosas. La norma, que mostraba el temor latente por nuevas epidemias y el desconocimiento que sus impulsores tenían sobre el modo de transmisión de las enfermedades sexuales, no hacía más que recortar las libertades y derechos de las trabajadoras en las casas de tolerancia. Los dueños de los locales ahora pasaban a ser, podría decirse, dueños de las mujeres que allí trabajaban1. Mientras tanto, la ciudad que había sufrido grandes transformaciones en lo social, político y económico se abría al mundo en espera de las corrientes inmigratorias que darían comienzo al sueño de crecimiento que se plasmó, al finalizar el fin del siglo, en una Argentina ubicada entre las primeras potencias mundiales. “Sociedad de Socorros Mutuos, Sinagoga y Cementerio Zwi Migdal”. La parte final de esta descriptiva denominación, con la que frecuentemente se la conoce, tuvo en verdad una efímera existencia de no más de algunos meses. Anteriormente y durante décadas se llamó: “Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia de Barracas al Sud y Buenos Aires” o simplemente: “Varsovia”. Pero para rastrear los orígenes de esta supuesta sociedad mutualista hay que llegar hasta la década de 1890, fecha muy anterior a su reconocimiento jurídico como sociedad. Las actividades mutualistas de los integrantes de la sociedad incluían la administración de un cementerio en Avellaneda y el mantenimiento de una palaciega sede en la Capital Federal en donde celebraban reuniones ostentosas y oficios religiosos frecuentes. La búsqueda de un lugar para la muerte y la fuerte impronta del ritual judío con que el grupo intentaba reproducir ciertos aspectos de la comunidad que los repudiaba, dieron origen a una mafia con características únicas en el mundo, donde una mal comprendida religiosidad fue la génesis y el elemento aglutinante de estos individuos de mal vivir.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *