Cómo afrontar los desafíos que emergen en la dimensión de la comunión (II)

1. La respuesta: una “espiritualidad de comunión”
Partamos de la invitación que nos ofrece Vita consecrata en el nº 46: “Se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comunión, y que vivan la respectiva espiritualidad»1. Me parece que de esta afirmación afloran dos cosas:
– La vocación de la vida consagrada a ser expresión de comunión en la Iglesia y en el mundo.
– La naturaleza profunda de la espiritulidad, que no puede ser sino espiritualidad de comunión y para la comunión.
Ninguna de ambas cosas se ha de dar por descontada, y quizá en especial la segunda. Mi hipótesis de trabajo es que sólo de la espiritualidad puede venir una respuesta plena a los desafíos que hoy nos lanzan la Iglesia y el mundo, también y particularmente desde el punto de vista de la relación. Podríamos decir que los consagrados son expertos en comunión exactamente porque son expertos en espiritualidad, pero quizá hoy deberíamos redescubrir el sentido auténtico de este término, purificándolo de contaminaciones e incrustaciones varias, si de verdad queremos recobrar la centralidad de la espiritualidad en el camino de renovación de la vida consagrada y de recuperación de su naturaleza comunional.

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