Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina

C.E.I.C.A.
Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina
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Acto conmemorativo de las Bodas de Plata de su fundación
 
Cancillería Argentina
Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Cultos de la Nación
 
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 5 de septiembre de 2013
Discurso del Presidente de la C.E.I.C.A., Su Emncia. Rvdma. Metropolita Siluan, Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina (Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía).
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La gestación del Camino de la Esperanza
“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6)
Es una inmensa alegría para mí celebrar con esta asamblea de hermanos las Bodas de Plata de la creación de la CEICA, bajo el amparo de la Secretaría de Culto de la Nación, para recordar un camino que se inició y vivir la gestación del camino de la esperanza que viene.
Siento un privilegio particular en este aniversario, no por ser presidente, sino por poder expresar mi gratitud hacia aquellos hermanos que, desde este rol, me permite servir y aprender a servir en el camino de la esperanza que viene.
Para honrar al servicio que se ha venido haciendo durante estos veinticinco años y que se abre hoy para más, en el que muchos brindaron lo mejor de sus corazones y de sus esperanzas, quiero ser fiel al espíritu que forma este tejido de experiencias llamadas a crecer hacia su plenitud. Para ello, quiero compartir tres aspectos de esta experiencia: un sentido, una visión y una finalidad.
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El primer aspecto de nuestro aniversario es el “sentido” particular respecto a un tríptico de realidades: la adopción, la fraternidad y el camino. Pues este sentido se ve en una “adopción” no sólo de nuestra realidad de cristianos en general, sino de nuestra realidad de cristianos en Argentina y, en base a esta adopción, forjar una “fraternidad” de cristianos. Todo ello, en vista de realizar juntos el “camino” que el Señor nos ha mostrado para crecer en ello: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6).
Es necesario hablar de una adopción, sino no nace el proyecto del camino, tampoco aparecerá el marco del proyecto que es la fraternidad. Pero también es importante aclarar que es un camino, nuestro camino, pero un camino particular, en que se realiza la voluntad de Dios en cuanto al conocimiento de la verdad, como así también en cuanto a la experiencia de la vida verdadera, donde conocimiento y experiencia no pueden proceder sino de Dios mismo.
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El segundo aspecto de nuestro aniversario es la “visión” con respecto a este servicio. Destaco aquí tres aspectos del mismo: el encuentro, el compartir y la preparación. Es muy importante el hecho que los miembros de la CEICA puedan encontrarse, pese a todas las ocupaciones y a su disponibilidad, a veces mínimas, tanto personal como de sus comunidades. Otro elemento básico, es la necesidad que dicho encuentro se realice en base a un compartir, fundamento de nuestra vida cristiana, desde la era apostólica. Todo ello, forma el espíritu de nuestra preparación en esta gestación del camino de la esperanza que viene.
Es en la realización de esta “visión” que puede germinar la atmósfera de esperanza deseada para nuestro camino. No se trata solo de una mera aceptación del otro, o de una resignación a la realidad imperante, ni tampoco solo de un respecto al otro, al diferente, al distinto, y quizás también al desconocido. Es, básicamente, en paralelo al diálogo oficial entre nuestras Iglesias, y bajo la luz de este camino en que Cristo es “el camino, la verdad y la vida”, explorar en nosotros mismos las aptitudes necesarias para disponernos en servir a esta transformación en Cristo.
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El tercer aspecto es la finalidad de nuestro servicio, el que confesamos en el símbolo de fe niceno-constantinopolitano, en todas nuestras celebraciones de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: “Creo en Una Iglesia Santa Católica Apostólica”. Al hacer esta confesión, me llevo una responsabilidad ante mi Iglesia Ortodoxa que realiza dicha confesión a diario, y ante los demás hermanos que anhelan la unidad en Cristo.
Todo ello es un don de Cristo llamando a que lo conozcamos y vivamos: don es la fe; don es la unidad; don es la Iglesia; don es la santidad; don es la catolicidad de la verdad; y don es la fe apostólica.
También, todo ello es un don del Espíritu, quien nos guía a profundizar en nuestro ser y en el mismo cuerpo de Cristo, la realidad de este don, la asimilación de la verdad revelada por el Verbo de Dios como criterio de nuestra vida, como esencia de nuestra vida.
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Compartir estos aspectos de nuestra experiencia y su porvenir – es decir, el sentido, la visión y la finalidad – no nos deja ajenos a nuestra realidad de cristianos en este mundo, en especial a dos de ellas en particular.
Por un lado, no nos deja ajenos a nuestra realidad en Argentina; y de ahí, la intencionalidad de celebrar nuestro Aniversario en esta casa, bajo el amparo de la Secretaría de Culto de la Nación. Porque todos somos conscientes de lo que implica para nuestra vida y sociedad temas referidos a la vida, a la libertad, a la familia, a los derechos humanos, al espíritu y a la historia de la Patria, es decir a todo el debate que se refiere a nuestra existencia y nuestro futuro. Ojala podamos iluminar todo ello con la luz y el testimonio necesarios, acorde a la palabra del Señor: “Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5:14).
Y por otro lado, no nos deja ajenos a la realidad de nuestras comunidades de las que provenimos cuántos de nosotros. En particular quiero referirme a la presencia cristiana en Medio Oriente que hoy está en peligro debido a los intereses geopolíticos nacionales, regionales e internacionales. Ellos, en nombre de una supuesta protección de los pueblos y de la democracia, y eventualmente el mejor ejercicio de la justicia y de la libertad, buscan lograr mayor dominio, supremacía, liderazgo y enriquecimiento, mientras que lo padecido por nuestras comunidades cristianas bajo estos cambios políticos se considera por ellos como “daños colaterales”, según el canciller de un país europeo. Ojala podamos dejarnos iluminar por el testimonio de fe de estas comunidades, tanto a nivel propio como a nivel ecuménico, y trabajar para parar esta exterminación encubierta, consciente e inconsciente, de la presencia cristiana en la cuna del cristianismo. ¡Estamos perdiendo, de a poco, una levadura sin la cual no se puede esperar la paz en toda la región!
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De todos modos, en la CEICA hemos logrado muchas cosas a lo largo de estos veinticinco años, y el camino está abierto para seguir construyendo nuestro testimonio y servicio en base al don perfecto de Cristo, de “Una Iglesia Santa Católica Apostólica”, y preparar a otros para que sigan este compromiso y avalen el sentido, la visión y la finalidad que presenta.
¡Que el Señor bendiga nuestros esfuerzos y acepte nuestra ofrenda para la gloria de Su santo nombre! Amén.
 
+ Metropolita Siluan
Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina
Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía

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