COMENTARIO SOBRE EL CONG-FOU DE LOS BONZOS TAO-SÉE 1-

E n 1779 se publica en Francia una monumental memoria sobre historia, arte, ciencia y costumbres chinas en la que se encuentra la primera mención conocida en Occidente a las prácticas de Qigong taoísta. Este comentario del jesuita Pierre-Martial Cibot tuvo supuestamente una influencia decisiva en Per Henrik Ling, creador de la gimnasia sueca. El texto, a pesar de su comprensible escepticismo y su tono condescendiente, ofrece una descripción de los métodos de salud y alquimia interna de los monjes taoístas de un extraordinario interés histórico.

Educens nubes, ab extremo terræ.2
Ps. 132

En China se denomina Tao-sée3– a todos aquellos que forman parte de la secta que reconoce al famoso Lao-tsée4– o Lao-kun5– como líder y maestro; pero dicho nombre se atribuye específicamente a los bonzos de esta secta, tanto los que viven en comunidad o casados, como a los solitarios o errantes. Basta con leer el Tao-te-king6– de Lao-tsée para darse cuenta de que no es el maestro de sus presuntos discípulos. En chino se denomina Cong-fou7– a las posturas singulares en las que se mantienen algunos Tao-sée. Como los bonzos suelen estar más ociosos, disponen de más tiempo para entregarse al Cong-fou, y en general, pasan por conocerlo mejor que los demás.

Las espesas nubes de la superstición y las espantosas tinieblas de la idolatría han llegado a ocultar de tal manera a las multitudes la verdadera teoría del Cong-fou, que éstas están persuadidas, gracias a las historias contadas por los bonzos, de que es un verdadero ejercicio religioso el cual, al sanar las enfermedades del cuerpo, permite al alma liberarse de la servidumbre de los sentidos, preparándola para entrar en contacto con los Espíritus y le abre la puerta a no sé qué tipo de inmortalidad, a la que se llega sin tener que pasar por la tumba. Se podrían llenar numerosos volúmenes con las fábulas, cuentos, sueños, quimeras y extravagancias debidas al Cong-fou. La majestad del trono no ha podido salvar a muchos emperadores de la estupidez de darles crédito. Los letrados han intentado en vano mostrar la ridiculez de las grandes palabras de los bonzos; sus chistes divierten, sus razonamientos son aplaudidos, y se continúa dando credibilidad por su conducta a todas las quimeras debidas a los bonzos. Los espíritus singulares, los ricos que desearían no caer nunca enfermos, y aquellos que, de entre el pueblo, tienen tiempo para ensoñaciones, creen en ellas a intervalos con todo el calor del fanatismo más frenético. Hay que ver con qué asombrosa paciencia atormentan sus cuerpos para poder llegar a enviar su alma junto a los inmortales, y a ascender a los cielos montados en un caballo-dragón.

Los Tao-sée poseedores del secreto del Cong-fou han inventado un lenguaje aparte para enseñarlo, y hablan de él en términos tan apartados de la idea común como nuestros alquimistas al referirse a la Gran Obra. Como el Cong-fou realmente ha operado curaciones y ha mejorado bastantes enfermedades, los letrados, que no son nada crédulos, han barrido el oropel de la jerga figurada de los bonzos, haciendo ver que su charlatanería no hacía sino cubrir de ridículo con sus supersticiones una antigua práctica médica fundamentada en principios sólidos y bastante independiente de la absurda doctrina de los Tao-sée, en la cual se ha injertado. Dicen que es tan independiente como la virtud de los remedios que de buen grado han adoptado y hecho valer.

Esta curiosa afirmación se apoya en razones que nos han inducido a proponer a los físicos y los médicos de Europa que examinen si la parte medicinal del Cong-fou de los Tao-sée es realmente algo de lo que se puede sacar partido para el alivio y la curación de algunas enfermedades. De ser así nos sentiríamos compensados por el esfuerzo que nos ha costado el ponernos a trabajar en una materia tan aburrida para alguien en nuestro estado, y tan extraña a nuestros estudios y ocupaciones. En el caso de habernos equivocado en nuestras conjeturas, no tendríamos de qué avergonzarnos por el menosprecio que no se debería achacar más que a nuestra sensibilidad hacia las miserias que afligen la vida de las personas y a nuestro amor por la patria.

Vamos a limitarnos a una simple exposición de la parte práctica del Cong-fou y de los principios de la medicina china, sobre los que se dice que está fundamentado.

El Cong-fou consiste en dos cosas: la postura del cuerpo y la manera de respirar.

Existen tres posturas principales en el Cong-fou: de pie; sentado, y tumbado. Los bonzos cuidan con el mayor detalle todas las actitudes que pueden variar o matizar estas posiciones. Dado que tienen que ver más con la doctrina que con la parte medicinal, nos limitaremos a indicar las principales:

1º. De pie: erguidos, con los pies tocándose entre sí, y los brazos rectos y colgando; de pie, con un pie levantado; de pie, con el cuerpo inclinado lateralmente, hacia delante, hacia atrás, etc.; de pie, con los brazos en cruz, uno levantado y el otro hacia abajo; de pie, con los brazos extendidos horizontalmente; de pie, con las piernas separadas, etc.

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