Combates que dejan huellas

HONGOS

La obra de Mario Pacho O’Donnell La gran epopeya (Aguilar), que se centra en la invasión anglo-francesa y la batalla de la Vuelta de Obligado, librada el 20 de noviembre de 1845, no aporta nuevos elementos a lo ya dicho por todos los autores revisionistas. En un artículo publicado en esta revista el 19 de enero en respuesta a otro de José Carlos Chiaramonte (1/12/2012), O’ Donnell hace referencia a la Ley de Aduana que según el autor produjo un reverdecer de la economía del interior, algo que ni aun José María Rosa logró sustentar con fundamentos claros. Comparar la Guerra del Opio y tantas otras acciones de los imperialismos inglés y francés con lo que ocurría en el Plata es desconocer que el Alto Perú se pierde por la torpeza de Juan José Castelli, del mismo Manuel Belgrano y de los gobiernos argentinos tal como lo afirma el historiador boliviano Alcides Arguedas Díaz. Paraguay se pierde porque vio la posibilidad en 1810 de liberarse del poder de Buenos Aires y la Banda Oriental por las sucesivas torpezas e incomprensiones de Buenos Aires contra José Gervasio Artigas y demás. Que aprovecharan Inglaterra y Francia estas indudables claudicaciones del puerto no significa que los imperialismos siempre obtuvieran lo que querían linealmente. Fue esta lucha en tiempo de Juan Manuel de Rosas una cuestión comercial: unos que querían meter sus productos en el interior y otros que continuaban la política de siempre de ponerse como barrera para medrar. Que no le interesaba para nada el desarrollo del interior lo muestra el hecho de que La Rioja nunca pudo desarrollar la política de Facundo Quiroga de troquelar moneda para poder salir de su miseria.

Se puede discutir hasta el cansancio sobre un tema que aún sigue teniendo vigencia. Pero la discusión, entiendo, debe basarse más que nada en nuevas investigaciones, nuevos documentos, etcétera, algo que en la obra y en el artículo de O’Donnell brillan por su total ausencia.

Decía Bernardo O’ Higgins (1778-1842), político y militar chileno, resumiendo su política: “El orden va a restablecerse con la libertad”. Rosas podría decirse hizo exactamente lo contrario. Leer el libro ultrarrevisionista de O’ Donnell La gran epopeya en el que se exalta el rosismo y se ubica al Combate de la Vuelta de Obligado como si fuera casi tan importante como el cruce de los Andes, más que un aporte original sobre esa época y sobre ese tema es un “popurrí” del más viejo y remanido revisionismo histórico. Félix Luna hace años y refiriéndose a las corrientes historiográficas argentinas, expresaba que nuestra ciencia histórica había superado largamente esa visión maniquea del pasado y era otra la perspectiva con la que podíamos y debíamos juzgar nuestra historia. Para O´ Donnell esa superación no tiene el más mínimo sentido y ha reflotado los tópicos remanidos y mil veces estudiados sin la más mínima crítica ni equilibrio. Rosas, según este autor, fue casi perfecto, su política fue el ejemplo del resguardo de nuestra soberanía, a sus enemigos o adversarios (para Rosas era lo mismo) los definió como de “salvajes unitarios” metiendo en esa bolsa a los intelectuales liberales de la Generación de Mayo, a federales no rosistas y a los unitarios. La visión rosa de Rosas, merece un más equilibrado criterio y más científico, por supuesto. Rosas inventó al menos entre nosotros “el terrorismo de Estado”. Dijo respetar al gaucho y lo mantuvo en la misma pobreza e ignorancia en la que estuvo siempre a la que agregó un sometimiento digno de un señor feudal. El reglamento que estableció para sus estancias lo confirma. No construyó ni una sola escuela en todo el país, instauró como política comunicacional la grosería y el insulto, el maltrato constante y la denigración al adversario, política que ha tenido hasta nuestros tiempos feliz y próspera vida.

Notamos en la obra muchas y profundas lagunas escamoteando ex profeso bibliografía y documentación de aquellas jornadas que fueron gloriosas pero que tuvieron entre tantas otras cosas algunos aspectos realmente interesantes y no mencionados. Hay un libro del historiador norteamericano John Cady, Intervención extranjera en el Río de la Plata, publicado en ingles en 1929 y que la Sociedad de Historia Argentina publicaría en 1943 en español. Esta obra que abarca de 1838 a 1850 es un meticuloso análisis basado en la consulta rigurosa de archivos de Estados Unidos, Foreing Office y de Francia elementos que para nada son mencionados en la obra de O’ Donnell. Dice Cady: “Pero los acontecimientos que tenían lugar en Buenos Aires distaban mucho de concordar con la política seguida por el gobierno británico. Al romper con Leblanc, Rosas arrojóse en brazos de su amigo Mandeville, quedando la ocupación inglesa de las islas Malvinas completamente relegada al olvido. El gobierno se apartó de la política seguida hasta entonces para recalcar, tanto en privado como en público, que las operaciones francesas constituían en realidad un ataque a la posición privilegiada de los británicos, y que el éxito de sus intrigas significaría la caída del partido favorable a Inglaterra. Rosas hizo a los ingleses concesiones importantes para asegurarse su buena voluntad. Los exceptuó de la obligación legal de renunciar a su ciudadanía de origen, que los demás extranjeros debían cumplir al contraer enlace con argentinas. Con mayor agrado aún se supo su asentimiento a celebrar un convenio contra la trata de negros que Inglaterra buscaba desde largo tiempo atrás, y que Mandeville se puso de inmediato a redactar”.

En realidad, el ministro inglés era amigo íntimo de Rosas y de su hija y no fue fruto del azar o de la improvisación la profunda amistad de Rosas hacia los ingleses, pues Rosas tuvo hacia ellos no solamente un profundo respeto sino una actitud muy alejada de aquella que manifestaba en público.

Hay sin embargo y respecto a la jornada de la Vuelta de Obligado algo que es realmente significativo. Según Cady: “La consecuencia más importante fue exaltar el patriotismo del pueblo argentino hasta un grado sin precedentes. Todas las facciones se unieron para oponerse a los extranjeros que trataban de desmembrar al país. Rosas llegó a obtener el apoyo de un número de voluntarios británicos, los cuales prestaron servicios en la batería que actuó con más eficacia en el combate de Obligado. Estos voluntarios británicos rechazaban la imputación de traicionar a su patria, fundándose en que no se había declarado la guerra con Inglaterra”.

Resaltemos lo que afirma el historiador norteamericano: los voluntarios británicos destacaron como los más eficaces en el combate de Obligado, algo que para nada menciona O’ Donnell. No convenía al autor mencionar esta intervención de voluntarios británicos que bombardearon a sus propios compatriotas pues sería algo similar a que en la guerra de las Malvinas pilotos ingleses hubieran combatido de manera sobresaliente en los aviones argentinos contra la flota de Inglaterra. Y como esa notoria ausencia que puede haber sido involuntaria hay muchas otras en este libro de O’ Donnell que no creemos, como lo destaca, fruto de tres años de investigación pues notamos en él aparte de su ninguna originalidad el uso y abuso de tópicos reiterados desde los tiempos de Adolfo Saldías.

Para el interior, tal como lo marcaba José Carlos Chiaramonte en su artículo “Una batalla que no fue nacional”, la Vuelta de Obligado no tiene el mismo significado que para el puerto por más que O’ Donnell lo ignore. La historia no tiene por qué ser manoseada hasta extremos de ridiculez. Es una ciencia, no tiene por qué ser utilizada con fines políticos sin tener en cuenta la verdad histórica. Notamos el escamoteo de documentos y creemos que brillan por su total ausencia, además de la obra fundamental de Cady, la de otros muchos historiadores que a la historia la escriben pero la dejan tranquila, es decir no la agitan con fines partidistas.

Haber declarado el 20 de noviembre Día de la Soberanía es, pensamos, una medida bastante poco afortunada, pues está basada en estudios parciales, en ignorancia de aportes esclarecedores y en el desconocimiento de documentos significativos.

M. Bravo Tedin (Córdoba, 1939) es Académico Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia desde 1993. Autor de una treintena de libros de historia, fue cofundador de la revista Hortensia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *