CIVILIZACIÒN LOS ETRUSCOS

Etruscos: el esplendor de una civilización

Los éxitos militares y el espíritu comercial de los etruscos hicieron afluir a su país un
enorme caudal de riqueza que se desbordó en el arte selecto y las costumbres
refinadas de su poderosa aristocracia.

 

Todavía planean muchas dudas en torno a la antigua civilización
etrusca, una sociedad tan refinada y opulenta como belicosa y
cruel. Su lengua se ha resistido a ser descifrada completamente,
por lo que sólo podemos conocer a este pueblo a través de la
visión que nos han transmitido los escritores grecorromanos. El
origen de la civilización etrusca continúa siendo incierto, a pesar
de que los testimonios arqueológicos la señalan como autóctona
de Italia. Prueba de ello es, por ejemplo, la necrópolis de la
Banditaccia, en Cerveteri, una de las más espectaculares del
mundo etrusco. El historiador griego Dionisio de Halicarnaso
destacó la originalidad de esta civilización, constatando que no
presentaba ningún parecido con otra cultura, ni en su lengua ni
en su forma de vida. Griegos y romanos presentaron a los
etruscos de forma contradictoria, a la vez como piratas
despiadados y como un pueblo sensual y corrompido por la
riqueza y el lujo. En el caso de Posidonio, el historiador-filósofo
del siglo II a.C., achacó su forma de vida tan relajada a la
riqueza excepcional de su país. Una prosperidad económica que
alcanzaron gracias a su fertilidad agrícola y a sus enormes
recursos metalíferos, en particular el hierro, que propició el
desarrollo de una aristocracia que practicaba un estilo de vida
fastuoso, visible en los frescos funerarios. La civilización etrusca
vivió su período de apogeo a lo largo de los siglos VII y VI a.C.,
extendiendo su dominio desde la actual Toscana hasta la
Campania, el valle del Po y aun más allá. Finalmente, Roma
acabó con su poderío en el 375 a.C.

 

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