Circos sí, pero sin animales

Al pensar en la palabra circo vienen a la mente imágenes de niños, y no tan niños, embobados con los distintos actos que realizan los animales. Una tarde mágica con payasos, acrobacias y malabarismos. Con esto último deberíamos quedarnos: con el espectáculo llevado a cabo por todos aquellos artistas que se dedican a un espectáculo de innumerables años de tradición como es el mundo circense. No en el ridículo, el maltrato y la humillación a que se ven sometidos los animales que, no por voluntad propia, sino impuesta, se ven forzados a realizar un sin fin de actividades nada comunes en su hábitat natural. Imádgenes estas, que retenidas a traves de los ojos de un público eminentemente infantil, le deforman para un posterior proceso educativo de respeto hacia los animales

La situación de los circos, poco a poco, está cambiando; se está consiguiendo la disminución de la presencia de animales en el circo y el mensaje de “circos sin animales” cada vez es más conocido y aceptado por el público. Estudios realizados en Inglaterra y Gales, muestran que el número de animales en los circos ha disminuido: de 1.416 en el año 1988 pasó a 545 en el año 1997 ( The French Animal Rights League Foundation). Países como Francia dan más énfasis a las actuaciones con acrobacias, malabarismos, teatro, cabaret y payasos que a los distintos números realizados con animales. El Cirque Plume, por ejemplo, ya no actúa con animales. Gracias a las estrictas leyes que, cada vez, limitan más o prohiben las actuaciones con animales, parece que, poco a poco la gente se va concienciando y sensibilizando para que los animales circenses gocen de una mejor atención.

ANIMALES EN LOS CIRCOS

La organización estadounidense PETA ha reunido un importante fondo documental con una exhaustiva investigación sobre el trato que reciben los animales de circo. Son comunes la presencia de: leones, tigres, panteras, pumas, osos, lobos, elefantes asiáticos y africanos, rinocerontes, hipopótamos, cebras, chimpancés, leones marinos, pingüinos, loros, cocodrilos, pitones, caballos, mulas, avestruces, dromedarios, lamas, cabras, perros, gatos, cerdos, conejos y palomas entre otros. En fin todo un variopinto zoológico. En España se ha podido constatar la presencia de algunos circos con más de 10 elefantes; verdadero zoo del que también puede sacarse provecho en horas fuera de las funciones.

La mayoría de estos animales son capturados de su hábitat natural, se venden de zoo a circo, de circo a zoo o de circo a circo. Todo ello cuando por razones de quiebra u otras dificultades económicas no quedan abandonados a su suerte y tienen que ser los municipios y gentes sensibles quienes tengan que cuidarse de su sustento, situaciones harto comunes. Se les entrena, doma o amaestra para actuar ante el público, “es lamentable el hecho que de diez animales capturados de su hábitat salvaje, tan sólo una media de uno llegará vivo a su destino final” manifiesta PETA.

EL TRANSPORTE

Los animales obligados a trabajar en los circos ambulantes pues el nomadismo es una de las situaciones que los caracteriza, son los más afectados. Desplazados constantemente de un lado al otro; de un país a otro, con los bruscos cambios de temperatura y clima son, en muchas ocasiones, dañinos para su salud; luego se les priva del cobijo necesario para cubrirse del sol, la lluvia, el frío o el calor. El medio de transporte mayormente utilizado para desplazar a todo “el reino animal” que poseen los circos son los camiones jaula. Estrechos carromatos que son no más que simples jaulas de barrotes de hierro de pocos o insuficientes metros cuadrados incapaces de asumir un mínimo de confort en donde, por ejemplo, los grandes felinos deben pasar, condenados, hasta el resto de sus días.

Lo peor ocurre durante la temporada baja, es decir, cuando los circos no se desplazan. Sin embargo les supone un estrés mayor el estar durante horas, días, semanas e incluso meses encadenados o enjaulados sin poder apenas moverse. Es cierto que entonces los animales se sienten aliviados al no tener que entrenar o ejecutar inútiles y peligrosos números circenses ante el publico, como el conocidísimo salto a través de un aro en llamas de tigres y leones. Es sabido que a los animales les asusta el fuego, pero precisamente esto forma parte del espectáculo, del “más difícil todavía”. Puede, no obstante, ser que estos tiempos de descanso del circo sean lo más penosos para los animales pues es cuando deben aprender nuevos números o ejercicios.

Presos en unas instalaciones que dejan mucho que desear en donde la falta de higiene es muy notoria y privados de alimentos y agua si el comportamiento no es el adecuado según convenga al criterio de domadores, entrenadores o quienes se encarguen de ellos. Es corriente que presentan síntomas de aburrimiento y frustración, provocados por las innumerables horas de aislamiento y soledad en deplorables instalaciones. Así han ocurrido casos de mutilación propia de los dedos de manos en los monos, golpes constantes en la cabeza, o el balanceo de un lado al otro como hacen los elefantes (movimientos estereotipados).

EL ENTRENAMIENTO

“El entrenamiento es una agresión psicológica y fisiológica del animal, donde técnicas barbaras son utilizadas. El animal es forzado, por obligación, a adoptar comportamientos anormales y artificiales”. (PETA). Los entrenamientos son más violentos, cuanto más peligrosos sean los animales. Los distintos y constantes ensayos destruyen a los animales, se les asusta y se les angustia, “el entrenamiento consiste en romper al animal y transformándolo en una marioneta ridícula, que lo somete al capricho del hombre”. Su propósito es conseguir el absoluto dominio del animal. Los domadores están raramente calificados, tienen muy poca paciencia y les faltan conocimientos comportamentalistas de los animales a su cargo.

Cuando un grito o un gesto no son suficientes, se utilizan barras de hierro, látigos y pinchos con tal de manejar y hacer obedecer a los animales. Cuando el domador, o entrenador, no obtiene los resultados deseados, es decir, la obediencia absoluta del animal, entonces se le priva de alimentos. De este modo se pretende que el animal asocie la comida con la respuesta que tiene que dar. De este modo, si no hay espectáculo; pues no hay comida. Esta estrategia la utilizan los domadores también durante el espectáculo: a los animales se les da comida al final de cada ejercicio y delante del público, para que éste interprete, o piense, que así es como el animal ha sido entrenado. La realidad, en la mayoría de los casos, resulta ser todo lo contrario; “la simple visión de un látigo recuerda al animal las palizas en el trasero, la cabeza y las patas durante el entrenamiento. Así se consigue el miedo incesante, la aprehensión y el obedecer. Para conseguir que un animal levante las patas, el domador le pone una base electrificada, y cada vez que da la orden, envía una descarga eléctrica. Después de los primeros intentos, el animal relacionará el dolor con ciertas palabras o gestos y tendrá la misma reacción, levantar las patas aunque no se dé la descarga eléctrica” (PETA).

El abuso cometido con los animales en el circo es un hecho conocido y son muchos quienes admiten haberse propasado para llevar a cabo el espectáculo. Algunos domadores de leones admiten que “es cuestión de conseguir que el animal haga algo que no haría nunca en su estado salvaje” como fumar un cigarrillo, ir en bicicleta, andar con zancos, patinar, dar volteretas o hacer equilibrismo. El famoso Jean Richard, propietario de El Circo de Jean Richard publicó en su libro “Mes bêtes à moi” (Mis animales): “agarré una barra de hierro y empecé a golpear al elefante en la cabeza con todas mis fuerzas. Sin duda éste era el razonamiento que el viejo bandido (el elefante) entendía: dócilmente volvió a su recinto”.

Un conocido escándalo que fue noticia en muchos periódicos del Reino Unido fue el caso de Mary Chipperfield y su esposo Roger Cawley, quienes fueron multados por el maltrato a un chimpancé y a un elefante respectivamente; junto al empleado Michael Stephen Gill, condenado a cuatro meses de prisión y la prohibición de trabajar con animales durante cinco años por crueldad a tres elefantes. Obviamente sanciones demasiado débiles comparándolas con el daño y sufrimiento a los que los animales fueron sometidos durante años.

LA HISTORIA DE RHANEE

Sin duda alguna, el caso protagonizado por la elefanta Rhanee ha dado mucho de que hablar en Inglaterra. La asociación Animal Defenders filmó uno de los episodios en la vida Rhanee (Reina) la elefanta que de Tailandia fue trasladada a la granja Croft Farm, la sede central de Mary Chipperfield Promotions Ltd. Posteriormente, en 1997 la elefanta fue trasladada al Santus Circus donde un investigador de campo de Animal Defenders informó “a Rhanee le encadenaron las patas en un pequeño recinto y balanceaba la cabeza de manera repetitiva, una conducta que los expertos en comportamientos de animales consideran como un daño psicológico causado por la vida en cautividad”. También manifestó que lel público podía ver a Rhanee pagando 50 peniques y las fotografías no se permitían. Entonces, con un poco de suerte, sólo encadenaban a la elefanta de una pata y podía moverse en un recinto de unos cuatro metros alrededor. Tan sólo la desencadenaron para realizar los ejercicios de doma.

Los elefantes están acostumbrados a vivir en familia; el roce, el cariño y la comunicación entre ellos son muy importantes. Los cuidadores de Rhanee la aislaron por completo del resto de su especie. La organización británica “Animal Defenfers” (mayyo de 2001) informó que Rhanee arrancaba los postes de las carpas y los golpeaba en el suelo, hiriéndose, en una ocasión, con una bolsa de basura con la que quería jugar. Esta fue su triste vida que tuvo que soportar en el circo.

Gills, un cuidador duro y cruel, una noche decidió ir al recinto de los elefantes, y sin razón alguna los golpeó uno a uno sin que estos pudieran escapar o defenderse, ya que estaban encadenados. Luego se dirigió al recinto de nuestra protagonista Rhanee, ésta intento esconderse en una de las esquinas del cobertizo pero fue inútil. Gills la golpeó repetidamente que se defendía, gritando, con ayuda con su trompa. En cuanto el cuidador se marchó, si se le puede llamar así, los elefantes se confortaron y acariciaron entre sí. Este brutal suceso fue presenciado por los investigadores infiltrados, quienes manidestaron que “no fue la escena más violenta de la que fuimos testigos en ese terrible cobertizo, pero la frialdad de la acción y el grito desesperado de Rhanee pidiendo ayuda, aún nos atormenta”. Consecuencias de todo lo anterior condujo a una especie de locura que se apoderó de la elefanta y en una filmación realizada por los investigadores, muestra comportamientos anormales entre un 61 – 73% de su tiempo.

Descubiertos, y aireados, los maltratos de animales en Mary Chipperfield Promotions, los elefantes se vendieron al Zoo Colchester, excepto “Flora” que fue al Zoo Dudley. Rhanee desapareció durante un año y Animal Defenders inició una incesante búsqueda que llevó, al fin a su localización.

Aquí empieza un nuevo capítulo de este sssuceso que en Inglaterra obtuvo una gran popularidad a traves de los tabloides. ¡Rhanee estaba en España! Y en el Valwo Zoo de Valladolid en un recinto, sin árboles, donde no podía protegerse del sol, ni tampoco agua para bañarse y se encontraba otra vez sola. El pryecto de la organización, cada vez más interesada en su rescate es trasladarla a un santuario para elefantes en California (EE.UU.), donde a los animales que han sido maltratados se les proporciona una vida más digna. Por desgracia, los contactos entre Animal Defenders y no han llegado, hasta el momento, a un buen fin. Parques Reunidos, con sede en Madrid, y propietarios del Valwo, se hallan reticentes por toda la campaña que fuera de España se ha orquestado en el tema de la elefanta, si bien, ahora ya esta en compañía de otro animal de su misma especie. Adda ha intentado, tambien, intervenir ayudando en un buen acuerdo pero las negociaciones, por el momento, se hallan estancadas. Queda tiempo, pues si no ocurre algo en lo contrario, la vida esperada para Rhanee es aún de treinta años.

CONSECUENCIAS DE LA EXPLOTACIÓN

Se han dado casos de accidentes producidos en los circos como consecuencia del maltrato y las malas condiciones en que viven los animales. Estresados por el tipo de vida que llevan, totalmente ajeno a su hábitat natural, en ocasiones pierden el control con la presencia del público, el volumen de la música durante las actuaciones, el destello de los focos y la reclusión. A menudo se les diagnostican úlceras gástricas provocadas por estas situaciones anormales a su biología. La falta de higiene originada por la acumulación de sus residuos fecales y la orina que permanecen durante tiempo en sus jaulas hace aumentar el número de parásitos y bacterias que conviven en las distintas instalaciones circenses. Por ello las heridas de estos animales son muy difíciles de desinfectar y curar.

Se sabe que quienes se dedican al mundo trashumante del circo, poseen, por lo general, pocos o escasos recursos económicos. Es corriente que la alimentación sana y equilibrada del animal, así como su bienestar tanto físico como psicológico dejen mucho que desear. Lo mismo ocurre con las necesarias atenciones veterinarias para sus heridas, agudizadas por los golpes que padecen provocados por sus cuidadores, entrenadores o domadores.

CONCLUSIÓN

Es muy importante concienciarse con los derechos de los animales. Si las organizaciones de defensa y bienestar de los animales no lo hacen ¿quién lo hará? Pero es de fundamental importancia la concienciación y el conocimiento de lo qué ocurre y lo que significa la presencia de animales en los circos por el gran publico y en especial por aquellos padres que, de forma inconsciente, llevan a sus hijos a pasar un rato feliz en un ambiente que por tradición y por antonomasia tiene que serlo. Pero, repetimos una vez más … ¡sin animales!. Ellos no han elegido ser sometidos para actuar en el mundo del espectáculo. A muy temprana edad se les separa de sus núcleos familiares y de su hábitat salvaje para introducirlos a un mundo totalmente ajeno a lo que la naturaleza les ofrecía. Es cierto que en un circo se detiene el proceso de depredación y no se comerán unos a los otros pues, obviamente, el domador lo impedirá por motivos económicos. Los circos, que merecen el mayor respeto por su trashumancia, antigüedad y tradición, deben evolucionar (al igual que los zoológicos) en este mundo cambiante hacia una nueva forma, que sin quitar la ilusión de los más pequeños, ofrezca una imagen centrada en las habilidades, el arte y la vistosidad, evitando, ya definitivamente, la presencia de cualquier clase de animal.

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