Cine 3.0: la moda de producir en red

Cuando el director uruguayo Martín Sastre buscaba la protagonista infantil para su ópera prima, Miss Tacuarembó , la historia de una chica de pueblito de provincia que soñaba con convertirse en estrella, decidió que no iba a convocar a un casting convencional. Así, con todo el equipo de producción en desacuerdo, abrió un casting por Youtube. En 10 días se presentaron más de mil niñas uruguayas y argentinas de hasta 12 años que cantaron y bailaron para la cámara hogareña. Sofía, la pequeña elegida de 9 años, vivía en Palmitas, un pueblo de 3 mil habitantes de Uruguay. “Y si no hubiera sido a través del casting online , no hubiera llegado donde estaba la producción”, recuerda hoy Sastre. “Realmente me mostró cuál es el alcance de Internet para producir cine.”

De esa experiencia decantó el nuevo proyecto de Sastre, reconocido artista visual. Su flamante aventura se llama LALA (Link Audiovisual Latinoamericano) y es una plataformaonline que funciona como red social, productora y bolsa de trabajo. Con la misión de resolver allí mismo varias instancias de la producción y democratizar la práctica de hacer cine, se vale tanto de las nuevas tecnologías como del entusiasmo de los usuarios. “La gente se sentía parte de la película por haber subido el video de su niña”, relata desde Montevideo Lucía Moreira, hoy a cargo de la coordinación de LALA y asistente de producción de Miss Tacuarembó . “Generamos una comunidad y vimos cómo las redes nos acercan a los espectadores, que se interesan, conocen el paso a paso y pueden contarnos qué les parece, votar y que se vaya generando interactividad.”

Dividido en dos campos: actores y técnicos, LALA recluta profesionales del audiovisual para su red, que se suman creando un perfil como si de una cuenta de Facebook se tratara, pero también producirá películas. Antes de que termine 2012, abrirán una convocatoria de proyectos que, después de un proceso minucioso de selección y votación, se convertirá en un guión que LALA financiará hasta el 50 por ciento de un presupuesto de hasta 100 mil dólares. Como impulso, el proyecto piloto de LALA se llama El ángel , un largometraje dirigido por Sastre, basado en El ángel exterminador . La plataforma financiará la película y parte del elenco y personal técnico serán elegidos entre los usuarios que carguen su perfil y se postulen a la candidatura a través de un video casero. “La idea es crear otra conciencia respecto de lo que es hacer una película, donde además del talento de las personas tenés el entusiasmo de los que se ponen el proyecto al hombro”, resume Sastre.

Aunque LALA es el primer proyecto en su estilo de América Latina, se suma a una nueva tendencia: el desarrollo de modelos innovadores concebidos para descubrir e incubar al talento audiovisual, que conjugan nuevas tecnologías, cine y redes sociales. La nueva tendencia se presenta como cine 3.0 y aspira a crear un nuevo paradigma en el que herramientas info-comunicacionales intervengan cada vez más en la producción cinematográfica, ya sea para democratizar la creación y el consumo, como para resolver de manera creativa la cuestión del financiamiento.

“El término cine 3.0 fusiona a Gilles Deleuze con la revista Wired y expresa el intento de definir una nueva forma de cine”, dice Kristen M. Daly, académica de la Universidad de Columbia, en su tesis de doctorado Cinema 3.0: How Digital and Computer Technologies are Changing Cinema , publicado en 2010. En su artículo, Daly examina al cine desde diversos ángulos: la experiencia del trabajo cinematográfico desde el concepto de aura de Walter Benjamin; los procesos emergentes de producción, exhibición y distribución del cine; la nueva estética y estilo que ofrecen las tecnologías del cine digital; el potencial de las nuevas formas narrativas que habilitan los nativos digitales y los aspectos sociales de quiénes están haciendo películas y para qué, con algunas conclusiones prometedoras. “Muchos teóricos hablaron de un futuro pos fílmico del cine, pero quiero demostrar que el futuro es hoy, que mucha gente ya está usando, creando y experimentando el cine de nuevas formas que son esencialmente digitales e interactivas”, asegura en sus conclusiones.

David Oubiña, doctor en Letras, docente y autor de guiones y ensayos sobre cine, cree que para hablar de cambio de paradigma hay que pensar en el mediano y largo plazo. “Es difícil predecir cómo afectará una nueva plataforma o una estrategia de distribución. Si algo nos han enseñado los nuevos cines es que la producción y la estética se sobre determinan mutuamente. Y eso resulta estimulante y esperanzador. Aunque, finalmente, de lo que se trata es de la potencia creativa de los cineastas”, asegura, basándose en el concepto del valor instrumental de las tecnologías. “Pero en un medio como el cine, tan dependiente de la técnica, tampoco habría que despreciar los alcances de los desarrollos tecnológicos.”

Con énfasis en alguna de las instancias de la labor cinematográfica, diversos proyectos se proponen profesionalizar ese intercambio que se retroalimenta en las obras, que tiene como antecedente a los blogs que luego fueron programas de televisión y obras de teatro, y la influencia en el desenlace de las historias a partir de la popularidad de los personajes como sucedió con algunas series de televisión con presencia en las redes sociales.

Durante la última edición del festival South by Southwest (SXSW), que cada año recluta a los cerebros del arte y las nuevas tecnologías en Austin, Texas, el actor Forest Whitaker presentó JuntoBox Films, un estudio de cine colaborativo cuyos miembros votan y respaldan proyectos que compiten para recibir apoyo financiero. JuntoBox Films busca mentores para producir películas de “bajo presupuesto” para la industria estadounidense y este 2012 va a estrenar cinco filmes.

Segmentadas por intereses cada vez más específicos, las redes sociales y las comunidadesonline se convirtieron en vigorosas plataformas de micro mecenazgo o crew sourcing : allí se presentan con detalle las ideas y se busca partidarios que impulsen con su voto o pequeños aportes monetarios, vía tarjeta de crédito o dinero electrónico, para financiar –entre otras cosas– una película.Kirkstarter es el sitio estadounidense más popular de este segmento y tiene una categoría de cine y video; al igual que su correlato local, Idea.me, quizás con un perfil más cultural, que el actor Alfredo Casero eligió para llevar adelante su proyecto Cha3DMubi , una película autogestionada. Como en estos casos se espera que los artistas demuestren su creatividad también a la hora de proponer el sistema de financiamiento, por ejemplo, los futuros espectadores podrán comprar entradas por adelantado y así financiar la película.

Con el objetivo puesto en crear una comunidad online de profesionales del cine con base en Londres, surgió International Film and TV Pro. Los pasos son completar un CV y seleccionar áreas de interés, de modo que el sistema pueda informar oportunidades y formar parte de una red pública de contactos.

Bajo el lema “Vos ponés las reglas, nosotros hacemos las películas”, se presenta Finit Films, una comunidad de directores, actores, guionistas y editores de Los Angeles que realizan cortometrajes. A través de la Web, los usuarios envían restricciones del estilo: “en la película alguien cae de una escalera”. Un grupo de guionistas redacta el guión final y comienza el rodaje, que los usuarios pueden seguir online a través de videos del detrás de escena. Eso sí, los que aportaron sus restricciones sólo aparecen en los créditos y no hay para ellos nada de derechos de autor.

El alcance y la influencia que estos nuevos modelos tendrán en la industria son, impredecibles. Martín Sastre sueña con que LALA se convierta en el Facebook del audiovisual, donde no sólo se hagan películas sino se presente una nueva forma de conocer a las personas con las que cada uno comparte la vocación. Pero aunque modos más inteligentes y eficaces de conectar a los cineastas con su público, las nuevas formas de circulación o de financiamiento no necesariamente presuponen la posibilidad de realizar mejores obras. En eso confía David Oubiña: “Desde hace un tiempo, las grandes producciones y el cine independiente no se cruzan. Y está bien que sea así. No tiene mucho sentido intentar competir con producciones que pertenecen a un universo diferente. Por eso, en algún momento, el cine más independiente o más experimental se pensaba a sí mismo como una resistencia. Ahora los límites están más definidos y cada uno sabe cuál es el lugar que ocupa. Quizás ya no se trata de resistencia sino de generar alternativas y cada obra deberá buscar cuál es el canal más adecuado para llegar a sus destinatarios. Los filmes deben merecer a sus espectadores”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *