China: los animales mitológicos ante el recambio político

Si la peonía es la flor nacional de China, ta ma de (“su madre”) podría considerarse como el insulto nacional. Así lo sugería Lu Xun, el padre de la literatura china moderna, en un pequeño ensayo de 1925. “Cualquier persona que viva en China está condenado a escuchar cada dos por tres “su madre” u otro latiguillo semejante. Pienso que esta palabra se extiende hasta donde sea que lleguen las huellas de los chinos, y me temo que no necesariamente sea menos frecuente que el cortés ni hao (hola).” Tanto ta ma decomo su variante ni ma de (tu madre), o cao ni ma, siguen contando hoy entre los insultos más frecuentes, tanto en la vida cotidiana como en la literatura.

Cuando en el 2009 el gobierno sacó una directiva destinada a restringir el uso de lenguaje vulgar en Internet, éstas eran algunas de las expresiones que entraron en la lista negra y que llevaron al cierre de muchas páginas de Internet. Para despistar a los censores los internautas inventaron, entonces, el término 草泥马 , que se pronuncia también cao ni ma(dejando sobreentender el insulto) pero se escribe con caracteres diferentes, cuyo significado literal es “caballo de pasto y barro”. La expresión “caballo de pasto y barro” se popularizó rápidamente y pronto a este animal se le atribuyó una imagen (la de una alpaca), una biografía y un lugar dentro de la constelación de los “10 animales mitológicos”, una serie de animales imaginarios que surgieron en los blogs y foros de Internet.

Entre los 10 animales mitológicos se encuentra también el “cangrejo de río” (hexie), otro juego de palabras que utiliza palabras homófonas para dialogar paródicamente con el discurso oficial. Hexie puede ser “cangrejo de río” (河蟹), pero también puede ser “armonía” (和谐), unos de los términos claves de la década de Hu Jintao, reproducido hasta el infinito en los carteles y banderas con eslóganes que cuelgan en las puertas de los barrios y llaman a lograr “un barrio armonioso” y “una sociedad armoniosa”. Escribiendo la palabra con otros caracteres los internautas evitaban la censura, a la que se referían irónicamente como “ser armonizado.”

Otros dos conceptos claves de la década de Hu Jintao son el de kexue fazhan (desarrollo científico) y el de wenming, (civilizado, civilización). Existe entre todos ellos una dependencia mutua: el “desarrollo científico”, que implica el paso a un crecimiento más equilibrado, con valor agregado y tecnológico cada vez más alto, es la condición de posibilidad de para una “sociedad armoniosa”. El ideal de wenming, encarnado en las frases omnipresentes que llaman a “tomar civilizadamente el transporte público”, “caminar civilizadamente”, “hacer un barrio civilizado”, se combina a su vez con el de “armonía”, como en el eslogan: “Vos, él y yo civilizados; diez millones de casas en armonía.” (wenming ni wo ta, hexie qianwan jia).

El ideal de una “sociedad armoniosa” subraya, por otro lado, el hecho de que el crecimiento y liberalización de la economía engendró una sociedad que está muy lejos de ser armoniosa. Con una brecha cada vez más grande entre pobres y ricos y entre la costa próspera y el interior subdesarrollado, índices de corrupción crecientes y una economía con un costo ambiental gigantesco, la herencia que recibió Hu Jintao en 2003 de su predecesor, Jiang Zemin, era pesada. Hu Jintao intentó producir, en ese sentido, un viraje; los eslóganes de una “sociedad armoniosa” y un “desarrollo científico” se tradujeron en una serie de medidas y actitudes concretas, como la inversión en fuentes alternativas de energía, la introducción de un seguro de salud y una actitud, en general, de mayor atención a las demandas populares. Muestras de esta actitud son la preocupación por arbitrar a favor de los mingong (campesinos obreros) en disputas laborales, o el inédito de experimento de Wukan, una pequeña aldea de Cantón, al sur de China, cuyos habitantes consiguieron el año pasado, luego de una serie de protestas, el derecho a eligir democráticamente a la autoridad de la aldea.

Estos cambios no han sido suficientes para solucionar la crisis de representatividad que experimenta el país. Uno encuentra todo el tiempo, al hablar con conocidos o con gente en la calle, muestras de desinterés en la política o, más frecuentemente, de bronca y falta de confianza tanto en el sistema como en el Partido. Un taxista que se quejaba por la tarifa diaria de 300 renminbi que debe pagar a su empresa, propiedad del Estado, me resumió de esta manera su visión del país: “China es 30% capitalista, 30% feudal y 30% esclavista.” Los padres del taxista habían sido trasladados al campo en la década del 60, durante la Revolución Cultural, y obligados a convertirse en campesinos. La época maoísta, por lo tanto, no representaba para él ningún ideal, pero aún así miraba con nostalgia el igualitarismo de aquella época.

Es la supervivencia de este ideal, y el aumento de la desigualdad económica y la corrupción, lo que hizo posible la aparición de una figura como la de Bo Xilai, el ex intendente de Chongqing que se hizo famoso por reflotar las canciones revolucionarias pero también por una serie de medidas concretas a favor de los estratos más bajos de la población. Ahora Bo Xilai está fuera de carrera, expulsado del Partido y en prisión a la espera de un juicio por varios hechos de abuso de poder y corrupción, pero muchos sostienen que si hubiera hoy elecciones en China, Bo Xilai sería el candidato más votado.
La década de Hu Jintao está llegando a su fin en estos días, con la celebración de las dos Asambleas (la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo) que terminarán de marcar oficialmente el comienzo de la era de Xi Jinping. La Conferencia Consultiva es un órgano sin capacidad de decisión, integrado por representantes del Partido Comunista y de los otros ochos partidos, además de personalidades del arte, la ciencia y grupos no partidarios. La Asamblea Popular Nacional, por su parte, es el órgano político más importante del país y en esta oportunidad, además, deberá elegir al nuevo presidente, primer ministro y otras autoridades ejecutivas, aunque en la práctica se trata de ratificar la nómina surgida del 18vo Congreso del Partido.
En una Pekín envuelta en la niebla de la contaminación y atacada por los últimos fríos del invierno, la Asamblea traza ahora las líneas de lo que pueden ser los próximos diez años, una de cuyas claves estará en la necesidad de explotar el potencial todavía relativamente dormido de la demanda interna, en una economía cuyo crecimiento viene desacelerándose.
Todavía es muy pronto para saber cuál será la marca distintiva del nuevo presidente, pero la declaración que hizo hace unas semanas sobre la necesidad de “colocar el poder político dentro de la jaula del sistema” sugiere que uno de los principales objetivos de su gobierno puede ser la implementación de mecanismos de control que permitan incrementar la transparencia de gobierno y poner límites al accionar de los funcionarios. A diferencia de Hu Jintao, que provenía de una familia sin prosapia revolucionaria, Xi Jinping es hijo de un prócer del Partido, Xi Zhongxun. En China esto no es un dato para menor; indica que, a diferencia de su predecesor, el nuevo presidente cuenta con la autoridad y el peso suficiente para imponer su voluntad dentro del Partido.

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