China: apuntes de viaje en el país de lo real

Mi nombre es Miguel Ángel Petrecca. Soy periodista cultural, traductor y editor, y durante los próximos 6 meses voy a estar viajando por China. Jia Pingwa, escritor contemporáneo nacido en Shan Xi, una provincia del norte, escribió que para conocer la China antigua hay que ir a Xi An, la vieja capital de la dinastía Tang, en cuyos suburbios los arqueólogos encontraron hace tiempo uno de los sitios más asombrosos del mundo: la tumba del primer emperador chino, que dos milenios atrás se hizo enterrar rodeado de miles de soldados de terracota, cada uno con sus particulares rasgos faciales. Para conocer la China moderna, la China de los siglos XIX y XX, hay que ir en cambio a Pekín, la ciudad que desde la época de los mongoles hasta hoy ha permanecido como capital del país. Por último, si lo que se quiere es conocer la China de hoy y la del futuro hay que ir a Shanghai, corazón financiero del país y punta de lanza de la modernidad.

Siguiendo a Jia Pingwa, planeo dedicar buena parte de mi viaje a al menos dos de estas ciudades (Shanghai y Pekín). Pero mi itinerario de viaje incluye también puntos más laterales: ciudades del sur de China como Kunming (hogar de varias de las 56 minorías étnicas), pueblos históricos como Hongcun, en la cercanía de las Montañas Amarillas, o alguna de esas grandes ciudades prematuramente envejecidas, que a pesar de contar con unas décadas de historia parecen cargar ya con varios siglos sobre su espalda. No se trata, en todo caso, de conocer China (empresa imposible), sino apenas de captar, en el mejor de los casos, algunos fragmentos e impresiones, manteniendo el ojo atento a los ínfimos indicios del presente y las huellas del pasado.

Empecé a estudiar chino por la aventura de estudiar una lengua nueva y, sobre todo, porque quería poder leer en su forma original a los poetas clásicos que había conocido en traducciones. Eso fue en 2005 y desde ahí ya no dejé. Entre 2008 y 2009 viví en Pekín y viajé por diferentes partes del país, mientras estudiaba la lengua, la literatura y la cultura. Cuando volví publiqué una antología de poesía china contemporánea, retomé mi vida acá pero seguí estudiando y pensando en China. China cambia todo el tiempo y también te cambia. La que dejé hace tres años no es la misma a la que vuelvo hoy. Vuelvo en un momento clave: mientras gran parte del mundo se mantiene sumida en una crisis profunda, la gigantesca maquinaria del partido se acaba de poner en movimiento otra vez, como hace diez años, para el recambio de las máximas autoridades del país, que se enfrenta a una serie de encrucijadas. Entre estas, no es para nada menor la que pone al país frente a la necesidad de gestionar su propio pasado: la memoria parcialmente soterrada de una serie de eventos traumáticos, pero también una herencia cultural riquísima a la que en un momento no tan lejano pareció a punto de renunciar definitivamente.

Vengo para seguir estudiando, viajando y traduciendo, y también con el objetivo de traer desde este espacio noticias, entrevistas, textos e imágenes, que permitan conocer diferentes aspectos del país real.

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