CHARLA SOBRE ARGENTINA-ASTROLOGIA

(Bajo el título «Argentina 2011: Del hechizo destructivo a la compasión transformadora», el 7 de diciembre de 2010 realizamos en CASA XI una charla acerca del presente argentino. Aquí presentamos la trascripción, dividida en cuatro capítulos:

 

 

.- I. El agotamiento de un ciclo y la disposición a lo nuevo.

 

 

.- II. La experiencia colectiva de la muerte.

 

 

.- III. Ser valientes para encontrarnos.

 

 

.- IV. Comprender la complejidad de un proceso.

 

 

En sincronicidad, mientras compartíamos ese encuentro y sin saberlo, esa noche estaban ocurriendo los hechos violentos de la ocupación del Parque Indoamericano en Villa Soldati, que derivaron en tres muertes).

 

 

 

 

 

Vamos ver el contexto que está viviendo hoy la Argentina. Es decir, vamos a analizar el contexto de una entidad nacional. Desde ese punto de vista, técnicamente estaríamos haciendo Astrología Mundana y, en tren de hacer explícitos algunos supuestos, vamos a aplicar la misma lógica para interpretar una entidad nacional que la que usamos para analizar una vida humana singular. Esto es algo a discutir, habría que ver si los mismos criterios para analizar a un individuo son válidos para analizar la vida de un país, pero como no conozco otro y funciona, hasta tanto no salga algún «epistemólogo cósmico» que me diga que no vale la pena, lo seguiré haciendo de este modo.

 

 

Hay tanta información que nunca me conforma por donde entrar, pero vamos a entrar por lo más concreto que son los ciclos, la objetividad de las fases de ciclos. Y el más concreto de todos es Saturno.

 

 

Quienes ya hayan participado de una charla acerca de Argentina sabrán que siempre trato de presentar hipótesis teniendo en cuenta qué ocurrió en otros tiempos históricos en las mismas fases cíclicas, antes que tratar de creer que la historia se está fundando hoy por primera vez.

 

 

Saturno está transitando la casa XII de la carta de Argentina o, lo que es lo mismo, Argentina entró en una fase de XII de Saturno. Para comprender qué puede ser esta fase de XII de Saturno creo que es válido tomar como referencia lo que ocurrió en el pasado.

 

 

Para no repetir, les recuerdo que en las charlas que realizamos en 2009 (ver en www.casaonce.com) habíamos comenzado a desarrollar este punto, anticipando el clima que se estaba inaugurando. Saturno por tránsito va recorriendo cada una de las casas de la carta natal. Podemos entender cada una de esas casas por lo que ellas simbolizan y por las temáticas que representan, o también como fases de un ciclo. Y sabemos que, en el caso de Saturno, ese ciclo es de 28-29 años. En el 2008 Saturno transitando por la carta de Argentina entró en la casa XII (o en fase XII) del proceso que inició cuando tocó el Ascendente. La fase XII de un proceso simboliza un momento donde todo el ciclo está haciendo un balance. Es un momento de agotamiento de un ciclo. Hay todo un proceso que se está agotando y que le da paso a un nuevo proceso que se iniciará cuando Saturno cruce el Ascendente.

 

 

En el 2008 y hasta el 2011 se está viviendo un clima de agotamiento de la estructura (institucional, económica, política, social) que en Argentina se comenzó a desarrollar desde 1982. La referencia histórica que emerge con claridad es el proceso que se inició con la guerra de Malvinas y el retorno a la democracia. Esta democracia que comenzó en 1982, en el 2008 entra en una fase de agotamiento. Cada fase de inicio es un momento en el que se deja atrás una estructura y se comienza a forjar una nueva.

 

 

La fase de XII del ciclo anterior comienza en 1979. Entre 1979 y 1982 se estaba agotando una estructura que comenzó en 1952, y coincide con los últimos tres años del proceso militar. ¿Qué supuestos se estaban agotando entre 1979 y 1982? El de las Fuerzas Armadas como referente de orden institucional. Tengamos en cuenta que hasta esa fecha, en el inconsciente colectivo, las Fuerzas Armadas eran «reserva moral». Tantos golpes militares y tantos gobiernos militares fueron posibles porque la sociedad proyectaba en esa casta el imaginario de que eran carentes de los vicios y pecados que sí había en los políticos.

 

 

Los acontecimientos de 1982 marcan el agotamiento de ese supuesto. Y aquí hay un hecho para destacar: la contundencia de esa consumación aparece significada por la coincidencia del inicio del ciclo saturnino con el inicio de un ciclo de Plutón.

 

 

En la carta de Argentina, Plutón está en Piscis y en casa VI. Muy lento, ha recorrido desde 1816 cada una de las casas. En 1846 tocó la casa VII, en 1929 tocó el Medio Cielo -donde está el Sol-, en 1964 entró en XII y en 1982 -en conjunción con Saturno- transita el Ascendente de la carta de Argentina. Es decir, 1982 representa el momento en que, por primera vez en nuestra historia, Plutón toca el Ascendente de Argentina, luego de hacer un barrido la XII desde 1964. Sumando a lo que decíamos antes, el agotamiento de la imagen de las Fuerzas Armadas como «reserva moral de la Nación» tiene que ver también con un proceso de agotamiento plutoniano. ¿Qué significaría un «agotamiento plutoniano»?

 

 

Me gustaría que reparáramos en lo que se vivió en el país desde 1964 a 1982, momento de Plutón transitando la casa  XII. Ese tránsito representó la oportunidad para tocar todos los supuestos inconscientes respecto a lo plutoniano que hay en nuestra sociedad. Y lo plutoniano simboliza tanto la capacidad de transformación y la expresión de la potencia regenerativa, como la pulsión destructiva y las oscuras fuerzas del inconsciente colectivo.

 

 

Al momento de considerar el tránsito de un planeta es necesario tomar en cuenta el peso que ese planeta tiene en la estructura natal. Y en nuestra entidad nacional Plutón participa de un núcleo de energías que podemos sintetizar de este modo:

 

 

 

 

 

  • Plutón en Piscis en casa VI.

 

 

  • Plutón en cuadratura a Neptuno.

 

 

  • Júpiter en Escorpio en casa I.

 

 

  • Quirón en Piscis en casa VI.

 

 

  • Quirón conjunción Plutón.

 

 

 

 

 

En su manifestación más oscura, este foco nos habla de una estructura nacional con un alto hechizo por lo destructivo, una alta fantasía por la transformación redentora, que descubre sentido en la muerte, que encuentra dirección en procesos de purificación y exterminio. Simboliza un contenido del inconsciente colectivo profundo (Neptuno y Plutón) encantado con el sacrificio, con redimir culpas entregándose al sufrimiento.

 

 

Resulta natural que este núcleo se active en un momento de Plutón en fase de XII, porque ese clima se corresponde con lo que ese mismo foco energético sintetiza. Entender este núcleo permite comprender mucho la historia que de algún modo nos constituye, incluso previa a la independencia. En la Argentina hay una dosis de crueldad, de desprecio por la sensibilidad, de temeridad en la gesta purificadora, que no es propiedad de cierta ideología o grupo. Y para que esto no sea teórico yo los invito a reflexionar sobre esta época del tránsito de por Plutón por la XII: de 1964 a 1982. Como pocas veces en la historia Argentina, la conciencia colectiva vivió el éxtasis del hechizo de «sacrificar la vida para salvar a la patria». Y fue una fascinación compartida. Las juventudes revolucionarias sentían que la violencia política resultaría redentora, que gracias a ella surgiría la nueva sociedad. Los militares creían que siendo impiadosos salvarían a la patria de la disgregación. Todos creían estar actuando con las «mejores intenciones», sin percibir que estaban inconscientemente promovidos por un hechizo de exclusión definitiva del otro.

 

 

Lo paradojal es que este anhelo de excluir definitivamente al otro se daba en una entidad que es Ascendente Libra. Somos Ascendente en Libra. Nuestro destino es aprender a vincularnos, aprender a ser con el otro. Pero, al mismo tiempo, la expresión distorsionada de aquel otro foco neptuniano-plutoniano estimula transformar al otro en chivo expiatorio, proyectar «el demonio» sobre algún sector para sentirnos entonces purificados, santificados. En su expresión más oscura, este núcleo excita la posibilidad de proyectar afuera «todo el mal» para sentir que en nosotros habita «todo el bien». Promueve conductas paranoicas y violentas, en tanto nos habla de una hipersensibilidad hacia «el mal», hacia las amenazas exteriores o los enemigos internos «enquistados en nuestro cuerpo social», que puede derivarse en peligrosas (e imaginarias) construcciones de la realidad en las que ese «mal» queda identificado con determinado grupo, nación, etnia, colectividad o clase social, generando la necesidad de asumir una «épica salvadora» gracias a la cual nos liberaríamos de esa enfermedad, exterminándola al fin. Y este riesgo quiero presentarlo como un dato constitutivo de la carta de Argentina.

 

 

Como siempre es bueno recordar, Neptuno tiene la paradoja de que, siendo por naturaleza aquella cualidad energética que permite disolver toda frontera, cuando se polariza es la que promueve más división. Cuando la conciencia humana se polariza con Neptuno, es la que más separa entre «bien y mal», entre «lo demoníaco y lo angelical». Y allí el potencial talento de irradiar amor universal queda enredado en la pesadilla de la polarización.

 

 

Volviendo a la actualidad, el tránsito de Saturno por la casa XII ha traído contenidos de nuestro pasado. Con el inicio de esa fase XII en el 2008, comenzó a manifestarse -y a muchos de nosotros quizás nos haya llenado de asombro- en nuestra sociedad una polarización que creíamos propia del proceso que había terminado en 1982. En fase XII pueden reanimarse «fantasmas». En la experiencia individual, la fase XII puede ser sincrónica con situaciones en las que se presentan ciertas entidades que creía ya sin vida. La conciencia siente que participa de un momento en el que, como en un mal sueño, cree ver muertos que resucitan. El pasado parece retornar con una vitalidad actual, vigente. Y si eso ocurre es porque tiene algún sentido: un proceso se está agotando y es tiempo de asistir a la emergencia de los contenidos más inconscientes y oscuros, de llevar a la conciencia esos viejos fantasmas, para reconocerlos y finalmente consumarlos.

 

 

Este proceso del tránsito de Saturno por casa XII (2008-2011) es sincrónico con el grado de polarización que -más allá de la opinión que tengamos al respecto- se está viviendo hoy en nuestra sociedad. Con el llamado «conflicto con el campo» se radicalizó una tensión que muchos, acaso, creíamos agotada, emblematizada en consignas reavivadas por algunos dirigentes de grupos sociales como «oligarquía contra pueblo» o «blancos contra negros». Viejos fantasmas que vuelven de un pasado que creíamos superado, entidades que parecen resucitar, con una carga de odio y fanatismo. Algunos se animaron, incluso, a revalorizar el odio. Se ha escuchado a otros muchos (y significativos) referentes políticos e intelectuales revalorizar el fanatismo como un bien, como una demostración de valentía y de coraje por defender principios de justicia. Hoy parece reactualizarse la dicotomía entre «civilización o barbarie», el revisionismo histórico cobra nueva vida, se revaloriza la figura de «el caudillo». El populismo pasa, de ser una calificación peyorativa, a ser valorado como categoría y gana nuevo aprecio la figura del líder carismático.

 

 

Si analizamos el proceso de estructuración iniciado en 1982, quizás apreciemos que en su desarrollo todas estas temáticas (consignas de clase, revisionismo histórico, valoración del populismo), aunque siempre vigentes, no parecieron ser valoradas por el discurso consciente, como sí lo fueron en el ciclo saturnino anterior (1952-1982). El ciclo de Saturno que comienza en 1982 fue, además, contemporáneo con la consumación del tránsito de Plutón por la casa XII (1964-1982). Aquel inicio de 1982 tuvo esa intensidad de salida de la oscuridad con una alta dosis traumática: una guerra, heridas, muertos, desaparecidos… Y no debería asombrarnos entonces que, en su fase XII, este proceso saturnino muestre la carga inconsciente de esos contenidos que creíamos «de otra época», que viejos fantasmas vuelven a aparecer. Y eso delata que no están suficientemente elaborados ni consumados. Aún guardan vitalidad y es momento de reconocerlos y agotarlos. Aquella experiencia traumática debe pasar por un filtro de realidad: sublimar hechizos, disolver fantasías, asumir responsabilidad, dar una respuesta adulta, madurar todo aquel dolor sin ser animados por fascinación oscura alguna, con plena conciencia.

 

 

Este proceso saturnino que Argentina viene desarrollando desde 1982 termina de agotarse en el 2011, un mes después de las elecciones, cuando Saturno entre en el Ascendente. Y tratándose de un ciclo de Saturno, el período de fase XII (2008-2011) representa un momento simbólicamente oportuno para asistir a la disolución de los referentes de autoridad que tuvieron vigencia durante todo este proceso. Porque los referentes de autoridad que cobraron protagonismo durante el ciclo que termina no lo serán en el próximo, y por eso la fase XII se encarga de agotarlos, de disolverlos. Por supuesto, podrán participar de lo nuevo, pero no con el protagonismo con el que contaron en el ciclo concluido.

 

 

En marzo de 2009 muere Alfonsín. Fue la figura garante de la democracia en sus inicios. Y, por eso, en el inconsciente colectivo Alfonsín cuenta con la proyección de «padre de la democracia». Fue referente de autoridad en este proceso democrático, con máximo protagonismo hasta 1989. Y cuando Saturno entra por la XIImuere Alfonsín. También asistimos, no sólo a la reapertura de los juicios a los militares responsables de crímenes, sino a la imagen de Videla durmiéndose mientras lo enjuician, a Bussi llorando frente a un tribunal… Es decir, la conciencia colectiva presencia a esos temibles referentes de autoridad de otros tiempos ahora en caída, asiste a la elocuente evidencia de que son fantasmas antes que figuras de poder vigentes.

 

 

En octubre de 2010 muere Kirchner. Una semana después muere Massera. Por su parte, Menem hoy resulta casi una imagen espectral de aquel político con todo el poder en los ´90. De la Rúa ha quedado asociado a la imagen de una experiencia política -la Alianza- que todos se cuidan de aclarar hoy que no volverán a repetir. Y Duhalde cree tener aún vigencia, cree que es su momento, pero no termina de seducir ni convencer como referente del nuevo proceso a partir del 2011, porque está demasiado comprometido en la memoria colectiva con el proceso que termina.

 

 

En definitiva, asistir a esta disolución y pérdida, a la muerte de figuras que fueron de autoridad en este proceso, es un síntoma de la fase XII de Saturno. Su profundo contenido simbólico es que esos referentes ya no serán, no se podrá contar con ellos.

 

 

 

 

 

 

ARGENTINA 2011  Segunda Parte

 

 

II. La experiencia colectiva de la muerte

 

 

Alejandro Lodi

 

 

 

(Comienzo de la segunda parte. Viene de «I. El agotamiento de un ciclo y la disposición a lo nuevo»).

 

 

 

 

 

También se activa el anhelo de que con la muerte puede generarse un mito. Con Kirchner hay un intento deliberado al respecto…

 

 

 

 

 

Es el hechizo de construir un mito a partir de quién se entrega en sacrificio o de tomar energía de la muerte. Esa intención delata la creencia de que los mitos se construyen desde la voluntad. Y profundamente eso es, o bien no comprender la misteriosa sustancia transpersonal (psíquica, anímica, inconsciente) con la que los mitos se constituyen, o bien el intento deliberado de obtener poder operando en el inconsciente colectivo, lo cual sería querer convertir aquello que es del orden de lo sagrado en una oscura herramienta de poder mágico. Y ya sea que se realice de manera inconsciente o deliberada, el fascinante propósito de tomar energía de los muertos es una expresión distorsionada de aquel foco neptuniano-plutoniano. El conjuro a este hechizo de apropiarse de la energía sería hacerlo explícito, con plena conciencia. Que ya no resulte una conducta inconsciente u oscuramente intencionada, sino una respuesta responsable y consciente de dónde se está tomando energía. Y esto no es sólo recomendable para Cristina respecto a Néstor, sino también para Ricardo Alfonsín respecto a su padre: ser plenamente consciente que obtengo vitalidad de la memoria del muerto, de la carga psíquica que esa figura tiene en el inconsciente colectivo. Y si creemos en el valor simbólico de las sincronicidades, cobra sentido que Ricardo Alfonsín haya nacido un 2 de noviembre… (risas).

 

 

Al mismo tiempo, de la experiencia de la muerte también puede emerger una profunda sabiduría, la que brota del contacto con el dolor, con el misterio. La casa XII invita a tomar contacto con el misterio. Invita al retiro y al silencio del duelo ¿Por qué el duelo significa retiro y silencio? Para permitir que el psiquismo organice la pérdida. Si yo acciono demasiado rápido sobre la pérdida, si recurro a explicaciones y a interpretaciones acerca del sentido de esa pérdida, voy a estar entorpeciendo el proceso psíquico del que esa pérdida forma parte. El sentido del duelo es ese: un repliegue, un retiro para permitir que el sistema psíquico se organice.

 

 

Desde ese punto de vista cobra sentido hablar de lo que estará viviendo hoy Cristina Fernández, el desafío ante el cual está ese ser humano hoy, con el coro militante pidiéndole que no afloje, que permanezca allí, como nuestro referente para honrar el legado del muerto, el cual es elevado casi a santificación. Mi hipótesis es que, pidiéndole eso, se le está impidiendo a Cristina que haga contacto con lo que está ocurriendo. Si hago contacto con lo que está ocurriendo, no puedo sostener una continuidad lineal y comprometerme con una campaña política; y no porque me torné cobarde, no por un gesto de debilidad, sino porque estaría respondiendo a lo que está pasando desde mi sensibilidad.

 

 

Lo interesante es que este período de Saturno por la XII -que coincide con el período presidencial de Cristina- tiene como protagonistas a dos piscianos: Néstor y Cristina. Y en el caso de Cristina se suma su conjunción Saturno-Neptuno sobre el Ascendente de Argentina. Quiero decir, si soy Saturno conjunción Neptuno y pisciana, yo tengo sabiduría acerca de los procesos de disolución y tengo autoridad acerca de cómo acompañar los procesos de renuncia, de retiro, de disolución de las aristas más rígidas para que emerja la percepción de unidad, de entidad compartida.

 

 

También sabemos que hay un tipo neptuniano que hace conciencia polarizándose en lo opuesto a su cualidad: mostrándose beligerante, súper eficiente, sacrificando la sensibilidad, defendiéndose de la delicadeza de su profundísima percepción sensible por miedo a la vulnerabilidad. Y sabemos que esa polarización atrae lo temido, convoca experiencias donde habré de vivir fragilidad, caída, confusión. Pensemos en Néstor convencido que debe desoír su cuerpo en pos de «hacerlo arder por una causa». Y eso no está ni bien ni mal, pero registremos que hoy esa actitud de «arder e incendiarse por una causa» está intentando ser elevada a categoría de virtud y valor, y es bueno por lo menos permitirse meditar sobre eso.

 

 

 

 

 

En la revolución solar de 2010 de Cristina el Ascendente en Piscis y Sol en XII…

 

 

 

 

 

Sí, esta revolución solar tiene mucho énfasis en casa XII y en Piscis. Y es interesante que en 2011 Neptuno y Quirón van a transitar sobre su Sol en Piscis. Y aunque no sepamos mucho aún acerca de Quirón creo que vale la pena darle entrada. Quirón habla de la herida que no cierra, de un dolor siempre abierto y presente que, justamente por nunca cerrarse, nos convierte en maestros acerca de esa herida, no para curarla en uno mismo sino para poder curar a los demás. Quirón tiene que ver con ese momento de la vida donde uno se siente participante de algo que lo excede, convocado a una experiencia para lo que no se siente preparado ni había imaginado que podía alguna vez vivir. En los momentos quironianos aparecen frases como «¿por qué a mí?» o«¡no me puede estar pasando esto!».

 

 

 

 

 

El punto es preguntarse «¿y por qué no a mí?»

 

 

 

 

 

Y ahí ya nos acercaríamos a la comprensión.

 

 

 

 

 

¿No podemos pensar que este tránsito de Quirón sobre su Sol en Piscis podría estar desarmando esa polarización neptuniana en lo rígido y confrontativo?

 

 

 

Sí, invita al contacto con la vulnerabilidad. El tema será la respuesta que sea capaz de dar su identidad pisciana a ese desafío. Una respuesta posible sería «arder en el sacrificio»: tensarse, no aflojar, cargar sobre ella la responsabilidad, hacerse cargo de la situación y entregarse a la inmolación para salvar a la causa. Si nos ponemos en su lugar y nos imaginamos cuatro años más gobernando este país, asumiendo un nuevo período presidencial en estas circunstancias de duelo, creo que podríamos percibir que resulta de un nivel de exigencia impiadosa, tiránica, más aún para una persona con alta sensibilidad pisciana. Estoy convencido de que si se tratara de una consultante, esa variante sería la que no le recomendaríamos. ¿Qué le devolveríamos, como astrólogos, a cualquier consultante que esté atravesando un duelo y que siente que no puede aflojar, que tiene que hacerse cargo de la empresa que compartía con el difunto para que «el proyecto no caiga», y que no puede «darse el lujo» de conectar con su sensibilidad porque tiene que ponerse a producir y a honrar al muerto? ¿A qué lo invitaríamos? A que resignifique qué sería honrar al muerto. Creo que sirve mucho bajar al plano de la consulta porque, aunque sean presidentes, son personas… (risas).

 

 

 

Y él pagó con su cuerpo.

 

 

 

 

 

Absolutamente. Evidentemente se está poniendo de manifiesto que el funcionamiento de este gobierno estaba sostenido en una hiperactividad de Néstor y en asumir la responsabilidad casi absoluta en asuntos muy difíciles de manejar que caían con todo su peso sobre él. Y, en cierta forma, este funcionamiento aliviaba la labor de Cristina, que ya de por sí era extenuante. Imaginemos, con toda la sensibilidad de la que nos habla la carta de Cristina, lo agotador que resulta sostener la tensión de estos últimos tres años de gobierno.

 

 

Antes que verla como presidente, quiero que la veamos como una persona sosteniendo ese nivel de intensidad, como una persona ante la disyuntiva de soltar y hacer contacto con el dolor de la pérdida (poniéndose al alcance de su potencial sentido) o redoblar la apuesta y disponerse a sostener la tensión de gobernar este país cuatro años más. Y aquí también entra en juego la carta del país. Porque aquel núcleo neptuniano-plutoniano del que hablábamos termina generando «chivos expiatorios» o «víctimas en sacrificio». Es muy probable que, así como lo ha sido con Néstor, si Cristina asume esta responsabilidad se transforme en un nuevo chivo expiatorio de esta necesidad de sentir que alguien «sacrifica todo por la causa redentora».

 

 

 

 

 

Pero pensando en Saturno transitando sobre el Ascendente en Libra de la Argentina, ¿no va a haber un clima que disponga a que el nuevo presidente abra el diálogo..?

 

 

 

Todo esto depende de cómo se haya agotado esta fase de XII. La calidad del inicio en fase I tiene que ver con la calidad del agotamiento del ciclo anterior en fase XII. Por ejemplo, la experiencia de Malvinas permitió la apertura democrática.

 

 

 

 

 

Algo terrible que habilita una renovación…

 

 

 

 

 

Gracias a ese sacrificio trágico se agota un supuesto inconsciente de gran vitalidad hasta ese momento: «los militares son la reserva moral de la Nación». Agotar ese supuesto libera una energía que permite que en el proceso democrático que se inicia comience a manifestarse una cualidad que resulta completamente distinta a la de los ciclos anteriores. En gran medida, Alfonsín gana en 1983 porque sintoniza una nueva cualidad: la democracia como valor. La revalorización del sistema democrático es una característica propia de este proceso que se inicia en 1982. En comparación, en el ciclo saturnino anterior (1952-1982) la democracia era un valor bastante relativo, sujeto a otros valores superiores como el orden (desde la derecha) o la revolución social (desde la izquierda). Más aún, para algunas vanguardias combativas, la democracia era una estructura burguesa, un obstáculo que había que superar para alcanzar el cambio revolucionario mediante la toma del poder con las armas. Que el poder sean los votos esto lo sintonizó Alfonsín.

 

 

Y esta relativización del valor de la democracia es algo que también creíamos haber agotado en la fase XII previa a 1982. Creíamos agotado el supuesto de la lógica de la batalla aplicada a la política; el supuesto de la confrontación -y no el diálogo- como herramienta para los cambios sociales; de la derrota del enemigo -y no el acuerdo con el adversario- como el medio para avanzar hacia una sociedad más justa; la concentración hegemónica del poder -y no la convergencia democrática de diferentes visiones- como modo efectivo de ejercer el gobierno. Sin embargo, esos supuestos que creíamos agotados se han reactivado -a una escala que resulta inquietante y peligrosa- desde el 2008.

 

 

Así como este proceso de XII  (2008-2011) está permitiendo que todos los militares con causas pendientes acerca de crímenes en los ´70 vayan a juicio, lo cual es muy purificador y favorece el agotamiento de todo este ciclo, creo que también forma parte de esta consumación de XII meditar acerca de la imagen de la juventud idealista de los ´70. Esto puede resultar incómodo, pero quiero presentar, como hipótesis, la necesidad de hacerlo. Es necesario revisar como la mirada más humanitaria y el reclamo de justicia que supieron sintetizar las organizaciones de derechos humanos hoy también ha sido atravesada por el hechizo de exclusión, la tensión y la confrontación. Quiero decir, en los últimos años los derechos humanos han pasado a ser patrimonio de un sector que está en pugna con el resto de la sociedad. Valores universales, como el derecho a la vida y el respeto a la dignidad humana, quedan identificados con un sector particular que no admite ningún tipo de revisión de sus posiciones. Y esto impide, por ejemplo, la posibilidad de reflexionar -con madurez y profundidad humana, no desde consignas ideológicas- acerca de la fascinación violenta y la justificación de la muerte que capturó a quienes, acaso con las mejores intenciones, se proponían la toma del poder para generar una sociedad más justa en los ´70. Aquellos jóvenes idealistas también fueron alcanzados por el hechizo colectivo de exterminio purificador y violencia redentora que caracterizó el período de Plutón por la casa XII (1964-1982). Tener el coraje de meditar sobre esos años permitiría que nuestra conciencia colectiva madurara pudiendo hacer contacto con la oscura sombra del idealismo: la exclusión dogmática, la justificación de la crueldad, el sacrificio de la sensibilidad a favor de la fidelidad a las creencias.

 

 

 

¿Estás proponiendo revisar la militancia de la juventud..?

 

 

 

No, la creencia en la violencia como medio para acceder al poder y originar cambios sociales en la militancia de la juventud de los ´70.

 

 

En cualquier contacto entre Neptuno y Plutón (ya sea por ser destacarse como núcleo en la estructura natal o por vivir el clima de Plutón transitando la casa  XII) experimentamos cómo Plutón intensifica y potencia la capacidad sensible de Neptuno, la hace absoluta. Y el punto es cómo se organiza el psiquismo (individual o de una entidad colectiva) sintiendo tanto, sintiendo absolutamente. La reacción más habitual es que, ante la extrema sensibilidad al dolor del mundo y lo intolerable que resulta contenerla, la conciencia se organice en una visión de «lucha del bien contra el mal», considerando ese dolor injusto, como algo que no debería existir y que si existe es por obra de una voluntad perversa a la que es necesario oponerse y derrotar. Y, en esta visión, todo el talento neptuniano de registro sutil de la realidad se distorsiona. Al dejar el mal afuera, nos insensibilizamos a él: ya no soy sensible al sufrimiento del otro, me separé de aquellos donde fue proyectado el mal y su dolor me es ajeno. La paradoja es que por Neptuno puedo experimentar una sensibilidad universal y también por Neptuno puedo polarizar, separar e insensibilizarme al dolor del polo con el que no me identifico.

 

 

Y creo que este trabajo con la casa XII resulta un desafío muy contundente para la conciencia (tanto individual como colectiva) porque hay que tener mucho coraje para asumirlo. Poner luz sobre estos condicionamientos y supuestos inconscientes puede tener el carácter de una profanación para aquellas partes de nosotros mismos que todavía están sombríamente identificadas con ellos. Quiero decir, revisar la idealización de las juventudes que actuaron en forma violenta en los ´70, sin caer en polarizaciones de santificación o demonización, representa un desafío colectivo para el que hace falta coraje espiritual individual. Y hablo decoraje espiritual porque asumir esta tarea requiere superar el límite de nuestras identificaciones ideológicas, animarse a experimentar nuestra sensación de identidad sostenida en ciertas ideas -cargadas de afecto y memoria- como un obstáculo a la expansión de nuestra sensibilidad amorosa.

 

 

En verdad, este es el objetivo de esta charla convocada bajo el título «Del hechizo destructivo a la compasión transformadora». ¿Puedo tocar el dolor humano de una madre que pierde a su hijo que vuela por los aires con una bomba sin anteponer ningún tipo de categoría política, sin importarme si era militar, si era guerrillero, si era de izquierda, o si era de derecha? ¿Puedo exponer mi sensibilidad hasta tocar la tragedia humana que ese acto representa? ¿Puedo ser sensible a su dimensión sagrada y sentir la profanación que representar justificar esa tragedia desde premisas ideológicas? Aquí es donde Neptuno nos invita a tocar el dolor disolviendo todo tipo de divisiones y fronteras. Mi sensación es que si no tocamos esta dimensión de nuestra experiencia colectiva, el ciclo que se inicia el próximo año con el tránsito de Saturno sobre el Ascendente comenzará con sombra, con un contenido que, siendo ya perceptible, se elige «dejar debajo de la alfombra».

 

 

De hecho, muchas personas que han participado de esa época de la historia argentina -que aún tienen pudor de hablar o que no son escuchadas- tienen algo para decir completamente distinto a reivindicar sin más la actuación de la militancia revolucionaria de aquellos años. Hay muchos que tomaron las armas en los ´70 que hoy sienten que, queriendo reparar injusticias y salvar al mundo del sufrimiento, han cometido un acto contra la humanidad. No buscan ya la indulgencia de la ideología, porque han abierto lo suficiente su sensibilidad como para sentir la tragedia de la muerte violenta de un ser humano. No tienen interés en justificaciones ideológicas, porque han disuelto el hechizo de «la guerra santa» en sus corazones. Y creo que esto sólo lo puede sentir aquel que lo vivió, que fue tomado por aquel encantamiento y lo ha madurado en su conciencia. No tiene nada que ver con sentirse culpables, sino con ser conscientes del «canto de sirenas» que animó sus voluntades. Resignar conscientemente las fantasías e ilusiones en las que hasta ahora encontré refugio y contención, para animarme ahora a tocar una dimensión más profunda y real de lo humano, esa es una disposición que exige disolver límites ideológicos.

 

 

 

 

 

Es muy difícil. Porque también tiene que haber arrepentimiento del otro lado. Porque también hubo terrorismo de estado. ¡Son tantas las heridas!¿Cómo se hace para disolver la tendencia a dividir entre buenos y malos..?

 

 

 

 

 

Yo creo que se disuelve abriéndose al contacto humano. ¿Podemos hacer contacto con el dolor de una persona que ha perdido un ser querido en un atentado de grupos revolucionarios? ¿Podemos hacer contacto con la crueldad de secuestrar personas, mantenerlas en cautiverio y asesinarlas? ¿Podemos hacer contacto con la impiedad de justificar esos crímenes por razones ideológicas? ¿Podemos tocar la falta de compasión de provocar la muerte violenta de otro ser humano? Tener la posibilidad de hacer ese contacto -no en forma ideal o abstracta, sino con un otro concreto que está ahí, frente a mí- es lo que habrá de disolver nuestras fronteras ideológicas. Muchas veces las ideas pueden resultar un canal para el amor, pero cuando se cristalizan en un dogma se convierten en un dique que frena la expansión de esa sensibilidad amorosa. Y la fuerza que logra desbordar las frías defensas ideológicas es, precisamente, la calidez del contacto compasivo con el dolor del otro.

 

 

Si ese contacto con lo humano se establece, cualquier argumento ideológico que trate de cuestionarlo va a helar el corazón. Abrirse a la compasión no nos permite seguir argumentado que hay «dos dolores». Lo más fácil es ver «dos dolores». Dividiendo entre «buenos y malos», en «santos y pecadores» podemos llegar a sentir que estamos «quemando en la hoguera al demonio» y nosotros, por lo tanto, somos «angelicales».Por supuesto, es difícil ser «políticamente correcto» haciendo ese análisis. Pero la evidencia perceptiva es tal que, aunque no sea «políticamente correcto», la conciencia no puede dejar de verlo. La conciencia lo ve. Es una evidencia que ya no puede ser negada.

 

 

La polarización que es capaz de provocar este núcleo neptuniano-plutoniano en nuestra conciencia colectiva puede conducirnos a creer en la existencia de «guerras santas» y «guerras justas». Cuando la conciencia es hechizada por la creencia en la «guerra justa» pierde capacidad de ser sensible a la tragedia. Paradójicamente, en la profundidad de ese mismo núcleo, disolviendo la polarización, está el talento compasivo que hace evidente que la guerra es una tragedia y que, aunque situaciones extremas hagan que resulte inevitable, toda guerra no deja de ser una tragedia. Quizás la guerra contra Hitler haya resultado inevitable, pero celebrarlo es algo completamente distinto. La paradoja es poder hacerle la guerra a Hitler al mismo tiempo que somos sensibles de la tragedia en la que estamos involucrados. Si hacemos contacto con que, en la SegundaGuerra Mundial, el bombardeo aliado sobre la ciudad alemana de Dresde provocó la muerte de 60.000 personas en una noche, eso debe conmovernos, sin agregar ninguna categoría ideológica. Y a ese nivel de contacto es al que invita este núcleo neptuniano-plutoniano, siendo que también puede resultar la fuente de los hechizos más polarizados y que podrían llevarnos a «santas justificaciones».

 

 

La guerra santa está sostenida en el supuesto que la vida es lucha. Si yo creo en guerras santas es porque creo que la vida es una lucha, que vivir es una batalla. Y si creo que la vida es una lucha es porque hay dos bandos. Y sabemos que para la astrología exclusión es conflicto: si yo excluyo a alguien estoy enredado en el conflicto, generé conflicto. La mayoría de nosotros seguramente conocemos la tan difundida técnica de Constelaciones Familiares. El nudo de Constelaciones Familiares es incluir al excluido. En todo sistema hay un excluido y ese excluido está generando distorsiones en todo el sistema. Incluir al excluido es reparador, realmente redentor y curativo, pero es tan fuerte la convicción de que la vida es lucha, de que «hay un otro que es fuente de mi mal», que la conciencia dominada por el miedo siente que es necesario excluir. Y cuando el miedo es el que domina, el amor no puede emerger, la percepción de que la exclusión es conflicto no tiene posibilidad de emerger.

 

 

 

 

 

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