Celebracion de la Luz

na vez mas, debo pedir disculpas por enviar un genérico pero, como siempre, si lo estás recibiendo es porque estas en mi corazón…

En pocos días más, celebraremos la navidad que, para los cristianos (estrictamente hablando, debería decir «judeo-cristianos») evoca el advenimiento de la Luz al mundo, en la figura visible de Yeshua, el Mesías, el Logos o Palabra de Dios entre nosotros…

Acerca del tópico en cuestión, hay muchas discusiones (que si la fecha corresponde o no, que si era el mesías o no, etc., etc.)…

Todas ellas me parecen, en esencia, un poco banales, ya que no podemos demostrar que Yeshua era el mesías pero, tampoco, demostrar que no lo era (la demostración de la indemostrabilidad de las diversas posturas, se manifiesta en el curioso hecho de que tanto unos como otros, utilizan las mismas escrituras sagradas para refutar al adversario y auto-demostrar su posición – cuando en verdad solo arriban, unos y otros, a tautológicas posturas tomadas a priori)…

Me ha parecido más interesante y fructífero (para evitar transformar estas discusiones insustanciales en un mero «boca – river» religioso), ver en esta celebración, el recordatorio de que Dios no nos abandona ni olvida, que estamos en Su mano y en Su corazón-mente eternamente, que Su Luz tarde o temprano nos alumbra y que Su Palabra finalmente, siempre nos alcanza…

Todas las culturas y tradiciones celebran la Luz, buscan la Luz, ansían la Luz y tratan de abrir los ojos cuando la Luz aparece (los Upanishad, por ejemplo, dicen: «llévame de la oscuridad a la Luz, de la ignorancia a la sabiduría»)…

Deseo entonces saludar a todos mis hermanos en este tiempo luminoso (¿acaso hay algún ser humano que no sea hermano del resto? o ¿hay acaso algún ser vivo – animal, vegetal o mineral – que no sea también nuestro hermano?, y aun más, ¿no somos incluso hermanos de las estrellas?)…

Teístas o ateos, todos estamos en el mismo barco y somos jardineros del mismo jardín; y todos, finalmente, mas allá de las creencias que tengamos, solo podemos en verdad – como dice Tolkien a través de su personaje Gandalf – decidir qué hacer con el tiempo que tenemos…

Qué haremos, entonces: seguir discutiendo o remar juntos?… ¿Seguiremos disputándonos la tierra o recuperaremos nuestro honroso puesto de jardineros del mundo? …

Porque, en esencia, somos seres predominantemente diurnos, de manera que es el sol quien nos mantiene vivos y atentos a la belleza del mundo; asimismo, es la luz la que nos permite acceder a la conciencia de las luces y sombras de nuestra propia vida…

Incluso en la noche, por cerrada que ella sea, hay luces que nos brindan su compañía: las estrellas y la luna…

¿Qué haríamos sin el sol que nos alienta e ilumina?…

De él proviene nuestra vida tal como la conocemos y es él quien modula nuestros ritmos vitales y emocionales…

¿Cómo sería la vida sin sol?…

No habría posibilidad de disfrutar de la belleza de la luna, ya que no existiría nada que reflejar, y tampoco existirían amaneceres ni atardeceres y la mirada de nuestros seres amados no sería visible…

Asumamos nuestra naturaleza de flor y abrámonos a la Luz; asumamos nuestra naturaleza de aves y volemos hacia lo Alto: decidamos qué queremos ser (como dijera Pico Della Mirándola) y seámoslo…

Y es por ello, amigos míos, mis amigos del alma, que me parece natural que celebremos – como humanos que somos – el advenimiento de la Luz , la reaparición del Sol de entre las sombras, la llegada al mundo profano de Aquél que nos re-sacralizaría de nuevo, re-uniendo nuestra naturaleza humana con nuestro origen divino…

No es casual (nada lo es) que situemos su nacimiento en algún momento del otoño/ invierno que imperaba en la porción de tierra que, en esta Tradición, Su sabiduría escogió para hacerse visible a los hombres y mujeres que esperaban con ansia su llegada…

No sabemos con certeza la fecha, pero no es ilógico asimilarla al solsticio de invierno en la tierra de los hebreos (cuyo idioma sagrado es capaz de expresar las verdades «del otro lado»), que por estos días celebrarán – en el mes de Kislev – el milagro de la Luz: Hannuká, la Luz que se mantuvo – y mantiene – encendida (contra toda expectativa) por obra de Su gracia…

Por todo ello, me parece aceptable celebrar Su advenimiento con alegría y esperanza, alegría por la Luz y el Calor de la Vida originaria, alegría porque Dios se acuerda aun de nosotros y eso no es poca cosa (ya que no hay modo alguno de merecer nada al respecto y cualquier gesto de El hacia nosotros es, pura y simplemente, «Gracia»)…

Y esperanza renovada en que las sombras, por cerradas que parezcan, siempre alojan en su interior la posibilidad de la luz, así como el silencio es la cuna de la palabra y la quietud es la base del movimiento…

Amigos míos del alma, que tengan todos ustedes la mejor de las alegrías y de las esperanzas en estas fiestas compartidas con nuestros hermanos mayores, quienes celebran también sus Luminarias, su Hannuká…

Felicidades para todos, sin excepción…

Feliz Navidad y Feliz Hannuká (Jag Hannuká Sameaj) para todos…

Que la felicidad resurja en vuestras vidas con la renovada fuerza que el Sol nos brinda cada mañana, en cada amanecer…

Les envío a todos y cada uno de ustedes un especial y fuerte abrazo fraterno y espero que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad…

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