CEGUERA DE LOS ANCIANOS

Degeneración macular
La misteriosa “ceguera de los ancianos”
La degeneración macular es una enfermedad que afecta al centro de la retina, una zona del ojo llamada mácula. Se trata de la segunda causa de ceguera en las personas mayores de 65 años, por detrás de la diabetes. Las personas afectadas conviven con una distorsión gradual de la visión central, que en algunos casos puede derivar en la pérdida completa de la visión en esta zona. Si bien se desconoce la causa precisa de esta dolencia y hasta ahora sólo se podían intuir algunos factores de influencia, recientemente un grupo de científicos descubrió una mutación genética vinculada a lo que se considera la causa más común de ceguera en el mundo desarrollado, abriendo la posibilidad a mejoras en el tratamiento y esperanzas para una cura.

Se trata de la causa más común de ceguera en los países desarrollados y, por afectar a cerca del 15% de las personas mayores a 65 años, se la conoce también como la “ceguera de los ancianos”.
La degeneración macular (DM) es una dolencia que se vuelve cada vez más común a medida que las personas avanzan en edad y si bien se desconocen las causas que la provocan, se estima que ciertos factores como antecedentes familiares, consumo de cigarrillos y ser de raza caucásica, tendrían una gran influencia.
Esta enfermedad produce daños en las frágiles células de la mácula, una región en el centro de la retina. Cerca del 90% de los pacientes diagnosticados con esta dolencia tiene la versión llamada seca, para la que no existe tratamiento. El resto desarrolla la degeneración húmeda, que se produce cuando crecen pequeños vasos sanguíneos entre la retina y la parte posterior del ojo.
Recientemente, en el mes de octubre, se dio a conocer la noticia de que un grupo de científicos británicos habría descubierto una mutación genética que abriría esperanzas para alcanzar mejores tratamientos y hasta a una cura.
En el artículo publicado por la agencia Reuters, los especialistas confirmaron el descubrimiento de seis variantes dentro del gen llamado “Serping1” que estarían asociados a la degeneración macular relacionada con la edad. Ese gen, involucrado en la producción de proteínas del sistema del complemento dentro del globo ocular, sería el encargado de limpiar las partículas ajenas al ojo y controlar infecciones.
En la investigación llevada adelante, el equipo de profesionales estudió 32 genes «potencialmente implicados» en la degeneración macular, dividiendo a los participantes en dos grupos, uno de control y otro de enfermos, cada uno con 479 integrantes. Así descubrieron que las variantes genéticas en “Serping1” fueron frecuentes en el conjunto de personas con la enfermedad.
Para poder recavar más información también realizaron las mismas pruebas con un grupo de pacientes norteamericanos, cosechando los mismos resultados.
De esta manera constataron así una estrecha relación entre el gen “Serping1” y la enfermedad.
A partir de estos hallazgos, Sarah Ennis y Andrew Lotery, investigadores de la Universidad de Southamp-ton y parte del equipo que alcanzó estos resultados, la investigación realizada “se suma a una creciente comprensión de la genética de la degeneración macular vinculada a la edad, lo que debería conducir finalmente a nuevas terapias para esta enfermedad común y devastadora”, según comentaron a la revista científica “The Lancet”.

Descripción general
Ubicada en la parte posterior del ojo, la retina es la región sensible a la luz y que la convierte en estímulos nerviosos que luego se transmiten al cerebro. La mácula, es a su vez el centro del tejido sensible de la retina, tiene a su cargo la visión de los detalles y la resulta la zona más afectada por esta dolencia, lo que impide a los portadores realizar las actividades de visión más fina como la lectura y el reconocimiento de rostros.
Cuando un paciente sufre este trastorno experimenta una pérdida progresiva de nitidez en el centro de la visión, con la particularidad de que la visión periférica suele permanecer intacta. De ahí que los casos de ceguera total sean infrecuentes.
Dentro de los misterios que presenta esta dolencia se pudo establecer que la degeneración macular es más frecuente entre los caucásicos que en otras etnias. Siendo que en Japón la incidencia de esta enfermedad es un 50% menor que entre los blancos occidentales, pero que curiosamente las estadísticas están aumentando debido a la “occidentalización” de los hábitos alimentarios de los japoneses. Este punto es muy interesante porque algunas teorías sugieren que los hábitos alimenticios podrían tener una estrecha relación con la enfermedad.
Se estima que la incidencia de la DM es de 1 por 1000 entre los occidentales y se puede clasificar en dos tipos centrales:
La “forma seca” o no-neo-vascular, la más frecuente, responsable de más del 90% de los casos. Este tipo es de curso lento y no tiene tratamiento, salvo el uso de vitaminas antioxidantes con logros limitados.
La “forma húmeda» o forma neovascular y que resulta la responsable de la mayor parte de los casos de ceguera. La degeneración neovascular se caracteriza por una neovascularización de la coroides por debajo de la retina, produciéndose un tejido neovascular por el que filtran sangre y fluidos. Cuando este trastorno no se trata adecuadamente, la neovascularización progresa hacia la formación de tejido fibroso con destrucción de la mácula y pérdida de la visión. Para evitar esto se han desarrollado sustancias que controlan las complicaciones.
Degeneración macular húmeda: su aparición se produce de forma más rápida y supone aproximadamente el 15% de todos los casos. En esta variedad, los vasos sanguíneos que hay detrás de la retina empiezan a presentar fugas de sangre y líquido que levantan la mácula de su lugar normal en el fondo del ojo y ocasionan la distorsión de la visión. Como ocurre con las heridas que se producen en otras partes del cuerpo, estas fugas de sangre dejan en el ojo ciertas cicatrices que interfieren en la visión.
Uno de los primeros síntomas que permiten sospechar de su aparición es que las líneas rectas se vean onduladas. Se trata de una variedad que avanza rápidamente y se considera más grave que la forma seca. Generalmente se asocia su aparición con el envejecimiento (a partir de los 70 años, sobre todo), aunque una miopía muy desarrollada o ciertas infecciones oculares (como la histoplasmosis) también pueden provocarla.
Degeneración macular seca: en este caso, la pérdida de visión central es más lenta y progresiva; de hecho, su síntoma más común es una visión central borrosa que empeora lentamente (el paciente puede tener problemas para reconocer los rostros, o es posible que necesite más luz de lo habitual para leer). Es la forma más común de la enfermedad y se asocia con pequeños depósitos en la mácula llamados drusas. Se trata de acúmulos de color amarillo debajo de la retina que el oculista puede detectar durante un examen completo de los ojos con dilatación de las pupilas.
Esta variedad de degeneración macular se produce cuando las células de la mácula que son sensibles a la luz se deterioran, haciendo que la vista se nuble gradualmente. A medida que el problema empeora es posible notar un punto borroso en el centro de la visión, aunque cuando afecta a un solo ojo es posible que el paciente no note ningún cambio en su visión general, y que vea incluso los detalles pequeños y sea capaz de conducir.
Cómo se diagnostica:
La degeneración macular puede tardar años en desarrollarse, por lo que es importante que acuda al oftalmólogo ante la aparición de cualquier signo sospechoso. Líneas rectas que se ven curvas, dificultades para ver de lejos o distinguir los colores… A partir de alguno de estos síntomas sospechosos, el oculista puede llevar a cabo un completo examen del ojo que permita diagnosticar la enfermedad. Los especialistas recomiendan que todas las personas mayores de 40 años acudan al menos una vez al año al oculista para realizarse una revisión que incluya una inspección detallada de la retina.
Entre las pruebas que se utilizan para detectar la degeneración macular se incluye un análisis del fondo del ojo (con las pupilas dilatadas para que el especialista pueda mirar través de una lente de aumento) para observar cualquier cambio sospechoso en los vasos sanguíneos, así como una angiografía con fluresceína que permite observar con mayor claridad la vascularización del ojo.
Para ello se inyecta en el brazo del paciente un colorante (la fluoresceína) que a través del torrente sanguíneo llega hasta los vasos sanguíneos de la retina. Una vez allí, y aprovechando que están ‘teñidos’, se hacen varias fotografías secuenciales de la retina para detectar si existe algún vaso sanguíneo que está ‘goteando’.
Cómo se trata:
Las terapias actualmente disponibles son poco efectivas y tratan más bien de frenar la progresión de la lesión y la pérdida de visión. Los pacientes suelen tomar una combinación de suplementos nutricionales a base de antioxidantes (vitaminas E, C y betacarotenos) y zinc.
Si los vasos afectados no están en la mácula se puede realizar una coagulación mediante láser para evitar que los vasos alterados se acumulen y produzcan nuevas hemorragias. Para ello se emplea un láser térmico que cauteriza los vasos sanguíneos que presentan fugas e impide su propagación. El láser, sin embargo, no está exento de riesgos y sólo puede tratarse con esta técnica a un pequeño porcentaje de pacientes con la forma húmeda de la enfermedad. Además, las recaídas después de esta intervención son bastante frecuentes.
Una opción más novedosa consiste en la aplicación de terapia fotodinámica. Para ello, se inyecta un medicamento sensible a la luz (verteporfin) a través de una vena del brazo, que llega hasta el ojo siguiendo el torrente sanguíneo. Cuando el especialista enfoca dentro de los ojos con un láser no térmico, el fármaco produce una reacción química capaz de destruir los vasos sanguíneos anómalos. Al contrario que el láser, esta terapia no destruye el tejido sano que rodea a la lesión.

Señales a tener en cuenta
La degeneración macular es fácil de detectar. Los síntomas incluyen áreas borrosas en una página de texto impreso, líneas rectas que parecen curvarse o doblarse en una página, y espacios oscuros o vacíos que obstaculizan el área central de la visión. Típicamente, la degeneración macular se desarrolla gradualmente con el tiempo y, con frecuencia, no se detecta en las etapas tempranas. No hay dolor asociado con la ARMD.
La degeneración macular puede ser detectada durante un examen de los ojos, por lo que es esencial que las personas de 55 años en adelante se examinen los ojos una vez al año. La ARMD también se puede detectar por una autoprueba usando un Amsler Grid , que puede ser obtenido de un oftalmólogo o un optómetro para usar entre exámenes. El grid o rejilla es un juego de una línea horizontal y una línea vertical que crea pequeños cuadrados con un punto en el centro de la rejilla. La persona con degeneración macular verá las líneas como curvas, rotas, borrosas o distorsionadas cuando mire directamente al punto en el centro. Si esto ocurre, haga una cita con un especialista en el cuidado de los ojos lo antes posible. Sin embargo, esta autoprueba no es un sustituto para el examen anual de los ojos.

Calidad de vida y apoyos disponibles
También están disponibles los paquetes de amplificación software para la pantalla de la computadora que agrandan la información en exhibición.
La tecnología actual hace posible ajustar el tamaño de la imagen y el contraste de la información proyectada en la pantalla indicadora.
Los lentes filtradores de luz especiales también están disponibles para ayudar a aliviar la incomodidad causada por el brillo y, en algunos casos, hacen que las imágenes aparenten ser más definidas.
Las personas con degeneración macular relacionada con la edad, también pueden hacer uso de dispositivos no ópticos tales como lámparas de alta intensidad para guías en tareas con luces, escrituras y firmas, y demarcadores de alto contraste.
Un profesional del cuidado de los ojos puede referirlo a una agencia de servicios para personas visualmente incapacitadas. Usted también puede ponerse en contacto con la agencia de rehabilitación de su estado al servicio de personas ciegas o visualmente incapacitadas, que por lo general se halla en la sección de agencias estatales en la parte posterior de una guía telefónica.
Los servicios de rehabilitación relacionados con la visión son proporcionados por maestros en rehabilitación, que trabajan con personas de baja visión para conservar su independencia, calidad y estilo de vida. Esto se logra cuando aprenden a realizar las tareas diarias mediante dispositivos adaptables y métodos alternativos que les permiten llevar a cabo las actividades diarias logrando lo mejor posible de la visión disponible.
Las personas con baja visión también pueden aprender a viajar independientemente usando un bastón blanco mediante la instrucción recibida de un especialista en orientación y movilidad. Ellas también pueden aprender a administrar sus hogares, leer, cumplir con su arreglo personal y efectuar toda una serie de actividades productivas y significantes, mientras continúan viviendo independientemente en sus propios hogares.
Los Libros Parlantes (Talking Books) -libros grabados en audiocasetes disponibles sin cargo alguno a través de la Biblioteca del Congreso- permiten que la persona mayor continúe disfrutando de la lectura.
Es importante recordar que la pérdida de la visión no es sinónimo de dependencia, aislamiento social o la necesidad de ingresar a un asilo de envejecientes. Las personas mayores que experimentan pérdida de visión relacionada con la edad, pueden seguir disfrutando de vidas llenas y productivas cuando tienen acceso a los servicios de rehabilitación de la visión, cuidado anual de los ojos y servicios de baja visión.

Fuentes consultadas:

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