“CATORCE MENOS QUINCE”

Este fue el apodo del último “rey” negro que tuvimos entre nosotros. Un viejo congo a quien llamaban así porque un buen día le regalaron un reloj de bolsillo, y cada vez que le preguntaban la hora, el buen moreno- que no entendía de números ni de relojes- decía invariablemente “las catorce menos quince” ; salida que entonces resultaba mas disparatada que hoy, porque en aquel tiempo no se decía todavía “las 13”, “las16”, “las 24” , pues ninguna hora pasaba mas allá de las 12. Este soberano “reino” en tiempos de la presidencia del Coronel Lorenzo Latorre . Lo de “reinar” es un decir, porque era el suyo un titulo meramente decorativo, valido solamente los días de recepciones y candombes, en que las distintas “naciones” negras (congos,mozambiques, benguelas, cabindas, molembos) salían a bailar por nuestras calles, encabezadas por su “rey”, designado a ese solo efecto. Pero tan alto rango no le otorgaba ninguna prerrogativa ni ascendiente sobre sus compañeros de raza. Ni siquiera el elegido tenia que ser de abolengo: no es que hubiera sido antes rey en su tierra. Jamás los negreros trajeron a América reyes, y ni siquiera príncipes, pues preferían entenderse amistosamente con ellos, que a cambio de baratijas les permitían atrapar a unos cuantos súbditos y embarcarlos en sus bodegas infames. Desde la época de la Colonia era costumbre en Montevideo que, en ciertas fechas, las naciones africanas salieran en comparsa por las calles y se llegaran hasta la casa misma del Gobernador a ofrecerle sus saludos. Y ello daba lugar a una ceremonia solemne, en que el Gobernador se presentaba a recibir a la comitiva de esclavos ataviados con sus trajes de fiesta, mientras lo acompañaba la más alta autoridad religiosa de la ciudad. Esta costumbre se mantuvo hasta la época del Presidente Santos, pero parece que muy venida a menos en los últimos tiempos. Tanto que más de una vez ni siquiera fueron el Primer Magistrado ni el Obispo Diocesano quienes salieron a recibir a la nación negra, sino apenas un Comisario de Policía y un sacerdote cualquiera.

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