Busquemos el Reino de Dios

“¿Qué virtudes son mínimamente necesarias para garantizar a la globalización un rostro humano?”
Leonardo Boff

La ley de la atracción
En una ocasión encontré a mi hermano muy emocionado y con ganas de compartirme algo que había descubierto; yo con gusto me puse a escucharlo. Resulta que le hablaron de “El secreto”, lo cual era como una nueva filosofía y manera de pensar que estaba circulando por muchos medios y que comenzó en Estados Unidos.1 Me platicaba que era una filosofía que había descubierto una ley que los grandes sabios de diferentes culturas comprendían y que era hora de revelar el secreto de dicha ley: la ley de la atracción.

El reto de la ley de la atracción
Esta filosofía propone que si focalizamos nuestra mente y nuestras fuerzas para visualizar un deseo, por el efecto de la ley de atracción, este deseo se cumplirá. El problema que veía yo es que esta filosofía propone que cada persona se concentre en aquello que desea (una casa, tener éxito profesional, un coche, viajar, etc…) pero de manera individual. Yo le proponía a mi hermano lo siguiente: ¿qué tal si, en vez de que cada quien forje su deseo de manera individual, nos unimos el mayor número de gente posible y deseamos una sola cosa en un solo deseo compartido? Entonces así por ejemplo, que los palestinos e israelíes juntos deseen la paz, que los mexicanos juntos deseemos la no violencia, que el mundo entero desee que no haya pobreza ni destrucción de la naturaleza.

Los mexicanos no creen en los otros
En noviembre del 2010 se realizó una encuesta sobre los sueños y aspiraciones de los mexicanos.2 La encuesta arrojó varias sorpresas. La primera es el profundo individualismo que existe en los sueños y aspiraciones de los mexicanos; la mayoría de los encuestados creen en sí mismos más que en el país donde viven. A falta de un sueño común o una visión solidaria que vincule los destinos individuales, los mexicanos tienden a poner sus sentimientos de pertenencia en la familia. Si alguna vez existió algo parecido a un sueño o una aspiración común, un sueño mayoritario que comparta siquiera la mitad más uno de los mexicanos, no lo conocemos. Según la encuesta, la mayoría de los mexicanos piensa que para lograr sus aspiraciones debe confiar más en el esfuerzo individual que en el esfuerzo de todos como país, incluso está dispuesto a buscar el bienestar personal y familiar aunque el país se vea perjudicado.

Desear lo que Dios desea
¡Qué bonito sería que todos los mexicanos nos uniéramos en un solo deseo, sueño y aspiración común! Pero ¿cuál será el mejor? Desde la espiritualidad cristiana el mejor deseo será el que se una al deseo de Dios; con esto no me refiero solamente a que habrá que desear A Dios, sino desear CON Dios, es decir, desear lo que Dios desea. ¿Y qué es lo que Dios desea? Es muy sencillo: Dios desea “REINAR”.

El reinado de Dios
El Evangelio de Marcos nos presenta la actividad de Jesús inmediatamente después del arresto de Juan el Bautista con estas palabras: “Se ha cumplido el plazo, llega el reinado de Dios. Conviértanse y crean en la buena noticia” (Mc 1,15). Jesús no dio una definición específica del Reino de Dios aunque dice que ya llega y que se está haciendo presente. Cuando Jesús hablaba del Reino de Dios, no lo entendía como un Reino estático, sino como la acción dinámica de la soberanía de Dios sobre la creación y sobre el pueblo; por eso en vez de hablar del Reino de Dios, se puede hablar de Dios reinando o del reinar de Dios.3 Ya en tiempos de Jesús se entendía el Reino de Dios en dos connotaciones esenciales: primero, el acto de reinar de Dios, y, segundo, que ese acto es “para transformar una realidad histórico-social mala e injusta, en otra buena y justa”,4 “Reino de Dios es una denominación teológica de la sociedad alternativa que Jesús propone a la humanidad”.5

¿Qué significa que Dios reine?
Ahora tratemos de aterrizar un poco más. ¿Qué significa que Dios reine? A la luz del texto de Mateo sobre las bienaventuranzas (cfr. Mt 5,1-11), texto donde Jesús sintetiza su propuesta alternativa, podemos comprender en qué consiste el deseo de Dios, es decir, su acción de reinar. El deseo de Dios consistirá entonces en acercarse a los que sufren para darles consuelo solidario, acercarse a los oprimidos para incluirlos en nuestra sociedad, tener hambre y sed de justicia y ponerla en práctica, ser misericordiosos desde la honestidad y transparencia (limpios de corazón), trabajar por la paz y asumir las consecuencias. El deseo de Dios es que se convierta también en nuestro deseo; desear que en nuestro mundo reine la paz, la fraternidad, el respeto entre nosotros y a la naturaleza, que reine la igualdad y el amor.

Como Iglesia debemos promover que Dios reine
Jesús anuncia e instaura el Reino gracias a la acción del Espíritu Santo. También la Iglesia es impulsada por el Espíritu Santo para que Dios reine, pero “Reino de Dios” e “Iglesia” no son lo mismo. El Reino está presente en la Iglesia, pero la trasciende, ya que el Espíritu de Dios no solamente actúa en ella, sino también fuera de ella, por eso la Iglesia busca ser signo y servidora del Reino.6 La Iglesia eres tú, yo, nosotros… y aunque para Jesús el Reino es iniciativa de Dios, don y gracia, esto no significa que habrá que esperarlo pasivamente, sino que todas nuestras acciones deben estar en relación a esa iniciativa de Dios para responderle con la entrega de la vida.7

Es necesario ir más allá
Hemos visto cómo en nuestra sociedad y en nuestro país, los deseos y aspiraciones están fuertemente marcados por el individualismo; las personas tienen deseos que giran en torno a sí mismas, a lo mucho su horizonte se abre a su propia familia. Tal vez hay católicos que amplían su horizonte buscando el bien, no sólo personal y familiar, sino de su comunidad creyente y de la Iglesia. Pero si somos congruentes, quien quiera compartir el deseo de Dios, tiene que abrir su horizonte más allá de la misma Iglesia, más allá del ámbito inmediato. Habrá que tener como horizonte toda la humanidad, sin importar raza, clase social, nacionalidad o religión.

Los mexicanos debemos desear…
Que en nuestra sociedad no se propague la violencia sino la paz; que no se propague la injusticia sino la justicia; que no se propague la desigualdad social sino la igualdad; que no se propague la competencia egoísta sino el compartir solidario; que no se propague la pobreza extrema sino las condiciones dignas; que no se propague la destrucción despiadada de la naturaleza sino el respeto a ella; que no se propague el consumo desenfrenado sino el consumo responsable; que no se propague la economía como valor absoluto sino la economía solidaria y el comercio justo; que no se propague la corrupción sino la verdad y la transparencia, y así podríamos dar una larga lista de deseos que sean congruentes con los valores del Evangelio.

Conclusión
Se trata de que nos dejemos impulsar por el Espíritu de Dios para que no solamente unamos nuestros deseos y éstos apunten a lo que el mismo Dios desea de nosotros, sino que estos deseos se pongan en práctica, cambien nuestras formas y estilos de vida, y finalmente podamos decir que en verdad Dios está reinando.

Notas:
1. Cfr. http://www.laleydeatraccionelsecreto.com
2. Los resultados de la encuesta están publicados en el artículo de Fernando Escalante Gonzalbo, “El mexicano ahorita: retrato de un liberal salvaje”, en revista NEXOS, núm. 405, septiembre 2011. Las empresas Lexia y Gaussc hicieron un amplio estudio sociológico de rango nacional.
3. Cfr. Carmen Bernabé, “Reino de Dios”, en Casiano Floristán y Juan José Tamayo (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Valladolid, 1993, p. 1122.
4. Jon Sobrino, Jesucristo liberador, Trotta, Madrid, 1993, pp. 100-101.
5. Juan Mateos, “Vocabulario bíblico-teológico”, en Juan Mateos y L.A. Schökel, Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid, 1987, pp. 1338-1340.
6. Cfr. Encíclica de Juan Pablo II, Redemptoris Missio (sobre la permanente validez del mandato misionero), núm. 20 (7 de diciembre de 1990).
7. Cfr. Jon Sobrino, op. cit., pp. 107-108.

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