Borges, Teorìa Cuántica y los Universos Paralelos

Casi cuatro años me demoré en completar este ensayo cuyo disparador fue la relectura del portentoso cuento «El jardín de los senderos que bifurcan» (Borges 1941) sobre el final de mi carrera de ingeniero.

La culpa no fue enteramente de Borges sino mas bien la intención de volcar en forma ordenada una serie de pensamientos o razonamientos que se van acumulando en la mente de alguien que, como en mi caso, ha tenido que lidiar profesional y permanentemente con temas tan disímiles que van desde la química a la fisicomatemática, pasando por las ciencias de la conducta y el comportamiento humano, obligado tal vez por el objetivo final de un ingeniero químico devenido en especialista en prevención de accidentes y saneamiento ambiental.

Con los años de investigación, docencia y aplicación práctica de esos conocimientos, se puede apreciar la aparición de ideas y conceptos que suelen contradecir el sentido común o nuestras ideas mas acendradas, especialmente en temas filosóficos, ontológicos y cosmológicos, derivados de nuevas teorías como las relatividades, la cuántica, etc, que nos presentan una visión casi increíble de la «realidad» y hasta la cuestionan en sus aspectos mas fundamentales.

Según lo irán viendo con el correr de la lectura, esta no es una obra con pretensiones de análisis literario de la fantasía de nuestro genial escritor, sobre lo que mucho se ha escrito y sin dudas mucho mas se escribirá, solo intento opinar fundadamente en cuanto al carácter misterioso y científicamente premonitorio de ese cuento que integra «Ficciones» y exponer también una metáfora o analogía que puede ser útil para la mayor divulgación y mejor comprensión de teorías como las relatividades y la cuántica, tan novedosas como reñidas con el sentido común.

No empleo la calificación de razonamiento metafísico o filosófico, aunque se ajustaría bien a la realidad del contexto, coincidiendo con la incomodidad que, a veces, expresa Borges en el uso de esos términos tan meritorios y solemnes, cuando el objetivo era intelectual y estético en su caso, mientras es mas bien solo de divulgación intelectual en el mío.

Discrepando con otros analistas, no pienso que sus ideas, entre otras, sobre tiempos convergentes, divergentes, paralelos que:«abarcan todas las posibilidades y que aún así solo son una visión parcial, incompleta, aunque no falsa del universo»(Borges, 1941), sean producto de la casualidad o de un hipotético accidente (Alberto G. Rojo www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v1n1/crit_06.htm.) creo sí, que tal como lo hizo en y con otros escritos, también en este cuento se refiere al mismo en forma equívoca, casi ladina, cuando dice que se trata de un cuento policial.

Borges sabía de lo que escribía en la cuarta década del siglo 20, cuando menciona a Albert (¿¡Einstein!?) atareado en sus infinitos tiempos y senderos que finalizarían con un bombardeo (¿nuclear?) a una ciudad homónima inglesa de aquellos tiempos de guerra, presagio de las intenciones nazis en una Alemania que era público y notorio como lo expresaba la prensa, se encontraba ya en las puertas del dominio del átomo.

Por supuesto no me refiero al conocimiento físico-matemático de un científico, sino al conocimiento y la fantasía que un poeta ilustrado e informado puede desarrollar al leer sobre la relatividad que proponía Einstein, el principio de incertidumbre de Heissemberg, las experiencias de Schroedinger y otros portentos teóricos que iluminaban el alba del siglo veinte.

Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que nos propone la Teoría Cuántica y la Relatividad en los pliegues de una materia que se vuelve elusiva y extraña a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo muy pequeño o lo desmesuradamente grande…, la angustia de nuestra ignorancia aunada por el infinito de los extremos.

Luego de su larga experiencia europea y habiendo leído en su lengua natal, entre muchísimos otros, a gigantes de la literatura fantástica (èl gustaba llamar así a lo que hoy los técnicos consideramos, quizás equivocadamente, «ciencia ficción») comoH. P. Lovercraft, , Olaff Stapleton, H. G. Wells, etc, etc, por no mencionar a la inmensa lista que probablemente arranca con los clásicos del pensamiento griego y sin solución de continuidad se desarrolla hasta sus contemporáneos tanto del mundo occidental como los orientales, el políglota Borges en 1941 había formado y echado a caminar el germen del meme que daría lugar a la aparición de los universos paralelos que hoy convoca el pensamiento de prominentes investigadores.

Hubo de transcurrir mas de una década para que la ciencia se asomara a esas enigmáticas ideas y les diera un fundamento físico-matemático con la presentación de la tesis doctoral (conocida como Many World Interpretation o M.W.I. por sus siglas en inglés) de Hugh Everett en 1957, quien abandonaría posteriormente la investigación científica y hasta la vida, decepcionado por el escaso interés y el escepticismo que mostraron inicialmente sus colegas por sus arriesgadas especulaciones científicas.

Realmente impacta y emociona que ahora pensadores de la talla de un Stephen Hawking, Martín Rees, David Deutsch, Francis Crick, y cientos de otros de similar reconocimiento intelectual, a pesar del escándalo que producen estas concepciones cuánticas, estén compartiendo algunas de esas opiniones y trabajando en el desarrollo de nuevos conceptos que miles de tecnólogos se afanan en concretar como flamantes «realidades» que nos maravillan día a día.

En su tiempo fueron los Giordano Bruno, Benito Espinoza (Baruch de Spinoza), Galileo Galilei y otros osados pensadores quienes desafiaron el Dogma establecido con sus ideas revolucionarias sobre mundos redondos flotando en un espacio que no eran el eje de ningún privilegio celestial y pagaron con su libertad, su salud y hasta su vida el derecho a exponerlas al gran público, pero otros les siguieron hasta dejarnos convencidos por la fuerza de las evidencias que apenas formamos parte de un insignificante sistema planetario que gira – quizás intrascendentemente – en un oscuro brazo de una galaxia común.

Muchos tiranos se empeñaron porfiada, sistemática y reiteradamente en silenciar estos odiosos razonamientos denigrantes de sagradas ideas milenarias, pero fue tan inútil todo derramamiento de sangre como tapar el sol con un harnero, así son las cosas y así evolucionan nuestras creencias, nuestro conocimiento, a veces con alegrías, a veces con decepciones.

¿Qué decir de la velocidad de computo de los últimos ordenadores, aparatos que prácticamente no existían en nuestra época del secundario, cuando nos ensuciábamos los dedos en engorrosos «esténciles» para obtener copias que hoy nos brindan por miles las fotocopiadoras? Y ¿en que quedó aquella orgullosa afirmación que decía que jamás un engendro artificial iba a derrotar a un campeón de ajedrez en su juego?.

Hace poco mas de cien años la humanidad apenas despegaba del suelo en esperpénticos y frágiles aparatos, mientras hoy negociamos acuerdos internacionales en la nueva frontera que nos propone la estación espacial.

Podríamos mencionar en esta línea una interminable lista de las nuevas «realidades» que la tecnología concretó lo que en su momento parecían meras fantasías o ideas aberrantes sobre la naturaleza de las cosas.

Hologramas, fractales, atractores, microscopios de efecto túnel, tomógrafos, resonancia magnética, nanotecnología, teleportación, etc, son solo algunos de los nuevos conceptos y dispositivos – «realidades» hoy al fin – que están a disposición cotidiana para mejorar la calidad de vida de nuestros contemporáneos.

Pero no es mi intención en este ensayo detenerme en la descripción de una contundente lista que muestra la evolución de la inteligencia humana, sí pretendo en cambio, de la mano del fabuloso escritor y apoyándome también en los hombros de los genios que lo inspiraron, exponer a la consideración del lector un argumento sencillo del mecanismo (¿cuántico?) que la naturaleza emplea en la conformación de lo que definimos como «realidad», para acceder con ayuda de dos metáforas (o mas bien una prototeoría y una metáfora o analogía de fácil comprensión): el «Todo» y el «Sintonizador», a una nueva versión de la relación objeto-sujeto que permita entender mejor el mundo que nos rodea, fundamentar la posibilidad de las «realidades múltiples» y superar viejas antinómias del tipo: Idealismo vs. Materialismo, Dualismo vs. Monismo, etc, que han enfrentado el pensamiento racional durante más años de lo deseable.

Términos como: mecánica cuántica, decoherencia, antimateria, propiedades emergentes, teletransportación, etc, etc, nos intimidan injustificadamente con su complejidad, por falta de una explicación clara y sencilla que permita un acercamiento conceptual a los mismos, y a pesar que algunas de estas ideas revolucionarias están cerca de ser centenarias, la inmensa mayoría de la población no accede a sus increíbles implicancias y aun así tampoco son muchos los intentos de hacer mas fáciles y comprensibles estos conceptos.

Quizás dos, entre tantas, de las mas increíbles conclusiones a las que nos permite acceder la Teoría Cuántica son, en primer término: la revolucionaria idea de que la «realidad» del mundo exterior – el medio ambiente que nos rodea – que sentimos, observamos o medimos en la vida cotidiana, no depende exclusivamente de ella misma, sino que se trata siempre y finalmente de la manifestación en el interior del sujeto– el conocimiento, la conciencia, la consciencia – de lasinteracciones directas o indirectas de algunos de los elementos que componen o reflejan la naturaleza de ese multimundo o «Todo» exterior, con nuestro cerebro – el sintonizador – y, en segunda instancia: que a su vez estas interacciones puedan dar lugar a múltiples experiencias (conciencia, conocimiento y consciencia) o versiones de la «realidad» cotidiana, conformando lo que se conoce como la teoría de los «universos paralelos» (mencionada por sus siglas en inglés como MWI ó múltiple worlds interpretation).

Desde este nuevo enfoque o punto de vista que nos propone la Teoría Cuántica, la vieja y venerable pretensión humana de conocer la «esencia » o el «ser » de las cosas, o la cosa «en sí», es simplemente una quimera, ya que para que algo «sea», «exista» o se incorpore a nuestra «realidad», es necesario que esa cosa o sus elementos constitutivos interactúen – se manifiesten – directa o indirectamente con nuestros sentidoscondición que no se cumple en ninguna de las expresiones mencionadas, ya que éstas se refieren específica y enfáticamente a lo interior y propio de la cosa, constituyendo en todo caso una de las tantas trampas o paradojas que nos depara nuestra forma de expresión.

Algo así como jugar con ciertas frases que nos asombraban en las clases de Lógica; recuerdo aquella que decía:

«esta frase es falsa»,

que si en realidad es cierta representa un contrasentido ya que si realmente es falsa es verdadera.

Digo entonces que solo conocemos el resultado de las interaccionesdirectas o indirectas de las diferentes señales provenientes de las cosas externas con nuestro cerebro, a través de los diferentes sentidos y posterior procesamiento de estas señales codificadas (información), por las distintas funciones de nuestro organismo, no todas conscientes

De allí las dificultades con que se enfrentaban, hasta ahora, quienes querían definir la naturaleza última de la «realidad» ya que cualquiera sea el método utilizado para detectarla, se trata siempre deinteracciones que no solo dependen de los elementos locales – losobjetos – que interactúan, sino también del contexto en que lo hacen y las particularidades del sistema de observación y juzgamiento del sujeto.

Dicho de otra forma: para que algo «exista», es decir que haya unobjeto o cosa, es necesario que haya una interacción del mismocon otro elemento o cosa que actuará como sujeto y/o viceversa; de no ser así estaremos en presencia de lo que definimos como: lanada.

Es justamente la Teoría Cuántica con su principio de incertidumbre (o indeterminación), su ecuación de probabilidades de ondas, el colapso de la función de onda, etc., etc, la estructura o herramienta intelectual que nos permite especular con la posibilidad de que existan diferentes «realidades» en la naturaleza – el Todo – que se manifiestan solo según las características de las particulares interacciones entre elobjeto del medio ambiente exterior y el sujeto (en este caso, nuestro cerebro o sintonizador) en cada experiencia o suceso particular y eso por solo hablar de los niveles recientemente conocidos deinteracciones.

Cuando digo «niveles recientemente conocidos» me estoy refiriendo a los niveles cuánticos o subatómicos que fueron puestos al descubierto y se comenzó a investigar y trabajar con ellos _ es decir entraron a formar parte de la «realidad», nuestra «realidad» – recién en el pasado siglo XX.

Estamos hablando de electrones, protones, neutrones, fotones, positrones, etc y los mas elementales aún quarks, neutrinos, gluones, etc, etc, algunos de los cuales pertenecen mas al mundo teórico que al práctico y otros como los gravitones, las cuerdas, las branas, etc, mas cercanas todavía al nivel especulativo o la esperanza, que a la «realidad» concreta.

Resumiendo, la intención es poner al alcance de quién tenga inquietudes sobre su rol en esta aventura abierta que nos propone la vida, una explicación de una de las tantas funciones que cumple el cerebro, en particular el cerebro humano y que creo es semejante a la de un sintonizador como mecanismo detector y creador de «realidad» mediante la conciencia y consciencia, empleando esta didáctica metáfora con argumentos que apelan a elementos conocidos por todos, coherentes y compatibles también con los pensamientos que el genial escritor nos brindara desde el deleite intelectual de su prosa y poesía, en concordancia documentada con los últimos avances del conocimiento humano.

Sin despreciar otras explicaciones, pienso que el funcionamiento del cerebro humano puede asemejarse – reitero, solo a modo de parábola o metáfora explicativa de una de las varias funciones del cerebro – al funcionamiento de un sintonizador de radio o de TV, con la diferencia de que en lugar de producir sonidos o imágenes, en este caso se producen ideas, abstracciones, conciencia, conocimientos yconsciencia. Empleando entonces esta semejanza en forma similar a como el término metafórico «Big-Bang» pudo expresar con tanto éxito (aunque solo sea una ligera aproximación ) la explosión primigenia de nuestro universo.

La idea o metáfora de pensar el cerebro como una máquina no es nueva ya que es empleada consciente o inconscientemente por la inmensa mayoría de los científicos que trabajan en las neurociencias y la medicina en general, lo que sí puede tener cierto sentido de novedad es la idea de asimilar el funcionamiento del sistema sensitivo/operativo de un cerebro – en tanto detector/elaborador de la «realidad» – a la función de una máquina especifica: un sintonizador y solo he encontrado una sola referencia similar a esta figura o metáfora, en el caso del ya extinto y conocido químico suizo, el Dr Albert Hofmann, inventor del injustamente maltratado ácido lisérgico (LSD), que en su libro«Mundo interior, mundo exterior», páginas 33 a 44 (Humanics New Age; 1989, ) nos habla del cerebro actuando como un sintonizador de la realidad, que produce conciencia y consciencia…, marcando y remarcando una diferencia que no es menor: el cerebro es un organo vivo que nace, crece, declina y muere en cada individuo según las pautas evolutivas de cada especie y que puede ser modificado en su morfología, capacidades y otras características propias, por su propio funcionamiento.

En los últimos años otros intelectuales o pensadores de la consciencia han arriesgado explicaciones o metáforas cercanas alsintonizador, como es el caso del arquitecto sueco Jan Holmgren (The Detector Aproach, http://home.swipnet.se/) o el profesor de filosofía en la Universidad de Oulu, Finlandia, Timo Jarvilehto, quienes, entre otros, en el interesante: «Kart Jaspers Forum» (http://www.kjf.ca/22-R5HOL.htm), han presentado diferentes aproximaciones similares a esta metáfora que ellos denominandetector o detectismo.

Parafraseando el léxico jurídico, podríamos decir que trataré de usar en la defensa de estas metáforas y en la justificación de cada concepto empleado, aquellos argumentos o explicaciones que constituyen: las «evidencias fácticas», «pruebas» o «indicios» mas consensuados entre los investigadores científicos actuales y con la no menos importante consideración o aclaración que todo este conjunto de opiniones son coincidentes en que nuestros conocimientos científicos de hoy día están lejos de constituir una certeza en términos absolutos y seguramente serán modificados, ampliados y quizá mejorados en los tiempos por venir.

Memes, ideas y conceptos acendrados como el tiempo y el espacio, tan íntimos y naturales a nuestros pensamientos y experiencia diaria, han sufrido tanto el embate de nuevos razonamientos y teorías, que poco queda ya de la certeza del sentido común primario, fruto de la dimensionalidad (macrocotidianidad) en que pasamos normalmente nuestra existencia y a la cual nos hemos acostumbrado, aunque no resignado.

Encontramos así que explicaciones relativamente recientes – no mucho mas de una centuria – sobre la estructura del átomo como algo similar a un pequeño sistema planetario en miniatura según nos enseñaban pocas décadas atrás, o sobre los orígenes y destino de nuestro universo, como el «Big Bang» y el Big Crunch», están siendo cuestionadas dramáticamente, planteando insospechadas consecuencias.

Pretendo entonces resaltar los fundamentos argumentales tanto de la prototeoría del «Todo», como la metáfora del «sintonizador»,empleando la menor fraseología y formulación técnica posible, a fin de lograr el objetivo mayor de acercar los contraintuitivos y casi escandalosos conceptos relativistas y cuánticos a la población instruida en general, aún sin una formación fisico/matemática en particular.

No se me escapa que un razonamiento como el que presento en este ensayo puede ser tildado de «reduccionista» por quienes están mas cerca de filosofías dualistas o animistas del tipo «Deux in machina», al interpretar que quiero explicar el comportamiento humano o la formación de su consciencia, «solo» en base al accionar de las fuerzas elementales de la naturaleza que mejor conocen las ciencias duras. Me adelanto entonces, y lo reitero después en el desarrollo del ensayo, que la metáfora del cerebro como un «sintonizador» odetector/creador de «realidad» es solo eso: una metáfora o analogía que busca explicar con un ejemplo electromecánico bastante simple, conocido e ilustrativo, la relación o interacción, descripta a nivel cuántico, entre el mundo o medio ambiente que nos rodea y nuestro Sistema Nervioso Central – en particular nuestros diferentes sentidos – conformando o «emergiendo» entonces una sola representación mental (en un primer paso la conciencia animal básica que compartimos, con diferentes matices, con todos los demás seres vivos y en una segunda etapa la consciencia,prácticamente exclusiva de los humanos) o «realidad» de cada individuo en su particular universo, entre las muchas – ¿infinitas? – posibles que costituyen el «Todo», logrando con otros sectores y mecanismos del cerebro el procesamiento posterior de la información así captada, para la reconfiguración de su propia estructura y entre otras cosas elaboración de acciones/comportamientos eferentes, creación de memorias, nuevas perspectivas/expectativas, etc.

La extremada complejidad del ser humano (recomiendo enfáticamente la lectura de D. R. Hofstadter, en su maravillosa obra: «Escher, Godel y Bach, un grácil y eterno bucle») impide llevar la metáfora mas allá de esos primeros pasos o interacciones propuestas y menos suponer que el complejo comportamiento humano pueda explicarse solo por esos primeros niveles de interacción elemental. Cerca de quince mil millones de años – por solo mencionar el período conocido o pretendidamente conocido de la evolución de nuestro universo – ponen su sello en cada versión genética que nos toca en suerte y las posteriores e infinitas interacciones con el medio ambiente, con su acopio permanente y constante de nuevas «propiedades emergentes» a cada nivel de interacción, vuelven ilusoria esa pretensión.

Conviene distinguir entonces diferentes mecanismos o etapas – metáforas al fin – que actúan en los procesos que permiten al ser humano adulto, sano, despierto y atento comportarse como tal:

1 – Interacción medio ambiente con el sistema sensorial que permite ingresar información al organismo (cerebro/sintonizador; 1º etapa).

2 – Transmisión de la información a diferentes centros de procesamiento, mediante diferencias de potencial electroquímicos en conductos biológicos (nervios, neuronas, sinapsis, etc.) con diferentes aperturas y cierres de distintos tipos de circuitos: en serie, en paralelo y hasta holográficos (cerebro/sintonizador; 2ª etepa)

3 – Procesamiento de la nueva información ingresante en diferentes centros u órganos (amígdalas, hipocampo, cortex, etc, etc.) que configura y reconfigura la estructura neural original (hardware y software) de los propios órganos del cerebro, generando distintos compuestos (neurotransmisores, hormonas, enzimas, etc.) que dan lugar a memorias, expectativas, acciones eferentes y otras manifestaciones como la conciencia en todos los animales. Siguiendo con la metáfora fisicomecánica, esta tercer etapa correspondería a lo que podemos considerar la transducción o transformación de las señales codificadas (información) captada y transmitida por el cerebro/sintonizador mediante potenciales eléctricos y químicos, en nuevos elementos o estructuras electroquímicas (los neurotransmisores, hormonas, etc.) con información equivalente pero expresada en una forma diferente (emergente). (cerebro/sintonizador; 3ª etapa, que se solapa con funciones de otro tipo de mecanismo fisicomecáníco o metáfora como es el caso de los procesadores, computadores, o UPC).

4 – Parte de la información que forma así la conciencia animal (o conocimiento inconsciente), es enviada o se transmite en cuestión de milisegundos (200/250/350 ms) a diferentes partes del cuerpo, regulando distintas funciones orgánicas como por ejemplo el equilibrio térmico, la preparación para el esfuerzo, la salivación, el ritmo cardíaco, la atracción sexual, acciones motoras, etc, etc. y también entre otros destinos se comunica con sectores de los lóbulos frontales del cerebro, dando lugar a lo que conocemos comoconsciencia y quizá el libre albedrío, atributos reconocidos como casi exclusivamente humanos, según se puede apreciar en interesantes páginas como: www.colmed5.org.ar/Noticias/albedrio.htm y también en: melendi23.spaces.live.com/blog/cns!3085CA4CEA6D044A!1862.entry, donde se muestran los experimentos que realizaron científicos de primera línea como el director del instituto alemán Max Plank para la investigación cerebral, Dr. Wolf Singer (1943, ) o el fisiólogo norteamericano Benjamín Libet (1916, ), midiendo estos tiempos de interconexión cerebral.

Queda claro entonces que no pretendo explicar el comportamiento humano como exclusivo producto de las interacciones entre partículas subatómicas conocidas, sino en todo caso observar y destacar que este nivel de relaciones es el mas elemental que permiten los conocimientos actuales de la humanidad y que dejan abierta la sospecha de:

a) la existencia de una «realidad» mas profunda de la naturaleza, a la cual aún no hemos accedido, y

b) una creciente complejidad evolutiva en las interacciones nivel por nivel (átomos, moléculas, células, etc, etc.) con propiedades novedosas (emergentes) en cada uno de ellos, e imprevisibles según los datos y conocimientos disponibles en el nivel anterior.

En síntesis, espero aportar un mecanismo de explicación metafórica de cómo surge la conciencia y el conocimiento en los seres vivos, así como finalmente también la consciencia en los humanos, producto de interacciones que se presentan en este, nuestro universo, como parte de una naturaleza mayor – el «Todo» – a la que vamos conociendo a medida que evolutivamente interactuamos con ella.

No aventuro juicios sobre finalidades o teleologías desconocidas y menos sobre comportamientos de individuos tan complejos como somos los seres humanos, solo pretendo llamar la atención sobre el hecho irrefutable de que el actual alcance de nuestros conocimientos, no presentan otros mecanismos ontológicos que justifiquen fanatismos de ninguna clase y sí, en cambio, una mayor humildad.

Creo firmemente y así lo expongo en el ensayo, que muy difícilmente la ciencia nos dé todas las respuestas sobre la naturaleza de las cosas, la «realidad» y nuestra relación con ella, pero tengo la esperanza que la evolución nos lleve por ese interesante camino, en tanto mantenga el valor de la duda como elemento generador de impensadas y justificadas emergencias y evite el paralizante estigma del dogma.

En la compilación del texto he intentado mantener un desarrollo cronológico de cómo surgen en los humanos las crecientes facultades cognitivas, hasta la aparición de la consciencia como fenómeno emergente inédito en nuestro universo conocido.

Así en el Capítulo I se menciona a vuelo de pájaro un resumen de la historia evolutiva de la humanidad, de acuerdo a como es mayoritariamente aceptada por la comunidad científica en general, mas allá y generalmente en contradicción con los formalismos o dogmas religiosos que alientan las creencias que profesa la porción mayoritaria de la población. Por supuesto esta situación genera peligrosas tensiones sobre las que me expreso sobre el final del capítulo, tratando de caracterizar las diferentes formas de comprender y explicar «la realidad»: el pensamiento y sentimiento religioso versus el razonamiento científico.

Insoslayable en el comienzo del ensayo, paso en el Capítulo II a describir una introducción de lo que se conoce como Teoría o Física cuántica, destacando aquellas características que la hacen tan peculiar y diferente respecto a la experiencia cotidiana.

Siguiendo el orden cronológico, en el Capítulo III intento aclarar algunas deformaciones sobre el «Big Bang» y cuestiono que este sea el origen de todo lo que existe, de la naturaleza total, el «Todo».

En el Capitulo IV presento y argumento la prototeoría del «Todo» y la metáfora del «Sintonizador», como única y congruente explicación de la relación entre el ser humano y la naturaleza, incorporando a la misma algunos conceptos y principios cuánticos.

En el Capítulo V describo como surge la «realidad» que percibimos,a partir de la interacción entre el «Todo» y el «Sintonizador» (el cerebro), que genera conciencia, conocimiento y consciencia.

En el Capítulo VI defino, solo a los fines de este ensayo, las diferencias entre los términos conciencia consciencia, lo que me permite evitar la confusión de su empleo como sinónimos.

Similar tarea, pero en sentido inverso, realizo en el Capítulo VII entre las cosas concretas y las abstractas, términos que al modo que lo expresaba el premio Nobel en matemáticas Illa Prigogine en su libro: «¿Tan solo una ilusión?», pueden llegar a fundirse en la realidad cuántica.

Lo anterior justifica lo propuesto en el Capítulo VIII, sobre una nueva definición de la «realidad», a la luz de los conceptos cuánticos ya mencionados.

Todo el desarrollo explicativo del ensayo se enmarca en un proceso evolutivo de neto corte darwiniano y en el Capítulo IX, muestro un cuadro con estas características, válido para toda la historia del universo conocido.

Evidentemente la aceptación de lo anterior implica un cambio de paradigmas respecto a las explicaciones tradicionales, especialmente el rol del sujeto y el objeto en la «realidad» cotidiana. Esto se expresa en el Capítulo X.

En el Capítulo XI presento las propiedades «emergentes» como explicación del proceso evolutivo natural que se produce por lasinteracciones en nuestro universo conocido.

En el Capítulo XII explicíto el término interacción y sus alcances, partiendo de aquellas mas elementales y cercanas al corazón de las ciencias duras: el electromagnetismo, la gravedad y las dos fuerzas nucleares, hasta las últimas manifestaciones mas complejas que relacionan al ser humano y sus culturas.

En el Capítulo XIII pregunto y me pregunto por la razón que el universo es tan redundante, ¿Por qué una gota de agua contiene trillones de moléculas igualitas unas de otras?

Siguiendo el criterio que Steven Pinker expone en su libro: «La tabla rasa», en el Capítulo XIV pergeño una explicación de cómo se forma ontológica y filogenéticamente la conciencia y la consciencia individual.

Según los razonamientos que van desde la fantasía o ficción de J.L.Borges, pasando por Hugs Everett hasta David Deutsch en su libro: «La fábrica de la realidad», en el Capitulo XV llegamos a la especulación concreta de los «Universos Paralelos» y sus intrigantes consecuencias.

En el Capítulo XVI vinculo la consciencia y la Teoría Cuántica mediante el mecanismo cuántico conocido como decoherencia o colapso de la función de onda.

Nuestra existencia, nuestra consciencia de la «realidad» solo y siempre se da en tiempo real, en el ahora que propongo acompañado en el asombro por el maestro J.L.Borges en el Capítulo XVII.

Casi como corolario de lo expuesto, en especial todo lo referente a la consciencia y el «libre albedrío» en el Capítulo XVIII cabe preguntarnos : ¿Qué o Quienes somos?

Finalmente concluyo el ensayo con un esperanzado panorama que describo como «Perspectivas» en el Capítulo XIX.

Capítulo III

Latidos de eternidad

(criticando el Big- Bang como único comienzo posible)

En cosmología – la ciencia o conjunto de ciencias que estudia las leyes generales que rigen el mundo físico del universo considerado como una unidad -, cuando los científicos se refieren al origen del mismo empleando la ilustrativa y conocida metáfora del «Big Bang» en lo que hoy se acepta como «Modelo Estándar» explicativo de la realidad y su estructura, se suele emplear con frecuencia un argumento que suena algo así como: «…..Retrocediendo en el tiempomás allá de esa singularidad, cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio tiempo, y con el espacio tiempo vinieron las cosas…». , etc, etc.

La mayoría de las explicaciones al uso nos sugieren que nada había antes del Big Bang o «Gran explosión», ni tiempo ni espacio, que estas dimensiones se crean en ese momento inicial a partir de lanada absoluta; así nos lo explica entre otros, Peter W. Atkins, conocido profesor de químicafísica en la universidad de Oxford, miembro de la junta de gobierno del Lincoln College y autor del best-seller: «La Creación», que en el capítulo 5 (página 117, Biblioteca Científica Salvat, Ed. Salvat Editores S. A.) nos dice:

«…..Retrocedamos ahora en el tiempo más allá del momento de la creación, a cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio tiempo, y con el espacio tiempo vinieron las cosas.

Andando el tiempo apareció también el conocimiento; y el universo, que en un principio no existía, se hizo consciente.

Ahora bien, en el tiempo anterior al tiempo no hay sino extrema simplicidad.

En realidad no hay nada; pero, para comprender la naturaleza de esa nada, la mente necesita alguna clase de apoyatura. Esto quiere decir que hemos de pensar al menos por el momento, sobre algo. Así pues, no más que por el momento, pensaremos en casi nada.

Intentaremos pensar no en el espacio-tiempo en si mismo, sino en el espacio-tiempo antes de ser espacio-tiempo. Aunque no puedo precisar con exactitud lo que esto significa, trataré de indicar como se puede empezar a encararlo. El punto importante a tener en cuenta es que es posible concebir un espacio-tiempo carente de estructura, y que es posible, tras alguna reflexión, formarse una imagen mental de ese estado geométricamente amorfo.

Imaginemos que las entidades que están a punto de estructurarse en el espacio-tiempo y, mas tarde, en elementos y elefantes, son como un polvo sin estructura. Ahora bien en el tiempo de que hablamos no hay espacio-tiempo alguno, sino tan solo polvo del que se ha de formar el espacio-tiempo. La ausencia de espacio-tiempo, la ausencia de geometría, solo significa que no se puede decir que tal punto está cerca o lejos de tal otro; ni se puede decir que esto precede o sigue a eso. En esas circunstancias se da un estado amorfo absoluto. Mas tarde tendremos que barrer hasta el polvo; pero ésta, como todas las simplificidades , se cuidará de si misma….»

Otros importantes pensadores al igual que Atkins, arrancan el comienzo del universo conocido, a partir de un fenómeno singular que vulgarmente se conoce como «Big- Bang», previo al cual no se reconoce la existencia del tiempo ó el espacio, como si todo empezara de cero en ese supuesto inicio de toda historia.

Desde mi punto de vista, el evento conocido como «Big Bang» es solo – nada mas y nada menos – aquel punto ó singularidad temporespacial hasta el cual podemos extrapolar con cierta racionalidad hacia el pasado, (en realidad hasta el instante de 10 a la menos 43 segundos, aproximadamente 10 septillonésima parte de un segundo, tiempo de Planck) posterior a ese inicio, la aplicación de nuestros conocimientos actuales sobre las leyes naturales, el comportamiento y los movimientos de materia y energía observados en el cosmos, en particular frente a la expansión de los astros confirmada por el astrónomo Hubble en 1929 y el coherente proceso evolutivo registrado en todas las diferentes manifestaciones del universo, desde el magma o plasma primigenio pasando por átomos y moléculas, hasta los monos, las pulgas, el hombre y las galaxias.

Hoy por hoy se supone un relativo, precario y casi seguramente transitorio consenso entre los científicos, respecto a que el «Big Bang» es la situación o momento límite o singularidad temporespacial, previo a la cual nada se puede aseverar a ciencia cierta, ni sobre el tiempo ni sobre el espacio, lo que es algo muy diferente a tener que aceptar que antes del «Big Bang» nada existía o que nuestro universo surgió de la nada, como un milagro inesperado.

Al modo en que en su momento se pensaba que las supernovas o los agujeros negros eran acontecimientos o fenómenos extraños en el cosmos y hasta se dudaba de su existencia, hoy se sabe que se trata de sucesos que ocurren en infinidad de lugares en la inmensidad de todo el universo y también hay especulaciones científicas que nos hablan de numerosos «Bigs Bangs» de todos los tamaños, que suceden en la relativa infinitud del espacio, tal cual lo afirman Sean Carroll, profesor asistente de física en la Universidad de Chicago, junto a la estudiante graduada de la misma universidad Jennifer Chen (1), generando nuevos y particulares universos a partir de las crisis gravitacionales en las entrañas de los temibles agujeros negros a través – quizás – de tan insondables como desconocidos, por el momento, agujeros de gusano.

También y desde diferentes disciplinas otros autores coinciden con estos flamantes criterios; así en su libro: «El Infinito en la palma de la mano», Matthieu Ricard, monje budista de origen francés con formación científica en biología y Trinh Xuan Thuan, astrofísico de origen vietnamita (Editorial Urano; 2001; pag.37), nos dicen:

«La noción de comienzo es, sin duda, una preocupación esencial de todas las religiones y de la ciencia. La teoría del Big Bang, según la cual el universo fue creado hace aproximadamente quince mil millones de años, simultáneamente con el tiempo y el espacio, es la que mejor explica el universo observado. El budismo aborda este problema de una manera muy diferente. Se pregunta, en efecto, si es realmente necesario que exista un comienzo y se interroga sobre la realidad de lo que de esta manera habría cobrado existencia.

El Big Bang de la física, ¿es una explosión primordial o el comienzo de un determinado ciclo en una sucesión sin principio ni final de un número incalculable de universos?

¿Nos permiten nuestros conceptos habituales entender la noción de origen, o de ausencia de origen?

¿Acaso esta noción no refleja nuestra tendencia a cosificar los fenómenos, es decir, a considerarlos cosas dotadas de realidad intrínseca»…

Siguiendo el orden de estos razonamientos o dudas y coherentemente con lo expuesto anteriormente, creo que se puede definir «la nada» como la carencia o ausencia absoluta de elementos que puedan interactuar directa o indirectamente con elementos sensibles de nuestro intelecto (nuestro cerebro, el sintonizador), en una determinada y acotada región tanto del espacio como del tiempo.

Dada la importancia de definir lo mas correctamente posible nuestra particular interpretación de esta «nada» temporespacial – sobre la que se han escrito inimaginables y diferentes acepciones – permítaseme reiterar e insistir en que no se trata de algo que está vacío de contenido, que no contiene nada, sino mas bien se trata de un punto o lugar del espacio/tiempo cuyos elementos constitutivos no interaccionaron ni interaccionan a la fecha con nuestros sentidos ni con nuestros instrumentos, por lo que no forman parte alguna de nuestra «realidad», la realidad de la versión del universo a la que Ud. y yo pertenecemos y consecuentemente no participan en nuestros razonamientos y conocimiento actual/circunstancial.

Por supuesto se trata siempre de algo transitorio y preñado de potencialidades, en la medida que evoluciona nuestro cerebro/sintonizador.

Seguramente en otros lugares o «realidades» – si se pudiera decir algo así – del multiuniverso, del «Todo», esta interacción es un hecho.

Por ejemplo veamos lo que ocurrió con las radiaciones electromagnéticas, que recién fueron conocidas y reconocidas – siempre en nuestra versión – como tales, a partir de su descubrimiento y aplicación alrededor del siglo XVIII y sin embargo estas radiaciones siempre estuvieron allí, como lo están hoy, rodeándonos y en algunos casos atravesándonos por todos lados, pero no teníamos la capacidad de elaborar conciencia, consciencia, conocimiento ni reconocimiento de ellas, a excepción, claro está, de la pequeña banda de radiaciones correspondiente al espectro o luz visible.

Obsérvese que el paulatino descubrimiento, comprensión y aplicación de las radiaciones electromagnéticas (ondas de radio, rayos X, infrarrojas, ultravioletas, ionizantes, radar, etc., etc.,) a partir del siglo XIX, implica no solo el procesamiento mental de conceptos, razonamientos o elucubraciones no existentes hasta ese momento, sino también la incorporación a la «realidad» de elementos físicos como los electrones, los neutrones, y otras cosas nuevas tan concretas como anteriormente lo habían sido la materia, la energía, los tigres diente de sable, etc. y si se observa cuidadosamente hasta podemos detectar las sospechas que tenían previamente los pensadores de aquella época, sobre que el vacío o la nada espacial de esos tiempos contenía un o unos elusivos componentes que denominaban genéricamente «eter»; algo similar nos ocurre en la actualidad con lo que denominamos la nada del vacío cuántico, quizá repleta de elementos subnucleares o sub subnucleares que desconocemos.

Nuestras actuales sospechas apuntan a una nueva aunque enigmática clase de materia/energia que llamamos también genéricamente: oscura… está por allí, escondida en la inmensidad del «Todo», pero no hemos conseguido hasta el momento interactuarcon ella; nuestro «cerebro/Sintonizador» – al menos el de prominentes pensadores – lo está intentando.

Este proceso de adquisición y ampliación de la «realidad» circundante, ocurrió y ocurre permanente desde los comienzos de nuestra historia conocida – cuando se formó la relación objeto/sujeto en la naturaleza de nuestro particular universo – conformando laconciencia en los seres vivos, hasta la consciencia en los homínidos y humanos, siempre como consecuencia de nuevasinteracciones entre el cerebro – el «sintonizador» de la «realidad» – y el medio ambiente o naturaleza circundante (el «Todo» exterior a nosotros).

Entonces y mas allá de una posible interpretación religiosa, cuando hablamos de la nada como posible situación previa al «Big Bang» evidentemente estamos en presencia de una simple declaración de ignorancia o de un error, una explicación equivocada y habrá que pensar en una nueva concepción de lo que es la nada tal como propongo mas arriba, ya que por definición, la «nada» tradicional nada contiene, ni tiempo ni espacio ni siquiera polvo de ninguna clase.

Aún las fluctuaciones cuánticas requieren que algo fluctúe, sean partículas reales o virtuales, mas allá de cualquier juego de palabras o sea debemos admitir la existencia de algún tipo de elemento o material – desconocido hasta el momento – previo, a lo que consideramos el inicio – «BigBang» – de nuestro universo.

Racionalmente entonces y solo para usar lo que algunos consideramos el mejor método que tenemos los seres humanos para interpretar las cosas de la «realidad» mediante argumentos fundamentados en la razón lógica y corroborados por los datos empíricos de la experiencia, parece haber únicamente tres estados o situaciones posibles, antes o previas al momento del hipotético origen de este, nuestro conocido universo o particular «Big Bang»:

– La estéril y contradictoria nada sobre la que ya hemos dado suficientes argumentos lógicos para descartar como generadora de «realidad» alguna.

– Que exista solamente algo, lo que parecería incompleto y no encuentro un argumento lógico que lo sustente, a menos de aceptar la validez de una metáfora como el «sintonizador», que se describe mas adelante, conformando lo que conocemos como «realidad» o sea la fracción que vamos conociendo paulatina, evolutiva y continuamente del «Todo«.

– Finalmente nos queda la alternativa del «Todo», tanto lo que podamos como lo que no podamos imaginar hoy en día, que no parece tener contradicciones lógicas y también encuentra justificación en el marco de la metáfora del «sintonizador» que la acompaña y complementa desde la perspectiva de la conciencia humana o consciencia.

Por mi parte y ajustándome a la coherencia explicativa que pretendo sostener, encuentro mas lógico, factible, sencillo, razonable y útil, creer o pensar que nuestro universo nació, emergió, como parte oalgo (¿un ciclo?) de un «Todo« – original, previo y permanente, constituido por la totalidad de los elementos básicos o elementales de la naturaleza -, que por el momento se encuentra, en su mayor parte, «mas allá« de nuestra sensibilidad y posibilidad de comprensión actual, pero no de un cierto grado de argumentación fundamentada.

De las particulares, nuevas (aunque no necesariamente únicas o inéditas) y diferentes relaciones – interacciones – entre algunos componentes de ese «Todo» permanente, nacieron y nacen, emergieron y emergen -, en cada singularidad espaciotemporal conocida como «Big Bang», distintos elementos con diferentes características que evolucionaron, y evolucionan en organismos de complejidad creciente que aprecian el tiempo y el espacio, por caso:nosotros en éste nuestro universo.

¿A que me refiero?, ¿de que está constituido ese «Todo«?, ¿por qué digo que la «realidad» que percibimos es solo una parte o fracción de ese «Todo» permanente?, trataré de explicarme.

Capítulo IV

Desarrollo de la teoría del «Todo» y la metáfora del «Sintonizador»

En primer lugar y luego de superar la básica duda cartesiana y el éxtasis que en algunos de nosotros produce el saber y comprobar que existe «algo» en lugar de «nada», – cogito ergo sum – entiendo que aún con las restricciones y limitaciones que impone el lenguaje, se debe intentar definir ciertos elementos que permitan encarar coherentemente y en consonancia con los datos que nos proporciona la experiencia fáctica, una respuesta a preguntas tales como:

¿Qué es lo que «existe»? ¿De que está compuesta la «realidad»?

Seguramente que la mayoría coincidiremos en que decir que la realidad es lo que es o que las cosas son lo que son, es una soberana tautología que no ayuda en absoluto en la tarea de comprender la naturaleza (definiendo a esta como todo lo que nos rodea, inclusive nosotros mismos y las mutuas relaciones, según las experiencias que nos propone la vida).

Probablemente también la inmensa mayoría coincidirá en que cada cosa, elemento o individuo tiene una naturaleza propia, singular, única y definida, es decir: Perón era J.D.Perón el presidente argentino de los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado, Julio César fue el emperador romano en los años 50 aC , J. F. Kennedy fue el presidente norteamericano asesinado en Dallas, Texas, un día de noviembre de 1963, Adolf Hitler fue el dictador alemán que desató la segunda guerra mundial, la mona Chita era la mona del Tarzan de Edgard Rice Bourroghs, Rin Tin Tin fue el perro generoso y justiciero que todos recordamos de la serie de TV, como así también cada uno de los numerosos homónimos o no de estos personajes y cada átomo, cosa, partícula o individuo del universo conocido, tuvo, tiene o tendrá su propia, única y particular identidad o entidad en el tiempo y en el espacio.

Bien,… según la Teoría Cuántica todo esto puede no ser enteramente cierto (o al menos constituir una sola y parcial versión de la naturaleza infinita de las cosas); veamos:

Según el principio de complementaridad (Bohr, Heisenberg),también conocido como la paradoja de la dualidad onda/partícula, los elementos subatómicos constitutivos de toda la «realidad» o materia/energía conocida, incluido nuestro cerebro, pueden ser o comportarse: ora como una partícula, ora como una onda y como si esta barbaridad fuera poco, según el principio de incertidumbre/indeterminación (Heisenberg), estos engendros multifacéticos pueden encontrarse en cualquier punto del espacio-tiempo, sin poder establecerse simultáneamente, su preciso estado de posición y movimiento.

Aceptando la validez de estos principios (y parece que la ciencia lo hace), considerando que cada elemento de la «realidad» es en última instancia el resultado de una interacción objeto/sujeto y viceversa, tal el caso de cualquier experiencia que conforme nuestra conciencia yconsciencia, tenemos inexorablemente que admitir que dicha interacción considerada puntual (o al menos discreta) en el espaciotiempo tradicional, admite ahora (a la luz de los mencionados principios cuánticos), también complementariamente, una interpretación múltiple cuánticamente indeterminada, al tomar a las partículas como ondas y será en esa consideración una multiinteracción de infinitas y diferentes consecuencias: los universos paralelos.

Para los que conocen la terminología de la mecánica ó teoría cuántica, podemos decir que la interacción de la que hablamos es directamente la observación o la medición que efectúa el sujeto sobre el objeto, produciendo en ese acto lo que se conoce como «colapso de la función de onda» o sea de los infinitos probables y superpuestos estados en que se encuentra el sistema sujeto/objeto, se concreta uno solo para esa particular experiencia que queda en la conciencia de ese singular sujeto.

Si a esta altura del razonamiento Ud. comienza a desconfiar del mismo, no se sienta mal ni crea que es el único escéptico; el propio Albert Einstein, siempre rechazó estos supuestos («Dios no juega a los dados», decía ) y hasta el día de su muerte intentó refutarlos…. infructuosamente.

La Teoría Cuántica, aunque extraña y a veces reñida con el sentido común, es la mas exitosa y abarcatíva de todos los razonamientos de la ciencia física y en y por ella se postula que es posible que no exista una sola «realidad»; pueden existir potencialmente infinitas «realidades» e identidades, tantas como elementos – ora objetos/sujetos, ora sujetos/objetos- que interaccionan.

Por caso, tratemos de ver cual es la «realidad última» de un CD o un DVD; evidentemente esta dependerá tanto del objeto en sí como del sujeto que los interprete.

Según lo informado en Internet por el Journal on line Nature,( news@nature.com) el 21 de junio de 2006 en el sitio: http://www.nature.com/news/2006/060619/full/060619-6.html , el físico Thomas Hertog del CERN (Ginebra, Sertog) junto a su célebre colega Stephen Hawking, en un intento de evitar la paradoja que significa la inadmisible pérdida de información en los agujeros negros, proponen un dramático cambio de paradigma cuando afirman ahora que: «la Mecánica Cuántica prohíbe la existencia de una historia única»,que el multiuniverso puede contener lo que se suponía la información perdida en la catástrofe gravitacional y que el universo no tuvo un único comienzo sino que pudo haberse iniciado en cualquier forma imaginable o aún inimaginable…

Borges expresa poéticamente estas dudas sobre la entidad e identidad de las cosas, el imposible retorno del tiempo y su relación con la múltiple consciencia de ser, lamentándose en el ensayo: «Nueva refutación del tiempo«, escrito en 1946 e incluido en Otras inquisiciones (1952):

«And yet, and yet… Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos.

Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg

y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso

por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro.

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;

es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;

es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.

El mundo, desgraciadamente, es real;

yo, desgraciadamente, soy Borges»

También en «El jardín de los senderos que bifurcan», Borges ya en 1941, a través de sus personajes, nos habla de sus sospechas sobre la potencial multiplicidad de la «realidad»:

«…En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones en la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts´ui Pên, todos los desenlaces ocurren…».

Mas pronto que tarde debo explicitar que en mi opinión, se puede argumentar la existencia de una naturaleza básica, permanente, que denomino: el Todo, compuesta por algo así como una clase de elemento/onda indeferenciado o dimensión primordial, tal el caso del «oscilador o resonador unidimensional» del que hablan las últimas especulaciones fisicomatemáticas (ver entre otras la página o sitio de Internet www.geocities.com/macpetrol/Ondas_y_ Partículas.html, del Ing. M. Crotti , o quizás las membranas de la trabajosa pero potencialmente prolífica «Teoría M», según Edward Witten, ganador de la medalla Fields en 1990 – equivalente al premio Nobel en matemáticas -y otros reconocidos pensadores, que no suelen perder su tiempo a tontas y a locas), del cual o con el cual, por distintos tipos de interacciones entre sí, emergen fenómenos, elementos o dimensiones diferentes, que al evolucionar – nuevas interacciones a cada nivel – dan lugar a su vez a la aparición (estuve tentado de agregar aquí la palabra «final», pero me parece exageradamente antrópico) de novedosas características, entre los cuales están aquellos individuos – por ejemplo nosotros – que tienen entre otras, propiedades autoconscientes o consciencia

A esa naturaleza básica, permanente, omnipotencial, quizás uni o multidimensional y discreta o continua según nuestra apreciación circunstancial, donde no existe propiamente una flecha del tiempo, la llamo el «Todo«; en palabras del celebrado físico americano Richard Phillip Feynman (USA 1918- 1988 )( Nobel de física 1965) : «the sum of all the stories».

Siempre la intuición de filósofos y poetas ha corrido por delante de la precisión y del conocimiento científico …y el concepto del «Todo» no es para nada una excepción, así el inmortal personaje de la tragedia shakespeariana., Hamlet, dice a su circunstancial interlocutor (acto I, escena V): «…There are more things in heaven and Earth, Horatio, / Than are dreamt of in your philosophy [science]…»,

Apenas algo mas de una docena de palabras simples, escritas allá por los primeros años del siglo XVII, para expresar lo que aún hoy, otros necesitamos varias páginas de balbuceantes argumentos…¡que envidia!

Sabemos por propia experiencia que existe al menos un universo – el nuestro – formado en la singularidad que conocemos como «Big-Bang» y que evolucionó, entre otras emergencias, hasta uno de esos tipos de fenómenos con conciencia, consciencia y conocimiento de una parte del «Todo«, que identificamos como ser humano, homo Sapiens Sapiens, hombre, en fin, nosotros, los «sintonizadores» de parte o fracción del «Todo»con la que, entre otras interesantes cosas, conformamos algo que definimos como la «realidad» y somos (quizá solo en parte) conscientes de ello.

La «realidad» que conocemos, que percibimos y aceptamos como tal, la «realidad» del universo físico, es experimentada y reconocida por nosotros a través de varios conductos: vemos algo con nuestros ojos, oímos algo con nuestros oídos, olemos algo con nuestra nariz, tocamos algo con nuestras manos o el roce de nuestra piel, y luego que estas diferentes señales, interacciones elementales o cadenas de interacciones con el mundo exterior son procesadas en alguna parte y forma por nuestro cerebro/sintonizador, decidimos que hay, conocemos, sentimos, o sabemos «algo»; en síntesis: con ese tipo de experiencias y otras similares vamos conformando la «realidad».

No hay evidencia científica alguna sobre ninguna otra clase deinteracción elemental de nuestro cerebro con el mundo que nos rodea; hablando seriamente no se ha demostrado, a pesar de lo mucho que se ha buscado, la existencia de ninguna forma de comunicación extrasensorial, telepatía, o esoterismos similares, que en caso de existir también se tratarían de interacciones.

Es decir, científicamente hablando, son solamente nuestros sentidos los que interaccionan con algunos elementos del mundo exterior o medio ambiente que nos rodea, generando determinadas señales que transmiten a nuestro cerebro; pero de la única forma que conocemos y somos conscientes de ese «algo» u objeto externo es a través del posterior procesamiento neural (o mental, si Ud. prefiere) de esas señales en el interior de nuestro cerebro/sintonizador.

Conviene reiterar y resaltar que si bien nuestros sentidos reciben desde el mundo exterior diferentes tipos de señales: ondas/fotones de luz en nuestros ojos, ondas de sonido o vibraciones del aire en nuestros oídos, vapores, gases o suspensiones aéreas de moléculas en nuestra nariz, soluciones líquidas en nuestra boca y lengua o contactos de nuestra piel con diferentes cuerpos y superficies, etc, etc, ninguna parte, «partícula» u onda de esos cuerpos, substancias, objetos, o cosas externas, ni una brizna, ni una imagen, ni un sonido o un olor, ningún átomo o molécula alguna del objeto exterior llega como tal directamente a nuestro cerebro/sintonizador solo se trata de interacciones, una cadena de interaccioneselectrobioquímicas a lo largo de los conductos de nuestro SNC, que obviamente incluyen el nivel cuántico.

Así el sonido, los olores, los sabores, los colores, etc, etc, tal y como los percibimos, no existen en el mundo exterior a nosotros, soninteracciones del medio ambiente exterior con nuestros sentidos, llamémosle percepciones y sensaciones – por ejemplo los qualia – que se concretan y reconocemos como tales en nuestro interior, en una sucesión o cadena de interacciones de tipo electrofisicobioquímicas de transmisores, diferencias de potencial, sinapsis, generación de neurotransmisores y otros muy específicos fenómenos – en última instancia todos ellos físicoquímicos -, en serie, en paralelo y quizás holograficamente, conformando nuestra conciencia y posterior consciencia, al interactuar las ondas/ partículas (ondas de presión de aire, radiaciones de materia y/o energia, distintos átomos y moléculas, etc, etc) de ese mundo o medio ambiente exterior, con los correspondientes terminales nerviosocuánticas de nuestros sentidos.

Si bien es mucho lo que han progresado las neurociencias en la comprensión de este fenómeno, todavía falta recorrer un largo camino para decir que conocemos todos los detalles de este mecanismo, pero ya no caben dudas de que la actividad neuronal y sus consecuencias tienen o admiten una explicación racional que incluye los niveles cuánticos de interacción y las consecuentes indeterminaciones, solapamientos e incertidumbres.

Hay todo un sustrato o correlato físico que se va especificando cada día mas a través de la evolución del conocimiento científico, que relaciona la actividad mental, nuestras abstracciones, pensamientos, sentimientos y sensaciones, con determinados elementos concretos del cerebro.

Como lo expresa mas espiritualmente pero con el mismo razonamiento, el ya mencionado y conocido químico suizo de Laboratorios Sandoz, Dr. Albert Hoffman (descubridor casi accidental del LSD y explorador de lo que hoy se conoce como «estados alterados de conciencia»): «……Siempre tenemos un impulso exterior, quizás químico si comemos algo, y esta química en mi interior produce un impulso que llega hasta el cerebro y mi mente dice: «dulce, dulce…». Así, toda esta conexión entre el mundo material y el espiritual sucede en nuestro cerebro, en los centros del cerebro. Hasta ahí podemos reseguir las ondas energéticas que vienen del exterior… pero ahí empieza el mundo espiritual porque, por ejemplo, el sonido no existe en el exterior, allí sólo existen vibraciones de aire, el sonido tal y como lo percibimos es espiritual, lo mismo con los sabores y las imágenes…»

Las terminales nerviosas de nuestros sentidos son las encargadas de captar (al modo que lo haría la antena de un sintonizador) y transmitir (al modo que lo harían los conductores de un sintonizador) las señales codificadas con la correspondiente información desde el objeto (el algo o parte del «todo» exterior), hasta diferentes zonas del cerebro, en forma de cadenas de procesos electrobioquímicos, llamados: impulsos nerviosos, sinapsis, potenciales químicos, electroquímicos, neurotransmisores, etc, procesos bastante bien conocidos, basados esencialmente en interacciones electromagnéticas de alguna manera parecidos o similares – potenciales químicos versus potenciales eléctricos – a como circulan las corrientes eléctricas en los conductos de los sintonizadores.

Finalmente esas señales son transportadas a distintos sectores del cerebro, que funcionando coordinada e integralmente las transforman en conciencia, memorias, conocimiento, consciencia y eventualmente distintas acciones como manifestación eferente,en modo equivalente, aunque mucho mas complejo en que las ondas electromagnéticas e invisibles del «eter» se transforman en determinadas y precisas ondas de presión de aire (sonidos de radio) u otro tipo de radiación lumínica codificada y visible (imágenes de TV) en los diferentes tipos de sintonizadores.

Nada del mundo exterior a nosotros, ni ondas ni partículas, entra o es procesado o interacciona en forma directa con nuestra mente o cerebro, solo se trata de la transmisión y procesamiento de codificadas señales electrobioquímicas específicas y bastante bien conocidas, producto de las interacciones de nuestro sistema sensorial (el sintonizador) con el mundo ó medio ambiente exterior (el algo, fracción o parte del Todo) …, de nuevo: solo una cadena deinteracciones, natural, genética y ontológicamente predeterminadas, pero expuestas también naturalmente a las por el momentoindeterminadas y superpuestas variaciones aleatorias que nos proponen las fluctuaciones cuánticas.

A tal punto ha llegado el conocimiento de las dos primeras etapas de este proceso, que ya la cibernética nos subyuga con sus posibilidades de «realidad virtual», que poco o nada tiene que ver con objetos concretos del medio ambiente exterior, sino que son simplemente señales artificiales que imitan y reemplazan al proceso natural en dichas etapas.

También en algunos centros médicos, son operaciones cotidianas los implantes cocleares donde un mazo de electrodos son conectados directamente al cerebro para remedar la audición del individuo afectado por cierto tipo de sordera y similares esfuerzos se están realizando para lograr la visión artificial o, en el sentido eferente, lograr mover objetos con el pensamiento a través de circuítos eléctricos conectados directamente o vía inalámbrica entre el cerebro y algún tipo de robot, una vez codificadas las señales motoras desde el cerebro del individuo.

En síntesis, para obtener nuestra «realidad» (ya sea esta concreta o virtual) lo único que necesitamos es recibir la correspondiente señal codificada para ser procesada en los diferentes sectores de nuestro cerebro. De estar este funcionando correctamente (sinapsis, potenciales, neurotransmisores, etc.), obtendremos conciencia de dicha experiencia como es el caso de cualquier animal, pero gracias a los lóbulos frontales exclusivos de nuestra especie, obtendremos tambièn consciencia, debido a una interacción electrobioquímica posterior y redundante con la posibilidad no solo de generar como respuesta movimientos y acciones eferentes, sino que además surgen ideas, conceptos, memes, etc. a través de interacciones neurales redundantes o los diferentes correlatos fisicoquímicos correspondientes a cada caso, que las ciencias neurobiológicas se empeñan afanosamente en descifrar por estos días.

Cabe destacar a estas alturas algo que no escapará al menos lúcido de los lectores:

¿Dónde se encuentra el contenido abstracto de la «realidad», donde se evalúan las diferentes circunstancias de las señales que ingresan?.

Si un cerebro no cuenta con experiencias anteriores, ¿de que manera evalúa como proceder a continuación?: evidentemente todo el conocimiento anterior, todo lo cultural, toda la nueva estructura neuronal conformada sobre la estructura cerebral innata (con todos sus aciertos, errores, accidentes o anomalías propias) por la experiencia cotidiana, es la base de nuestro comportamiento…ahora y siempre.

La evolución ha trazado un complejo y a veces hasta tortuoso camino que, en parte, tenemos frente a nuestros ojos; podemos elegir maravillarnos o soñar con otras cosas y explicaciones… y no creo que esté del todo mal que así sea.

Capítulo V

Formación de la conciencia, conocimiento y consciencia

Si bien todavía nadie puede aseverar a ciencia cierta en que lugar específico de nuestro cerebro/»sintonizador» se producen los fenómenos de la tercer y cuarta etapa que conocemos comoconciencia, conocimiento y consciencia, ni tampoco los mecanismos que los explicanexiste una coincidencia mayoritaria – particularmente argumentada y fundamentada en el ámbito de las neurociencias – en suponer que los mismos consisten en nuevas trayectorias o trazas neuronales que se crean con cada experiencia, se procesan, se comparan y se fijan con la reiteración de la misma en conjunción o complementariamente a las diferentes extructuras y conexiones preexistentes en el cerebro/sintonizador de cada especie, según su acervo genético y experiencia.

Un atisbo de cómo funcionan las redes neuronales en la adquisición de conocimientos, la conformación de recuerdos de corto plazo (memorias de trabajo) o recuerdos de largo plazo y los diferentes sectores del cerebro comprometidos en cada caso, podemos obtenerlo mediante la lectura del libro: «En búsqueda de la memoria», donde el premio Nobel (2004) de origen austríaco Eric Kandel, nos explica en forma sencilla el desarrollo de sus investigaciones en ese campo, que muestran el correlato entre las diferentes ciencias «duras» como química, física, etc, con la biología, la fisiología, etc, en los fenómenos cognitivos.

También como nos informa desde su mas que interesante artículo en Internet: «Representación mental y consciencia», el investigador Dr. Fernando Cardenas Parra, del Departamento de Psicobiología de la Universidad de San Pablo, Brasil:

«… Anatomía y fisiología de la representación cerebral

Millones de elementos son captados en cada instante gracias a los sistemas perceptuales que, funcionando como filtros, permiten el paso de sólo una infinitésima parte del mundo externo, la parte que a lo largo de la historia evolutiva de la vida en este planeta resultó de importancia crucial para el automantenimiento de los organismos.

Además de no corresponder a la totalidad del mundo real, este reflejo de diferentes características de la materia, es traducido por los receptores sensoriales en señales nerviosas y como tales se mantiene al interior del sistema biológico, a pesar de que luego de algún tiempo pueda ser transformado en «outputs» de naturaleza motriz, endocrina, exocrina, cognoscitiva o verbal.

Rastreando la anatomofisiología de las diferentes vías sensoriales, se llega a la determinación de un proceso de desintegración de las unidades perceptuales en sus mínimos componentes.

Inicialmente la información ambiental excita a alguna población de receptores, los cuales en su conexión con las terminaciones (o más apropiadamente iniciaciones) nerviosas, transducen tal información en actividad nerviosa en la forma de una modificación local de las acumulaciones iónicas transmembrana de Na+ y K+, modificación ésta que

avanza a lo largo del axón a velocidades entre los 20 y los 120 ms/sg, culminando en los pies terminales de la neurona con la liberación de substancias transmisoras, las cuales a su vez actúan como un nuevo estímulo para las neuronas u otras células sobre las cuales establecen contacto; este proceso, en el caso de los sistemas sensoriales (excepción hecha del sistema olfatorio), llega hasta una serie de agregados neuronales o núcleos denominados en conjunto tálamo, con una organización tan precisa que es posible determinar mapas de representación somática, visual o auditiva en los núcleos ventral posterolateral, geniculado lateral y geniculado medial, respectivamente.

Semejantes mapas del cuerpo, la retina o la cóclea, se mantienen en la corteza cerebral con idéntica precisión, una vez que los impulsos son retransmitidos desde el tálamo.

Obviamente la información no mantiene un recorrido único en serie, es decir, los impulsos nerviosos originados en determinados receptores, además de ser transmitidos hacia la corteza cerebral, son enviados hacia otros lugares (amígdala, hipocampo, colículos superiores e inferiores, formación reticular, etc.), proceso que evidencia una organización arquitectónica en paralelo, simultánea con una en serie; basada en los principios de convergencia y divergencia de la conectividad sináptica, conformando así redes o mallas de procesamiento de información.

La activación recurrente de los mismos nodos de conexión, estableceun proceso que constituye una ganancia evolutiva sin precedentes, pilar del desarrollo de los sistemas biológicos animales: la memoria; inicialmente por una simple facilitación electroquímica para el trabajo de determinadas conexiones sinápticas (memoria a corto plazo), y posteriormente como generación de nuevos contactos sinápticos, es decir, modificación física de la estructura misma (memoria a largo plazo o memoria permanente)….»

Y entre otras consideraciones, nos recomienda tomar con cuidado las siguientes:

«. Conclusiones parciales

Evidentemente la consciencia, a pesar de ser un proceso cerebral, no puede ser localizada puntualmente en ninguna región restringida, correspondiendo entonces más a un trabajo temporal de los circuitos anatómicos excitados externa e intrínsecamente; «…la anatomía como espacio y la fisiología como dinámica temporal» (Jaramillo, D., en prensa).

Uno de los puntos más impactantes que surge de lo hasta aquí presentado, hace referencia a que la modificación fisiológica (en ritmos de actividad, patrones de pulsos, o trenes de potenciales evocados en determinadas poblaciones neuronales tanto talámicas como corticales), ocasionada al interior del sistema por la estimulación recibida, es mínima; esto es, existe un telón de fondo (la actividad espontánea del sistema), sobre el cual la información recibida establece una pequeña alteración

. Rápidamente se pueden extraer al menos tres consecuencias importantes de esta afirmación:

a) mínimas variaciones de la actividad espontánea conducen a percepciones subjetivas ampliamente diferentes, con lo cual la variabilidad potencial de situaciones subjetivas diferentes es infinita, tal como lo es la variabilidad potencial de estados fisiológicos diferentes.

b) la experiencia subjetiva en cuanto tal, existe ya al interior del sistema y la información sensorial externa sólo afinaría esta experiencia, exaltando algunos rasgos y difuminando otros.

c) la diferencia entre la consciencia subjetiva experimentada por los organismos dependería únicamente de la diferenciación relativa de su organización anatomofisiológica; sin embargo la similitud de los estados subjetivos de consciencia es, en virtud de la similitud genética del diseño de los organismos pertenecientes a la misma especie, inmensa:

Esto es: nuestros mundos subjetivos son mucho más parecidos de lo que desearíamos, de ahí que podamos compartir consensos o lograr empatía (entendida como colocarse en la posición de otro.)

Relacionando los datos obtenidos por Mountcastle V., y Edelman, G., en torno a la organización funcional de la corteza cerebral en columnas corticales o módulos, con los conceptos discutidos, se hace posible introducir ciertas ideas sobre las cuales hilar los fenómenos experimental y clínicamente hallados, y con ello encontrar una mayor coherencia a las conclusiones mencionadas en el anterior párrafo….»

Tan rápido es el continuo avance de la evolución y el conocimiento del funcionamiento de nuestro cerebro , que en la misma mañana que estoy revisando el manuscrito original de este resumen, recibo, también por Internet en la página «Tendencias Sociales», la información de un artículo o comunicado de la Universidad de Chicago:

(http://wwwnews.uchicago.edu/releases)/06/060131.regier.shtml , donde se informa que estudios realizados por varios investigadores de esa Universidad y la de Berkeley, California , parecen demostrar y confirmar que el lenguaje que hablamos afecta nuestra percepción de la realidad y en particular lo que percibimos en la mitad derecha del campo de percepción. Esto que a primera vista parece algo increíble, cobra sentido cuando pensamos que el procesamiento del lenguaje se realiza preponderantemente en el hemisferio izquierdo del cerebro que como sabemos es el que recibe directamente la información del campo visual derecho.

Las pruebas experimentales realizadas muestran claros indicios de la participación del lenguaje en la interpretación de la «realidad» que ven los individuos de diferentes culturas estudiados.

Ampliando esta flamante información, digo entonces que es posible sospechar que la «realidad» que hoy conocemos puede no ser todo lo que existe, que pueden existir otros elementos del Todo (para nuestro presente: año 2007 dC) que aún no han interactuado con nuestros sentidos, quizás por no requerirlo hasta el momento nuestra rama evolutiva- al menos la versión que escribe hoy este texto: yo, y Ud. que lo está leyendo en este momento – y por lo tanto no se han incorporado a nuestro conocimiento y especulaciones actuales. Por ejemplo, hay candidatos a emerger próximamente, aunque parciales y quizás solo válidos para nuestro universo, que se han perfilado fuertemente entre los astrónomos, físicos y cosmólogos en estos últimos años, uno es la enigmática: «masa oscura», que algunos cálculos sitúan entre 4 y 5 veces la suma de toda la masa conocida (bariónica), como factor y valor necesario para que «cierren»ciertos números de lo que se conoce como «Modelo Estándar» y también la «energía (?) oscura» responsable del movimiento aparentemente acelerado con que se expande el universo conocido, que casi cuadriplica el valor de las dos masas mencionadas anteriormente.

Digo también que el hombre reconoce solo una parte del «Todo»,porque es obvio y evidente que constantemente, día a día, se agregan cosas a su «realidad», a su conciencia, su consciencia y alconocimiento general, en un proceso evolutivo que ya – casi – nadie discute a pesar de las dudas sobre su origen.

Sobre este presumido aumento permanente de nuestra capacidad de comprender la naturaleza, de «sintonizar» el «Todo», cabe – entre otras – una reflexión curiosa, enigmática o paradojal, que podemos resumir en un comentario contradictorio a primera vista:

Parecería que cuanto mas conocemos del «Todo» mas aumenta nuestra ignorancia, o expresado de otra forma: por cada respuesta que obtenemos a una pregunta, surgen varias nuevas preguntas, u otra forma extrema de expresarlo: a medida que se amplia el campo de nuestros conocimientos, nos damos cuenta que lamentablemente es mayor aún el horizonte de nuestra ignorancia…, de allí mi duda sobre lo que podemos presumir.

Algo similar, pero dicho en otra forma, a lo que expresaba el filósofo aleman Karl Popper cuando decía:

«Nuestro conocimiento es finito, nuestra ignorancia no»

Empleando una expresión de nuestro argot o lunfardo futbolero: «la evolución nos corre permanentemente el arco»… y esto realmente causa un cierto escozor.

Para mejor interpretar como funciona la conciencia, la conscienciay el conocimiento del ser humano, recurro a una figura conocida, una metáfora y propongo entonces el modelo o parábola del«sintonizador» como explicación de cómo interactúa el organismo sano, desarrollado y atento del hombre, especialmente sus sentidos, cerebro e intelecto, con el «Todo», generando conciencia, conocimiento, consciencia y eventualmente acciones eferentes.

Complementariamente y quizás como una esperanza nada desdeñable, debemos agregar que los seres humanos no acumulan pasivamente datos en su memoria. Continuamente y sin saber exactamente como o porqué, los individuos no nos conformarnos con «lo que es» o «lo que hay» que nos brinda la tarea neuronal comparativa entre la nueva información que llega y la ya existente en nuestros registros, porque no podemos captar realmente que «es» sin tratar de ir natural y a veces inconscientemente, más allá, planteando inéditas e hipotéticas alternativas que no parecerían estar siempre justificadas como plausibles cursos de acción; será algún mecanismo similar a la «selección natural» darwiniana la encargada de dirimir en cada individuo la mayor o menor factibilidad de cada una de ellas entre los infinitos universos posibles.

Podemos entonces completar el pensamiento de Popper agregando que si bien nuestro conocimiento es finito, por el momento el mismo es creciente y parece no tener límites.

Capítulo VI

Conciencia vs. Consciencia

A esta altura del razonamiento y teniendo en cuenta la confusión que existe en la mayoría de los idiomas conocidos respecto al significado de las palabras: conciencia, consciencia, autoconciencia, etc, etc, al solo efecto de su empleo en este resumen del ensayo: «Borges, Teoría….» quizá sea útil realizar algunas aclaraciones sobre la terminología usada:

Ambas palabras derivan del latín conscientia que significa con ciencia, con sabiduría, docto, etc. y generalmente se aplican como sinónimos con dos acepciones principales: la primera como conocimiento o imperativo moral y la segunda como conocimientode uno mismo y de su entorno, de la propia mente o de los fenómenos psíquicos que ocurren en ella.

Como en este ensayo pretendo esclarecer y enfatizar la relación entre el individuo (el «Cerebro/Sintonizador») y el medio ambiente (el «Todo») exterior a él, me tomaré la licencia de restringir el alcance de ambas palabras, a las primeras y elementales interacciones entre ellos (individuo – medio ambiente), o sea mas bien o mas cercano a lo que interpretamos como conocimiento, dejando por el momento de lado la acepciòn de la conciencia como algo referente a lo ètico o moral.

Entonces :

Cuando empleo el término conciencia ( y en inglés consciousness)me refiero a la capacidad que tienen, en mayor o menor grado, todos los seres vivos de captar o interactuar con el medio ambiente o mundo exterior que los rodea y proceder en consecuencia.

Por ejemplo: alejarse o defenderse de los peligros, establecer estrategias y cursos de acción adecuados para conseguir el necesario sustento, compañia sexual, etc, etc.

En cambio con el término o palabra consciencia (y en inglés awareness) quiero hacer referencia a la facultad que tienen, saben que tienen y así pueden expresarlo, casi exclusivamente o en mayor grado, los seres humanos mentalmente sanos y desarrollados, en su interacción con el medio ambiente cuando están despiertos y atentos

General e historicamente tendemos a considerar la primer acepción (conciencia) como algo mas bien automático, instintivo o sensorial y asociado a nuestros sentimientos sin mayor intervención de lo que podemos definir como razonamientos u otro tipo de especulación abstracta y hay hasta quienes (Rupert Sheldrake y otros) extienden esta facultad a cuerpos cósmicos como es el caso de la tierra o Galia, donde parecería fácil asignarle un sustrato físico.

Por supuesto es posible considerar en ambos casos, tanto de laconciencia (consciousness) como de la consciencia (awareness),diferentes grados de atención, concentración y otras circunstancias que tornan difusos los límites de las definiciones dadas, pero no hay casi ninguna duda – al menos en la consideración de las neurociencias – de que se trata siempre de «propiedades emergentes» de la interacción del SNC de cada individuo, particularmente su cerebro, con el medio ambiente que lo rodea, generando diferentes tipos de representaciones mentales, «abstracciones», memes, cualias, ideas, etc., etc., conformadas o producidas por la actividad neural consecuente.

Si bien puede sostenerse un hilo de continuidad evolutiva entre los dos términos, ya que se trata en ambos casos de la expresión de las piezas morfofuncionales – es decir: su función está dada por la forma, ubicación y geometría – de una red neural dada, en el caso de laconsciencia hay un procesamiento especifico que se supone se produce comparativa, redundante y fundamentalmente en los extendidos lóbulos frontales del cerebro/sintonizador del hombre y es esta estructura cerebral complementaria, la responsable de la aparición de la consciencia, los qualia y otras manifestaciones exclusivas de los seres humanos,

Mucho de lo que se está trabajando en este tema es posible visualizarlo o apreciarlo en cualquier buscador de Internet; por ejemplo en Google si buscamos «Awareness vs. Consciousness » o Self-Awareness vs. Consciousness, podemos encontrar mas de un millón cuatrocientas mil (1400000) variopintas citas en inglés y aproximadamente (¡ay!) unas cincuenta mil y pico (50.900) también variopintas citas si preferimos el español de: «Conciencia vs. Consciencia», con interesantes trabajos y artículos referidos al tema hacia fines del 2006.

En ellos se aprecia que tanto en inglés como en español, ambos términos o palabras: «awareness o consciousness»· en inglés, como así también «conciencia o consciencia» en español, son prácticamente sinónimos y hay que hacer sesudas elucubraciones para establecer sutiles pero, para algunos análisis – como el de nuestro ensayo – importantes diferencias de interpretación, como por ejemplo considerar o no la representación mental en un caso, los qualias, la self-awareness o auto conciencia en otros, etc, etc.

En mi caso trato de establecer por este medio claramente una diferencia que no establecen ni se reflejan en los correspondientes diccionarios de ambos idiomas para cada uno de estos términos y que el innegable proceso evolutivo ha establecido entre el funcionamiento del cerebro/sintonizador humano y el correspondiente a los demás organismos vivos.

Resumiendo, todos los seres vivos – desde los vegetales al hombre – tienen conciencia, pero solo éste sabe que la tiene y eso es laconsciencia: un procesamiento posterior y redundante de la información que ingresa originalmente como conciencia al cerebro y posteriormente se transforma en consciencia por el procesamiento posterior en los lóbulos frontales del cerebro humano.

Vale la pena agregar que según las últimas investigaciones de las neurociencias, parece que no todos los datos o informaciones que de alguna manera ingresan a nuestro cerebro y forman nuestraconciencia o conocimiento en un momento dado, se integra y manifiesta en nuestra consciencia; aparentemente (ver trabajos de investigadores como el norteamericano Benjamín Libet o el alemán Wolf Singer, mencionados mas adelante y también aunque en forma mas alejada en el tiempo y en la justificación científica, por el celebérrimo médico austriaco de origen judío Sigmund Froid ).

Hay sectores de, o respecto a los cuales, nuestro cerebro nos mantiene inconscientes.

Casi podriamos decir paradojalmente que la conciencia es, en última instancia, un fenómeno inconsciente.

Otros conceptos que merecen una consensuada, mejor y mas precisa definición – al menos a su empleo en la interpretación de este ensayo – son el conocimiento y la inteligencia:

En consonancia con los últimos resultados de estudios y experimentos en neurobiología, especialmente los de Resonancia Magnética Funcional, propongo que el conocimiento sea tomado como una especie de memoria dinámica pura que se forma como un registro neural de toda experiencia vivida – información – sobre la estructura cerebral de cada individuo, dando lugar a una marca o huella neuronal que será activada en cada oportunidad que ingresen al organismo similares señales – información – desde el exterior del organismo, en el marco siempre cambiante del equilibrio vital – hemoestático, metabólico – interno, generando sensaciones en tiempo real que interpretamos como conciencia en los seres vivos y también parte de la consciencia (o representación mental, según lo expresa el Dr. B. Libet, en los seres humanos.

Dado que las sucesivas experiencias que experimenta un individuo en su vida, por mas similares o parecidas que fueran, nunca serán exactamente las mismas ya sea en el tiempo, en el espacio o en los elementos involucrados, parece lógico suponer que cada nueva tarea o experiencia – que origina la conciencia y parte de la conscienciaen una primer etapa de tiempo real – siempre será solo una aproximación en comparación a alguna experiencia anterior y expuesta a posibles confusiones originadas por esta imprecisión ontológicamente natural e inevitable.

Parece ser que nuestra memoria, recuerdos y conocimientos – que en última instancia no son mas que transducciones ó representaciones, en fin interacciones electrofísicoquímicas – están expuestos a cierta degradación y/o deformación emocional y temporal que en su forma mas extrema se presentan finalmente como desgraciadas patologías tales el caso de la Senilidad, Alzheimer, Parkinson, etc, etc.; algo así como lo que sucede con cualquier copia con el correr del tiempo, pero en estos casos debido a la imprecisión, entre otros factores, de los propios mecanismos de transducción, almacenamiento y posterior uso de la información, que como los restantes elementos de nuestro organismo se reproducen cotidianamente, pero…¡ay! , no indefinida y perfectamentemente iguales.

Además y de resultar ciertas las consideraciones cuánticas implicadas en estas interacciones empezamos a intuir las enormes dificultades a superar, para considerar que tengamos una idea correcta de lo que es y como funciona nuestra conciencia yconsciencia.

Por otra parte el investigador en IA Marvin Minsky en su libro nos propone un mecanismo neural simplificado para la conciencia del tipo:

Si -entonces-acción :

Si tengo calor entonces busco el fresco

Si tengo hambre entonces busco comida

Si soy atacado entonces huyo o me defiendo

Etc, etc.

O sea:

Información que ingresa—–comparo con información registrada—–respuesta.

Según las características neurales de cada individuo, estas completarán el proceso neural de cada nueva experiencia como un nuevo constructo neural derivado tanto de la informaciòn o señal que ingresa, como de su propia estructura, generando conciencia, conocimiento y consciencia, hasta la emisión de una acción o pensamiento, en mejor o peor forma, mas o menos rápidamente, en mayor o menor grado, etc, etc, mediante lo que conocemos comointeligencias.

La inteligencia no es un concepto único, sino múltiple; al modo que lo expresa Howard Gardner (ESTRUCTURAS DE LA MENTE – TEORIA DE LAS INTELIGENCIAS MULTIPLES, editorial Fondo de Cultura Económica , 1997) podemos calificar y discriminar diferentes tipos de inteligencias: lingüística, musical, lógica, matemática, espacial, corporal, personal, etc., etc. y podemos definirla como la capacidad o habilidad particular que tiene cada organismo vivo de procesar -conciente o inconcientemente – la información que llega desde el exterior y también la que se encuentra en el conocimiento o memoria almacenada, para la obtención de distintas acciones eferentes – tanto motoras como nuevo conocimiento , una nueva traza neuronal, etc, etc- útiles a la supervivencia y la evolución del individuo o – al gusto de un. Richard Dawkins- , del gen en cuestión.

Las inteligencias, el conocimiento, la conciencia y laconsciencia son conceptos que están relacionados pero que no son equiparables y parece que son procesos de diferentes formas, tiempo y lugar en nuestros cerebros.

Podemos encontrar seres vivos con conciencia y distinto grado y tipos de inteligencias y conocimientos que presuponen cierta forma de consciencia; así también podemos encontrar seres vivos conconciencia y consciencia pero sin la inteligencia que se espera de sus capacidades filo/ontogénicas.

Hay diferentes tipos y niveles de inteligencias que se manifiestan de diferentes formas y habilidades según se aprecian en los casos de algunos de nuestros congéneres, como J. L. Borges, A. Einstein, Ray «Sugar» Leonard, Diego A. Maradona, y otros destacados y discutidos personajes como: Ernesto «Che» Gevara, George W. Bush, etc.

Un particular y dramático fenómeno de la inteligencia y la memoria lo constituyen los «savants»: individuos por lo general con diferentes grados de autismo, que presentan una extraordinaria e inusitada capacidad de cálculo y/o memoria al mejor estilo del personaje de uno de los enigmáticos cuentos de Jorge Luis Borges: «Funes, el memorioso» quien no podía olvidar ningún instante o experiencia de su vida, contrastante por lo general con un marcado déficit de otras capacidades intelectuales.

Las neurociencias no tienen actualmente explicaciones para estas sorprendentes características que desafían todo intento de comprensión según los cánones establecidos.

De cualquier manera quiero pedir disculpas tanto a creyentes como agnósticos, por no efectuar ningún análisis de valor sobre la supuesta «inteligencia» de lo que se conoce como la teoría del «Diseño Inteligente», entiendo que cualquier acción al respecto ofendería los sentimientos de una u otra parte… y no es esa mi intención, aunque en mi fuero interno siga creyendo como lo expresaba en su célebre fábula el escritor dinamarqués Hans Christian Andersen (1805-75): …el rey está desnudo.

Antes de cerrar este capítulo sobre definiciones de atributos intelectuales que suelen caracterizar a los seres vivos y particularmente al ser humano, cabe mencionar algunas consideraciones sobre algo muy caro al espíritu y al sentimiento de las personas, como lo es la sensación de «libre albedrío» o voluntad humana:

Como un último baluarte de la trascendencia, identidad e independencia del hombre, la inmensa mayoría de la gente no esta dispuesta a considerar ninguna restricción o condicionamiento a lo que considera su íntima y mas completa libertad de pensar a su aire; siempre se ha considerado que mas allá de las coacciones físicas externas que puedan oprimir a un individuo, habrá de todos modos un rincón de su ser donde sus pensamientos, razonamientos, sentimientos, etc, etc, serán fruto de su propia y exclusiva voluntad consciente…bien, también parece que tendremos que revisar estas ideas.

Según experiencias realizadas, documentadas y publicadas en el campo de la neurología entre otros por el investigador estadounidense Dr. Benjamín Libet, como así también por el Director del Instituto alemán Max Plank para la investigación cerebral, Dr. Wolf Singer, parece ser que normalmente la decisión de efectuar un determinado movimiento o cualquier otro tipo de acción como hablar o pensar, se produce en nuestro cerebro, un par de centésimas de segundo antes de que seamos conscientes del mismo.

Son tan impactantes la derivaciones de este hecho que estimo conveniente dedicarle un capítulo específico e independiente, como lo veremos en el Capítulo XVIII.

Capítulo VII

Cosas concretas y abstractas

Creemos y decimos que «existen» diferentes tipos de cosas, pero en una primer instancia podríamos clasificarlas completamente a todas ellas en solo dos grandes grupos:

las cosas concretas que pueden ser detectadas directamente (o también indirectamente a través de instrumentos), por nuestros sentidos, y que tienen localizaciones y dimensiones definidas en el tiempo y el espacio, como por ejemplo: el agua, una manzana, un fuego, una piedra, el aire, el sol, los planetas, un árbol, las radiaciones, un libro, los animales, los átomos, etc.

Las cosas abstractas o ideales que son producto de la actividad mental o cerebral, como por ejemplo: la moda, Dios, la belleza, la verdad, el bien, el mal, el diablo, los ángeles, el deseo, el amor, los números, el tiempo, el espacio, el alma, las ideas, en fin: memes, procesos y conceptos en general que no tienen dimensiones espacio/temporales ni localización definidas.

Es mucho lo que correspondería agregar sobre la naturaleza y características de las cosas tanto las concretas como las abstractas y como mínimo se puede puntualizar lo siguiente:

– Desde el comienzo de los tiempos y aún en el presente, se están incrementado constantemente la cantidad de cosas que «existen», tanto las concretas como – solo a partir de la aparición de laconsciencia -, las abstractas.

– Hasta hace poco tiempo atrás las cosas concretas parecían tener un cierto grado de independencia del observador y esto aún sigue siendo válido para los objetos macroscópicos, pero la situación cambia dramáticamente desde que accedimos al nivel cuántico o microscópico o subatómico; en cambio las cosas abstractasmantienen dentro de su subjetividad, un cierto «toque personal» que cada individuo define por las suyas.

-Todas las cosas concretas pueden conceptualizarse y simbolizarse pasando a ser abstractas, pero no todas las abstractas pueden tener su correlato concreto.

-También debemos decir que ambos tipos de cosas están expuestas a un permanente intercambio de «estatus» y atributos; así en su momento los átomos, los electrones, etc, fueron solo abstracciones o especulaciones en la mente/cerebro /sintonizador de algunos científicos, mientras que hoy en día la ciencia y la tecnología permiten manejar dichos elementos como objetos concretos, tanto en el tiempo como en el espacio, con tanta o mayor precisión con que Maradona manejaba una pelota.

De similar manera, pero en sentido inverso, esos mismos elementos concretos hasta hace pocos años, hoy se difuminan en un conjunto de indeterminaciones e incertidumbres cuando se quiere explicar su estructura interna a la luz de los poco creíbles principios de la teoría cuántica.

A este proceso lo llamamos evolución cognitiva y aunque no conozcamos todavía todos sus detalles, creemos que sigue ciertas pautas inteligibles. Por ejemplo: quarks, electrones, positrones, radiaciones, pulsares y galaxias, etc, etc, que hoy son cosas reales y concretas, al menos para el hombre de ciencia, seguramente no formaban parte de ninguna «realidad» ó «existencia» para cualquier humano de la Edad Media, ni siquiera de las mas esotéricas fantasías de aquellos tiempos y menos aún de nuestros antepasados del Paleolítico y sin embargo bien sabemos que esas cosas concretas estaban allí igual que ahora lo están, formaban parte de ellos y los acompañaban como silenciosos, indiferentes y desconocidos compañeros de aventuras, en la misma forma en que hoy no podemos tener idea de que otras cosas nos rodean ó de las que estamos actualmente constituidos y que sí «existirán» o serán «reales» en el año 3050 – por decir una fecha – y suponiendo que para entonces todavía haya conciencias y consciencias que las detecten.

Reiterando el razonamiento, podría argumentarse que los elementos antes mencionados son de alguna manera meras y nuevas combinaciones de la materia ya conocida ó existente, pero no es tan así, ¿cuál era esa materia conocida que «existía» para nuestros antepasados?

Hasta donde sabemos los griegos pensaban que el mundo estaba constituido por partículas elementales e indivisibles que Demócrito llamó átomos, provenientes de cuatro tipos de materiales básicos: agua, tierra, fuego y aire, de cuya combinación surgían todos los demás objetos de la «realidad»; mas tarde, en el curso de los siglos XVII, XVIII y XIX, aparecieron los casi un centenar de elementos químicos que hoy integran la tabla periódica; También en el siglo XIX hicieron irrupción las diferentes radiaciones y recién el siglo pasado se incorporó la antimateria a la «realidad» cotidiana, por solo mencionar algunos últimos elementos «emergentes» al conocimiento, conciencia y la consciencia de la humanidad.

Algo similar ocurrió y ocurre con las cosas abstractas, ideas, o memes, ellas también se incrementaron, se desarrollaron, en fin, también evolucionaron y evolucionan, tanto a nivel filogenético como ontogénico en cada individuo.

Sin dudas borrosa, esquiva y voluble es para el ser humano la frontera – si existiera – que separa las cosas concretas de las abstractascasi nadie duda hoy en día que un chip o una computadora son cosas de la «realidad» concreta, pero en algún momento no fueron mas que meras abstracciones o especulaciones científicas.

Solo por nuestra necesidad de categorizar las cosas para mejor entenderlas y comprenderlas a través del lenguaje, que es la herramienta que los humanos usamos para entendernos y comprendernos, dividimos entonces las «naturales» de las «artificiales» como si fueran cosas diferentes, cuando es posible también considerarlas como parte de una simple – o compleja, si Ud. prefiere – continuidad evolutiva.; vemos entonces que como cualquier concepto se trata de ideas apenas consensuadas.

Capítulo VIII

Lo que «existe»

Vemos entonces que hay una relación muy cercana entre lo que «existe» y nuestra consciencia, es decir un poco al modo que lo expresaba el obispo G. Berkeley allá por el 1700 y pico: «ser es percibir»,… que no es lo mismo – en absoluto – que decir que percibimos «todo» lo que existe.

Trataré a continuación de explicitar mis coincidencias y diferencias con esa posición idealista:

En su: «Tratado sobre los principios del conocimiento humano», G. Berkeley nos dice:

«Hay algunas verdades que son tan próximas a la mente y le son tan obvias, que un hombre sólo necesita abrir los ojos para verlas. De éstas, hay una de suma importancia, a saber: que todo el coro de los cielos y cosas de la tierra, o, en una palabra, todos esos cuerpos que componen la poderosa estructura del mundo carecen de una subsistencia independiente de la mente, y que su ser consiste en ser percibidos o conocidos; y que, consecuentemente, mientras no sean percibidos por mí o no existan en mi mente o en la de algún espíritu creado, o bien no tendrán existencia en absoluto, o, si no, tendrán que subsistir en la mente de algún espíritu eterno. Pues sería completamente ininteligible y conllevaría todo el absurdo de una abstracción el atribuir a cualquier parte de esas cosas una existencia independiente de un espíritu.»

O también como nos dice Borges:

Curioso de la sombra

y acobardado por la amenaza del alba

reviví la tremenda conjetura

de Schopenhauer y de Berkeley

que declara que el mundo

es una actividad de la mente,

un sueño de las almas,

sin base ni propósito ni volumen.

J. L. BORGES, «Fervor de Buenos Aires», (1923)

Coincido con el obispo en que decimos o definimos como algo que «existe» a todo aquello que es percibido directa o indirectamente por nuestros sentidos, transmitido por nuestro SNC y procesado por nuestro cerebro (sintonizador).

Discrepo con el obispo cuando éste niega cualquier tipo de «existencia» a todo aquello que no sea percibido (directa o indirectamente) por nuestros sentidosseguramente se trata de otro tipo de «existencia», que bien podríamos definir como potencial o como todo aquello – el «mas allá» – que todavía no ha interactuado (directa o indirectamente) con nuestro cerebro/sintonizador.

Para fundamentar mi discrepancia, propongo analizar lo que al día de hoy se acepta como descripción detallada del fenómeno que denominamos «percepción», responsable de la conformación de lo que reconocemos como «realidad», a la luz de los últimos conocimientos científicos y de los cuales, por supuesto no disponía el entonces obispo irlandés:

La percepción es la interacción entre el medio ambiente exterior y nuestro cerebro/mente a través de los diferentes sentidos que conforman la estructura de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC).

Podemos identificar diferentes etapas del proceso de percepción:

1- Llegada, contacto o interacción de la señal externa (radiación electromagnética, onda de presión variable, sustancia química, etc, etc), con las correspondientes terminales nerviosas del SNC.

2- Generación/transducción y transmisión por interacciones electromagnéticas, de la correspondiente señal electrobioquímica codificada por el/los sistema/s neuronal/es del SNC actuante/s en cada caso

3- Decodificación e interpretación de la señal recibida, en los diferentes centros de procesamiento cerebral de la información, con generación de potenciales electrobioquímicos,

4- Generación de señales y compuestos (sinápsis, neurotransmisores, etc) neuromotoras al resto del cerebro, SNC y el organismo en general, originando movimientos, sensaciones, emociones y procesos de complejidad creciente según la estructura cerebral, en especial las características de los lóbulos frontales del individuo en cuestón.

Si bien los detalles descriptos en las dos primeras etapas del proceso perceptivo están bien estudiados y comprendidos, son la tercer y cuarta etapas – justamente aquellas donde se cree que se forma y reside la conciencia, el conocimiento y la consciencia – donde permanecen en mayor proporción las dudas de la ciencia neurobiológica actual.

Este es considerado el «problema duro» de las neurociencias: ¿cuál es, como y donde se produce el proceso que genera la sensación del «yo», de nuestra personalidad e individualidad, en fin, la sede y esencia del autoconocimiento y la consciencia?

Me animo a pensar para el tercer paso, en mecanismos neurales similares, pero de etapas de procesamiento posterior (¿cuarta etapa?), a los que generan otros tipos de sensaciones elementales como ser el dolor, el placer, la ira, el miedo, en la conciencia de los animales, etc., que la evolución a llevado a procesar en forma mas compleja, comparativa y redundantemente en el caso de los homínidos, específicamente en las nuevas áreas del cerebro humano como es el caso de los lóbulos frontales, la neocorteza, etc., generándose nuevas sensaciones e inquietudes que no afectaban el sistema lìmbico de nuestros ancestros animales, como por ejemplo:los valores intelectuales.(recomiendo la lectura de autores como Lewis Munford en «El mito de la máquina», o a Elkhonon Goldberg en «El Cerebro Ejecutivo», o a Jhonjoe Mc Fadden en «Quantum Evolution»)

Diferentes trabajos de investigadores en el estudio de ciertas patologías y accidentes cerebrales que alteran el funcionamiento de esas áreas de procesamiento de la información, como es el caso de agnosias de distinto tipo – afasias, amnesias, etc, etc, – han permitido establecer en algunos individuos y, sin lugar a dudas, que a pesar de recibir las claras señales del medio ambiente exterior que conforman la etapa primera de la percepción, como así también funcionar en ellos correctamente el proceso sensitivo/transmisor/transductor descripto en la segunda y tercer etapa, una deficiencia en el cuarto y crítico estadío de interpretación humana, produce el desconocimiento y la inconsciencia por parte del sujeto de las variables afectadas: es decir, la «realidad» desaparece de su mente, esa «realidad» no «existe» para él; no reconocerá que la misma se encuentra frente a sus propios ojos bien abiertos y es probable que hasta se burle de quienes opinen lo contrario. (ver un clásico: «The Man Who Mistook His Wife For a Hat» del neuroinvestigador Oliver Sacks; Editorial Gerald Duckworth & Co.; Londres; 1985).

Tengo para mí que algo parecido ocurre naturalmente en las restantes especies animales: al carecer del procesamiento redundante de la cuarta etapa, exclusivo del ser humano, todas ellas poseen – en mayor o menor grado, según su respectiva sensibilidad – una imagen similar, una conciencia equivalente de la realidad que las rodea, es decir una similar- y aún mejor o mas completa en algunos casos – experiencia de interacción entre sus sentidos y el medio externo a ellos, pero ninguna puede procesar redundantemente esa información en sus respectivos cerebros como lo hacen los seres humanos para producir adecuadamente consciencia; es decir: saben, pero no saben que saben, o dicho de otra manera: son y están concientesde y en la «realidad», pero no son conscientes de ello, no poseen un mecanismo cerebral del tamaño – proporcionalmente hablando – y complejidad de nuestra corteza cerebral, neocortex o lóbulos frontales, que interroga o compara redundantemente al resto de las funciones neurales.

Al igual que nuestros niños, adolescentes y ciertas personalidades enfermas o seniles, también ellos – los animales – tienen la misma «realidad» que nosotros (los adultos sanos, atentos y bien desarrollados cultural e intelectualmente, con todas las salvedades que esta concepción pueda implicar) frente a sí, pero no tienen la capacidad intelectual necesaria para interpretarla a nuestro modo;podríamos decir – solo a guisa comparativa – que padecen diferentes tipos de agnosia asociativa.

Podríamos agregar también que mientras el ser humano adulto y sin patologías sabe que sabe, por el momento no sabe como sabe lo que sabe.

Una cruel sospecha, aunque también podría llamar secreta ilusión, recorre mi espinazo: ¿cuáles y cuantas serán las agnosias naturales e innatas de la especie humana?

Por un lado me angustia el saber o al menos sospechar la existencia de otros mundos, universos o dimensiones – las infinitas configuraciones del todo, los multiuniversos – que no puedo percibir directamente por esa hipotética incapacidad innata, pero por otra parte también limita esos temores y alienta mi esperanza, saber o sospechar que podemos acceder a ellos y sus diferentes «realidades», quizás indirectamente – no a través de la interacción directa con nuestros sentidos – en algunos casos para bien otras no tanto, mediante la evolución de nuestra inteligencia, nuestra creatividad, nuestra imaginación y porqué no, la mas loca fantasía, a obras artísticas de un Rembrandt, Mozart, Verdi, Picasso, Proust, Borges, a genialidades e intuiciones científicas de un Leonardo Da Vinci, Newton, Maxwell, Planck, Julio Verne, Einstein, etc, pero también a los desatinos de un Hitler en Alemania o un Pol Pot en Camboya, por solo recordar algunos lamentables acontecimientos del siglo pasado; desde quienes – y no son pocos – entregan generosa, abnegada y desinteresadamente su vida en un acto altruista, hasta quienes – y lamentablemente tampoco son pocos – llegan a abusar, violar y asesinar a criaturas inocentes a veces sangre de su propia sangre.

Según algunos autores somos verdaderas máquinas de soñar, tanto lo potencialmente bueno como lo malo, hacedores de infinitas historias, creadores de mitos, dioses y religiones, desde las libertades de nuestra imaginación fantástica hasta los portentos tecnológicos solo limitados por los conocimientos científicos contemporáneos, todos ellos nuevas interacciones al fin, capaces de crear nuevas «realidades» – desde el arte, la fe, la ciencia, etc. – que exceden de lejos la «realidad» perceptiva.

Justamente esta tesitura me lleva a pensar en que en última instancia existe el «TODO«como sumatoria del universo que actualmentepercibimos y de lo que está – quizás solo por el momento – más alláde nuestros sentidos y conocimiento.

O sea que existe una «realidad» que crece, que percibimos directa o indirectamente por interacción de nuestros sentidos con el medio exterior como parte o algo de un «Todo» fundamental, continuo, básico y permanente, del cual solo captamos aspectos parciales al modo que lo hace un «sintonizador» a través del conjunto de nuestro cuerpo, fundamentalmente el sistema nervioso central y particularmente el cerebro, donde un complejo y bastante desconocido hasta el momento mecanismo neural, finalmente produce lo que se conoce como conciencia, conocimiento,consciencia y eventuales acciones eferentes.

Es evidente a nuestra cotidiana experiencia y sin atisbos de excepciones en la historia conocida, que, constantemente, día a día, estamos ampliando esa «realidad», interactuando, sintonizando de alguna manera, con parte de los restantes elementos del «Todo« que subyacen mas allá de la percepción inmediata.

Quienes piensen que nada hay mas allá de nuestros sentidos y conocimientos, deberían tener en cuenta lo siguiente:

Al igual que un «sintonizador» dado no es capaz de procesar simultáneamente todas las diferentes ondas que llegan a él, tampoco en ningún caso nuestros sentidos «captan» toda la gama de fenómenos que se supone que abarcan; así por ejemplo nuestra vista solo detecta una muy pequeña fracción del espectro de las ondas electromagnéticas, nuestros oídos son incapaces de percibir los infra o ultra sonidos que escapan a nuestra sensibilidad, etc, etc. Es decir una buena parte de la «realidad» está fuera del alcance de nuestra percepción directa.

Con el desarrollo de las neurociencias ha sido posible la detección de ciertas patologías y accidentes donde se encuentran lesionados ciertos sistemas neuronales, produciéndose lo que se conoce en esa especialidad médica como agnósis, afasias, amnesias y otros trastornos similares que provocan «perdida» de realidad y por ello es lícito suponer o especular con la posibilidad de otras interacciones potenciales por el momento desconocidas.

Para captar del mejor modo posible este concepto de la interacción mencionada entre el «Todo» y nuestro organismo en la producción delconocimiento, la conciencia, la consciencia y acciones eferentes, propongo entonces la metáfora del «sintonizador» que explicito mas adelante y digo que esta nueva actividad: lo mental, el pensamiento abstracto con autoconocimiento, recién tuvo comienzo en nuestro universo conocido, con el desarrollo cerebral – elsintonizador – y la aparición en el mismo de esas incipientesfunciones comparativas y redundantes de los lóbulos frontales, hace algunos millones de años atrás en los primates, ancestros del hombre actual.

 

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