BLASCO IBÁÑEZ, UNA VIDA DE NOVELA

LOS PRIMEROS AÑOS

Vicente Blasco Ibáñez nace en Valencia el 29 de enero de 1867. Sus padres, Gaspar Blasco Teruel y Ramona Ibáñez Martínez, eran aragoneses emigrados a Valencia.

Ya desde muy niño se sentía especialmente inclinado a la lectura, para lo que tenía que escapar de la vigilancia materna. Con las bujías de la cocina del colegio pasaba largas horas robadas al sueño leyendo libros de viajes.

Los personajes de la Revolución Francesa le fascinaban: Marat, Danton, Victor Hugo, Napoleón.

Quiso ser marino, pero su dificultad para entender las matemáticas le llevó a inclinarse por la abogacía. Su gran capacidad de estudio le permitía preparar las materias de todo un año quince días antes de los exámenes.

Amaba la Música tanto o más que la Literatura. Wagner le apasionaba, su apoteósica música exaltaba su viva imaginación y soñaba con los dioses nórdicos y los héroes mitológicos como Sigfrido, nombre que más tarde pondría a uno de sus hijos. En su obra «Entre Naranjos», nos deleita con el simbolismo de las óperas del célebre compositor. En una reunión típica de la época, en que los jóvenes se reunían para hablar de música y literatura y recitaban poesías, conoce a la que sería su esposa y madre de sus hijos, María Blasco del Cacho.

Como buen escritor, Blasco utilizaba un pequeño diario en el que anotaba sus proyectos literarios, frases de pensadores admirados y experiencias que habían calado en su alma. Una de ellas fue la que acaeció en julio de 1886 cuando acudía a una cita con su novia:

He sido atropellado por dos tranvías frente a la alquería de María. He creído morir, pero afortunadamente sólo he sufrido algunas contusiones. Parece que una mano sobrenatural me ha sacado de las ruedas. ¡Ser inmenso y desconocido! ¿Me reservas, cuando así velas por mí, para algo grande?

Adivinamos aquí a un Blasco con una profunda creencia en algo superior. No debemos confundir el anticlericalismo de nuestro personaje con un falso agnosticismo. Pero su grandeza de carácter no podía admitir determinadas actuaciones de algunos personajes que ostentaban títulos dentro de la Iglesia y cuya pública denuncia le acarrearía problemas con la justicia.

Comienza a imbricarse en la vida política de Valencia al asistir a las reuniones que el partido La Bandera Federal organizaba en el casino de las Juventudes Federales. En sus primeras intervenciones en público descubre que está dotado de un tremendo poder de persuasión. Si su pluma es certera, no lo es menos su oratoria, capaz de enardecer al auditorio y entusiasmar a las gentes insuflándoles grandes sueños.

No es la llamada cuestión social de lucha de clases, planteada a lo largo del siglo XIX con los primeros brotes de socialismo activo y revolucionario el problema fundamental para Blasco; más bien se enfrenta a la realidad de la Valencia de aquellos tiempos en la que el analfabetismo del pueblo se unía a unas condiciones de vida precarias, y todo ello unido a unas creencias anquilosadas y enemigas de todo mejoramiento. Blasco se ve en la necesidad moral de denunciar los abusos y contribuir al progreso del pueblo.

Al organizar manifestaciones contra Cánovas del Castillo, es perseguido por la justicia y se oculta en algunos pueblos, pero finalmente llega a París, donde pasará el invierno de 1890 al 1891. Escribe crónicas de lo que ve para algunos periódicos y comienza su etapa periodística. A los 16 años ya había fundado un periódico semanal que, al ser de menor edad, puso a nombre de un amigo suyo zapatero. Más tarde fundará la editorial Prometeo, aún vigente en nuestros días.

Arroz y tartana es su primera novela con hechos reales y personajes vivos, no imaginarios como en La araña negra.

EL PERIÓDICO EL PUEBLO

Con parte de la herencia de su madre alquila un gran local en la calle Don Juan de Austria. El 12 de noviembre de 1894 aparece El Pueblo, diario republicano de la mañana. Vive con su esposa en el piso de arriba y el estrépito de las máquinas, que debían trabajar por la noche, acabó integrándose a la normalidad de la vida familiar. Muchas de sus novelas se publicaron por entregas en dicho diario.

Mientras escribe Flor de Mayo visita la playa de la Malvarrosa para conversar con los pescadores. Un extraño personaje acudía todos los días a la orilla del mar para copiar la luz del sol en el lienzo; la gente lo llamaba «el retratero»: era Joaquín Sorolla, con quien traba amistad.

ITALIA

Perseguido nuevamente por la autoridad, viaja a Italia. La nostalgia de su tierra le hace abocarse a una incesante labor literaria. Surge así En el país del arte, que será una de las mejores guías de Italia. La fastuosidad de los monumentos y la grandeza de su historia pasan por la pluma de uno de los mejores escritores descriptivos de nuestro tiempo. Todas estas crónicas son publicadas en sucesivas entregas en su periódico. La catedral de Milán, el foro romano, en el que la imaginación del artista evoca la victoriosa entrada de las regiones romanas, el Vaticano, las obras de Miguel Ángel y Rafael, La Capilla Sixtina, Nápoles, Pompeya, Florencia, Venecia son descritos con una maestría inusitada.

Ya de regreso a Valencia es apresado y pasa el invierno de 1896 a 1897 en la cárcel de San Gregorio. Allí escribe El despertar de Budha, precioso relato que narra la historia del gran místico Sidharta Gautama cuando huye del palacio de su padre para alcanzar la iluminación bajo el árbol Bodhi.

MADRID

Tiene que residir en Madrid por cuestiones políticas, y aquí conoce a los hermanos Benlliure; Mariano, el famoso escultor que posteriormente esculpiría una estatua con la efigie del novelista, y Juan Antonio, el pintor. Su estudio, dice Blasco, es el templo a la camaradería artística.

Frecuenta la librería San Fernando, donde se relaciona con los intelectuales de su tiempo, Luis Morote, Santiago Rusiñol y Emilia Pardo Bazán, en sus escapadas a Madrid. Conoce a Rodrigo Soriano, periodista de El Imparcial, que se convertirá en su gran amigo, pero posteriormente también en su peor enemigo.

Al igual que en París y en Italia, escribe crónicas para El Pueblo describiendo Madrid.

Tras el asesinato de Cánovas del Castillo y el cambio de gobierno, Blasco regresa a Valencia. El 28 de abril de 1898, es elegido diputado republicano por Valencia en las Cortes, tres días después de haberse declarado la guerra con EE.UU. tras la voladura del Maine.

NOVELAS COSTUMBRISTAS

En 1899 escribe La Barraca, novela costumbrista que muestra la tragedia de los labradores valencianos y en la que es retratada con tremenda psicología el alma del hombre de la tierra. Esta obra le consagró como uno de los grandes novelistas del género por la perfección de su estilo y fue la primera que trascendió las fronteras: sólo en Francia se vendieron más de un millón de ejemplares y se utilizaba como libro de texto en las escuelas.

Poco después tuvo un lance de honor con un redactor de la «Correspondencia Militar» al sentirse agraviado por sus insultos. No sería el único, pues tuvo que enfrentarse a varios duelos a lo largo de su vida, pero sobrevivió milagrosamente a ellos.

Poco a poco van sucediéndose uno tras otro los desengaños en la vida política de Blasco y con el tiempo se irá dedicando cada vez más a su producción literaria.

Yo sólo soy escritor – dice -; las demás cualidades que en mí pueden existir, son hijas del momento y de las circunstancias.

La aparición de Entre Naranjos se convierte en un acontecimiento literario pocas veces visto. Los amigos de Blasco Ibáñez organizan un banquete en los jardines del Buen Retiro. A la fiesta literaria acuden, entre otros, Joaquín Sorolla, Los Benlliure, López de Silva, Ramiro de Maeztu, Pérez Galdós.

El siguiente proyecto literario es una novela épica. Las ruinas de Sagunto le hacen rememorar el gran drama de dicha ciudad en su resistencia a las fuerzas de Aníbal. En 1901 aparece Sónica la cortesana.

NOVELAS DE CONTENIDO SOCIAL

Blasco se encuentra en el apogeo de su carrera, dispone de un periódico, tiene un palacete en la playa de la Malvarrosa, dirige una editorial, es diputado, conoce a los más prestigiosos literatos de España. Es entonces cuando se enfrenta a una de las grandes desilusiones de su vida. El que había sido su amigo, Rodrigo Soriano, comienza a difamarlo y a manifestar toda una serie de calumnias contra él. Blasco lo retó a duelo, pero éste no llegó a efectuarse. El enfrentamiento Blasco-Soriano produce una división interna en el partido, por lo cual se producen incidentes entre los partidarios de uno y de otro.

En aquella época ven la luz novelas de denuncia social como La Catedral, El Intruso, La Bodega y La Horda, donde deja de manifiesto los males que aquejan a la nación.

Para inspirarse en la creación de La Horda pasa un tiempo en Madrid estudiando a la gente de los barrios bajos. Es entonces cuando conoce a Rubén Darío, quien le dedica un artículo en La Nación de Buenos Aires. Dice: Es un conversador sagaz, un poco rudo a veces; mas su rudeza se suaviza con una repentina sonrisa de sus ojos y de su boca; entonces se transparenta su alma grande y generosa en su rostro moreno.

Cuando el enfrentamiento con Soriano llega a límites indeseados, renuncia al acta de diputado. Dice: Los que me conocen saben que yo no tengo nada de político en la acepción vulgar de la palabra. Soy un propagandista, un modesto sembrador de rebeldías contra lo existente, un enamorado de la revolución, no de la que ha de detenerse en la república, sino de la que irá más allá, indefinidamente, hasta conseguir que el hombre sea libre de veras y posea el bienestar a que tiene derecho. Posteriormente, vende el periódico El Pueblo por 17.000 pesetas al periodista Azzati.

NOVELAS ARTÍSTICAS

Surge una nueva etapa en su producción literaria, la de las novelas artísticas. La primera es La Maja Desnuda. En esta novela el amor ya no forma parte del telón de fondo de la obra, sino que es el principal motor que mueve a los personajes. Refleja la idea de que el matrimonio es para los artistas una cadena que los constriñe y sujeta los vuelos de su espíritu. Por aquella época conoce a la mujer con la que compartirá en adelante su vida, Elena Ortúzar, dama chilena de gran belleza.

Debido al gran éxito que alcanzan sus novelas en Francia, el Gobierno francés le nombra al mismo tiempo que a Sorolla comendador de la Legión de Honor. Esta es la más alta distinción que puede concederse a los que no son ministros o Jefes de Estado. Sus novelas son declaradas de texto en las cátedras de español de los Liceos del país vecino.

El Ayuntamiento de Valencia declara a Blasco Ibáñez hijo predilecto de la ciudad y se le rinde un homenaje en el teatro principal. El autor de La Barraca comienza a ser famoso a escala internacional, y sus novelas se difunden por Europa y América.

Una de sus producciones más autobiográficas es quizás La voluntad de vivir. Blasco quemó los 12.000 ejemplares de la primera edición, pero se salvaron unos pocos, con los que dos años más tarde se sacó una nueva edición.

Poco después aparece Los muertos mandan, novela en la que reflexiona sobre la presión que ejerce el pasado sobre la vida del hombre, y más adelante, en 1908, una de las novelas que serían llevadas al cine, Sangre y Arena. Rodolfo Valentino debutó como actor en la versión cinematográfica del relato.

AMÉRICA

Uno de los retratos que Joaquín Sorolla le hizo al novelista, con el título de «Caballero español», fue adquirido por el museo The Hispanic Society of America de Nueva York. Poco después es él en persona quien viaja al nuevo continente.

Tras una calurosa acogida en Portugal, viaja a Argentina, país que ejerció una profunda impresión en el escritor y donde fue recibido por miles de personas. En Buenos Aires ofreció conferencias sobre los más variados temas: Napoleón, Wagner, pintores del Renacimiento, la Revolución Francesa, Cervantes. Temas de filosofía, de cocina, etc.

De Buenos Aires dice que es un París que habla castellano y en el Club Español de dicha ciudad habla del idioma como gran lazo de unión y de Cervantes como un rey a quien nadie destronaría. De España no nos separa sino el Atlántico – dice – y los mares no son nada ni son de nadie. Después de pasar por Chile, regresa a Madrid para escribir Argentina y sus grandezas, que no se volvió a editar desde que se agotó la primera edición. Tras un trabajo ininterrumpido de 12 y 14 horas diarias durante 5 meses, sale a la luz esta obra en la que cuenta todo lo que ha visto. Enardecido por una curiosidad insaciable, Blasco no descansó hasta recorrerlo todo para dejar viva impresión de ello en su libro.

Pero el escritor volvería a Argentina. En esta oportunidad para ser agricultor. Con otros agricultores valencianos, funda la colonia Cervantes en Corrientes. Pero las excesivas dificultades, producidas en gran parte por la crisis que asola el país, le llevan a tomar la decisión de vender la colonia. Hoy en día, Corrientes y Nueva Valencia son el granero arrocero de la Argentina gracias a los procedimientos de regadío que llevó Blasco Ibáñez y a la labor de aquellos trabajadores valencianos.

En julio de 1914 estalla la guerra europea. Blasco se convierte en corresponsal, visitando los frentes y las líneas de fuego. Con la guerra vienen la muerte, el hambre y la peste, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, título de la novela que culminará su gran éxito como escritor.

El libro adquiere gran fama internacional en América, donde se vendieron más de diez millones de ejemplares. Todos quieren conocer al autor, y las fotografías del retrato al óleo que le hizo Sorolla aparecen en todos los periódicos. Es el libro más leído después de la Biblia. Cigarrillos, juguetes, jabones, portan la imagen de los cuatro jinetes. Mister Ibanyés se convierte en el hombre más popular de América. Nuevamente viaja al gran continente y habla en iglesias católicas, protestantes, masónicas, sinagogas. Todos le escuchan.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

La Universidad George Washington le nombra Doctor en Letras Honoris Causa.

El discurso de investidura es magistral. En su exposición sobre la novela habla del gran Cervantes y su inmortal obra: El Quijote – dice – no es un libro, es la vida eternizada en palabras. O somos Don Quijote, o somos Sancho y si no somos absolutamente ni el uno ni el otro, es porque seremos los dos a la vez, procediendo en nuestra vida, siempre irregular e ilógica, unas veces con desinterés e idealismo y otras con egoísmo y miras vulgares (…) Don Quijote está en todas partes, representa las mayores virtudes humanas, el desinterés, la defensa del débil, la supresión de los sentimientos egoístas, la abnegación hacia los semejantes.

En 1921 se celebra en Valencia una semana homenaje al novelista de fama internacional. El alcalde, Ricardo Samper, organiza festejos en toda la ciudad. Los artistas valencianos, en un alarde de creatividad, plasman en carrozas las novelas de Blasco Ibáñez, a semejanza de fallas móviles que corren la ciudad ante el entusiasmo de la gente que no deja de ovacionar a su paisano.

Compra una casa en la Costa Azul, en Menton. La llamará «Fontana Rosa». Se puede decir que fue su pequeño templo valenciano. Una villa a imitación de las de recreo de su tierra. Se hace traer azulejos de Manises para los bancos y paseos del jardín, que puebla de naranjos, rosales y clavelinas de su tierra. Pero el lujo exterior no coincide con la vida que se impone. Trabaja 14 horas diarias, vive entregado a la Literatura. En esta época escribe Los tesoros del gran Khan, obra que narra los viajes de Colón y para cuya elaboración el autor declara haber leído toda la documentación existente sobre el descubridor de América; A los pies de Venus, en la que desmiente la leyenda negra de la familia Borgia, y El papa del mar, que relata la historia del Papa Luna y el Cisma de Occidente.

A bordo de La Franconia emprende la vuelta alrededor del globo, que durará 6 meses. Sus experiencias quedarán reflejadas en La vuelta al mundo de un novelista. No sólo las costumbres de cada país que visita, sino también sus tradiciones y leyendas quedarán reflejadas en esta magistral obra. Durante el viaje será recibido personalmente por los presidentes de varios países.

Don Armando Palacio Valdés, director de la Academia Española de la Lengua, le había prometido ser elegido miembro de la misma si abandonaba la política, pero cuando Blasco se entera de la dictadura de Primo de Rivera no permanece al margen, escribe numerosos artículos en contra y se cierra de esta forma las puertas de la Academia y posiblemente con ello la propuesta para Premio Nobel.

Lo que más le apasionaba de Fontana Rosa era «El jardín de los novelistas». Levanta 10 monumentos a los escritores más grandes que han existido, entre ellos, por supuesto, Cervantes. Quería que a su muerte la villa fuera albergue para cuantos escritores quisieran gozar por algún tiempo de las delicias de la Costa Azul.

El 28 de enero de 1927 muere en su casa de Menton. Había comenzado a escribir las primeras páginas de La juventud del mundo.

Primeramente fue enterrado en Francia, pero en octubre de 1933 sus restos fueron trasladados a Valencia en el buque Jaime I. En el país vecino se le hicieron honores de Presidente de Gobierno y fue escoltado por el Ejército francés. El ataúd de madera fue construido por Mariano Benlliure y tenía la forma de un libro.

Más de trescientas mil personas acudieron al puerto de Valencia para acompañar el cortejo fúnebre hasta el cementerio general de la ciudad, donde actualmente está enterrado. El Gobierno en pleno de la República, con su Presidente y numerosos representantes de centros, academias y sociedades estuvieron presentes en el multitudinario acto. Era el último adiós que los hijos de la tierra que tanto amó le querían testimoniar. Todavía hoy muchos ancianos que en aquella época eran niños recuerdan emocionados el evento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *