Blancanieves no admite cambios

Leo que Blancanieves cumplió 75 años y sigue lozana y candorosa con más de dos millones de adherentes en Facebook. Me refiero, claro, a la Blancanieves de Disney. Porque desde que el emprendedor Walt se apodera de un personaje para convertirlo en imágenes, los héroes y heroínas de los clásicos cuentos infantiles ya no pertenecen más a Perrault, Hans Christian Andersen, Félix Salten, Carlo Collodi o los hermanos Grimm. Bambi, Pinocho, Cenicienta, Peter Pan, la Bella Durmiente y Snow White serán para siempre, en el imaginario colectivo, lo que quiso Disney. Inútil que a Blancanieves me la quieran aggiornar . En “Blancanieves y el cazador”, el encargado de matarla y llevar su corazón a la pérfida reina, no sólo le perdona la vida sino que intenta convertirla en una guerrera experta en artes marciales, en la línea de Lara Croft o la protagonista de la saga “Resident Evil”. Ese agitado mundo tan cargado de violencia, no va con ella. Blancanieves está para hacerle de mamita a los enanos, poner orden en los cuartos y cocinar delicias mientras canturrea acunada por un coro de pajaritos, en espera de que llegue el príncipe. Me dirán que eso la condena a un rol tradicional, que la mujer ha recorrido un largo camino desde 1937 y es capaz de enfrentar a la bruja con las mejores armas. Los chicos, que suelen ser muy conservadores, no quieren que les cambien el cuento. Mi nieta Sofía (3 añitos) ve la peli a diario y está perdidamente enamorada de Tontín y lamenta que Blancanieves abandone a los hombrecitos por el príncipe. En “Espejito, espejito”, otro intento fallido, Julia Roberts tuvo que aceptar hacerse cargo de la madrastra. Creo que ese interesante y condenado personaje, merecería, sí, otra película y, acaso, otra columna, el día que le encuentren la vuelta. Mientras tanto, no me la quieran cambiar a Blancanieves. Fue el primer largometraje de dibujos animados, costó un millón y medio de dólares y recaudó 8 millones. Trabajaron 700 personas para que Blancanieves sea eterna como el agua y el aire.

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