Biología de la religión —- Homo religiosus

El debate todavía vigente sobre ciencia y religión gira de nuevo: los investigadores indagan ahora las raíces biológicas de la fe. Múltiples datos revelan la espiritualidad y la religiosidad como productos «beneficiosos» de la evolución.

GEHIRN & GEIST / ANDREAS RZADKOWSKY

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En el paleolítico medio, hace al menos 120.000 años, el Homo sapiens y el neandertal hicieron algo que hasta entonces no se le había ocurrido a ninguna otra especie de nuestro planeta: enterraron a sus muertos en lugares rituales. El número y la complejidad de estas sepulturas se incrementaron muy rápidamente, según permiten suponer los hallazgos arqueológicos. Hoy, por supuesto, se celebran funerales en todas las culturas; incluso los movimientos decididamente ateos conducen de modo ritual a sus muertos al más allá. En torno a Lenin, Mao o Atatürk se escenifica un culto verdaderamente religioso: sus adeptos los perpetúan en imágenes y citas, los protegen de las críticas e incluso les construyen lujosos mausoleos. Todo ello nos deriva a una conjetura aún irresoluta: ¿supuso la preocupación por los muertos el inicio de la religiosidad humana?
En contadas ocasiones nos encontramos preguntas de biología evolutiva como ésta en el acalorado debate sobre el sentido y el sinsentido de la religión que se desarrolla en los medios de comunicación, la política y la ciencia. Por un lado, una nueva generación de creacionistas religiosamente motivados ataca, bajo la consigna de «diseño inteligente», la todavía actual teoría de la evolución de Charles Darwin. Por otra parte, los «nuevos ateos», como el zoólogo británico Richard Dawkins, difaman toda forma de fe religiosa bajo el concepto de «ilusión de Dios». Lejos de este intercambio de ataques mediáticos, algunos científicos tratan de indagar las raíces biológicas del comportamiento religioso. Uno de ellos es Jesse Bering, psicólogo de la Universidad norirlandesa de Belfast, quien investiga desde 2003 a través de una serie de experimentos originales cómo surge la fe en «observadores sobrenaturales» (espíritus o dioses) e influye en la conducta de los individuos

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