Niels Stensen (1638-1686)

Nacido el 11 de enero de 1638 en Copenhague, hijo de piadosos padres luteranos. Su padre era un reconocido orfebre de piezas de oro. Allí comenzó Niels a desarrollar su interés científico y otras ha¬bilidades técnicas. En su juventud, mientras se iba embebiendo de estudio, va calando en su alma el gran valor de la vida humana.

Pronto murió su padre y dos veces la peste asoló su tierra; en 1645 acabó con decenas de conocidos suyos. De esto el joven Stensen escribirá más tarde: Fui muy flojo en la práctica de la religión, hice pocas cosas buenas. Discúlpame Señor y dame la gracia de la sabiduría, que tenga siempre la muerte frente a mis ojos, y en la boca Memento mori! (¡Acuérdate que vas a morir!)

En noviembre de 1656 se inscribe en la universidad para estudiar Anatomía y Medicina. Después de tres años, cuando ha cumplido los 21, comienza un viaje de estudios por los centros más importantes de ciencia en Europa. En Amsterdam hace la primera de sus investigaciones; encuentra el conducto que comunica el oído con la boca y el sistema ganglionar en el organismo. Como el intercambio entre los hombres de ciencia es muy intenso, pronto se conoce y se respeta al joven científico danés, que habla nueve idiomas y se entiende con otros científicos de la época.

Reconocido prestigio en toda Europa
En 1664 presenta una teoría general sobre los principios y la estructura del sistema muscular humano y explica la naturaleza del corazón como un músculo. Igualmente se introduce en el estudio de la anatomía del cerebro y contribuye a la investigación de una manera importante. Gracias a sus descubrimientos va reconociendo la fragilidad de algunas teorías, consideradas hasta entonces infalibles.

Después de una estancia en la vieja y famosa Universidad de Montpellier, Stensen llegó a Italia en 1666. El gran duque de la Toscana, Fernando de Médici, le ofrece condiciones ideales de trabajo en Florencia —que llegó a ser su segunda patria— para sus investigaciones en el hospital de Santa María Nuova. Allí Niels descubrirá entre otros hallazgos, que los dientes de un tiburón tienen la misma forma que unas «piedras halladas en una capa del suelo y que se conservaban como curiosidades naturales”. El científico hace ver que se trata de fósiles. Investigaciones de este tipo ayudan a poner nuevas bases a la Geología y Paleontología modernas.

Son más bellas las cosas que no se pueden conocer
Stensen es un atento y apasionado observador de las cosas. Desde las piedras preciosas, pasando por las maravillas del mundo vegetal y animal que la naturaleza presentaba abundantemente ante sus ojos, hasta el cuerpo humano. Y al estudiarlo, entiende que la armonía del universo es reflejo de la inteligencia y belleza del Creador. Escribía él mismo que el verdadero fin de la Anatomía es procurar que los observadores, a través de la obra maestra del cuerpo, se eleven a la dignidad de alma y, consiguientemente, mediante las maravillas del uno y de la otra, al conocimiento y amor de su Autor (Opera Philosophica, t. II., 254)

Está profundamente convencido de que todo descubrimiento, incluso modesto, constituye siempre un paso adelante hacia la verdad absoluta, pues todo el universo depende de Dios. La ciencia no puede dar razón completa de todo. Para Stensen el hombre no tiene sólo capacidad para cono¬er el mundo físico. Hay también una facultad que es «conocimiento con el corazón», que hace descubrir en lo más íntimo del hombre la experiencia del encuentro personal con el Creador. Escribía: cuán bellas son las cosas que se ven, más bellas las que se conocen, pero más lo son aun las que no se pueden conocer.

Por eso en una de sus oraciones favoritas dice a Dios: Tú quien sin Ti ningún cabello de la cabeza, ninguna hoja del árbol, ningún pájaro del aire cae, ni el espíritu logra el pensamiento, ni la lengua la palabra, ni la mano el movimiento; Tú me guiaste en caminos desconocidos. Guíame ahora en el camino de la gracia.

Lo que mueve en último término sus investigaciones es el anhelo de descubrir la razón última de cada cosa: y concluye que detrás de todo está Dios, que no puede ser encontrado ni siquiera con los más sofisticados instrumentos de la ciencia experimental.

Converso y Obispo de los países de Escandinavia
Niels se había educado en la confesión luterana y conservaba esa fe, pero estaba insatisfecho. Habituado a buscar siempre la verdad y las certezas en su profesión, hizo lo mismo en el conocimiento de Dios. Al conocer los misterios de la fe católica, se fue entusiasmando. Particularmente le conmueve el que Cristo quisiera quedarse presente en el Sacramento de la Eucaristía, verdad desconocida por los luteranos. Lleno de alegría interior, cuando pudo superar ya toda duda y oscuridad, dijo sí a lo que Dios le había dado a entender claramente.

En 1667, viviendo en Florencia, se convirtió al catolicismo y, junto con sus investigaciones científicas, se dedicó intensamente a la teología católica, especialmente a su fundamento dogmático. Años más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Figura pronto entre los sacerdotes más ejemplares de la ciudad por su piedad eucarística y su celo misionero. El Papa Inocencio XI lo llama a Roma y le nombra Obispo, cuando Niels Stensen tiene apenas 39 años de edad. Aquí termina su dedicación a las ciencias naturales, pues es nombrado Vicario Apostólico para el enorme territorio del Norte de Alemania y de Escandinavia y por una temporada breve fue obis¬po auxiliar de Münster.

Los últimos tres años de su vida trabaja administrando los sacramentos y visitando a los fieles con suma entrega, como buen pastor. Es hombre de oración, abnegado, desprendido, con unas especiales dotes de finura de trato y amabilidad, que cautivan a los mismos protestantes. Agotado por las fati¬gas muere el 5 de diciembre de 1686 cuando tenía 48 años. Su gran amigo, el duque de Toscana hace transportar los restos mortales a Florencia y ordena que sean sepultados en la cripta de los príncipes de Médici, en la iglesia de San Lorenzo.

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