BIOGRAFIA DE JORGE LUIS BORGES

Nacido el 24 de Agosto de 1899 en Buenos Aires, hijo de un maestro, Jorge Luis Borges descubre su vocación de escritor a la edad de 6 años!
Estudia en Ginebra y reside un tiempo en Italia y después en España; la cultura cosmopolita que adquiere le permitirá traducir Henri Michaux así como otros autores europeos.
En 1921 vuelve a Argentina, donde colabora con varios periódicos literarios y filosóficos. Paralelamente, comienza a componer poemas líricos y mitológicos sobre temas tomados de la historia de la Argentina: «Fervor de Buenos Aires» (1923), «Luna de enfrente» (1925) y «Cuaderno San Martín» (1929).

Después de una lesión en la cabeza sobrevenida en los años ’30, Borges es progresivamente ganado por la ceguera. Este problema no le impide trabajar en la Biblioteca Nacional (1938-1947), de la cual es director en 1955.
Es en este mismo año cuando comienza a enseñar el inglés en la Universidad de Buenos Aires. En el plano literario, se aleja de la poesía por un género que lo hará célebre, el de la ficción narrativa.
Después de «Historia Universal de la infamia» (1935), publica «Ficciones» (1944); esta colección de novelas cortas, donde la erudición del autor le permite echar mano al juego de las referencias y de la sátira, sigue siendo su obra más célebre.

Escribió después otros textos fantásticos, a veces humorísticos, siempre poéticos y metafísicos: «El Aleph» (1949) y «Otras Inquisiciones» (1952), «Cuentos fantásticos» (1955), y «El libro de los seres imaginarios» (1967).
En un estilo más depurado siguieron «El informe de Brodie» (1970), «El libro de arena» (1975) e «Historia de la noche» (1977).

Después Borges regresa a la poesía: «El oro de los tigres» en 1974, «La cifra» en 1981 y «Los Conjurados» en 1985. En 1984, pone manos a la obra en la publicación de sus obras completas en francés (el primer volumen de esta edición aparece en 1993).
Era el 14 de junio de 1986 cuando Jorge Luis Borges fallecía en Ginebra.

Las ficciones de Borges evolucionan en un universo fantástico, subjetivo y profundamente metafísico, dotado de un simbolismo completamente personal. Admirado por numerosos escritores del mundo entero, Borges negaba la existencia de un real confiable, único y estable; en consecuencia, él veía todo arte realista como una impostura. La alternativa de lo fantástico le parecía disminuir la impostura permitiendo llevar, al seno mismo de la creación, una reflexión sobre el estatuto de toda realidad. Destacándose entre muchos escritores «comprometidos» del siglo XX, consideraba su trabajo como una intervención limitada solo al campo de lo imaginario.

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