Batalla de Alepo (2012-2016)

La batalla de Alepo (en árabe: معركة حلب) fue una confrontación militar en Alepo, la ciudad más grande de Siria, donde se enfrentaron las Fuerzas Armadas de Siria, apoyadas por Hezbolá, militantes chiíes y Rusia, contra distintos grupos rebeldes que se oponen al gobierno, incluyendo al Ejército Libre de Siria, al Frente Islámico, al Ejército de la Conquista o al antiguo Frente Al Nusra. Como tercera fuerza se encontraba la facción kurda, que aunque no era aliada del gobierno colaboraba con él contra los rebeldes. La batalla finalizó con la importante victoria del gobierno sirio y sus aliados sobre los grupos rebeldes y sus aliados.
La escala, posición estratégica de la ciudad e importancia de la batalla en el conflicto sirio han llevado a los combatientes y medios de comunicación a denominarla en ocasiones como «madre de todas las batallas» o el «Stalingrado sirio». La ofensiva contra la ciudad más grande de Siria se inició el 19 de julio de 2012, día que también se inició la batalla, en paralelo con otras ofensivas rebeldes contra Damasco y las fronteras sirias.19​ Los distintos grupos rebeldes tomaron el control de la ciudad, a lo que el gobierno respondió con distintas ofensivas que se materializaron en avances y contra avances del frente, hasta que en 2014 el gobierno inició el cerco de la ciudad y una guerra de desgaste que logró en 2016 cortar las rutas de suministro y sitiar la ciudad. De esta forma, en julio de 2016 el gobierno había recuperado gran parte de la ciudad y se estimaba que en la zona gubernamental habitaban 1,5 millones de personas20​ contra las 300.000 personas residentes en Alepo oriental, la zona controlada por los yihadistas.21​ El 6 de octubre de 2016, el presidente sirio Bashar al-Ásad ofreció una amnistía a los combatientes de la ciudad y evacuarlos a ellos y a sus familias a zonas seguras, sin embargo, una mayoría de rebeldes rechazaron la propuesta. El enviado de la ONU en Siria, Staffam de Mistura, se ofreció personalmente para acompañar a los rebeldes en su retirada, al tiempo que los acusó de tener como rehén a la población civil. La batalla terminó a finales de diciembre de 2016, tras la rendición de la guarnición rebelde en la zona sur de la ciudad y su posterior traslado a Idlib, la cual se dio con numerosos inconvenientes y altercados.
Tanto el bando rebelde como el gubernamental han sido acusados de ataques mortales contra civiles, infraestructura civil, hospitales, escuelas o equipos de rescate. A finales de septiembre de 2016, Rusia y Siria lanzaron un gran bombardeo sobre la ciudad «que no tenía precedentes en los cinco años anteriores de guerra» y que contó con el uso masivo de bombas incendiarias. Las organizaciones de derechos humanos han estimado que la mitad de las víctimas eran niños. Además, las fuerzas rusas y sirias fueron acusadas, por los medios de comunicación de los países occidentales que apoyaban al bando rebelde, de que sus ataques aéreos están dirigidos contra equipos de rescate y personal de emergencias de los hospitales y otras estructuras civiles. A finales de octubre del mismo año, Rusia y Siria abrieron corredores para permitir escapar a la población civil residente en los barrios en conflicto y como respuesta las fuerzas rebeldes comenzaron el bombardeo de estas áreas, impidiendo la huida de los civiles. La batalla también ha causado una catástrofe cultural, ya que una parte importante de la ciudad vieja de Alepo, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, ha sido destruida

 

 

 

 

 

 

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