BAJO LA DICTADURA DE MELCHOR PACHECO Y OBES

En aquel verano del 43, no bien el General Oribe formalizo el sitio de Montevideo, Rivera encaro la defensa de la ciudad, revistando frente a sus muros a sus cuatro mil soldados y constituyendo el nuevo Gobierno. Para desempeñar el Ministerio de la Guerra fue llamado un militar joven, que acababa de dar que hablar en el episodio de Arroyo Grande: Melchor Pacheco y Obes. Su primer acto como Ministro fue emitir un decreto conciso y lapidario: “La Patria esta en peligro. La sangre y el oro de los ciudadanos pertenecen a la Patria. Quien le niegue a la Patria su oro o su sangre será castigado con la pena de muerte.” Entre nosotros era desconocido este lenguaje. La reacción fue de estupor y de fascinación. Muy joven había sentido Pacheco y Obes el llamado de la patria. Cursaba estudios en Río de Janeiro cuando, “al conocer la noticia del desembarco de Lavalleja, abandone el colegio, vendí mis libros y mis ropas, y con el producto compre una montura y un sable, y a ocultas de mi familia partí y me hice conducir por una barca a la tierra oriental para ir a reunirme a los libertadores de mi patria”. Así, el joven Pacheco y Obes hizo a los 16 años la campaña libertadora de 1825, participo en la batalla de Sarandi, se batió luego en Ituzaingo, juro a los 21 años la Constitución de 1830. Un contemporáneo y amigo lo describió como “un hombre de talla baja, y tan sumamente delgado y rubio que parecía un niño”. Un retrato al óleo pintado por Carvajal lo recuerda de ese modo, con cabellera y barba de oro. No se sabe con certeza si nació en Buenos Aires o en Paysandú, donde su familia tuvo extensas posesiones…

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