Bajo el signo de la solidaridad venezolanos estrenan Nación

Una nueva Constitución que la designa como República Bolivariana de Venezuela, y la tragedia de más grande proporción en el estado Vargas, marcan el comportamiento actual de la población venezolana y su Gobierno. La solidaridad internacional es inusitada.


En la gráfica se aprecia cómo una vía del Estado Vargas se convirtió en un verdadero río, o mejor, en una catarata, que con su paso destructivo impuso a la fuerza el término «solidaridad» en todo el país.

Fotografía de Paulo Pérez

Por Gilberto Carreño, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Caracas, Venezuela.-

El 15 de diciembre de 1999, fecha escogida para sellar el nacimiento de la nueva República Bolivariana de Venezuela, comenzó efectivamente para los venezolanos un nuevo país con la convocatoria a elecciones fijada para ese día, pero luego miles de voces de la discrepancia callaron por un momento para compartir un sentimiento y una actitud que desde ese momento se impuso: la solidaridad.

Ayuda y solidaridad son dos palabras que llegaron para instalarse en la cotidianidad del venezolano, a raíz del más grande desastre que le tocó vivir el último mes del pasado año, originado por un fenómeno natural que descargó un inusual torrente de agua el cual arrastró tierra, árboles y grandes peñascos para vaciarlos sobre una población a la que le costó más de 200 años levantarse.

Vargas, en el litoral central venezolano, el más afectado por el

evento metereológico de diciembre último y donde la Cruz Roja Internacional estimó una cifra de alrededor de 50 mil muertes, disfrutaba desde hacía apenas un año su condición de Estado, el de más reciente creación del país, pese a que en su territorio se desarrolló gran parte de la historia nacional debido a su condición de ciudad portuaria. Allí se levanta aún, en medio de la ruina causada por el arrollador lodazal que la devastó, la antigua casona de la compañía Guipuzcoana, sede de la más importante casa del comercio en la época de la colonia.

La ratificación del nacimiento de lo que sus actuales autoridades designan como la Quinta República, se da en la mencionada fecha, precedida de una ácida disputa entre la actual dirigencia gubernamental contra quienes criticaban los impetuosos métodos de imponer las ideas, que a la postre se impusieron, de: enterrar la política imperante durante cuarenta años, con dirigentes, partidos, Congreso, Constitución y todo lo que oliera al pacto «puntofijista» que permitió mantener el sistema surgido después del derrocamiento de la última dictadura militar vivida por el país.

Y en efecto, el 15 de diciembre nacía una nación con una Constitución que la rebautizó como República Bolivariana de Venezuela, donde por primera vez en la historia del país se concedía el voto al estamento militar y donde se reconocía el nuevo estatus del indígena venezolano que, pese a su escasa representatividad numérica, se le concede el derecho de propiedad colectiva de la mayor porción del territorio nacional. Es decir, según alertó el principal opositor a la idea, Jorge Olavaria, alrededor de 316 mil personas (según el último censo de población indígena realizado en 1992), de un total de 23 millones de habitantes, la población actual estimada, queda en posesión del 55,6 por ciento del territorio nacional.

También el 15 de diciembre, se autorizaba la convocatoria a una relegitimación de los principales poderes del país, incluyendo los más altos tribunales de justicia, de los gobernadores de Estado y del propio Presidente de la República, para cuyo proceso en los últimos dos casos nombrados, se convocaba a nuevas elecciones. Nadie dudaba que ese día, tras darse a conocer los resultados que favorecían la propuesta renovadora, comenzaba también para los venezolanos otro nuevo país: uno de nuevos sacrificios y especialmente el de la solidaridad.

Los medios de comunicación social dejaron de pronto, a partir del 16 de diciembre, de brindar espacios para la discusión política. Los reporteros de periódicos y de televisión guindaron sus trajes y corbatas para adoptar la ropa informal y penetrar de una manera más adecuada, para mostrar a los espectadores y lectores de diarios, la vasta región, una franja de 80 kilómetros de costa, que en el caso del estado Vargas fue tapiada por espesuras de lodo que en muchos lugares llegó hasta 10 metros de altura.

No muy lejos del lugar, en la población de Río Chico, cercana a Caracas (50 Km), se anunciaba que una represa cedía ante la caudalosa fuerza de las aguas e inundó al municipio agrícola Andrés Bello, poblado habitado por más de 3 mil personas que fueron obligados a salir del lugar y que además perdieron sus siembras. Asimismo, en el extremo occidental de Venezuela, el estado Falcón (500 Km de Caracas) también sufría los efectos de una precipitación que dejó sin hogares y sin cultivos a miles de personas

La capital de la república también recibió, a través de su cerro protector El Avila, una torrencial descarga que arrasó con más de cien viviendas. Vale explicar que El Avila, la gran montaña de la región capital venezolana, consta de dos vertientes: la norte cae a las costas que conforman el estado Vargas y la sur al sector norte de Caracas.

Las escenas y la constatación de la realidad presente a partir de aquel momento, lograron el primer milagro de frenar una disputa entre los defensores del nuevo régimen y sus adversarios, entre quienes se incluían importantes líderes de la Iglesia Católica del país.

Los venezolanos, acostumbrados a lamentar las tragedias ajenas y brindar su apoyo a ciudadanos de otros países afectados por calamidades generalmente causadas por fenómenos naturales, debieron, en primer lugar, asumir su propio dolor de pueblo y comenzar a pensar en la costosa reconstrucción. Y fue allí donde comenzó a gestarse el nacimiento del otro país para el cual no se necesitaban votos.

La palabra solidaridad

La palabra solidaridad en Venezuela merece un altar. Inspirado en la necesidad de brindar la primera atención a las familias directamente afectadas por el evento metereológico que causó tan grandes estragos, la movilización de la ciudadanía fue general.

Muy pronto se habilitaron las brigadas de voluntarios que salieron al rescate de las miles de familias que quedaron atrapadas en los distintos lugares de la tragedia; el monto de ropas, medicinas, alimentos, pronto creció en forma de montaña en los distintos puntos habilitados para recibir la ayuda. Muy rápido fueron habilitados albergues en los más diversos y disímiles lugares, como estadios, escuelas, iglesias y cuarteles. También muchas familias acogieron en sus casas a los damnificados.

En una segunda fase comenzó a reunirse el gran «pote» solidario. Todo el mundo salió a ofrecer dinero. Muchas instituciones bancarias y de las más variadas ocupaciones habilitaron cuentas para recibir contribuciones y tanto, o más impresionante, fue la solidaridad internacional.

Tal vez los venezolanos nunca llegaron a sospechar que tenían tantos amigos en tantas partes del mundo, pues podría decirse que fue una solidaridad tan extrema, que el tributo incluyó la vida de un grupo de médicos cubanos cuyo avión se estrelló en una de las misiones de transporte de personal de ayuda y medicinas.

Nunca pudieron tampoco imaginar los venezolanos que los mecanismos de solidaridad activados pudieran ser tan variados. En lo interno, entre otras actividades, se han realizado festivales de música, con la participación de los más destacados artistas nacionales e internacionales, una subasta de arte, un festival de teatro y algo nunca visto, por lo menos en Venezuela, un gran juego de sóftbol en el que participaron los más destacados beisbolistas latinoamericanos de la actualidad, cuyo partido contó con la actuación del propio presidente de la República, Hugo Chávez, como pitcher.

Otras jornadas similares y con el mismo propósito tuvieron lugar en Miami y en Nueva York. Asimismo, en el tiempo transcurrido desde la tragedia, el país ha recibido delegaciones de una gran cantidad de países para traer distintos tipos de apoyo.

El gobierno colombiano, por ejemplo, envió a su ministro de salud, tanto para orientar en relación con la experiencia de esa nación en el manejo de desastres, como para determinar las necesidades más apremiantes en materia de ayuda; Estados Unidos envió medicinas y alimentos, pero especialmente equipos para la purificación del agua; también los gobiernos sueco y noruego donaron 4 plantas potabilizadoras de agua, de fabricación uruguaya, cuyo gobierno también donó una planta similar; la Cruz Roja Internacional, ONU, la OEA, el BID y una serie de organismos estuvieron representados por su más altos personeros, mientras que por España acudió el Príncipe Felipe de Borbón.

La ayuda internacional aunque bastante elevada, resulta un tanto difícil evaluar, ya que en gran parte estuvo constituida por alimentos, medicinas y equipos de diversa índole. En cuanto al costo total de la reconstrucción de las zonas afectadas y de la ayuda que deberá proporcionarse a más de 250 mil personas que perdieron sus viviendas, los estimados preliminares apuntan hacia una suma superior a los 3 mil millones de dólares.

Tal situación se traduce en la necesidad de ahorrar el máximo de recursos que, en lo inmediato, modifica el cuadro de elecciones previsto para el año en curso, para designar nuevos alcaldes, gobernador y Presidente de la República en todo el país. Pese a la conveniencia de las elecciones separadas, ha sido diseñado un patrón de «megaelección» que permitirá un ahorro considerable de dinero.

Asimismo, están planteadas para este año una serie de medidas destinadas, por una parte, a recuperar las zonas agrícolas afectadas, con incentivos tributarios a los productores y una alta inversión por parte del Estado venezolano; así como medidas de austeridad que la población deberá soportar dentro de este nuevo esquema solidario de la República que hoy nace.

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