BAILES ENTRE CAÑONAZOS

Ya quedo dicho, en apartado anterior, que la Guerra Grande, a fuerza de tan extensa, termino por no obstar a las actividades mundanas de la alta sociedad montevideana de entonces. No faltaban, a pesar de los episodios bélicos, las reuniones en casas de familia para hablar de “asuntos de sociedad” y temas políticos del momento, a la vez que se escuchaba música y se bailaba hasta altas horas. También menudearon los grandes bailes donde concurría “lo mas distinguido y aristocrático de nuestro gran mundo”. Uno de los lugares favorecidos por las familias de mas notoriedad, era la “Sociedad Unión y Recreo”, que tenia su elegante sede en la Plaza Independencia. Pero también eran frecuentes los saraos en casa de los próceres del momento; y así encontramos que muchos tuvieron lugar en la casona que el General Rivera poseía en la calle recién bautizada del Rincón, ya fuera para solemnizar alguna fecha patria , el aniversario de una batalla de grata recordación para el dueño de casa , o bien el cumpleaños de doña Bernardina. En este caso, los invitados llegaban portando regalos para la agasajada, que se acompañaban, según costumbre, con tarjetas que rezaban, mas o menos : “ A la señora doña Bernardina Fragoso de Rivera, mas o menos : “A la señora doña Bernardina Fragoso de Rivera, en su día , la recuerda y reitera amistad eterna e invariable. S.S.S” . Alcanzaron también extraordinario favor y lucimiento los bailes organizados por el centro de residentes ingleses : “The Comité of the Bachelor s Ball” , con sede en la calle de las Piedras. Y en los días de carnaval – que tampoco se pasaba por alto, a pesar de los cañones – las reuniones de moda tenían lugar en la Sociedad Momo, donde se efectuaban resplandecientes bailes de disfraz (aunque una nota al pie de las invitaciones aclaraba que “el disfraz es solo para caballeros”). Fue tal la pujanza de este apetito de vida mundano a pesar de la Guerra, que se llego al extremo de entablarse sociabilidad entre familias residentes en los campos adversarios. Muchos hogares del Cerrito estaban emparentados o relacionados con los de Montevideo; familiares próximos habían quedado en el bando opuesto, separados de los suyos…

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