Avances del Mundo Antiguo

HONGOS

Lo que reconocemos como egipcios, sumerios, o chinos es un producto cultural, con su repertorio de realizaciones materiales y espirituales, resultado de un proceso de formación en el que intervienen múltiples variables y cuya identidad se alcanza en un escenario territorial a partir de un momento determinado.

 

A pesar de lo irrepetible y singular de la construcción de cada cultura del llamado mundo antiguo se torna claro que ciertas regularidades presidieron esa compleja edificación histórica.

 

El proceso de transformación de la aldea en ciudad se combina con la producción de espectaculares descubrimientos o inventos, que coinciden cronológicamente en cada región porque se dan las condiciones oportunas, pero que al mismo tiempo contribuyen decisivamente a la transformación de la realidad.

 

El progresivo incremento del excedente agrícola y el correspondiente incremento de la actividad comercial abre la posibilidad de una especialización o división social del trabajo.

 

Resultado de esta división social aparecen diferentes ocupaciones entre las que se encuentran los encargados de desarrollar e imponer una ideología, como paradigma cultural al servicio del grupo dominante. El aparato estatal está entonces en el orden del día histórico para garantizar los intereses de esta clase y supuestamente regular las normas y relaciones en beneficio de la colectividad.

 

Con los estados surge una mecánica de la violencia en las relaciones intercomunitarias, basada en la solución del litigio mediante la confrontación bélica. La filosofía de la guerra, alentada por el botín como fuente de adquisición de riqueza, que en un momento determinado alcanza al propio hombre esclavizado, conduce al ciclo de vida de los imperios: la expansión, el esplendor, la crisis de las contradicciones internas y, a la larga, la decadencia y desaparición.    

 

Las primeras grandes civilizaciones tenían ante sí diversos problemas de supervivencia que los sabios de la época debieron abordar y contribuir a resolver desde la luz que ofrece la teoría. Investidos generalmente de atributos religiosos, en las primitivas formas que adoptó la división social del trabajo, sus conocimientos eran mantenidos y transmitidos  en comunidades cerradas, comprendidos como un instrumento más de poder. 

 

De cualquier modo, la obra pionera de  babilonios y egipcios en el desarrollo de disciplinas matrices como las Matemáticas y la Astronomía causa una inmensa admiración.

 

La civilización de Mesopotamia nos legó en textos cuneiformes los primeros elementos aritméticos que datan de unos 5000 años atrás. Pero fueron las culturas de Babilonia y Egipto en el tercer milenio a.C. las que registran un marcado interés en medidas y cálculos geométricos.

 

Los sistemas primitivos de cálculo seguramente se basaban en el uso de los dedos de una o dos manos, de ahí la abundancia en los primeros sistemas de numeración de las bases 5 y 10. Esta necesidad de cuantificar las variables determinó la adopción en cada cultura de su propio sistema de numeración.

 

El sistema binario o en base dos se conocía en China 3000 a.C. Este tiene la ventaja de utilizar solo dos símbolos: uno (1) y cero (0).

 

Egipto representó en la Antigüedad una de las culturas más brillantes. Se distinguen tres imperios en un período histórico que abarca unos 18 siglos desde la primera dinastía fundada hacia el 3 000 a.C. que los historiadores han llamado el Antiguo Egipto, el Imperio Medio y el Nuevo Imperio cada uno con una vida de aproximadamente cinco siglos. Tras su conquista y conversión en provincia asiria por el Rey Assurbanipal hacia el 680 a. C. jamás volvería Egipto a recobrar su grandeza. En el año 525 a.C. Dario I lo sometió al imperio persa. El macedonio Alejandro Magno lo conquistó en el año 332 a.C. y a su muerte, Egipto fue regido por una dinastía de griegos hasta el 30 a.C. en que fue anexionado por Roma. Pero en su larga existencia la cultura egipcia legó a la humanidad un sinnúmero de inventos y descubrimientos que trascenderían a su época.

 

Mientras en Mesopotamia los sumerios desarrollaban el sistema de escritura cuneiforme hacia  el  3 000 a.C. en el Antiguo Egipcio se ideaba el sistema de escritura jeroglífico cuyo desciframiento vino de la mano del erudito francés Jean Francoise Champollion (1790 – 1832). En 1822, al estudiar la piedra de Rosetta grabada en el 197 a.C. en tres sistemas el jeroglífico, el griego y el demónico Champollion logró la comparación que lo condujo al sensacional hallazgo de desentrañar  dos nombres: Ptolomeo y Cleopatra.

 

El algodonero egipcio (Gossypium hirsutum), creció en el valle del Nilo y sus rendimientos propiciaron el inicial desarrollo del telar en el 2 500 a.C. unos 4 400 años antes del telar mecánico de Arkwright. 

 

El sistema de numeración inventado por los egipcios era un sistema decimal, similar al adoptado por los romanos unos 1 700 años más tarde, que reconocía al diez y sus potencias sucesivas como las bases de representación de todos los números. Sumas y restas eran las dos operaciones dominadas y la multiplicación requerida era operada como duplicaciones sucesivas mientras la división se comprendía como el proceso inverso.

 

En el primer período de la dinastía babilónica, uno de cuyos gobernantes fue el célebre Hammurabi (1790 a.C.),  se desarrollan las aportaciones de los babilonios a la naciente Matemática. Como lo demuestra la existencia de una tablilla de arcilla datada entre los años 1900 y 1600 a.C. (llamada Pimton 322) los babilonios dominaban unas matemáticas más avanzadas que los egipcios. Sobresale en esta obra la revelación del método para obtener las raíces positivas de ecuaciones de segundo grado, y la compilación de una gran cantidad de tablas matemáticas que incluyeron las operaciones de multiplicación y división.   

 

Los babilonios inventaron el sistema de numeración en base 60 que todavía esta presente en nuestro sistema de medida del tiempo y de los ángulos. Tal sistema de numeración babilónico, venía representado por un sistema de cuñas. El número 1 se representó por una cuña sencilla y el número 10 por una especie de flecha. Así los números hasta el 59 eran simbolizados por un procedimiento aditivo, cinco flechas sucesivas y nueve cuñas. Pero el 60 mereció el mismo símbolo del uno. Se generó así el llamado sistema sexagesimal, que tiene como base el 60. La ventaja de este sistema radica en el hecho de que el 60 es divisible por 2, 3, 4, 5, 6, 10, 12, 15, 20 y 30, lo que elimina el frecuente trabajo con fracciones que causaba problemas para los antiguos. Implícitamente aún hoy lo seguimos utilizando  ya que dividimos la hora en 60 minutos y este en 60 segundos; además el círculo tiene 360º (60 x 6).   

 

Las colosales pirámides egipcias, una de las maravillas del mundo antiguo, comenzadas a construirse hace más de 2 500 años a.C. indican la necesidad del dominio de un saber matemático que según se recoge en el papiro de Rhind, escrito unos 3 600 años atrás, llegó a abarcar desde mediciones de superficies y volúmenes hasta las reglas para cálculos aritméticos con fracciones, el cálculo de áreas, y la resolución de ecuaciones simples de primer grado. Se afirma que los egipcios debieron dominar el llamado teorema de Pitágoras para el trazado de líneas perpendiculares.

 

El término Geometría es un vocablo compuesto por Geo que significa tierra y metría que indica medir, es decir, medir la tierra. En la Alejandría griega, miles de años después, la Geometría adquiriría los contornos de disciplina científica pero ella sin dudas nació al pie del Nilo.   

 

Los aztecas utilizaban un sistema de numeración vigesimal. Las cantidades se indicaban por puntos o esferas hasta el número veinte. La cultura maya usó también este sistema y por medio de signos figurativos establecieron las fechas más antiguas que se registran en la historia de la humanidad. También crearon un sistema basado en la posición de los signos, que implica el uso del cero. Este se representaba con un símbolo ovalado que aparece en numerosas estelas o códices mayas. Los Incas utilizaban cordones de lana que colgaban de una cuerda. Cada cordón tenía unos pequeños nudos que se agrupaban para significar las unidades, decenas, centenas y millares.

 

Al tiempo que se desarrollan las primeras escuelas de la filosofía griega, en el Egipto, 500 años a.C. era empleado el ábaco en el cálculo numérico. Pero existen referencias de que la historia del ábaco, se remonta unos 3 000 años atrás a la China. El ábaco es considerado como el primer instrumento de cálculo realmente importante, ya que brinda la posibilidad de realizar multiplicaciones y divisiones o el trabajo en distintas bases. Todavía en nuestros días, en la actividad comercial del Oriente se sigue utilizando, compitiendo ventajosamente con la calculadora electrónica del mundo occidental, el ábaco milenario. 

 

Cuando recordamos que tanto Babilonia como Egipto crecieron en los valles de grandes ríos y que el éxito en la programación de plantaciones y colectas de sus productos agrícolas constituía una necesidad social básica, comprendemos mejor que los hombres encargados de la reflexión especulativa (originalmente mística pero preteórica en fin)  pronto asociaran ambos problemas con el estado de la cúpula celeste y del movimiento de los astros sobre sus cabezas.

 

No constituye pues mera veleidad del pensar los esfuerzos por penetrar en la descripción primitiva de mapas estelares, registrar el movimiento de los astros, construir el concepto del tiempo. Ello no significa que los hombres que debieron abordar estos aspectos,  luego de emprendida la empresa, tuvieran conciencia plena de la necesidad social a la cual respondía el trabajo que desplegaban. No es difícil imaginar que inmersos en la tarea por resolver, el pensamiento reflexivo de los sabios volara  en una u otra dirección sin aparente conexión con necesidades inmediatas, y a menudo rodeado por una aureola mística.

 

En el campo de la medición del tiempo, los primeros instrumentos que persiguen cumplir este propósito son atribuidos a los egipcios. En verdad se reportan fechas de invención muy dispares para el reloj solar y la clepsidra. Las versiones más coincidentes sitúan la fabricación de estos artefactos en el inicio del Nuevo Imperio hacia el 1 500 a.C., es decir unos treinta siglos antes de que aparecieran los relojes mecánicos en el siglo de Newton.

 

El calendario solar egipcio de 365 días, una de las aportaciones fundamentales de esta civilización nació de las observaciones al pie del Nilo cuando determinaron las estaciones del año a partir de los cambios que mostraba el río con el paso del tiempo. Sus tres estaciones: la «inundación» o época de la crecida, que duraba aproximadamente tres meses; la «aparición de los campos al retirarse el agua», con su duración de cinco meses; y la «sequía», con sus cuatro meses, para volver a repetirse el ciclo, indicaba la periodicidad buscada.  Este calendario, que era bastante certero, se usó desde el tercer milenio a. C. y tuvo una finalidad práctica: el control de los ciclos agrícolas. Además, partiendo de la observación de la Luna, los egipcios dividieron su año en 12 meses, con 30 días cada uno.

Hacia el 400 a.C. los babilonios comprobaron que los movimientos aparentes del Sol y la Luna de oeste a este alrededor del zodíaco no tienen una velocidad constante. La tarea de describir matemáticamente el carácter cíclico del movimiento de la Luna con su fase de velocidad creciente durante la primera mitad de su revolución y la reducción de la misma hasta el mínimo originario permitió a los astrónomos babilonios predecir la luna nueva y el día en que comenzaría el nuevo mes. Como consecuencia, conocían las posiciones de la Luna y del Sol todos los días del mes.

 

Los conocimientos en el área de las transformaciones físico – químicas de las sustancias que constituyeron conquistas de las civilizaciones del mundo antiguo no estuvieron acompañadas de una reflexión teórica, sino más bien de una práctica iluminada por el ensayo-error y no pocas veces asistidas por la casualidad. Esto no niega la existencia de una práctica intencional dirigida a aprovechar todos los elementos naturales o sus modificaciones para bien de la comunidad.

 

La inauguración hace unos diez mil años de la cultura de la cerámica, supuso el dominio de la arcilla, mineral complejo formado por un silicato de aluminio que posee una cierta naturaleza plástica y que al secar o ser sometido a calentamiento endurece. 

 

Al aprender el hombre a trabajar el barro, se inicia la producción de ladrillos y el desarrollo del arte alfarero,  que coincide en ciertas civilizaciones  con el desarrollo de la agricultura y la edificación de los primeros asentamientos humanos.

 

La ciudad antigua de Jericó, una de las primeras comunidades agrícolas, muestra en su segundo nivel de ocupación, que data del milenio VIII a.C., un gran número de casas redondas de ladrillo de adobe.

 

Las técnicas involucradas en el reconocimiento de los minerales, el proceso de reducción a metales y su fundición, la forja y el templado de los metales han tenido tal repercusión en el progreso social que los historiadores han periodizado etapas de desarrollo como Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro.

 

El dominio de los metales se inicia por el cobre, elemento 25 en abundancia relativa en la corteza terrestre, pero que puede encontrarse en estado nativo y se reduce de sus óxidos con relativa facilidad. 

 

Precisamente la génesis de la metalurgia se presenta cuando los hombres aprendieron que un calentamiento enérgico de una mena azulada con  fuego de leña, producía un nuevo material rojizo, resistente, y que poseía una propiedad no exhibida por la piedra, su carácter maleable. Este material permitía la fabricación de instrumentos más efectivos y duraderos. Asistimos al inicio de la Edad del Cobre en dos regiones tan distantes como el Medio Oriente y la actual Serbia, unos 4 000 años a.C. 

 

Sorprende que descubrimientos arqueológicos demuestren la entrada en escena de un nuevo material más duro que el cobre, unos 500 años antes del inicio de la Edad del Cobre. En el sudeste asiático, en la tierra de los Thai, debieron practicar la reducción de una mezcla de minerales que diera origen a la primera aleación trabajada por el hombre: el bronce. El bronce, una aleación constituida por cobre y estaño (y en menor proporción otros metales), es más duro y resistente que cualquier otra aleación común, excepto el acero, y presenta un punto de fusión relativamente bajo.

 

El desarrollo desigual que experimentaron las civilizaciones antiguas, erigidas en distintos escenarios naturales, hace que el dominio de un material y el arte o técnica de elaboración de objetos con él aparezca en fechas bien distintas. Un milenio más tarde, según lo demuestran hallazgos en la tumba del faraón Itetis, los egipcios fabricaban el bronce. 

 

Se atribuye a la cultura sumeria en materia de tecnología y construcciones la invención de la fundición del bronce por el método de la cera perdida, la utilización de carretas y furgones; la fabricación de ladrillos que empleaban como material básico en la elevación de murallas defensivas en ciudades como Uruk (2800 a.C.); la erección de palacios como el de Sargón el Grande (2335-2279 a.C), el primer creador de un gran imperio que conquista toda Mesopotamia, parte de la actual Siria, Asia Menor, y buena parte del territorio que más tarde fuera Persia; el levantamiento de diques y la apertura de canales en evitación de las inundaciones (hacia el 2630); y  la edificación de templos de adobe decorados con fina metalurgia y una ornamentación de ladrillos vidriados como el gran zigurat de Ur erigido en el segundo milenio a.C. y dedicado a la deidad lunar de la religión sumeria.

 

Existen los testimonios sobre la existencia de instrumentos de un nuevo material ya por el año 1 500 a. C. Los hititas, pueblo que se instala en el Asia Menor durante siglos, debieron vencer las dificultades prácticas que supone aislar el hierro de sus óxidos minerales. Se necesita ahora el fuego del carbón vegetal y una buena ventilación. Estos obstáculos debieron ser superados porque el dominio del hierro suponía herramientas y armas más fuertes y duraderas y además porque el hierro aventajaba al cobre en algo muy importante: los yacimientos de sus minerales eran más abundantes.

 

De cualquier forma, Europa no implanta la tecnología del hierro hasta el siglo VII a.C., en China se inicia un siglo después, y en el África subsahariana hacia el 500 – 400 a. C.

 

El avance de la civilización no sólo exigió trabajar la piedra, la arcilla y los metales. Otros desarrollos fueron indispensables para el alcance de un bienestar deseado por las clases dominantes de una colectividad que ya había conocido la división social del trabajo. 

 

También aparecerían aquellos materiales que como la resina fósil amarillenta y quebradiza llamada ámbar, presentaban propiedades incomprendidas y eran considerados preciosos.  Al frotarse emana un olor agradable y lo que es más interesante, cuando se frota con una lana adquiere la propiedad de atraer débilmente a pequeños cuerpos, manifestando una acción a distancia. Pasarían milenios para que la humanidad conociera las causas de esta atracción electromagnética. La acción a distancia observada desde los primeros tiempos con la caída de los objetos hacia la tierra, ahora se apreciaba como una atracción ejercida sobre los cuerpos ligeros que aparecía cuando se frotaba el ámbar. Los griegos le conocieron y lo nombraron electrón;  de ahí procede el término actual de electricidad. Pero también el ámbar ha prestado un importante  servicio al conservar en su naturaleza vítrea insectos de otras épocas geológicas.  

 

Según una leyenda transmitida por Plinio, las propiedades del imán fueron descubiertas por el pastor Magnesos. Del nombre del pastor deriva según Plinio la palabra “magnetita” pero es más justo suponer que la palabra magnetita procede del nombre de Magnesia, ciudad de la antigua Lidia cerca de la cual se hallaban grandes yacimientos de mineral de hierro imantado.

 

Fueron los chinos, sin dudas, los primeros que intentaron describir y explicar la acción del imán. En el diccionario “Sho –veñ” elaborado cerca del año 120 por el sabio Jiu Chin, se define la palabra tseu (imán) como nombre “de una piedra por medio de la cual se da orientación a una aguja”. Otras denominaciones chinas llaman al imán “piedra que orienta”. Por lo visto, los chinos empezaron a usar la brújula desde tiempos remotos, primero para orientarse en las expediciones por tierra y para el trazado de planos en los terrenos de construcción sólo después en la navegación marina. Pero penetrar en la naturaleza del electromagnetismo exigió de todo un complejo desarrollo iniciado justamente con el nacimiento del siglo XVII.

 

Mucho antes de la fabricación de agujas imantadas, hace unos 4000 años, la medicina de la China antigua desarrollaba una terapia alternativa para el tratamiento de enfermedades reumáticas y otras dolencias que llega hasta nuestros días con el nombre de acupuntura. La penetración de agujas en determinados puntos del cuerpo humano bloquean determinados centros que se interponen a los mecanismos del dolor, o restituyen cierto flujo energético obstaculizado por las enfermedades. 

 

A China debe el mundo en materia de medicina tradicional el desarrollo del masaje como terapia alternativa por la armonía del cuerpo y el empleo de determinados fármacos entre los que sobresalen los extractos del ruibarbo por sus propiedades vermífugas, y del opio por sus propiedades analgésicas. 

 

Paradójicamente, ciertos ritos y creencias sobrenaturales, reflejos de diversas enajenaciones terrenales,  impulsaron el desarrollo del conocimiento en áreas como la elaboración de medicinas, perfumes y cosméticos, tintes y colorantes.

 

Durante la civilización babilónica (siglo XVIII – VI a.C.), que tuvo como herencia el desarrollo técnico alcanzado por los sumerios, se lograron avances en los procesos de blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes. 

 

La propia piedra, una tablilla, fueron los primeros materiales sobre los cuales el hombre inscribiría sus memorias. El papiro egipcio vendría a representar una revolución en los procedimientos para perpetuar una escritura. Pero el papel producido a partir de la celulosa de la madera, por una técnica similar a la que la Europa conociera más de mil años después a través de los árabes, se adjudica a los chinos. El papel chino más antiguo  data del  siglo II y fue descubierto en el pueblo de Lou – Lan del Turquistán chino.      

 

El término perfume tiene su origen en el latín «per fumo» (por el humo) pero se sabe que los egipcios saturaban la atmósfera de tumbas y templos sagrados con fragancias agradables procedentes de preparados perfumados. También se sabe que tanto sus hombres como mujeres se aplicaban ciertos aceites aromatizados sobre la cara para aminorar el efecto deshidratante del clima cálido y seco que debían soportar; y que gustaban decorarse los párpados con un pigmento verde y otro oscuro preparado con Antimonio y hollín.

 

En relación con los colorantes orgánicos se conoce de su utilización a través del Talmud, libro religioso de los antiguos judíos, donde se prohíbe el corte del añil de menos de tres años. Hace dos mil años que los judíos extraían de esta planta procedente de la antigua India, un colorante azul: el índigo o añil. El índigo ocupa por su belleza y estabilidad, uno de los primeros lugares entre los colorantes. En otro momento de la Historia, Publio Ovidio (47 a.C. – 17), al caracterizar en los Fastos el cortejo de los cónsules romanos describe sus vestidos del exclusivo color púrpura. 

 

Los antiguos fenicios dominaron ya la técnica de extracción del púrpura de los moluscos (múrices) que en grandes colonias poblaban las aguas frente a las costas de Tiro. La extracción del púrpura suponía el tratamiento de miles de estos moluscos pues este colorante se encontraba en pequeñísimas cantidades en una glándula junto al hígado de los múrices.  En el siglo XI a.C. la civilización fenicia que se había establecido hacia el 2 000 a.C., en el litoral del Mediterráneo al  pie de los territorios del actual Líbano, tiene una gran esplendor. Fundaron importantes ciudades estados como Sidón y Tiro. De esta época  data el surgimiento del alfabeto fenicio, primera escritura puramente fonética que se propagaría por todos los pueblos del mediterráneo, constituyendo la referencia de donde se derivan la mayor parte de los alfabetos del mundo antiguo.

 

De la Medicina india, conocemos a través de Charaka (c100- ?), autor de uno de los primeros tratados de medicina, el empleo extensivo que hicieron los indios de las hierbas para la elaboración de medicamentos. El extracto de la raiz de la planta india Rauwolfia serpentina (a partir del cual se aislara la reserpina, el alcaloide utilizado como el  primer tranquilizante moderno); las resinas narcóticas y analgésicas del cáñamo índico y del beleño fueron preparaciones de la Farmacopea india.   

 

Los egipcios no sólo conocieron y trabajaron los metales más importantes de la época: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo y otros, sino que aprendieron a preparar pigmentos naturales, jugos e infusiones vegetales.

 

En otra dirección, los egipcios desarrollaron métodos de conservación de cadáveres cuyos resultados sorprendieron milenios después al mundo occidental. Para ello debieron estudiar las sustancias con propiedades balsamáticas, y los antisépticos. 

 

Se ha podido establecer que la antigua sociedad egipcia en su división social del trabajo separó al médico del sacerdote y al hacerlo ponía en manos del médico el desarrollo de las terapias terrenales para la salvación del cuerpo, mediante el análisis empírico-racional de las enfermedades y su tratamiento. Algunos elementos de la farmacopea como el desarrollo de los laxantes y el conocido empleo que le dieron al ácido tánico en el tratamiento de las quemaduras llegan hasta nuestros días.

 

Este cúmulo de conocimientos que se fue acopiando y transmitiendo sobre las propiedades y las transformaciones de las sustancias químicas constituyó el núcleo de lo que llamaron la khemeia egipcia. 

 

Estos conocimientos por lo visto eran recibidos y transmitidos por artesanos y técnicos mediante la tradición, pero ignoramos las reflexiones que acompañaban a sus prácticas de instrucción. Esto significa que si entendemos la ciencia no sólo como el saber hacer (arte y técnica), sino además como el conocer y poder explicar las razones por las cuales se hace así y no de otra manera, debemos admitir que ella comienza cuando ya la técnica en la cual se apoya y a la cual soporta, hace mucho tiempo ha sido establecida.

 

El momento en que puede considerarse se inicia la evolución de un pensamiento teórico precientifíco data del siglo VI a.C. y tiene como escenario “clásico”, en la Historia de la cultura occidental, la sociedad esclavista de la Grecia Antigua. La definición de este momento se avala por ser entonces cuando se inicia una reflexión teórica, metódica y productiva sobre la naturaleza. Es significativo que en la base de los sistemas filosóficos aparecidos por entonces en muy distantes escenarios culturales, con Confucio y Lao Tse en China; Buda, en la India; y Zoroastro en Persia; se aprecian ideas generales que evidencian una cierta unidad en la concepción del mundo de los pueblos de aquella época. De cualquier modo, se hace obligado la referencia específica al mundo greco- romano en el cual se alcanza la expresión más completa de la doctrina acerca de la sustancia y sus componentes. 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *