AUTONOMÍA, LIBERTAD, FELICIDAD, ¡UNA TRÍADA INDISOLUBLE!

¿Es posible ser feliz, porque se es una persona libre y autónoma, y esto en la vida religiosa? Estoy convencida de que no sólo es posible, sino que es necesario, pues es una tríada indisoluble: sin autonomía no hay libertad, sin libertad no hay responsabilidad, sin responsabilidad no tengo en mis manos mi felicidad.
No es extraño escuchar en el colectivo social dos afirmaciones aparentemente discordantes: libertad no es hacer lo que nos da la gana, lo que significa que tenemos posibilidad de hacer lo que queramos ya que nuestra libertad es total, pero está en interrelación con otras personas; y no somos libres, estamos condicionados, es decir, asumimos que nuestra capacidad de decisión es limitada, escasa, incluso inexistente. ¡Una contradicción que asumimos como natural y en la que nos ubicamos en una u otra afirmación, según sea la situación o según nuestra propia conveniencia! ¿Es posible unificar estas dos posturas y entenderlas desde la unidad? ¡Por supuesto!.
Hay tres elementos fundamentales para comprender la autonomía en los que me basaré para explicarme: la experiencia de la libertad liberadora que tiene que ver con la responsabilidad y esta tiene que ver con los demás, pues se elije libremente y asumiendo que toda elección tiene consecuencias; la responsabilidad con horizontes: las periferias –lo que está fuera– y las fronteras –donde está el conflicto–; y el discernimiento como herramienta permanente de confrontación de la propia libertad y autonomía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *