ATAPUERCA: A LA BÚSQUEDA DE NUESTROS ORÍGENES

Los antiquísimos fósiles humanos hallados en la Sierra de Atapuerca, cerca de la ciudad de Burgos, constituyen sin lugar a dudas el más importante yacimiento arqueológico en la historia de la Paleoantropología mundial y nos desvelan muchos misterios sobre la vida y evolución de los hombres prehistóricos sobre la faz de la tierra.

Tras abundantes tentativas previas infructuosas, en 1978 comenzaron las excavaciones en Atapuerca, bajo la dirección del profesor Emiliano Aguirre hasta 1991, año en el que tomaron el relevo Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

SUS HALLAZGOS HAN REVOLUCIONADO LA HISTORIA.

La mayor sorpresa, de enorme trascendencia en el estudio del devenir del hombre a lo largo de los tiempos, fue el hallazgo, en el nivel 6(TD-6) del Yacimiento de la Gran Dolina, de una nueva especie desconocida: el Homo Antecessor, el primer habitante humano de Europa, ¡de 800.000 años de antigüedad! y ubicado entre el Homo Ergaster y el Neandertal.

Este increíble descubrimiento ha supuesto un enorme cataclismo en la paleoantropología mundial, ya que anteriormente no había constancia en absoluto de la existencia de seres humanos en Europa en una época tan remota.

También ha sido extraordinario el hallazgo del yacimiento de la Sima de los Huesos, en las profundidades de la Cueva Mayor, que ha proporcionado más fósiles humanos que ningún otro del mundo, ya que los restos corresponden a 30 cadáveres de unos 300.000 años de antigüedad, que fueron arrojados al fondo de una sima de 14 metros de profundidad.

Las últimas investigaciones apuntan a que podríamos encontrarnos ante un ritual funerario y una posible manifestación de comportamiento simbólico de hace 300.000 años. Y ello tiene una especial relevancia, ya que algunos autores pretenden negar cualquier tipo de capacidad simbólica a los últimos Neandertales de hace 30.000 años, diez veces más “recientes”.

Además, los últimos estudios han demostrado que estos antiquísimos seres humanos que habitaban en Atapuerca se organizaban socialmente más o menos como nosotros, viviendo al ritmo que marcaba la naturaleza, lo que hace que este yacimiento sea más fascinante, si cabe.

Veamos con más detalle cuales han sido las fases e hitos más destacados que durante 20 años de ímprobo trabajo han convertido Atapuerca en la columna vertebral de la Prehistoria europea.

GÉNESIS FORTUITA DEL YACIMIENTO

El descubrimiento de Atapuerca fue producto de la casualidad, ya que únicamente merced a una gran obra ferroviaria pudieron quedar al descubierto los yacimientos de la Trinchera.

A finales del siglo XIX, la época de gran auge de las siderurgias vascas, Richard Preece Williams, empresario británico, decidió construir un ferrocarril minero para transportar el carbón y el mineral de hierro desde la Sierra de la Demanda hasta el enlace con la vía férrea Burgos-Bilbao. Para ello creó la Sierra Company Limited que empezó la construcción de una vía férrea de 65 km entre Monterrubio de la Demanda y Villafría, en las afueras de Burgos. Fueron necesarios cinco años de trabajo. Pero la línea había exigido una gran inversión y no fue económicamente rentable, por lo que en 1910 dejó de funcionar.

Fueron precisamente las obras de este ferrocarril las que dejaron al descubierto los yacimientos paleoantropológicos, ya que al atravesar las estribaciones de la Sierra de Atapuerca para abrir camino a las vías, se excavó un tramo de 1 km de dura roca caliza, creándose mediante barrenos y taladros un desfiladero artificial de 20 metros de profundidad en el área suroeste de la Sierra de Atapuerca, en el que se instalaron las vías.

Una vez realizada la obra, la Trinchera del Ferrocarril comenzó a mostrar sus tesoros: no sólo había caliza sino diferentes manchas de arcilla roja que indicaban los lugares donde en tiempos muy remotos habían existido cuevas que con el tiempo (hace unos 180.000 años) quedaron tapadas y repletas de sedimentos. Pero ahora, este gran surco abierto por el ferrocarril constituía una especie de libro abierto de historia. La Trinchera del Ferrocarril había dejado al descubierto todas las capas constituyentes del yacimiento y era factible ver en el mismo corte todos y cada uno de los niveles con contenido de material arqueológico. Entre esos depósitos de roca y arcilla había huesos y útiles de piedra, especialmente en los dos rellenos conocidos como Galería(TG) y Gran Dolina(TD), si bien habrían de pasar casi ocho decenios hasta que fueron excavados por científicos.

LOS PRIMEROS SONDEOS

Ya en 1911 y 1912, la Cueva Mayor suscitó el interés de eminentes arqueólogos de la época como Henri Breil y Hugo Obermaier, atraídos sobre todo por las pinturas rupestres y la cabeza de caballo en la pared de entrada.

En 1962, algunos integrantes del grupo espeleológico Edelweiss descubrieron fósiles en la Trinchera del Ferrocarril, hecho que comunicaron a las autoridades.

En 1963, Basilio Osaba examinó la Trinchera y encontró un hacha de mano que catalogó como Achelense.

En 1972, de nuevo el Grupo Espeleológico Edelweiss descubrió la Galería del Sílex, una nave lateral de la Cueva Mayor que incluye un santuario prehistórico con restos de distintos períodos, desde el Neolítico a la Edad del Bronce.

Pero la primera luz decisiva sobre la verdadera importancia del yacimiento de Atapuerca surgió como consecuencia de las investigaciones del ingeniero de Minas Trinidad Torres, que trabajaba en su tesis doctoral sobre los Osos de las Cavernas, los gigantescos úrsidos del Pleistoceno, y se adentró en la Sima de los Huesos para extraer restos de oso. Entre los huesos que extrajo en la Sima, aparecieron unos fragmentos mandibulares que no eran de oso.

Se trataba de fósiles humanos, algo excepcional, ya que por los restos de oso era obvio que el yacimiento tenía una enorme antigüedad. Aquella mandíbula, con otros dos fragmentos más, también de mandíbula, un puñado de dientes y dos fragmentos de cráneo, fueron los primeros restos prehistóricos humanos hallados en Atapuerca.

Emiliano Aguirre, director de tesis de Torres, percibió al instante que la forma de aquella mandíbula implicaba una antigüedad extraordinaria, ya que la morfología de los osos ubicaba al yacimiento en el Pleistoceno Medio, una etapa en la que los yacimientos europeos con fósiles humanos tan antiguos son realmente excepcionales.

En 1978, el Grupo Espeleológico Edelweiss descubrió Trinchera Zarpazos, con marcas de garras de oso que han perdurado a lo largo de muchísmos milenios y que aún pueden ser vistas hoy en día en sus paredes.

COMIENZO DE LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS CIENTÍFICAS

Fue en 1978 cuando se abordó la limpieza de los derrubios depositados por la erosión al pie de la Gran Dolina y la Trinchera del Ferrocarril.

Entre 1980 y 1981 comenzó la excavación de los dos rellenos, bajo la dirección del paleontólogo Emiliano Aguirre.

En 1982 se excavó Galería, realizándose catas en el nuevo yacimiento de Zarpazos, e instalándose un sistema de cuadrícula aérea. Aparecieron cinco niveles con industria lítica y fauna.

Lo que iban apareciendo eran suelos de ocupación humana, diferentes niveles de tierra que en tiempos remotos habían sido suelo de la cueva, donde seres humanos habían llevado a cabo sus actividades.

Las excavaciones de Atapuerca estaban empezando a consolidar un decisivo giro en la forma en que se concebía una excavación, cuyo referente constante iba a ser el concepto de “espacio antrópico”, una zona usada por seres humanos para su provecho, que origina una capa de tierra que esconde huesos y herramientas de piedra relacionados entre sí y por lo común coetáneos.

Así pues, los huesos y herramientas de piedra no se encontraban dispersos en todo el espesor de las capas de sedimentos, sino acumulados en determinados planos. En ellos aparecían huesos de animales, a veces con las características señales de descarnación provocadas por los filos de piedra, junto con cuchillas y otras industrias líticas que probablemente sirvieron también para tal menester. Así se formaron los niveles repletos de fauna e industria lítica, si bien las pruebas iban poniendo en evidencia que las cuevas habían sido usadas intensamente y con el paso de los años se dejaron de utilizar.

En 1984 se inició el montaje de una cuadrícula, un sistema para dividir el terreno de la Sima en cuadrados de 50 cm de lado, a fin de identificar la procedencia de los fragmentos mediante dicho método arqueológico.

Esta cuadrícula quedó establecida gracias a alambres tensos fijados en las paredes de la cavidad. Se tuvieron que perforar manualmente los orificios de los anclajes, pero ello facilitó la colocación de plomadas espaciadas medio metro, de manera que la cavidad completa quedó dividida en parcelas de un cuarto de metro cuadrado.

Era preciso estudiar detalladamente la estructura geológica del yacimiento, que estaba oculta por el revuelto de arcilla y huesos producto de las lamentables actividades anteriores de aficionados y furtivos. Hubo que extraer unas 6 toneladas de material, y los miembros del equipo de Atapuerca se vieron forzados a cargar muchísimos macutos de espeleología con 25 kg a la espalda de los huesos, piedras y sedimentos, que eran sacados a la superficie manualmente, llegando a hacer hasta tres viajes diarios, arrastrándose por las galerías y rampas con una enorme humedad hasta salir al exterior.

Pero esa ingente cantidad de kilos de arcilla y bloques, mezclados con miles de huesos, principalmente de osos y humanos, iba a dar sus frutos.

Los primeros años, la inmensa mayoría de huesos correspondían a osos (Ursus Deningeri), que en número de hasta 160 se habían despeñado por la trampa natural constituida por la sima de 14 metros de profundidad.

Pero de repente empezaron a aparecer restos humanos muy fragmentados por la acción de los aficionados. Aparecían abundantes fragmentos de cráneo, pero faltaba casi por completo la zona de la cara, que es el área que desaparece más fácilmente.

También se encontraron numerosos dientes humanos, que irían aportando cada vez mayor información y sorpresas.

En 1987, el número de fósiles humanos extraídos de la Sima de los Huesos alcanzó la cifra de 200.

Se constató que estos restos eran de Homo Heidelbergensis, los precursores del Hombre de Neandertal.

No obstante, pese al estado de conservación casi perfecto de los huesos de la Sima, éstos se hallaban muy desmineralizados, lo cual, sumado a la ausencia de proteínas, los hacía muy frágiles. El equipo de investigación de Atapuerca los sometió a un tratamiento especial de refuerzo posterior a su limpieza, consolidando su estructura con productos plásticos hidrosolubles, e intentando sacar el máximo partido al carácter higroscópico de los huesos antiguos.

El laboratorio de investigación se convertía en epicentro de actividad cuando, al volver de la excavación, se intentaban recomponer los huesos a partir de sus fragmentos, hallados por separado. Resultaba imprescindible sacar todos los fósiles de los años precedentes y constatar, junto a los últimos descubiertos, si era posible encajarlos tomando como referencia principalmente sus zonas de fractura, con la enorme dificultad y horas de trabajo y estudio que ello conlleva.

La labor primigenia es identificar la correspondencia de cada fragmento con un hueso concreto, ya que la forma de cada parte ósea del cuerpo humano es distintiva. Si se conoce con precisión la anatomía humana y se ha desarrollado una memoria visual es posible reconocerlos como pertenecientes a partes concretas del esqueleto.

Así fue como se reconstruyeron en laboratorio los cráneos 1, 2, 3 y 6, con piezas extraídas durante años en distintas campañas de excavación.

RELEVANCIA DE LA INDUSTRIA LÍTICA HALLADA EN ATAPUERCA

Desde los comienzos de la excavación, se verificó que la propia Sierra de Atapuerca y sus alrededores eran la cantera de la que se obtenía la piedra que constituía la materia prima usada por aquellos seres humanos para fabricar sus herramientas y útiles.

De hecho, la industria lítica de Dolina y Galería está formada por diversos tipos de roca. La mayoría son de cuarcita, en este caso cantos rodados de roca metamórfica granulosa , muy abundantes en las orillas y terrazas del río Arlanzón, y en menor medida útiles de cuarzo y arenisca.

Todos estos materiales procedían de la cercana Sierra de la Demanda y fueron a parar a Atapuerca arrastrados por el río.

Pero la roca más utilizada es el sílex, que aparece en dos variantes:

a) Un tipo muy frágil, formado durante el Neógeno (entre 23 y1.6 millones de años) en los alrededores de la Sierra y que aparece en enormes bloques, pero las herramientas humanas talladas con este sílex se deshacían con sólo tocarlas.

b)Sílex formado en el Cretácico Superior dentro de la caliza, de gran calidad y que se conserva extraordinariamente bien, aunque es bastante menos frecuente.

A fin de analizar la forma de la industria lítica, los científicos de Atapuerca utilizaron el novedoso sistema Lógico-Analítico, en el que se reconstruyen las fases de fabricación para clasificar las piezas de industria lítica. De este modo, estudiando una pieza concreta, podemos saber el orden en que se dieron los golpes para tallarla y averiguar como fabricaban sus armas estos milenarios pobladores europeos.

Entre las herramientas de piedra halladas, destacan también los percutores, cantos rodados de cuarcita utilizados para tallar otras piedras o bien para partir huesos.

También se conservan bloques de sílex de los que se extraían en serie lascas más o menos uniformes. Dichos bloques eran llevados consigo por los habitantes pleistocenos de la Sierra, para fabricarse sobre la marcha, in situ, las herramientas que iban necesitando según las circunstancias.

Con frecuencia en los huesos hay visibles marcas producidas por los instrumentos de piedra en el momento de cortar la carne. Hay que destacar el hecho de que siempre procedían extrayendo el tuétano de los grandes herbívoros, muy nutriente, rompiendo sus huesos y dichas fracturas son fácilmente reconocibles, ya que aparecen siempre en las zonas del hueso donde se insertan los músculos. Estas operaciones eran ejecutadas con herramientas de piedra, que han aparecido en grandes cantidades junto a los huesos arañados.

Así pues, se puede inferir el tipo de ocupación humana del yacimiento gracias al estudio de la cantidad y tipos de útiles de piedra, de los huesos con marcas y de las fracturas intencionales existentes en cada nivel.

Las cuevas no eran solamente morada temporal, sino que se constituían en improvisado taller en el que los citados habitantes pleistocenos se fabricaban sus propias herramientas.

LA SIMA DE LOS HUESOS: FASCINANTE MISTERIO FUNERARIO

Era importante poder demostrar que los fósiles humanos encontrados en la Sima de los Huesos eran preneandertales, pese a las dudas iniciales debidas fundamentalmente a que la mayoría de los restos procedían de sedimentos alterados.

Pero la gran cantidad de individuos diferentes y de restos encontrados provocaron una gran sorpresa y agitación. Desde luego allí se daban circunstancias absolutamente especiales en comparación con los demás yacimientos de época análoga, por otra parte muy escasos.

En la Sima de los Huesos se han encontrado restos pertenecientes a 32 personas de diferentes sexos y edades. Este insólito hecho ha supuesto todo un hito en la historia de la ciencia paleontológica, ya que no resulta normal encontrar fósiles humanos y cuando aparecen son muy escasos.

¿Cómo podía explicarse tal montón de huesos de tantas personas distintas? En un primer momento se barajaron diversas hipótesis. Entre los restos hallados hay representaciones óseas de todo el esqueleto humano, y se conservan incluso los huesos más diminutos.

Posteriores estudios porcentuales sobre diferentes partes del cuerpo concluyeron de modo inequívoco que los esqueletos estaban enteros.

Se excluyó la idea de que los restos humanos hubieran sido arrastrados hasta allí por grandes carnívoros, ya que no se han encontrado restos de herbívoros (han aparecido 160 osos, 3 leones, 24 zorros, linces y algunos lobos y mustélidos).

Por otra parte, el concepto de trampa diacrónica natural es válido para explicar los osos y carnívoros hallados en la Sima, pero no para los seres humanos. Los osos se adentraban en las cuevas para hibernar, y su probabilidad de caídas era grande, pero se antojaba complicado que los humanos, que no habitaban las cuevas, hubieran podido caer repetidamente hasta 32 veces.

Por ello, todas las investigaciones efectuadas apuntan con un grado aceptable de certeza a que esta acumulación selectiva de 32 cadáveres humanos completos, en una zona muy concreta de la cueva, como es la Sima de los Huesos, obedece a una práctica funeraria intencionada humana. Es probable que la Sima fuese para ellos un lugar donde depositar los cadáveres de su gente.

Estaríamos entonces ante la primera manifestación de un culto a los muertos en la Historia de la Humanidad, algo parecido a un primer cementerio.

En la Sima de los Huesos se hallaron dos cráneos humanos completos (cráneos 4 y 5), tibias, fémures, huesos de la mano y el pie, mandíbulas y otros centenares de restos distribuidos en un pequeño espacio de 50×50 cm, con diferencia la mayor acumulación de fósiles humanos de todos los tiempos.

La extracción de los cráneos se vio dificultada por la superposición entre los fósiles, que obligaba a sacar decenas de huesos para liberar las piezas de mayor tamaño.

En julio de 1992 fue hallado “Agamenón”, el cráneo nº 4, con una capacidad craneana de 1.390 cc, la mayor del Pleistoceno Medio europeo. Su extracción llevó nada menos que 14 días al experto Ignacio Martínez Mendizábal, que durante ese tiempo, con infinita paciencia, profesionalidad y a veces al borde de la extenuación, excavó la arcilla alrededor del citado cráneo con un instrumento de modelar, realizando una delicadísima limpieza, rebajando la arcilla gramo a gramo, rodeando los muchísimos huesos ubicados alrededor del cráneo y extrayéndolos de uno en uno.

Pero todavía quedaba una sorpresa mayor. El último día de campaña, cuando el equipo de investigación puso manos a la obra para sacar todo el material de excavación, limpiarlo y extraer un fragmento de hueso coxal medio liberado de la arcilla, apareció debajo otro resto, a unos 10 cm de donde había estado el Cráneo-4, una revuelta amalgama de fragmentos muy delgados, entre los que había algunos dientes. Conforme se retiraba la arcilla se iba definiendo la estructura final, que resultó ser la primera cara íntegra del yacimiento, el primer cráneo completo del Pleistoceno Medio español y el más entero y mejor conservado de todos los hallados en el mundo, ya que tras la limpieza de laboratorio se confirmó que estaba intacto. Era el cráneo nº 5, el mítico “Miguelón”, en homenaje a Miguel Induráin, que acababa de ganar su segundo Tour.

Para mayor espectáculo y asombro de todos, al lavar los temporales del cráneo 5 aparecieron los tres huesos más pequeños del cuerpo humano: el martillo, el yunque y el estribo, los únicos existentes hasta la fecha en el Pleistoceno Medio y los más antiguos conocidos en la evolución del Hombre.

El tercer cráneo surgió en el laboratorio, en septiembre, después de la campaña de excavación. Era el Cráneo nº 6 y correspondía a un niño. Tenía unos 14 años en el momento de su defunción y su cabeza fue hallada en decenas de fragmentos que fueron encajando poco a poco con piezas encontradas en temporadas anteriores.

En 1993 apareció la mandíbula del Cráneo-5, hecho trascendental, ya que la mitad inferior del aparato masticador es muy importante para poder reconstruir el rostro. Era la primera vez que aparecía la estructura ósea completa de la cabeza de un individuo concreto. Nunca antes se había podido llevar a cabo una reconstrucción tan perfecta, ya que gracias al Cráneo-5 se pudo obtener, mediante ordenador, la fotografía de un hombre prehistórico pleistoceno de la Sierra de Atapuerca, la más fiable imagen posible de un ser humano de 300.000 años de antigüedad, y los trabajos del equipo de la Sima han permitido conocer que aquellos seres humanos eran muy fuertes, con una estatura media en los varones que superaba el 1.75, y el 1.70 en las mujeres, aunque en algunos casos ciertos individuos alcanzaban el 1.80 de estatura y los 90 kg de peso.

En la Sima de los Huesos se ha hallado más del 85% del registro fósil postcraneal humano del Pleistoceno Medio.

Atapuerca fue presentada oficialmente en sociedad en el II Congreso Internacional de Paleontología Humana, celebrado en Turín en 1987.

LA GRAN DOLINA: ¿CANIBALISMO?

Fue en 1990 cuando se decidió excavar en los niveles más bajos de la Gran Dolina, de unos 780.000 años de antigüedad. Tras el establecimiento de una cuadrícula aérea dio comienzo la excavación. La zona estaba llena de fósiles: rinocerontes, bisontes, caballos, hienas, un resto de elefante. La mayor parte de los restos se encontraba en buen estado de conservación, prácticamente intactos. Era una copiosa diversidad de fauna del Pleistoceno Inferior.

Fue hallada incluso una pata de caballo, con los huesos aún en conexión anatómica.

Antes de Atapuerca se dudaba que los seres humanos hubieran llegado a Europa antes del medio millón de años de antigüedad. Incluso, tomaba fuerza la hipótesis de que los primeros europeos habían emigrado al continente hace medio millón de años, mucho después de que sus parientes asiáticos hubiesen abandonado África.

Por ello, el hallazgo de cuatro piezas de industria lítica en TD-4 en 1991 fue todo un acontecimiento. Aquellos útiles de piedra eran la evidencia de que en la época en que se formó TD-4 (hace aproximadamente 780.000 años) ya había seres humanos en la Sierra de Atapuerca.

El nivel TD-6 comenzó a aportar hallazgos rápidamente, en especial restos de industria lítica muy antigua, excepcionales por su primitiva morfología, que los catalogaba como Preachelense.

Se constató que TD-6 es uno de los más ricos estratos de la Dolina, ya que fueron apareciendo abundantes piezas de industria lítica y fósiles de animales, así como pequeñas esquirlas de cuarcita y sílex procedentes de la talla de herramientas.

El 8 de julio de 1994, la arqueóloga Aurora Martín Nájera encontró un antiquísimo diente humano. Era un canino hallado en TD-6, el primero encontrado en la Gran Dolina. Además, había aparecido en un estrato de muchísima antigüedad con su sedimento no alterado. La alegría fue enorme, ya que el hallazgo de fósiles en TD-6 era excepcional. Durante aquella misma mañana, aparecieron dos dientes más, y durante la campaña de 1994 muchos otros fósiles se añadieron a aquellos tres primeros dientes.

Poco después apareció un fragmento de mandíbula con dos dientes más, comprobándose en el laboratorio que aún tenía el tercer molar sin salir, lo que indicaba un óbito alrededor de los 14 años.

De este último individuo, denominado Homínido 1, aparecerían los siguientes días de excavación nuevos dientes superiores e inferiores, así como un gran fragmento de cráneo, que incluye un buen porcentaje de la frente del niño.

El Homínido 2, un niño en torno a los diez años de edad, fue el segundo de los hallados. Con el tiempo se descubrió que entre los 36 fragmentos humanos recuperados había al menos seis individuos, de los que se conservaban porciones de vértebras, cara y huesos de manos y pies, etc.

TD-6 estaba repleto de industria lítica y fauna. Se recuperaron más de 100 piezas, entre ellas algunas esquirlas de roca muy pequeñas, que atestiguaban que las herramientas habían sido fabricadas allí mismo. Todos los restos humanos sin excepción aparecían completamente cubiertos de herramientas y esquirlas de piedra.

Las sospechas de canibalismo cada vez fueron cobrando más fuerza, ya que es rarísimo hallar restos humanos en la entrada a una cueva como la Dolina. Lo normal es encontrar en un lugar así restos de comidas de humanos o carnívoros.

Ulteriores estudios confirmaron la realidad: aquellos fósiles humanos era lo que había quedado de un banquete caníbal, con claras marcas de filos de piedra sobre los huesos e indicios de descarnación en un cráneo y dos falanges. Aquellos cuerpos fueron destazados como reses para su consumo y la carne fue retirada de los huesos. Así lo demuestra la ubicación de los cortes en los huesos.

En la capa Aurora del nivel TD-6 de Gran Dolina se han recuperado hasta la actualidad un total de 86 restos humanos muy fragmentados.

Es posible que para ellos no hubiese diferencias entre los cadáveres humanos y los de otras especies de animales.

Por ello, puede afirmarse sin ambages que los primeros europeos conocidos eran caníbales, ya que las marcas de cortes en los huesos de TD-6 son visibles en algunos fragmentos en series de arañazos sobre la zona externa del hueso. Fueron hechos con filos de piedra, y las incisiones se concentran en los puntos donde los músculos se unen al hueso.

Todo esto resulta especialmente palpable en un trozo del hueso temporal del cráneo, donde hay hasta 12 estrías paralelas en la inserción del esternocleidomastoideo, el gran músculo del cuello, factor común a otros yacimientos mundiales donde hubo canibalismo.

No obstante, lo más relevante es que estos fósiles humanos de TD-6, pertenecientes a seres humanos que fueron acechados y cazados como presas comunes, representan el último antepasado común de la rama Neandertal con la humanidad moderna. Es una nueva especie en la línea evolutiva de la Humanidad: el Homo Antecessor, de unos 800.000 años de antigüedad, el primer poblador conocido de Europa, y se caracteriza por presentar rasgos enormemente antiguos en dientes y cráneo, combinados con una cara muy moderna, más actual que la del Homo Ergaster.

Conforme a ello, el Niño de Dolina se asemeja al primer africano que abandonó su continente y se internó en Europa y Asia, representando también a la población que dio origen a nuestra rama. Sabemos que procedían en su origen de África y que emprendieron una larga marcha de colonización a lo largo de muchas generaciones, ya que se ha demostrado que la llegada a Europa no se produjo cruzando el Estrecho de Gibraltar, sino que habían recorrido Oriente Medio, rodeando el Mar Negro y el Cáucaso en dirección oeste.

El Homo Antecessor quedó registrado formalmente como una nueva especie humana en 1997, y dicho año, como recompensa a 20 años de ímprobos esfuerzos, el equipo investigador de Atapuerca fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

TÉCNICAS CIENTÍFICAS UTILIZADAS EN ATAPUERCA

El Yacimiento Paleontológico de Atapuerca ha permitido a científicos españoles de muy diversos campos la aplicación de tecnologías punteras , entre las que destacan:

a) La Geocronología.- La datación de estratos es el mayor problema al que han de enfrentarse arqueólogos y paleontólogos. La técnica de datación conocida como paleomagnetismo, estableció que algunas de las capas inferiores de la Gran Dolina superaban los 780.000 años de antigüedad, investigación llevada a cabo por Josep María Parés, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera.

Este método, empleado para determinar con precisión dataciones muy antiguas, se basa en el magnetismo de la Tierra, que posee un campo magnético que orienta las brújulas según el eje de rotación. El núcleo terrestre interno es sólido y férrico, mientras que el externo es líquido. Esto produce un campo magnético al generarse un movimiento diferencial entre ambos, con lo que al estar ubicados los polos magnéticos muy cerca de los geográficos, la aguja siempre señala el norte.

Pero el campo magnético terrestre cambia con el tiempo y en momentos concretos del pasado, dicho campo desapareció temporalmente y reapareció en sentido inverso. Durante estos períodos, la aguja de una brújula hubiera señalado el sur.

La actual orientación magnética empezó hace 780.000 años. La época anterior tenía el campo magnético invertido. Se sabe con precisión la duración y fecha de cada uno de los períodos de polaridad.

La inversión que permitió datar TD-6 es la última conocida y dicha polaridad inversa implica la certeza de que su edad es superior a 780.000 años.

Por otra parte, también se mostró muy eficaz la Bioestratigrafía, técnica mediante la cual para determinar la edad de los fósiles humanos se estudian los micromamíferos que les acompañan y sus diminutos huesos, que suelen conservarse muy bien, permitiendo tanto la identificación de especies como su antigüedad. La atención se centra en la presencia o ausencia de organismos y en los cambios que las especies han ido sufriendo a lo largo del tiempo.

En este sentido, hay que destacar la aportación de Gloria Cuenca, profesora de la Universidad de Zaragoza y especialista en micromamíferos, que confirmó la presencia del roedor Mimomys Savini, antepasado de las ratas de agua, extinguido hace 500.000 años, en el nivel TD-6 de la Gran Dolina, con lo que su presencia en estratos con industria lítica contribuyó en gran manera a corroborar la llegada del Hombre a Europa antes del medio millón de años.

Con las dos técnicas de datación anteriormente citadas se avanzó enormemente respecto a los tradicionales métodos radiométricos basados en la descomposición de elementos radioactivos a un ritmo regular, como por ejemplo el carbono-14, cuyo límite de fiabilidad está en los 45.000 años de antigüedad.

También se empleó en Atapuerca una variante del método Potasio/Argón (fiable hasta los 350.000 años de antigüedad): el ESR(Electronic Spin Resonance), que mide el número de electrones liberados por efecto de la radiación ambiental y que se aplica fundamentalmente a huesos y dientes.

b) Los estudios polínicos.- Son muy importantes para establecer con precisión las características del ecosistema en cada momento del pasado.

Se parte del polen, presente en muchas plantas de la Naturaleza, y cuya cubierta está constituida por dos capas: la intina y la exina. La exina, que es la capa externa, es vital en paleobotánica, porque tiene unos poros distintivos para cada especie.

Se toman pequeñas muestras de tierra y se llevan al laboratorio, donde son tratadas para extraer el polen. Dicho tratamiento consiste en disolver toda la muestra con ácidos, aprovechando la gran resistencia de la exina. A continuación se eliminan los demás restos orgánicos con sosa cáustica y lo que queda es sólo polen, que se estudia con microscopio para identificar las especies existentes en cada muestra y sus proporciones relativas.

De este modo se confecciona un perfil polínico, reconstruyendo diacrónicamente la evolución de la cubierta vegetal del lugar. Estos datos, sumados a los climáticos y de fauna permiten obtener una imagen fidedigna del ecosistema en cada momento del pasado.

c) Microscopio Electrónico de Barrido utilizado para estudiar con enorme detalle los filos de las industrias líticas. Las microfracturas, estrías y zonas pulimentadas indican si tal herramienta de piedra se utilizó para descortezar un árbol, para tallar una punta a partir de una rama o para raspar el dorso de una piel para su curtido.

En general se producía un desgaste característico en la piedra, por el efecto del roce con hueso o madera.

d) La Arqueología Espacial. Eudald Carbonell, carismático arqueólogo de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, dotado de una muy especial intuición, ha trabajado con la nueva técnica de la “arqueología espacial”, que estudia la distribución de los hallazgos en el espacio, para poder comprender cómo organizaban su hábitat los antiquísimos seres humanos objeto de investigación. Están creando una base de datos informática que va a permitir la reconstrucción tridimensional tanto de las herramientas de piedra como de los huesos hallados en Trinchera Galería.

e) Las más avanzadas técnicas fotográficas, con objetivos de distintas focales, de la máxima calidad y luminosidad.

En este sentido, ha sido decisiva la aportación del extraordinario fotógrafo y luchador infatigable Javier Trueba, que con sus sensacionales fotografías tanto en formato vertical como apaisado, realizadas desde muy diversos ángulos y perspectivas, muchas de ellas captadas con luz ambiente en el interior de las cuevas, con muy bajas condiciones de luminosidad y logrando una gran profundidad de campo, obtuvo maravillosos documentos gráficos de incalculable valor testimonial y documental, que han permitido difundir a la opinión pública internacional, mediante imágenes de gran calidad, que hablan por sí mismas (restos humanos, industrias líticas, huesos de animales, investigadores trabajando en el interior y exterior de la cueva y un largo etcétera), la trascendencia histórica de todo lo hallado en Atapuerca.

Fue Javier Trueba quién captó durante muchos años los momentos más importantes de la epopeya de Atapuerca, conviviendo, día a día, con todo el equipo de científicos.

Por otra parte, Javier Trueba fue el autor de un notable documental en vídeo: “Atapuerca. El misterio de la evolución humana”, que ha obtenido muchos premios nacionales e internacionales.

f) La Tomografía Axial Computerizada (TAC). La revolución informática también ha influido poderosamente en la Paleontología. Mediante el sistema TAC, los huesos digitalizados pueden ser estudiados de mil y una formas sin tocarlos.

El TAC se basa en hacer muchas radiografías de los huesos desde diferentes ángulos en un plano único. Un ordenador combina los datos de los barridos y crea unas imágenes óseas de gran resolución. El TAC, con su impresionante capacidad de detalle, detecta los bordes del hueso y desvela las cavidades internas de los fósiles, habitualmente inaccesibles.

Así pues, combinando barridos en planos múltiples se puede hacer una construcción tridimensional del hueso. Además, mediante estereolitografía es posible realizar copias en plástico de los huesos digitalizados.

ENTREVISTA CON JUAN LUIS ARSUAGA, CODIRECTOR DE LAS EXCAVACIONES DEL YACIMIENTO DE ATAPUERCA

Juan Luis Arsuaga, Catedrático de Paleontología Humana de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, concedió a “Esfinge” con gran amabilidad la entrevista que les ofrecemos a continuación.

JMS: “¿Cuándo se descubrió el Yacimiento de Atapuerca?

JLA: “El Yacimiento de Atapuerca se conoce desde el siglo XIX, en los albores de la Prehistoria como ciencia, porque hay una cueva denominada Cueva mayor, donde existe un caballo antiquísimo pintado en la pared, cuya antigüedad no ha sido posible fechar, pero que llamó siempre la atención.

En 1910 viajaron a Burgos para estudiarlo varios investigadores y los mayores especialistas en Prehistoria de la época.

Posteriormente, algunos paleontólogos norteamericanos establecieron una cata en la Cueva Mayor.

Después, algunos arqueólogos españoles hicieron otras catas en la Trinchera del Ferrocaril, que había cortado los yacimientos, que estaban visibles.

Y en 1978, llegó a la zona el equipo de paleontólogos españoles en el que estamos Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, un servidor y muchos otros colaboradores.

El grupo de espeleología local nos informó sobre los hallazgos y a partir de ahí se diseñó un programa de excavaciones y empezamos a excavar la Sima de los Huesos, la Cueva mayor, los Yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril, etc.

JMS: ¿A qué obedeció la enorme acumulación de cadáveres hallados en la Sima de los Huesos?

JLA: Normalmente no aparecen fósiles humanos en los yacimientos de esta época, porque unos son de 800.000 años, otros de 300.000, etc.

Hemos encontrado fósiles humanos en tres yacimientos distintos, sobre todo en dos. Uno tiene 800.000 años de antigüedad y el otro 300.000. Esta es una época en la que no existe la costumbre del enterramiento, por lo que normalmente no se encuentran fósiles humanos en las cuevas. Los humanos pasaban por las cuevas, pero no enterraban a sus muertos. Entonces, cuando aparece algún resto humano, suele ser un fragmento que ha podido caer en la cueva, arrastrado o transportado por algún carnívoro. Y suelen ser yacimientos muy pobres.

Pero en este caso, tenemos una enorme cantidad de fragmentos de esqueletos de estos dos yacimientos, y es porque se han dado dos circunstancias anómalas. En el yacimiento de hace 800.000 años se produjo un acto de canibalismo y en el de hace 300.000 años, tuvo lugar una gran e intencionada acumulación de cadáveres.

JMS: ¿Confirman definitivamente los hallazgos realizados en Atapuerca la existencia del Homo Antecessor en Europa, muy anterior al Hombre de Neandertal?

JLA: Totalmente. A diferencia de lo que se pensó en un principio, el Hombre de Neandertal no es una especie muy arcaica, sino una especia moderna en la evolución humana, y se extinguió hace relativamente poco tiempo, en términos geológicos hace unos 28.000 años.

El Homo Antecessor es una especie distinta, un antepasado muy remoto, común tanto a los neandertales como al Homo Sapiens actual.

Mientras en Europa vivía el Homo Antecessor, en Asia, en el Oriente Lejano vivía el Homo Erectus, que es una especie distinta. El Pitecantropus Erectus de Java y el Sinantropus Pekinensis son una rama asiática de la evolución humana, distinta a la europea y africana, que están más relacionadas entre sí.

JMS: ¿Cuáles eran las especies animales que habitaban en aquella época la Sierra de Atapuerca y el río Arlanzón, y cómo cazaba sus presas el “Homo Antecessor”?

JLA: Se han encontrado restos de hipopótamos, castores, mamuts, rinocerontes de varias especies, bisontes, uros, caballos, todo tipo de cérvidos (incluyendo los megáceros de enorme astas), etc.

También una gran variedad de carnívoros: varias especies de osos, de lobos, jaguares, leones, tigres de dientes de sable, linces, etc.

En esta época, los humanos no podían matar a distancia. No conocían el arco y las flechas ni los propulsores. Se veían obligados a cazar a muy corta distancia mediante palos gruesos afilados, por lo que eran muy corpulentos”.

JMS: ¿Cómo era físicamente el “Homo Antecessor”, más parecido a los primates o similar al hombre actual?

JLA: De cuello para abajo, como nosotros, con una estatura similar a la nuestra, pero mucho más anchos y fuertes, con un peso en torno a los 90 kg. En esta época, hace 800.000 años, la evolución humana ya lleva cuatro millones de años en marcha. El tipo humano moderno, con nuestra complexión física, nuestras proporciones corporales y en síntesis nuestro aspecto, aparece aproximadamente hace dos millones de años. Y ya anteriormente tenemos lo que se ha descrito como “chimpancés bípedos”.

En la Sima de los Huesos hemos encontrado la única pelvis completa existente de la evolución humana, con la que se ha podido verificar con precisión la enorme fortaleza y potencia de estos homínidos.

No obstante, sus rasgos faciales presentaban aún algunas diferencias con el “Homo Sapiens” actual: no tenían mentón y sus arcos superciliares estaban muy desarrollados. Eran humanos primitivos, pero ya humanos.

JMS: No se han encontrado restos ni indicios de fuego. ¿Cómo podían sobrevivir sin él?

JLA: Pues sin ningún problema, porque en realidad, el fuego no es importante en la evolución humana hasta una época mucho más reciente. No es imprescindible para sobrevivir.Y en aquella época prehistórica no se usaba para la alimentación., ya que sólo en épocas muy recientes comenzaron a prepararse y cocinarse los alimentos. La carne puede consumirse cruda, al igual que los vegetales.

JMS: ¿Cuáles son las expectativas de futuro del Yacimiento de Atapuerca? ¿Quedan todavía muchas cosas por descubrir?

JLA: De momento, en los yacimientos que ya conocemos, sabremos muchas más cosas en los próximos veinte o veinticinco años, y luego hay una serie de yacimientos nuevos, sobre todo dos que estamos trabajando, cuyos frutos no sé si alcanzaremos a ver, quizá nuestros descendientes, o dos generaciones.

En estos momentos hay una gran cantidad de información disponible, que es el producto de más de veinte años de trabajo, y la tecnología en constante progreso quizá nos permita a medio plazo fabricar una máquina que reproduzca los sonidos emitidos por los primitivos habitantes de Atapuerca.

Bibliografía

-Atapuerca. Nº spécial de L´Anthropologie. Edit. Elsevier. Coordinateurs: E.Carbonell, J.L. Arsuaga, J.M. Bermúdez de Castro. 2001.

-Lower Pleistocene Hominids and Artifacts from Atapuerca-TD6(Spain). Nature Magazine. v269: 826-830.

-Atapuerca: The Face of an Ancestral Child. R.Kunzig. Discover magazine. December 1997.

– Paleomagnetic Age for Hominid Fossils at Atapuerca Archaeological Site, Spain. Josep María Parés and Alfredo Pérez González. Nature Magazine. v269: 830-832.

-Atapuerca: El Misterio de la Evolución Humana. Juan Luis Arsuaga, Ignacio Martínez, Javier Trueba. Divisa Ediciones.

-El Karst de Burgos, Sierra de Atapuerca. Grupo Espeleológico Edelweiss.

-The Paleolithic Societies of Europe. Clive Gamble. Cambridge University Press. 1999.

-El Collar del Neandertal. J. L. Arsuaga. 1999.

-La Especie Elegida. J.L.Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal. 1998.

-Atapuerca y la Evolución Humana. Fundación Ramón Areces. 1998.

-A modern human pattern of dental development in Lower Pleistocene hominids from Atapuerca-TD6(Spain). J.M.Bermúdez de Castro et al. Proceedings of the National Academy of Sciences. 1999.

-Human Growth Displays Ancient Roots. B. Bower. 1997. The Weekly Newmagazine of Sciences. Volume 155, number 14(April 3, 1999).

-Spanish fossils enter human ancestry fray. B.Bower. 1997. Science news 151(May 31).

-Sapiens: El Largo Camino de los Homínidos hacia la Inteligencia. Edit. Península. Eudald Carbonell, Slavador Moyá, Robert Sala y Joseph Corbella.

-Lower Pleistocene hominids and artifacts from Atapuerca-TD6. Science 269. 1995. J.L. Arsuaga, Eudald Carbonell, J.M. Bermúdez de Castro, J.C.Díez, etc.

-Special issue of National Geographic Autumn 2000 on Atapuerca.

-A hominid from the Lower Pleistocene of Atapuerca, Spain: Possible ancestor to Neandertals and modern humans. Science, 276: 1392-5. J.L. Arsuaga, Eudald Carbonell, J.M. Bermúdez de Castro, J.C.Díez, etc. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *