ASTRONOMÍA MODERNA E HISTORIA DE LA CIENCIA

HONGOS

EL OBSERVATORIO de San Pedro Mártir se encuentra a cinco horas de camino (250 km) de Ensenada, Baja California, y se llega a él por una carretera, de terracería en su mayor parte, que sube desde el nivel del mar a los 2 830 m de altura.1. Este lugar de difícil acceso, en lo más alto de la sierra de Baja California, ha sido escogido por sus condiciones climáticas y la ausencia absoluta de asentamientos humanos en sus alrededores.2 La necesidad de observar durante largas noches sumergido en el frío y la soledad es el único rasgo que comparte el astrofísico actual con los astrónomos antiguos, a los cuales están dedicadas las presentes reflexiones.

La astronomía moderna se vincula estrechamente con la astrofísica, la física y las matemáticas y su investigación ha rebasado el estudio de nuestra galaxia para abarcar el Universo: en nuestra visita a San Pedro Mártir vimos en el telescopio una nebulosa cuya luz se originó hace 30 millones de años. El astrónomo moderno ya no se dedica, por lo general, a observar con sus propios ojos el cielo nocturno. Su labor consiste, ante todo, en planear y supervisar el funcionamiento de los instrumentos electrónicos altamente especializados que son conectados al telescopio.

Como todo desarrollo moderno de la ciencia y la tecnología, la astronomía actual es el producto histórico de la acumulación de conocimientos y forma parte de la historia de las ciencias de Occidente, tradición cuyos orígenes se encuentran en el Cercano Oriente (Mesopotamia) a partir del tercer milenio a.C., y sobre todo en la Grecia de la segunda mitad del primer milenio a.C. Como es sabido, a partir del Renacimiento, Occidente experimenta un desarrollo acelerado de las ciencias y este desarrollo le impuso su sello no sólo a la metrópoli sino también a los países dependientes.

Los estudios de la astronomía realizados en México a partir de la época colonial forman parte de la tradición científica occidental y han reflejado las preocupaciones intelectuales de una sociedad estrechamente vinculada a los países europeos (sobre todo, España y Francia) en la época colonial, y con los Estados Unidos en la actualidad. Dadas estas condiciones socioculturales, ¿cómo es posible vincular la historia de la astronomía en México con la época precolombina? Si, por lo visto, la astronomía moderna poco tiene en común con las preocupaciones astronómicas de los pueblos prehispánicos, ¿cuál es entonces la pretensión y el interés en hacer remontar la historia de la astronomía en México a sus antecedentes prehispánicos?

Nos preocupa una reivindicación fundamentalmente histórica al plantear el estudio de los orígenes y la evolución del pensamiento científico en Mesoamérica como legítimo campo para la investigación. Según afirma el historiador de la ciencia Otto Neugebauer en la introducción a su libro Las ciencias exactas en la antigüedad: «[…] Más allá de la utilidad que tiene la historia de las ciencias […] para la historia de la civilización en general, es el interés en el papel del conocimiento exacto en el pensamiento humano [lo que nos motiva emprender tales estudios]». La astronomía ha desempeñado un papel destacado en estos procesos; incluso se puede decir que ha sido la fuerza más activa en el desarrollo de la ciencia de Occidente desde sus orígenes en la antigüedad clásica hasta los días de Laplace, Lagrange y Gauss. No obstante, señala Neugebauer; la historia temprana de la astronomía es uno de los capítulos menos estudiados de la historia de la ciencia, y constituye un campo prometedor para la investigación futura.3.

El caso de México presenta una doble problemática: la colonización española significó la superposición violenta de dos culturas de derivación histórica autónoma. En la tradición indígena, la conquista produjo una ruptura profunda. Los españoles destruyeron la organización prehispánica estatal —sus estructuras sociopolíticas— y eliminaron también las escuelas de los templos, donde se educaba la élite y se transmitían los conocimientos científico-religiosos. La astronomía, los calendarios y el culto estatal formaban parte de esta tradición cultural de las élites que fue radicalmente suprimida a raíz de la conquista. Por otra parte, las ciencias que introdujeron los españoles en la Nueva España eran de origen netamente europeo. Se produjo una ruptura total, y no hubo continuidad entre las ciencias prehispánicas y coloniales en los niveles del Estado y de las clases dominantes. Sólo sobrevivieron a la conquista los conocimientos indígenas del pueblo campesino, prácticas y calendarios agrícolas.

Aunque el estudio de la astronomía prehispánica no nos da los antecedentes directos de la astronomía actual en México, por todo lo arriba dicho, este estudio tiene un valor histórico-cultural muy importante. Nos abre nuevas perspectivas para la comprensión de la sociedad prehispánica, específicamente en lo relativo a los conocimientos exactos acerca de la naturaleza que se produjeron en ella. En lugar de hacer arrancar el estudio del conocimiento a partir de la sociedad novohispana, planteamos, por lo tanto, la legitimidad de establecer una historia de las ciencias en el mundo prehispánico. Proponemos una reivindicación objetiva rechazando el menosprecio que a menudo ha recibido la herencia cultural indígena, pero hay que evitar también, de igual manera, la idealización acrítica y el misticismo de lo prehispánico que a veces han sido el producto de un falso nacionalismo. Para una tarea de esta índole se requiere de la colaboración entre la historia, la antropología, la arqueología y la astronomía.

ETNOHISTORIA, ARQUEOLOGÍA Y ARQUEOASTRONOMÍA

La sociedad prehispánica en el momento de la conquista española cuenta con fuentes escritas que constituyen su principal material de análisis y proporcionan información abundante sobre una amplia gama de aspectos de esta cultura. En la etnohistoria se combina la metodología histórica con las interpretaciones y los enfoques teóricos que provienen del campo de la antropología social y la etnología. Para remontarnos más hacia atrás en el estudio histórico de las culturas prehispánicas sólo se dispone de fuentes materiales enterradas en el suelo, cuyo análisis e interpretación son tarea de la arqueología. Si se quiere alcanzar una comprensión adecuada de la evolución de la sociedad mesoamericana a través del tiempo, la combinación y la complementación de los métodos e interpretaciones de la arqueología con los de la antropología y la etnohistoria son absolutamente necesarias, aunque en la práctica este objetivo muchas veces no se haya cumplido.

La arqueoastronomía es una disciplina nueva que se introduce en el ámbito de los estudios mesoamericanos en la última década. Tiene sus antecedentes en el siglo pasado, pero en su forma actual surge en los años sesenta como estudio especializado de las construcciones megalíticas europeas.4 La polémica sobre el significado astronómico de las diferentes orientaciones que muestra Stonehenge, el famoso «santuario megalítico» de la Gran Bretaña, generó el interés en los estudios interdisciplinarios que combinan la astronomía, la arqueología y la etnografía. Así se creó como nueva disciplina la astroarqueología o arqueoastronomía, que extendió sus alcances al estudio comparado de la astronomía en las civilizaciones arcaicas. Recientemente se empieza a hablar también de etnoastronomía,otro campo especializado que se integra con la etnografía y la antropología. En algunos casos la combinación de la etnoastronomía referente a prácticas etnográficas actuales con la arqueoastronomía aplicada a la historia de la misma área puede ser muy fructífera. Así sucede, por ejemplo, en Mesoamérica y el área andina.

Mientras que el nuevo estudio de la arqueoastronomía deriva muchos de sus planteamientos de la historia de la ciencia —disciplina con antecedentes mucho más antiguos—, esta última ha investigado ante todo el desarrollo de la astronomía en Europa desde sus orígenes en la antigüedad clásica y en el Cercano Oriente.5 Por otra parte, la arqueoastronomía abarca un espectro comparativo más amplio y se concentra en las civilizaciones no-occidentales, fin para el cual colabora estrechamente con la antropología y la arqueología.

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