Así escribía

Edipo en Yala

Desde el amanecer garrapateo notas en este cuaderno. Cuando el sol remonta e interrumpo mi trabajo para jugar un rato con los perros sobre el césped de los fondos, A. H., el viejo extranjero que vive en Yala desde el treinta y dos o treinta y tres, me llama dando voces y asoma su cara olorada sobre la pirca, y con el aliento aromado por el anís turco, dice: “¡Ah, me había olvidado ayer: esa mujer, ¿recuerda?, de quien estaba contándole, la de Ocloyas, que se hace concubina del hombre que vuelve después de veinte años, era en realidad la madre. Me faltó decirle eso ¿Por qué no escribe esa historia?”.

Yo digo:

-¿Qué pasó después? ¿Él se arrancó los ojos?
-Nada, hombre, nada -dice él-. Tuvieron once hijos.
En: “El resplandor de la hoguera. Fragmentos de una vida”, Buenos Aires, Alfaguara, 2008

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