Âshûra

Mezquita

del

Centro Cultural Islámico

«Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Rey Fahd»

Buenos Aires – Argentina

Viernes 23 de noviembre de 2012 / 09 muharram de 1434

Traducción de la Jutba

pronunciada por el

Sheij Muhammad Al Ruwaili

 

 

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Âshûra

 

Alabado sea Dios, Quien nos guió agraciándonos con la fe y no hubiéramos podido encaminarnos de no haber sido por Él. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Dios, Único, sin asociados. Atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Dios! Bendice a Muhammad, su familia, sus compañeros y todos los que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

 

La lucha entre la verdad y la mentira y entre los aliados del Misericordioso y los aliados del Demonio es tan antigua como la humanidad misma y, así, seguirá siendo hasta el Día de la Resurrección Final. Dios así lo ha dispuesto por Su Sabiduría Divina. “Si Dios hubiese querido, les habría concedido el triunfo sobre ellos sin enfrentamientos, pero quiso ponerlos a prueba con la guerra.” (Sagrado Corán 47:4)

 

Ciertamente Dios tiene poder para aniquilar a los inicuos en un solo instante pero no lo hace pues pone a prueba con ellos a Sus siervos creyentes para que se evidencie quienes de ellos son sinceros y pacientes, pues es a través de las pruebas que se distingue el creyente sincero del hipócrita.

 

La historia de Moisés con el Faraón comienza cuando Moisés se encontraba en el vientre de su madre, pues fue en ese entonces que alguien le dijo al Faraón: “Nacerá un hijo en el pueblo de Israel que será la causa de tu destrucción y el final de tu soberanía y poder”.

 

Israel es otro nombre de Jacob, el hijo de Isaac, hijo de Abraham y fue él quien llevó a su gente de Sham, la antigua Siria, a Egipto en épocas de José el hijo de Jacob. En aquel entonces eran ochenta personas pero luego fueron creciendo y multiplicándose hasta llegar a seiscientas mil personas en épocas del Faraón.

 

Cuando al Faraón le fue informado que su soberanía y poder culminaría con la llegada de un hijo del pueblo de Israel decretó asesinar a todos los recién nacidos varones y dejar con vida a las mujeres para prevenir el nacimiento de quien sería su derrota; pero se olvidó que lo que Dios decreta siempre ocurre. “Todos los asuntos son como Dios lo dispone, pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (Sagrado Corán 12:21)

 

El Faraón se empeñó en evitar que este niño naciera y dispuso que personas se encargaran de buscar a las embarazadas y averiguar la fecha en la que darían a luz para sacrificar a todos los hijos varones que nacieran.

 

Aarón había nacido antes de esta prueba terrible, salvándolo Dios de este modo de la matanza del Faraón.

 

Moisés, en cambio, cuando su madre quedó embarazada de él trató de ocultarlo en todo momento para protegerlo. Su temor crecía a medida que se acercaba el momento del parto. Cuando dio a luz y supo que era un varón, se angustió enormemente y el temor invadió su corazón; su tristeza por lo que podía pasar fue mayor que la alegría del nacimiento. Pero Dios le inspiró una orden con la cual su corazón se tranquilizaría: “Inspiramos a la madre de Moisés y le dijimos: Amamántalo y, cuando temas por él, déjalo en un cesto de mimbre en el río. No temas ni te entristezcas, porque ciertamente te lo devolveremos y haremos de él un Mensajero.” (Sagrado Corán 28:7)

 

La madre de Moisés obedeció la orden divina, puso a su hijo en un cesto y lo colocó en el río Nilo que pasaba al lado de su casa. Cuando lo puso sobre las aguas del río sintió que con él arrojaba su corazón; su pecho se estrechó y una terrible angustia la invadió. Pero de no haber sido porque Dios infundió en su corazón una fe fuerte y sincera hubiese develado el secreto arruinando así el plan de Dios: “La madre de Moisés sintió un vacío en su corazón y estuvo a punto de revelar la verdad. Pero afianzamos su corazón para que fuera una verdadera creyente.” (Sagrado Corán 28:10)

 

La corriente del río transportó el cesto con el niño bajo la protección y el cuidado de Dios hasta llegar al palacio del Faraón y ser recogido por Asiah, su propia esposa era estéril, quien, al abrir el cesto y encontrar a un niño debilitado, su corazón se colmó de compasión, misericordia y ternura. Fue entonces que Dios le inspiró: “La mujer del Faraón dijo: Este niño será mi alegría y la tuya, no lo maten. Puede que nos beneficie. ¡Adoptémoslo! Ellos no presentían que él sería su destrucción.” (Sagrado Corán 28:9)

 

Es decir, Dios dispuso este plan divino para que ellos mismos, sin darse cuenta, recogieran a Moisés, quien se convertiría en enemigo y un motivo de tristeza para ellos.

 

Dios escuchó los ruegos de Asiah y la colmó de bendiciones, guiándola a través de Moisés para que se contara entre Sus siervas creyentes y moradoras de Su Paraíso.

 

Pero este niño rechazaba ser amamantado por lo que Asiah preocupada intentó alimentarlo por todos los medios pero fracasó. La hermana de Moisés que estaba cerca observando la situación, pues su madre la había enviado a seguir los rastros de Moisés para saber cuál era su destino, se adelantó y les propuso una nodriza que podría amamantarlo: “Le dijo la madre de Moisés a su hija: Sigue sus rastros y, ella, lo veía de lejos sin que se dieran cuenta. No permitimos que ninguna nodriza pudiera amamantarlo. Dijo la hermana de Moisés: ¿Acaso quieren que les indique una familia que puede encargarse de cuidarlo y aconsejarlo para su bien?” (Sagrado Corán 28:11-12)

 

Llenos de alegría se dirigieron con ella hasta la casa de esa mujer y, cuando la madre de Moisés lo vio, lo tomó en sus brazos abrazándolo fuertemente y lo puso en su pecho con inmensa emoción. Moisés comenzó a mamar rápidamente y al ver que el niño finalmente se alimentaba, Asiah se sorprendió y alegró.

 

Así fue como Dios dispuso que la familia misma del Faraón devolviera Moisés a su madre quien tanto temió por él y que, además, le pagaran por amamantarlo. “Así se lo devolvimos a su madre como nodriza para que se alegrara y no se entristeciera demasiado por la separación y para que supiera que lo que Dios promete se cumple; pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (Sagrado Corán 28:13)

 

Así pasaron los años hasta que Moisés alcanzó la madurez y Dios le concedió una gran sabiduría y conocimiento por lo que, cuando hablaba, era escuchado, cuando ordenaba o prohibía, era obedecido y, cuando intercedía en un asunto, su mediación era aceptada. Moisés era el hijo adoptivo del Faraón y un miembro más de su familia. “Cuando se convirtió en adulto le concedimos conocimiento y sabiduría. Así es como retribuimos a quienes son benefactores.” (Sagrado Corán 28:14)

 

Tiempo después, Moisés, fue protagonista de un suceso confuso en el cual mató sin querer a un hombre del pueblo del Faraón y, por temor a que lo ejecutaran, decidió huir a la tierra de Madian donde se refugió y permaneció diez años. Allí se casó y, junto a su familia, emprendió el regreso a Egipto. Fue en ese camino de regreso que Dios lo ennobleció con la profecía y con la revelación. Allí Dios le habló directamente sin intermediarios ni intérpretes y le ordenó dirigirse ante el Faraón con las evidencias y pruebas claras, pero éste se ensoberbeció y lo desmintió: “Pero el Faraón le desmintió y desobedeció. Luego le dio la espalda y continuó corrompiendo la Tierra; convocó a su ejército y exclamó: Yo soy el supremo Señor de ustedes.” (Sagrado Corán 79:21-24)

 

El Faraón declaró que lo que Moisés había traído no era más que simple magia y que los magos que él tenía anularían sus hechizos. Entonces el Faraón reunió a todos los magos de su pueblo y desafió a Moisés. “Cuando arrojaron sus cuerdas y varas, dijo Moisés: Lo que han traído es magia y Dios la anulará; ciertamente Dios no hace que prosperen las obras de los corruptores. Dios asevera la verdad con Su Mensaje, aunque ello disguste a los pecadores.” (Sagrado Corán 10:81-82) “Le revelamos a Moisés: Arroja tu vara, y anulará lo que hicieron.” (Sagrado Corán 7:117) “Se evidenció la verdad y también lo vano que habían hecho porque sólo era una ilusión y, allí, fueron vencidos los magos y quedaron humillados. Se postraron los magos al percibir la verdad. Dijeron: Creemos en el Señor del Universo, El Señor de Moisés y de Aarón.” (Sagrado Corán 7:118-122)

 

Cuando el Faraón se quedó sin argumentos y su falsedad salió a la luz, recurrió a la fuerza y comenzó a perseguirlos y torturarlos para infundir el temor entre la gente. El Faraón fue un gran opresor que recurrió a todos los medios posibles para evitar que la verdad salga a la luz y trascienda.

 

Dios envió al Faraón y a su pueblo numerosas pruebas y también numerosos castigos; la inundación, las plagas de langostas, los piojos, las ranas y la sangre. “Nadie sino Él conoce Sus ejércitos. Esto es motivo de reflexión para los hombres.” (Sagrado Corán 74:31)

 

Pero todo esto no hizo sino incrementar su soberbia, opresión y enemistad. “Enviamos entonces contra ellos la inundación, las langostas, los piojos, las ranas, y la sangre, como signos evidentes; pero se ensoberbecieron y fueron un pueblo de pecadores.” (Sagrado Corán 7:133)

 

Cuando la persecución del Faraón y las terribles torturas que infligía sobre Moisés y sus seguidores se intensificaron, Dios le reveló a Moisés que abandonara Egipto, saliendo con su gente de noche para dirigirse a Sham. Pero cuando el Faraón supo de su partida reclutó a hombres de todo su reino y formó un gran ejército para alcanzar a los creyentes y aniquilarlos. “El Faraón, al enterarse de su partida, envió emisarios a reclutar hombres a las ciudades, diciendo: Ciertamente ellos, los Hijos de Israel, son sólo unos pocos, y nos han enfurecido. En cambio, nosotros somos numerosos, estamos armados y alertas.” (Sagrado Corán 26:53-56)

 

El Faraón salió con su ejército en busca de Moisés y sus seguidores y los alcanzaron en el Mar Rojo. “Cuando los dos grupos se divisaron, los seguidores de Moisés exclamaron: ¡Seremos alcanzados!” (Sagrado Corán 26:61)

 

Los seguidores de Moisés se aterrorizaron al ver que tenían el mar adelante y el ejército enemigo atrás, pero el Profeta de Dios les dijo con total convicción y fe en Dios que Él no los desampararía. “Dijo Moisés: ¡No, no nos alcanzarán! Pues mi Señor está conmigo, y Él me indicará qué hacer para salvarnos.” (Sagrado Corán 26:62)

 

Dios le reveló a Moisés que golpeara con su vara el mar y así lo hizo. Entonces el mar se abrió por voluntad de Dios dejando doce caminos para que los creyentes pudieran atravesarlo. Las aguas del mar y las olas se separaron formando enormes murallas por las cuales los creyentes atravesaron felices de contemplar la protección de Dios.

 

El Faraón y su ejército intentaron seguirles pero, cuando Moisés y su gente cruzaron el mar por completo, las aguas se unieron nuevamente ahogando al Faraón y a sus huestes. “Le ordenamos a Moisés: Sal de noche con Mis siervos y abre, por Mi voluntad, el mar dejándoles un camino de tierra firme por donde puedan huir del Faraón y sus huestes y no temas que los alcancen ni tampoco morir ahogados. Cuando el Faraón y su ejército los siguieron, el mar los cubrió ahogándoles a todos. Por cierto que el Faraón extravió a su pueblo, en vez de guiarles.” (Sagrado Corán 20:77-79)

 

Éste es el destino de todos los enemigos de Dios y, es así, como Él castiga a los opresores, desmentidores; Dios no es injusto con Sus siervos. “A cada uno de estos pueblos, los aniquilamos según sus pecados. A unos les enviamos un viento huracanado [al pueblo de ‘Âd], a otros les sorprendió un estrépito [al pueblo de Zamûd], a otros hicimos que se los tragase la tierra [Qârûn] y a otros les ahogamos [el Faraón, Hâmân y sus huestes]. Dios no fue injusto con ellos, sino que ellos lo fueron consigo mismos.” (Sagrado Corán 29:40)

 

Esta historia nos enseña que el triunfo y la victoria siempre son para los piadosos. Dios dice: “La victoria no proviene sino de Dios, Poderoso, Sabio.” (Sagrado Corán 3:126) “Por cierto que socorreremos a Nuestros Mensajeros y a los creyentes en esta vida y también el Día del Juicio cuando comparezcan los [Ángeles] testigos. En ese día no les beneficiarán a los inicuos sus excusas, serán maldecidos y tendrán una pésima morada en el Infierno.” (Sagrado Corán 40:51-52)

 

Por otro lado, por más que la mentira se oculte, la falsedad se propague y arraigue en la gente y los opresores crean que nadie podrá destruirlos y quitarles su poder, siempre terminarán humillados, derrotados y aniquilados y la verdad saldrá a la luz.

 

El Faraón fue el mayor opresor sobre la Tierra e, incluso, llegó a proclamarse divinidad sin ninguna vacilación. “Dijo el Faraón: ¡Oh, nobleza! No conozco otra divinidad que no sea yo.” (Sagrado Corán 28:38)

 

También infundió el temor en su pueblo demostrándoles su poder: “Convocó el Faraón a su pueblo [temeroso que creyeran en Moisés]: ¡Oh, pueblo mío! ¿Acaso no me pertenece el reino de Egipto, con estos ríos que corren bajo mi palacio? ¿Acaso no veis [mi poderío]?” (Sagrado Corán 43:51) y denigró al Profeta escogido por Dios para trasmitir Su mensaje. “Yo soy mejor que éste [Moisés], que es una persona indigna y apenas puede expresarse.” (Sagrado Corán 43:52).

 

Pero cuando el castigo de Dios descendió sobre él, ni su poderío ni su gran ejército pudieron salvarlo. “Entonces, Dios le castigó en esta vida [ahogándolo, para que escarmienten los hombres], y también lo hará en la otra [introduciéndolo en el Infierno]. Ciertamente en ello hay un motivo de reflexión para quien teme a Dios.” (Sagrado Corán 79:25-26)

 

Este suceso grandioso en el cual los creyentes salieron victoriosos del Faraón y su ejército ocurrió el día 10 de este mes de Muharram.

 

Al Bujari y Muslim registraron que ‘Abdullah Ibn ‘Abbas narró: Cuando el Mensajero de Dios llegó a Medina encontró que los judíos ayunaban el día 10 de Muharram, entonces les preguntó: “¿Por qué ayunáis este día?” Y le dijeron: Este es un día grandioso. En él Dios salvó a Moisés y a sus seguidores y ahogó al Faraón y a sus huestes. Moisés ayunaba este día en agradecimiento a Dios y por eso nosotros también lo hacemos”. Entonces el Mensajero de Dios exclamó: “Nosotros tenemos más obligación que ustedes de seguir el ejemplo de Moisés”. Y luego ordenó a sus compañeros que lo ayunen.

 

Antes de que se prescribiera el ayuno de Ramadán ayunar el día de ‘Âshûra’ era obligatorio, pero luego quedó como un acto voluntario altamente recomendado.

 

Hafsah dijo: El Profeta jamás abandonó el ayuno de ‘Âshûra’, el ayuno del día 10 de Dhul Hiyyah, el ayuno de los tres días de luna llena cada mes y los dos ciclos antes de la oración del Alba”.

 

El Mensajero de Dios explicó que ayunar ‘Âshûra’ expía los pecados cometidos durante un año y dijo: “A quien ayuna ‘Âshûra’ Dios perdona sus pecados cometidos durante el último año”.

 

La mejor forma de seguir la Tradición del Profeta es: ayunar un día antes y también un día después. Luego le sigue ayunar el día 9 y el día 10 de Muharram y finalmente ayunar sólo el día 10.

 

Si bien, la recompensa prometida para quienes ayunen este día es alcanzada ayunando únicamente el día 10, lo mejor es ayunar o un día antes o un día después.

 

Además es importante recordar que ayunar durante el mes de Muharram tiene muchas recompensas. Abu Hurairah narró que el Mensajero de Dios dijo: “El mejor mes para ayunar después de Ramadán es el mes de Muharram, y la mejor oración después de las obligatorias es la que se realiza durante la noche”.

 

¡Dios! Guíanos para que podamos contarnos entre los que siguen el ejemplo de Tu Mensajero y trasmiten la fe en Ti mensaje en todo momento. Y guíanos también para contarnos entre quienes Te invocan y recuerdan siempre y entre los que te agradecen y adoran con sinceridad.

 

Que Dios nos bendiga con el Grandioso Corán y nos guíe para que Le temamos como Se merece. Y pido a Dios que perdones nuestros pecados, pues Él es Absolvedor, Misericordioso.

 

Segunda Jutba

 

Alabado sea Dios, Quien fortalece y eleva a los creyentes. Atestiguo que no hay otra divinidad salvo Dios, Único sin asociados, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y compañeros.

 

¡Siervos de Dios! Afírmense en el Islam aferrándose al asidero más firme y sepan que Dios está con la comunidad y quien se aparte de ella será castigado el Día del Juicio.

 

¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en esta vida y en la otra. ¡Dios! Te ruego indulgencia y bienestar en mis asuntos religiosos y mundanales, mi familia y mis bienes. ¡Dios! Cubre mis debilidades y sosiega mis miedos. ¡Dios! Protégeme por delante, por detrás, por mi derecha, por mi izquierda y por encima de mí. Me refugio en Tu grandeza de ser engullido por la tierra.

 

“Dios ordena ser equitativo, benevolente y ayudar a los parientes cercanos y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así los exhorta para que reflexionen.” (Sagrado Corán 16:90)

 

Invoquen a Dios el Grandioso que Él los recordará siempre y agradézcanle por Sus gracias que se las incrementará.

 

Sepan que Él está bien informado de lo que hacen, témanle y pidan bendiciones por el Profeta Muhammad.

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