Arturo Pérez Reverte: “Creo que la Guerra Civil española ya es un tema narrativamente agotado”

HONGOS

Al entrar en el lujoso hall del Hotel Palace de Madrid, uno puede sentirse como el protagonista de la última novela de Arturo Pérez Reverte, El tango de la guardia vieja: un argentino que lleva tanto tiempo fuera que ya es un poco de todas partes. Pero Max Costa ha sido más que eso: legionario en Marruecos, bailarín mundano para entretener a señoras ricas, chófer de millonario y, especialmente, ladrón de guante blanco.

La sensación vuelve al recorrer el pasillo alfombrado, que bien podría ser el del lujoso transatlántico en el que Max conoció en 1928 a Mecha Inzunza, mujer joven, casada y apasionada, con la que inició un amor que duró 40 años y empezó, quizás, cuando bailaron juntos un tango en un salón vacío del Cap Polonio. Un tango sin música, porque la melodía salía de sus cuerpos y sonaba a deseo.

En la suite me espera el hombre que los fue escribiendo en su mente durante mas de veinte años. “Empecé esta novela en 1990 -reconoce Pérez Reverte- pero a las cuarenta páginas el instinto de escritor me dijo que no era el momento. Es  la historia de un amor que pasa por todas etapas, incluida la distancia. Y también habla sobre los estragos que provoca el tiempo. Y  es una novela que no puedes escribir con 39 años”.  El  autor conserva las maneras de los años en que fue corresponsal de guerra y testigo no protegido de los conflictos mas importantes. Elegir por cual vereda es menos peligroso caminar, intuir donde puede haber un franco tirador, y saber que es más seguro estar en movimiento que dormirse en la trinchera. “Todas mis novelas transcurren en territorio hostil, y en este caso es el amor entre una mujer inteligente y un hombre intuitivo y listo. Todo lo demás, la aventura, el espionaje, son un telón de fondo para que ellos bailen”.

Porque este libro tiene ritmo de tango y el barco aquél se dirigía a Buenos Aires, que para Pérez Reverte es territorio amigo, “donde estoy en mi casa siempre, por la cantidad de amigos que tengo allí, y por lo que he vivido”.

Durante esos años de relación con la Argentina, ha visto a nuestro país con  distintos estados de ánimo: “con esperanza, con  preocupación, con temor y con decepción.

Un país como Argentina merece mejor suerte de la que tiene, y mejores políticos de los que tiene ”. Aunque todo empezó antes, mucho antes, con un padre que era un excelente bailarín de tangos. “Uno de mis recuerdos de infancia es verlo cantar un tango mientras se afeitaba”, evoca el novelista, que no heredó la pericia paterna para el dos por cuatro, aunque lo intenta, “porque los hombres se dividen en los que miran y los que bailan. Yo soy de los que miran, pero se quedan de pie”.

Sin embargo, durante la primera mitad de su vida, bailó, a veces con la más fea, bajo fuego cruzado, ya fuera en Chipre, el Golfo Pérsico, Malvinas o Sarajevo. Un día, en 1994, se hartó de la burocracia de Televisión Española y dimitió, cambiando un oficio de incertidumbre por otro. Y no tuvo mala puntería en su apuesta por combinar calidad literaria con acceso a un publico masivo: es uno de los autores españoles mas vendidos en el mundo, casi la mitad de sus veintitantos libros han sido llevados a la pantalla, y desde 2003 es miembro de la Real Academia de la Lengua, en la que ocupa el Sillón T.  Pero ahora, en la suite del Palace, es nada mas y nada menos que un novelista disfrutando de su nuevo libro, “las novelas son como las mujeres, te eligen ellas. Y aunque pasé todos estos años leyendo, investigando y recopilado material, un día la novela me dijo que la sacara a bailar y supe que era la adecuada”.  La historia de Max y Mecha se muestra en tres momentos: la Argentina de 1928, la Riviera francesa en 1937, durante la Guerra Civil española, “sólo como escenario y desde lejos, creo que ya es un tema narrativamente agotado”, y la Guerra Fría en 1966 durante una importante partida de ajedrez en Sorrento. Pero siempre suena al tango, que más que un baile para el autor.

“El tango puso música al primer tercio del siglo pasado, y ademas es el sexo, vestido y en vertical, tolerado socialmente. Y aunque parezca que lleva el hombre, es ella la que está tejiendo una telaraña, con su inteligencia, con su instinto, con su carne y su talento”.

Porque la mujer, la mujer inteligente y decidida, es el protagonista verdadero de la novela, encarnada en Mecha, inolvidable porque no teme recordar. “Ella es inteligente, ese tipo de mujer superior, no importa cual sea su origen de clase, frente a la que el hombre más inteligente siempre es inferior. Conseguir el interés de una mujer así es el mayor premio al que se puede aspirar”.

Termina la entrevista y mientras me pierdo buscado los ascensores,  jugaría que he visto al pasar junto a una puerta abierta, a una pareja bailando un tango silencioso, que no se acaba nunca y siempre vuelve a empezar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *