Arigó, Zé (José Pedro de Freitas)

Médium, “cirujano psíquico”. Brasil
El brasileño Zé Arigó fue un famoso médium y “cirujano espiritual” en los años ’60 y comienzos de los ’70, seguido de cerca por los filipinos Tony Agpoa, Virgilio Gutiérrez, José Mercado y Alex Orbito y los mexicanos Pachita y Miguel Palentos.

José Pedro de Freitas, luego conocido como Zé Arigó (“paisano jovial”), nació el 18 de octubre de 1922 en una pobre hacienda de Faria,localidad ubicada en Congonhas do Campo, un pueblo del interior de Minas Gerais.Hijo del campesino Antônio de Freitas

Sobrinho y Doña Maria André de Freitas, era el mayor de una prole de diez hermanos.Corpulento y temperamental, con su rostro adornado con un gran mostacho negro, este rudo trabajador rural recibía en el Centro Espírita Jesus de Nazareno entre 200 y 300 pacientes por día. Católico devoto y adepto al kardecismo (sincretismo común en la idiosincracia brasileña), Arigó realizaba diagnósticos, prescribía medicamentos y realizaba cirugías “a manos limpias” o sirviéndose de un cuchillo de cocina o una tijera común (sin esterilizar y sin anestesia) para, según aseguraba, “extraer tumores benignos y malignos en todo el cuerpo y operar cataratas en los ojos.”. Cuando atendía, entraba “en trance” e “incorporaba” al “doctor Fritz”, un supuesto médico alemán que utilizaba a su cuerpo como medio para efectuar sus “operaciones”. Sus “operaciones psíquicas” nunca duraban más de un minuto. Realizaba una rápida inspección ocular, que consistía en insertar una hoja de cuatro pulgadas en la cavidad del ojo del paciente y hacer palanca sobre el globo ocular hasta lograr que sobresaliera de su cuenca. Luego, trabajaba con el cuchillo sobre el cuerpo. No siempre causaba heridas o hemorragias.Arigó aseguraba que en su cuerpo encarnaba el espíritu del “doctor Adolpho Fritz”, un supuesto médico alemán fallecido en 1918. De su infancia recuerda “haber sido perseguido por una luz muy brillante, que casi lo ciega”. Más tarde, dice, comenzó a oir “una voz que hablaba en una lengua extranjera”. Arigó no hablaba alemán. Sin embargo, el espíritu del médico comenzó a instruirlo y a guiarlo en el arte de curar.

POSEÍDO POR EL DR FRITZ
A los 25 años se casó con Arlete Andre, y dejó la casa paterna, yendo a trabajar a una mina de hierro. A medida que comenzaron a llegar los hijos (en total tuvo cinco), Arigó comenzó a tener “fortísimos dolores de cabeza”. En sueños, decía, siempre oía la misma voz gutural en un idioma que no comprendía. Una noche, tuvo un sueño nítido: estaba en una sala de cirugía alrededor de un paciente. El que dirigía la operación tenía una voz muy familiar para Arigó… Fritz, el médico alemán, lo había escogido para “completar su obra en la Tierra”. Según la leyenda, cuando Arigó recibió esta revelación salió corriendo a la calle a los gritos. Parientes y vecinos lo llevaron de regreso a la casa y él no paraba de llorar. Los médicos clínicos que lo atendieron lo encontraban bien, pese a que los dolores de cabeza continuaban. Su padre creyó que estaba endemoniado y convocó al párroco de la ciudad para que lo exorcizara, aparentemente sin resultados.
Así, Arigó decidió oir el ruego del “médico alemán” (¿habría comenzado a hablarle en portugués? ¿Arigó habría tomado un curso de alemán?) y comenzó a atender gente. El primero de ellos, siempre según la leyenda, fue un amigo que usaba muletas. “Ya es hora de que dejeses esas muletas!”, le dijo Arigó. Se las arrancó, le ordenó que caminase, y éste lo hizo… Saltó a la fama cuando fue visitado por el senador brasileño Lúcio Bittencourt, quien estaba haciendo campaña en aquel distrito. Bittencourt sufría de cáncer pulmonar y los médicos le habían aconsejado operarse imediatamente. Pero el político invitó a Arigó a su hotel en Belo Horizonte, donde lo operó y “el senador sanó por completo”. Esta anécdota, como otras semejantes, eran relatadas entre los creyentes en Arigó de muy diversas maneras. Se comprobó que muchas de ellas eran falsas. Por ejemplo, la versión de que había operado de un glaucoma congénito a Segundinho, hijo del famoso cantante Roberto Carlos. Según “As memorias de Roberto Carlos”, el mismo cantante aclaró que ello no era cierto. (Citado porOscar González Quevedo, revista “Amiga”, 27/10/70).
Entrevistado a través de un Arigó “en trance”, el “doctor Fritz” decía haber nacido en Munich. Su padre sufría asma y el médico le había recomendado que se mudara a un lugar con mejor clima, motivo por el cual los Fritz viajaron a Polonia cuando él tenía cuatro años. Obligado a trabajar desde joven a causa de la prematura muerte de sus padres, Fritz estudió medicina por su cuenta. Un mes antes de recibirse, entró un general con su hija en brazos y, pese a sus esfuerzos, no la pudo salvar. El militar acusó a Fritz de su muerte y lo mandó a encarcelar, donde sufrió toda clase de tormentos. Se escapó de la cárcel y huyó a Estonia, donde vivió entre 1914 y 1918, año en que murió. “Antes de desencarnar, recibiendo el chamado del padre, Jesús, me prometí a mí mismo que iba a volver a la Tierra para curar, siempre que pudiese. Y aquí estoy”. Después de Arigó, centenares de médiums y curanderos brasileños aseguraron incorporar al fantasmático «doctor Fritz».

LOS PADRINOS DE LA CONTROVERSIA
Al revés de lo que se publica en libros y revistas del ramo esotétrico, Zé Arigó nunca contó con el respaldo de la comunidad médica. Hasta donde se sabe, Arigó apenas fue observado por el doctor Ary Lex, un profesor de la Universidad de San Paulo y miembro de la Academia Médica del Estado, el doctor Oswaldo Lidger Conrado, cardiólogo y director del Hospital Estatal de Sao Paulo y el médico norteamericano Andrija PuharichTodos ellos tenían fuertes creencias previas en el espiritismo y desconocían todo acerca de los trucos de los ilusionistas y sobre tretas de curanderos. Puharich, famoso por su biografía sobre Uri Geller y otras obras hipercrédulas respecto de la existencia de lo paranormal, lo visitó desde 1963 en varias ocasiones. Arigó ya era concido como médium, pero su obra -escrita en colaboración con el periodista John G. Fuller– “Arigó: surgeon of therusty Knife” (“Arigó: el cirujano del cuchillo oxidado”)- popularizó al curandero en los Estados Unidos. Puahrich entrevistó a Arigó declarando poseer un tumor sin carácter maligno, “un lipoma, indoloro pero que le incomodaba”. Para removerlo, dijo Puharich, “una cirugía normal llevaría cerca de 20 minutos”. Después de una angustiosa indecisión, Puahrich resolvió pedirle a Arigó que le extirpara el lipoma. Se lo quitó en pocos segundos “sin causarle ningún dolor”. La apología al curandero brasileño fue publicada después de muerto, en mayo de 1974. Poco antes de la salida del libro, Puharich declaró a la prensa brasileña: “Infelizmente no pudimos comprobar ningún caso de operación, a causa de impedimientos tales como las prohibiciones judiciales» (Citado por González Quevedo, “ Diario de Sao Paulo, 2 de junio de 1968).

LOS PROBLEMAS JUDICIALES
Puharich no había logrado ver trabajar a Arigó porque ya había sido encarcelado en dos ocasiones acusado de charlatanismo y ejercicio ilegal de la medicina por la Asociación Médica y por el Consejo Regional de Medicina de Minas Gerais. La primera vez que estuvo entre rejas, en octubre de 1957, declaró que no iba a operar más y tan sólo iba a “predicar”. Cuando el 11 de octubre de 1963 volvió a caer preso, argumentó haber dejado de operar en 1957. Según quienes analizaron filmaciones del curandero en acción, era cierto: en casi todas las ocasiones (anteriores e incluso posteriores a aquellas fechas), Arigó no operaba sino que “simulaba” hacerlo. Y cuando sus cuchillos entraban en el cuerpo, conocía el terreno: se comprobó quedurante años fue funcionario del Instituto Nacional de Previsión Social (IAPTC), donde estuvo en contínuo contacto con enfermeros y médicos espiritistas. También poseía una biblioteca con varios volúmenes de Medicina científica y popular. El ilusionista experto en desenmascarar fraudes paranormales James Randi tuvo ocasión de ver una película donde Arigó extraía un quiste subcutáneo del cuerpo cabelludo de un paciente. “En realidad -escribe Randi- yo también realicé esa operación sobre mí mismo cuando sufrí el desarrollo de un quiste en la frente que corría el riesgo de convertirse en un tercer ojo. Dicha aflicción es simplemente un poco de sustancia grasa inocua debajo de la piel que forma una protuberancia. A menudo, los quistes desaparecen sin tratamiento, ya que son absorbidos en el sistema sin provocar daño alguno”. Por lo demás, una investigación de la revista “Veja” (20-01-71) comprobó que Arigó, en los casos de desnutrición, siempre entregaba el mismo recetario, pese a que los pacientes presentaban síntomas diferentes.

El 11 de enero de 1971, cuando regresaba a Congonhas conduciendo bajo una intensa lluvia, Arigó perdió el control del auto que se cruzó de mano embistiendo frontalmente a un camión y fallecía a causa de un traumatismo cerebral.

¿MAGIA O MAFIA?
Una de las afirmaciones promocionales que rodeaban a Arigó, y sobre las que asentó buena parte de su fama, indicaba que en su clínica espiritista “no le cobraba a nadie”Al morir, dejó 2.325.000 cruzeiros en bancos y acciones (una gran fortuna, tanto en la época comoa hora), según el inventario entregado al Juez de Derecho de la Cámara de Congonhas y publicado por el diario Folha da Tarde el 25 de marzo de 1971. El mayor hotel de la ciudad estaba a nombre de su hermano Walter, la farmacia San José, frente al centro espírita, era de su cuñado Betinho y la segunda farmacia en importancia de la ciudad pertenecía a otro familiar. Eran esos los sitios a dónde enviaban Arigó y sus ayudantes a adquirir las medicaciones que él mismo recetaba. Otro de sus hermanos era dueño de una tienda de souvenirs y muchas propiedades del pueblo estaban a nombre de los Freitas. El 95 por ciento de los visitantes llegaban a Congonhas en busca de Arigó, según una estadística realizada por la Alcaldía de la ciudad. Oscar González Quevedo, en su libro “Los curanderos” (1977), recopila testimonios que revelan la existencia de una verdadera “Mafia Arigó”: una claque entusiasta o rentada para endiosarlo, policías arreglados y un gran engranaje económico donde Ze Arigó y su esposa estaban en la cúspide.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *