Apuntes para una novela

HONGOS

Según el uso en boga, se la llama “familia disfuncional”. Pero a nadie se le hubiera ocurrido darle ese nombre a la que no era más que una familia pobre, viviendo en una barriada obrera de San Sebastián, en la España del último período franquista. Se sabe, las familias pobres, cuando no llegan a mantenerse por sus propios medios, se ven obligadas a enviar a algunos de sus miembros a otras que sí puedan darles cobijo. Esa es la suerte del pequeño protagonista de Años lentos, la novela con la que Fernando Aramburu ganó el premio Tusquets en 2011.

Ya de grande, es su voz la que le cuenta la historia de esos años pasados con la familia de su tía al escritor Aramburu. Y será este quien, a modo de apuntes para la construcción de la novela, va aportando más datos, a la par de ideas para la estructuración de las escenas, aspectos que merecen atención, personajes para introducir o descartar, alternativas sobre el uso de determinadas expresiones, entre otros puntos que conforman una suerte de arte novelística. Un recurso muy útil para contrarrestar una narración que, en primera instancia, por el tono realista que asume y las anécdotas costumbristas que relata podría engrosar la larga nómina de novelas y películas que tras la caída de Franco empezaron a mostrar la represión y la depresión, en todos los sentidos, de ese período.

Así las cosas, el inicio tiene tintes dickensianos, con la llegada del niño de ocho años solo, desde Navarra, recibido con bastante crueldad por su primo Julen y conducido a la casa de sus tíos Maripuy y Visentico. Con el primero compartirá el cuarto y las confesiones nocturnas del joven que, bajo la influencia del cura del pueblo, empieza una militancia clandestina dentro de lo que más tarde se conocerá como ETA, el movimiento nacionalista vasco. Ajenos a estas actividades, Visentico es un obrero cuya única distracción es terminar las jornadas en la taberna del pueblo, mientras su mujer, matrona de carácter fuerte, carga con las labores hogareñas y discute con su poco agraciada hija Mari Nieves, siempre de correrías tras los varones. El niño observa y acepta cuanto le toca en suerte, tratando de corresponder con su obediencia y aplicación escolar la acogida que le brinda la familia de su madre. Es un testigo privilegiado de la decadencia del grupo, que comienza con las escaramuzas y arrebatos del primo, deseoso de asesinar a Franco, y las sexuales de su prima, embarazada de no se sabe quién. De allí en más, las desgracias se suceden pero sin caer en un relato dramático debido a la gracia y al ritmo con las que el protagonista ya adulto se las narra al escritor y a las notas de éste cuya aparición interrumpe el relato e impide que dejemos de pensar en la novela como artificio.

Años lentos puede leerse también desde la óptica política. La defensa del terruño, de su cultura, idioma y costumbres –representada por el cura Victoriano y seguida por Julen–, adopta la forma del hermetismo y la conspiración según leyes que le son propias y se muestran refractarias a cualquier integración en contextos mayores. Han sido germen de terrorismos en distintos puntos del planeta y se manifiestan de manera violenta en el exterior tanto como en la vida doméstica. La novela se inscribe dentro de una literatura que, aunque no busca aleccionar, se hace eco de la granada que estalla dentro de la familia y bajo sus efectos pulveriza las relaciones y el futuro de sus miembros.

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