Aprender de los fracasos ajenos

Las acciones de las personas que compiten con nosotros para lograr recursos (alimento, dinero, etcétera) nos ofrecen oportunidades para guiar nuestra propia conducta. Según una investigación llevada a cabo en la Universidad de Bristol, no son los éxitos de nuestros iguales lo que retenemos, sino sus fracasos.
Los probandos participaron en un sencillo juego de ordenador. El competidor era la propia máquina. Los jugadores debían optar por una caja de un total de cuatro, que les recompensaba con distintas sumas de dinero. Para maximizar las ganancias, el participante debía tomar en ocasiones una muestra de cada caja. Cuando los jugadores veían que su contrincante obtenía de repente una gran suma de dinero, los escáneres de magnetoencefalografía funcional no mostraban actividad en el cerebro de los mismos. Sin embargo, si el oponente adquiría un pago sorprendentemente bajo, ciertas partes del cerebro asociadas con la inhibición parecían volverse locas.
Aprender de la competencia «no consiste en actuar como el competidor, sino aprender a no actuar como el competidor cuando fracasa», explica Paul Howard-Jones, autor del estudio junto a Rafal Bogacz.
Howard-Jones señala que mientras el ordenador realizaba su jugada, que consistía en que una de las cajas cambiase de color, el sistema de neuronas espejo (que responde a las acciones de otros) del jugador permaneció activo, como si él mismo estuviera efectuando la elección. Mas si la acción desembocaba en fracaso, las áreas inhibitorias detenían al momento la traducción mental. Según Howard-Jones, es la primera vez que se ha observado una respuesta neuronal espejo ante una acción desarrollada por un ordenador (los jugadores sabían que su oponente no era más que un programa).
Marco Iacoboni, experto en neuronas espejo en la Universidad de California en Los Ángeles y sin relación con el estudio, advierte que la magnetoencefalografía funcional no posee resolución suficiente para distinguir si las neuronas excitadas son neuronas espejo o meras neuronas de la corteza motora, las cuales se excitan tanto si pensamos en efectuar una acción como si la ejecutamos. No obstante, aunque el ordenador se halle solo reclutando neuronas motoras del jugador, el hallazgo resulta interesante. «Se trata de un mecanismo que explica por qué antropologizamos las cosas», explica Iacoboni. «Tendemos a atribuirle una mente incluso a aquello que sabemos que carece de ella.»

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