Año nuevo, vida nueva???… 2013

Una vez mas, como siempre, debo pedir disculpas por enviar “genéricos”, pero el hecho de que lo estén recibiendo (y tal vez, leyendo), es signo de que estamos conectados mas allá de los límites formales del texto escrito…

 

Es decir que este “genérico” es, en verdad, un “específico” para cada uno de ustedes, que no forman parte de una lista sino que, en cada envío, los elijo, una y otra vez, como compañeros de viaje, lícitos e idóneos…

 

Se acerca el momento del año en que celebramos el fin del año viejo y la llegada del año nuevo…

 

No obstante, cabe preguntarse si esto es realmente así: ¿termina realmente algo – o comienza alguna otra cosa – cada 31 de diciembre?…

 

Para quienes nos regimos por el calendario gregoriano, es efectivamente así pero, para otros calendarios, otros modos de medir el tiempo, para otras culturas y tradiciones, tal vez no sea este el caso…

 

Incluso en nuestro propio calendario, el fin de un año y comienzo del otro no coinciden con los ciclos astronómicos (ya que el solsticio de diciembre – por obra y gracia de la precesión de los equinoccios – cae alrededor del 22 del mes, bastante lejos del comienzo formal y convencional de cada año)…

 

Tomando en cuenta esto, no es lícito considerar seriamente que el 31 de diciembre comienza o termina cosa alguna…

 

Y, sin embargo, desde el punto de vista de la existencia cotidiana, tenemos la percepción interior de que algo concluye y que algo, sutilmente diferente, esta por comenzar…

 

Y entonces, con cierta emoción, decimos en nuestros corazones “año nuevo, vida nueva”, y nos abrazamos y deseamos mutuamente, felicidad y prosperidad, y toda clase de bendiciones (un poco banales, a veces, pero siempre con intención de entregar al prójimo algo bueno para que ponga en la mochila de la existencia, en el comienzo de un nuevo tramo del viaje)…

 

Y, efectivamente, es posible dotar de trascendencia a ese momento puramente convencional; es posible otorgar sentido a ese dia de inflexión temporal y acceder así, a una verdadera “nueva vida”…

 

Ocurre que desde mi ventana se ve el cielo, al menos una parte de él, y eso siempre es inspirador…

 

Porque es muy bueno para nuestro hipertrofiado ego, contemplar la grandeza del cosmos, mas allá de los límites de nuestro estrecho mundillo cotidiano (donde vemos como entes absolutos cada evento parcial, y damos trascendencia a cosas que – si miramos bien y con sinceridad – sabemos en nuestro corazón que carecen de ella)…

Y bien, en uno de esos momentos casi extáticos, de íntimo placer estético y de amorosa conciencia unitiva, tuve el impulso (¿porqué no?) de compartir con ustedes, mis compañeros de viaje, una de las herramientas que, en lo personal, suelen ayudarme a transitar el tiempo con sentido: se trata sencillamente, del diario personal…

 

Creo sinceramente (siguiendo a Erich Fromm) que somos (o podemos ser) vida conciente de sí misma…

 

Pero creo también que eso no es algo dado, sino algo que debemos tratar de conquistar, precisamente por el ejercicio de la conciencia que Dios nos dio y que constituye nuestra característica principal (Pico Della Mirándola, en su Tratado sobre la dignidad del hombre, sostiene que somos la única especie animal que puede elegir o decidir que rumbo tomar: el los define como “angélicos” o “demoníacos”, aludiendo a los posibles sentidos que es posible escoger para la dirección de nuestra propia conciencia)…

 

Y bien, un modo sencillo de ejercitar la auto-conciencia es llevar un diario personal, una especie de registro de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, afectos, vínculos, situaciones vividas, deseadas o temidas, etc…

 

Allí, en el secreto centro de nuestro corazón, a solas con nosotros mismos, podemos dialogar con nuestra alma y, en la quietud y el silencio propios de ese particular espacio-tiempo, oír nuestra propia voz (acallada cada día bajo un alud de palabras tal vez necesarias para la convivencia pero, por lo general, ajenas a nuestra propia expresión)…

 

No es, por cierto, fácil la tarea de escucharnos a nosotros mismos (y será tal vez por eso que carecemos, generalmente, de la capacidad de escuchar al otro, no?); al principio nos genera temor la hoja en blanco del cuaderno, un temor curioso y extraño: el miedo a nosotros mismos, el mayor miedo al que podamos enfrentarnos…

 

Me atrevo a sugerir, para quienes deseen iniciarse en este sencillo pero efectivo método de introspección cordial, que simplemente se dejen estar frente al papel, sin “querer” escribir, sin obligarse a sí mismos a escribir nada en especial (y alejando el deseo de escribir cosas trascendentes: la trascendencia se caracteriza, precisamente, por ser invisible)…

 

Haciendo esto, haciendo sin hacer, sin forzar nada, les aseguro (a quienes aun no lo hayan intentado) que pronto comenzarán, casi sin darse cuenta, a escribir… Y lo que surja será lo que el corazón desee expresar y que ha llevado dentro, deseoso de salir…

 

Porque, a los ponchazos aprendí, amigos míos, que lo que no se pone en palabras se pone en síntoma…

 

Y por eso, al escribir un poco cada día, sin pausas pero sin imposiciones (aquí no vale el “deber escribir”), notaremos poco a poco, que nos sentimos mejor, mas “ligeros de equipaje”, con menos angustia y observaremos como surge en nosotros un sutil alegría, que no conocíamos en nosotros mismos…

 

Y podremos hallar momentos de felicidad incluso en medio de momentos duros…

Y de ese modo, escribiendo en palabras lo que escribimos en actos cada dia, dotaremos a cada “nuevo año” de un sentido propio: el de conocernos mejor a nosotros mismos (que no es poco)…

 

Bueno, ya hablé demasiado, para variar, pero si llegaste hasta aquí, espero haber podido serte de utilidad (que ese es mi deseo: compartir en el viaje un poco del alimento que me ha sido útil a mí también)…

 

Los saludo a cada uno de ustedes, mis hermanos de travesía, con un gran abrazo fraterno

 

Que el año calendario convencional que empieza nos depare a todos y cada uno de nosotros, un mayor acercamiento a nosotros mismos, como un inicio de mayor acercamiento mutuo…

 

Con mucho cariño

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