Américo Vespucio y el Nuevo Mundo

El navegante florentino fue el primero en darse cuenta de que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón eran en realidad un nuevo continente, que en 1507 fue llamado América en su honor.

En los primeros años del siglo XVI, Vespucio se hizo famoso con el relato de los dos viajes que hizo al Nuevo Mundo. Hasta el punto de que algunos dieron su nombre al nuevo continente: América. En 1504 se publicó en Florencia un pequeño libro titulado Mundus novus, «Nuevo mundo». Su autor, un tal Americus Vesputius, narraba un viaje que había llevado a cabo en 1501 en los confines del océano Atlántico. Había seguido en él la ruta abierta por otros navegantes en esos años, desde la expedición pionera de Cristóbal Colón; pero mientras que el marino genovés no había visitado más que las islas del mar Caribe (La Española, Cuba, etc.), él, por el contrario, había alcanzado «tierra firme», esto es, el continente americano propiamente dicho. Así lo afirmaba en el texto: «Llegamos a una tierra nueva que encontramos ser tierra firme […]. Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi navegación es la cuarta parte del mundo […]. Supimos que aquella tierra no era isla, sino continente, porque se extiende en larguísimas playas que no la circundan y está llena de innumerables habitantes […]. Yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o la misma África, y he hallado que el aire es más templado y ameno que en otras regiones por nosotros conocidas […]. De este continente, una parte está en la zona tórrida, más allá de la línea equinoccial hacia el polo antártico». El Nuevo mundo y otro texto publicado al año siguiente, la Carta sobre las islas recién halladas en los cuatro viajes que realizó, en la que el autor relataba otras travesías por las mismas latitudes, tuvieron enorme repercusión en toda Europa. Los descubrimientos geográficos habían difundido el gusto por los relatos de viajes ultramarinos y de exploración de tierras desconocidas. Además, los sabios europeos se daban cuenta de que la imagen del mundo heredada de la Antigüedad, tal como se plasmaba en la Geografía de Ptolomeo, un autor griego del siglo II d.C., era incompleta y recibían con expectación todas las nuevas informaciones sobre territorios desconocidos para los antiguos. La noticia de Vespucio sobre el hallazgo de un nuevo continente no podía sino causar sensación. Fue así como llegó a manos del duque de Lorena, Renato II, una copia de la Carta sobre las islas recién halladas. El texto, además, iba acompañado de un mapa en el que estaban dibujadas las tierras recién descubiertas por los españoles y portugueses. El duque entregó la carta y el mapa a la academia que él mismo había fundado en la abadía de Saint-Dié, en el corazón de Lorena, formada por un grupo de eruditos dedicados a revisar la geografía de Ptolomeo. Los estudiosos, que ya conocían el Nuevo mundo de Vespucio, quedaron sorprendidos y entusiasmados con la Carta y decidieron editarla. Se formó un equipo integrado por dos poetas, Jean Basin de Saudaucourt y Matías Ringmann, y un cartógrafo, Martin Waldseemüller. Los tres se dividieron el trabajo: Basin tradujo al latín la carta de Américo, Ringmann preparó una «Introducción» para explicar el contenido de la misma y Waldseemüller confeccionó el nuevo mapa. El 25 de abril de 1507 salía de las prensas de la abadía de Saint-Dié el producto de su esfuerzo: la Cosmographie Introductio, «Introducción a la Cosmografía». Junto al texto se entregaba un planisferio y un recortable que, pegado sobre una esfera, daría la exacta idea del globo terrestre. El éxito fue tal que, en ese mismo día, la imprenta del monasterio hizo dos ediciones. El trabajo de los tres estudiosos era, sin duda, muy meritorio, pero si hoy día aún se recuerda esa obra es porque en ella, por primera vez, se daba el nombre de América al nuevo continente que Vespucio afirmaba haber descubierto. En la «Introducción», Ringmann decía: «Mas ahora que […] otra parte del mundo ha sido descubierta por Americus Vesputius, no veo razón para que no la llamemos América, es decir la tierra de Americus, su descubridor […] así como Europa y Asia recibieron ya su nombre de mujeres».

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