Algunas odas de Ricardo Reis

QUIEN eres, no lo serás, que el tiempo y la suerte
te cambiarán en otro.
¿Para qué pues en ser te empeñas
lo que no serás tú?
Tuyo es lo que eres, tuyo lo que tienes, ¿de quién
es lo que otro tiene?


FLORES amo, no busco. Si aparecen
me alegra, que hay en buscar placeres
el desplacer de la búsqueda.

La vida sea como el sol, que es dado,
no arranquemos flores, que, arrancadas,
no son nuestras, sino muertas.

DÍA en que no gozaste no fue tuyo:
Fue sólo durar en él. Cuanto vivas
sin gozarlo, no vives.

No pesa que ames, bebas o sonrías:
basta el reflejo del sol ido en el agua
de un charco, si te es grato.

¡Feliz él a quien por tener en cosas mínimas
su placer puesto, ningún día niega
la natural ventura!

UNOS con los ojos puestos en el pasado,
ven lo que no ven; otros, fijos
los mismos ojos en el futuro, ven
lo que no puede verse.

¿Por qué poner tan lejos lo que está cerca:
el día real que vemos? En el mismo trago
en que vivimos, moriremos. Coge
el día, porque eres él.

EN EL magno día hasta los sonidos son claros.
Por el reposo del amplio campo se demoran.
Rumorosa, la brisa calla.

Quisiera, cual sonidos, nacer de las cosas
pero no ser de ellas, consecuencia alada
con lo real abajo.

CUATRO veces mudó la estación falsa
en falso año, en inmutable curso
del tiempo consecuente;
a lo verde sigue lo seco, y a lo seco lo verde,
y no sabe nadie cuál es lo primero,
ni el último y acaban.

MITAD somos lo que somos, y otra
mitad lo que pensamos. En el torrente
una mitad llega
a la orilla y otra se ahoga.

Fernando Pessoa (1888-1935), magistral poeta portugués, existió poéticamente a través de heterónimos: identidades que él fabricaba y a las que dotaba de una lírica particular cada cual. Uno de las personas que fue Pessoa se llamó Ricardo Reis.

No podemos resistirnos a transcribir párrafos de la Nota preliminar a cargo de Ángel Carlos Pámpano, traductor de Odas de Ricardo Reis, en la edición de Pre-Textos (Valencia, 1998):

«Fernando Pessoa, el más complejo y quizás más importante poeta europeo del siglo XX, se ganó la vida como redactor de correspondencia extranjera para empresas comerciales, traductor y vendedor de horóscopos. (…) A lo largo de sus cuarentaisiete años de vida, Pessoa ‘asistió, de lejos, desprendido, ligeramente sonriente, a las cosas que suceden en la vida, pero sin mezclarse en ellas’. Desdeñoso de la fama -‘cosa para actrices y productos farmacéuticos’- propuso desde siempre lo que él llamó una ‘estética de la abdicación’, en la que Pessoa incluía no sólo ‘la posibilidad de bienestar material’ -su objetivo económico explícito consistía en ganar, como máximo, ‘sesenta dólares mensuales; ni uno más’- sino todo el sistema de relaciones humanas, desde el amor a la amistad…»

No deja de ser peculiar que el apellido Pessoa, en portugués, signifique precisamente ‘persona’.

Ante la inminencia de los últimos días del año, propicia sea la transcripción de estos versos.

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