Algo más que un pequeño “resto”…

Carta al P. Jesús Espeja, op
Querido Jesús:
Con gozo he recibido tu carta, llena de profunda caridad apostólica. Es el celo por la casa de Dios lo que te hace hablar. Es, pues, algo más que un desahogo confidencial y fraterno. Estoy plenamente de acuerdo con lo que dices y, con gratitud y sincero afecto, comparto contigo las reflexiones que me enviaste.
La lectura de tu carta me ha recordado aquellas palabras de Antoine de Saint-Exupéry: “El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe a dónde va”. Tú eres unos de ellos en la vida consagrada. Gracias.
La vida religiosa se muestra hoy notoriamente pluriforme. Contribuye a ello la gran variedad de carismas, los procesos y situaciones internos en los institutos y los contextos culturales donde se halla al servicio del evangelio. Es difícil, pues, valorarla únicamente desde un punto de vista sin matizar este o aquel otro aspecto. Pero, sin duda, lo más gozoso es poder afirmar que está viva; no por nuestro esfuerzo, sino porque el Espíritu la sigue animando y dándole consistencia.

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